30 enero 2011

Los fotógrafos de Adán

RAYMOND VOINQUEL (1912-94)

Homenaje a Bronzino (1940)

Durmiente



Retrato de un joven obrero (1946)

Volupté (1940)

Jean Marais (1938)
Louis Jourdan (1940)
Jean Marais (1938)
Gérard Philipe (1947)

El reposo del atleta (1941)

El modelo (1942)

Michel V. de M. (1943)

El prisionero de la rosa (1943)

Homenaje a Monet (1948)

El racimo (1962)

San Sebastián (circa 1930)

El guardián del estadio, 1941

Tors d'homme (1939)

Proyecto para el Narciso de P. Valéry (1940)

* Sigan, sigan...

- Sitio dedicado a RV (en francés)

- RV (reunión de museos nacionales)

- RV por Samia Saouma (entrevista en inglés)


Autorretrato, 1938

27 enero 2011

SOLO PARA SIBARITAS

RAFAEL DE LEON (1908-82)

"Llévame por calles
de hiel y amargura
quiebra mi cintura
y hasta pégame
échame en los ojos
un puñao de arena
mátame de pena
pero quiéreme..." 

Te lo juro yo
R. de León

Guauu, qué fuerte. Qué ponderaciones de dolor absolutamente increibles. Y, con el paso de los años, qué políticamente incorrectas... Verán: se dice que el tiempo pone las cosas en su sitio. Pero en el caso de Rafael de León, hay que advertirles que también el puñetero puede ser tremendamente desordenado. Un Sibaritas dedicado a él hace cincuenta años (o más) no tendría sentido alguno. Por que no hubo más poeta del pueblo, menos de minorías, que este sevillano. No sólo fue el máximo responsable de todo este movimiento vital y cultural llamado Copla, si no como poeta con mayúsculas, a la altura de los mejores que haya dado este país a lo largo de los siglos. Incluso más listo que todos juntos. Porque Rafael se dio cuenta pronto de que a través de las canciones iba a hacer llegar mucho más su poesía que por los llamados canales cultos (esos mismos canales que le negaron durante mucho tiempo el pan y la sal).
En pleno siglo veintiuno, su nombre se ha convertido en algo vetusto, rancio, estéril, enquistado a un género muerto (no ya para paletos y chachas como se decía de la copla a partir de los años sesenta, cuando la seudo modernidad empezó a imponernos calcos de importación y una buena parte del progrerío su correccionismo, si no algo carente de interés para una generación de músicos alternativos, nacidos en el rock, que si se dignan a juntarse con un flamenco de solera para experimentar, a lo más que llegan es a deconstruir Lorcas), muerto, digo, por sus propios excesos y por el devenir de las modas. Y, sin embargo, la audición de esos viejos discos documentan no ya una valía artística de primer orden, si no su propia importancia social. Son el vivo retrato de una España tercermundista, con grandes parcelas de miseria que sólo era posible salvar a través del arte o la picaresca. Es un repertorio, además, que parte de la pasión, elemento del que tan huérfana andaba la historia oficial.
Son los sibaritas sentimentales, sibaritas de un clasicismo a prueba de bomba, los que todavía tienen agallas suficientes de reclamar el comentario, el perpetuo recuerdo, la constante inspiración de quien ha dado argumentos y cimientos a una revolera histórica que tanto ha acompañado e influido en la vida de los españoles de varias generaciones.

Trovador del siglo XX
Este ha sido Rafael de León y Arias de Saavedra, noble de cuna y de trato. Marqués del valle de la Reina, Grande de España, aunque el pueblo llano le conociera simplemente por Rafael. Rafael, a secas. Hijo de doña Justa y don José, sevillano de la Magdalena. Padre de trifulcas y amores, desamores, dramas y personajes femeninos de leyenda. Una vez dijo Antonio Gala que Rafael era tan importante como Gil Vicente, Juan de la Encina o Pero Meogo, como todos los grandes autores de nuestra canción popular  medieval. Que Lorca llegó después que él a la gente porque estaba prohibido. Así que, cuando conocemos a Lorca, al pueblo ya le sonaba Andalucía. Llegando con las mejores mensajeras cotidianas, diarias, de la radio, las que han acompañado a las amas de casa, a las mujeres despechadas, a las mujeres celosas, todo se lo han dicho ellas a través de Rafael de León. Aquí Gala acierta de pleno.Su comparación con Lorca es oportuna. Y es que pronto Rafael y Federico se hicieron amigos. El primero estudiaba Derecho cuando empezaron a intercambiar poemas y canciones. Había en Rafael ya madera de autor. De educación le venía, además. De adolescente estuvo en el colegio de san Luis Gonzaga, donde habían asistido muchachos llamados Juan Ramón Jiménez, Pedro Muñoz Seca, Rafael Alberti... Aunque puestos a cubrirlo de bendiciones, todo debió arrancar en su primera casa, de san Pedro Mártir pues allí había nacido años atrás Manuel Machado. Pasó en esa calle su infancia, luego se trasladaron, familia numerosa, a la calle Sauceda, cerca del mismo museo donde con el tiempo envió Rafael a aquel Juan Miguel que quería retratar a Triniá y que quedó solo y lloroso.
Rafael posa para el fotógrafo con sus hermanas Eduarda, Rosario y María Justa

Una imagen de la familia De León tomada en el verano de 1918. De izquierda a derecha, José, doña Justa, Rosario y don José; sentados, Eduarda y Rafael; delante, María Justa con Antonio y Pedro

Estábamos con Lorca. Pero no fue el granaíno quien le influyó para componer su primer trabajo, realizado en colaboración con Kola (Antonio García Padilla, padre de Carmen Sevilla), una canción titulada El saca y mete, de aire picaresco y burlón: El que prueba el saca y mete / por jugar se vuelve loco / y termina sin dinero / que lo pierde poco a poco.
Agonizaba entonces el cuplé, más ligero y entre él y un puñado de artistas (Salvador Valverde, Ochaíta, el magnífico poeta onubense Xandro Valerio, sus inseparables Quintero y Quiroga) empezaron a derivar la atención del público a lo que se dio en llamar la canción española. Quizá escribiera Rafael uno de los últimos cuplés relevantes de toda su época de esplendor: Bajo los puentes del Sena, interpretado por Raquel Meller.
A Rafael era el pueblo lo que le fascinaba: sus decires, el ambiente corralero de su ciudad. Bajó hasta los corrales, bien es cierto, pero también elevó las historias de sus moradores a la categoría  de poemas cantados. Como antes sugerí, este trabajo no lo hizo solo, le acompañó en la labor uno de los más brillantes músicos que ha dado esa tierra: Manuel López Quiroga, así como uno de los mejores empresarios del espectáculo que supo darle a la copla la carpintería teatral justa y necesaria: Antonio Quintero. Otro de los nombres unido al de Rafael fue el de Salvador Valverde. Letrista excepcional de entremeses y zarzuelas, autor de canciones como La Cruz de mayo, novelista y poeta, creador más tarde junto a Rafael de una de las obras fundamentales de la copla: Ojos Verdes.
Quiroga y León marcharon a Madrid en torno a 1932. Crearon en un estudio del músico sito en la calle de la Concepción Jerónima un primer trabajo titulado Manolo Reyes, que estrenó en Sevilla Custodia Romero. Uno de sus primeros éxitos fue Rocío. Rocío, ¡ay mi Rocio! / manojito de claveles, / capullito florecío, / de pensar en tus quereres / voy a perder el sentío. La copla del año. Imperio Argentina y Estrellita Castro hicieron de ella la copla más escuchada por la radio, la más cantada. Cuenta Carlos Herrera en sus Historias de la copla (Blanco y Negro, 1992-93) que llegó incluso a publicarse un anuncio en Prensa solicitando una muchacha de servicio que rezaba: Se solicita chica de servicio, pero que no sepa cantar "Rocio".

Doña Concha
Y de lo ligero se pasó a lo sólido, de la falta de compromiso a la historia completa, desarrollada ante el espectador en tres minutos. Todos los rasgos de una prieta españolidad debían desarrollarse dentro de cualquier historia. Justo cuando esos rasgos pasaron a ser mera caricatura, fue cuando comenzó la debacle del género. Retiradas, cansadas, envejecidas las grandes (Concha Piquer, seguida muy de cerca por Juana pero, sobre todo, Concha) se dio paso a las folclóricas de baratillo, así como a canciones desprovistas de la menor inspiración, cuando no tributarias de la ordinariez. Eran subproductos que contribuyeron  decisivamente al desprestigio del género y a la conversión de un prototipo racial en materia de chiste barato. No todos los autores tenían el genio de Rafael de León. Pero es que incluso él mismo no se libró en su ingente obra de caer en más de una ocasión en las simples figuras con ripio. Angel Zúñiga, siempre categórico, iría más lejos en sus Historias del cuplé cuando glosando un musical más cursi que un guante de Rogers y Hammerstein llamado South Pacific se lamentaba de que no se les hubiese ocurrido algo parecido a León y Quiroga y lo escribía con estas palabras: "a ver si desinfectábamos a tantos gitanos folclóricos como han pisado nuestros escenarios" (a propósito de lo limpísima que era Mary Martin, la estrella del musical americano, que se lavaba la cabeza con champú todas las noches en directo con esta comedia). Demos por bueno que no todos los gitanillos lucían  la resplandeciente hondura de Caracol y su temperamental Lola. En cambio, ninguna mugre se vio en las obras de León para la Piquer. Todo finura y dignidad (ella se supo rodear de verdaderos artistas, sin miedo alguno: del citado tándem Flores-Caracol a Muguet y Albaicín, pasando por Juan Valderrama, los Vargas o, en otro estilo, Amalia de Isaura, Bola de Nieve y Roberto Font). Y empezando por "La deseada" y "Curro Molina" para terminar en el sonado gallo (similar en fatídicas repercusiones al "rosario de la aurora") que la apartó definitivamente de las tablas. Rafael y doña Concha se conocieron en el teatro de la Exposición, siendo él un meritorio muchacho y, según cuentan, vestido de soldado. Y Rafael le escribió sus mejores creaciones y la Piquer las dijo como ella podía hacerlo. Coplas absolutamente irrepetibles.

El conflicto del 36 y la posguerra de oro
Estalló la guerra y al poeta le pilló en Barcelona. Pasó un buen tiempo en prisión, sufriendo incluso condenas de muerte. Sólo fue liberado cuando llegaron las fuerzas franquistas, siendo un familiar suyo quien personalmente le abrió el pestillo de la celda. ¿Qué llevó a Rafael a la cárcel?. No importa mucho ésto ahora. Por aquel entonces se encarcelaba por el motivo más peregrino. ¿Chivatazo, su origen aristocrático, el ambiente derechista en el que se podía mover?. Pas de tout. El caso es que en lo que le duró la reclusión no perdió el tiempo. Escribió mucho. De hecho, en 1937 se estrenó en el Infanta Isabel de Madrid "María Magdalena".
Empezaban los años mejores de Rafael: los cuarenta. Período en el que crea sus principales protagonistas. De León cuenta con una sensibilidad "especial" que le permite expresar el universo femenino sin apartarse de sus propios sentimientos, acaso de sus propios dolores. Tenía una forma particular de contar sus escenas poéticas. Hay que saber buscar entre sus palabras otras que no están, bien por aquello del misterio intrínseco a cualquier autor, bien porque, sencillamente, la censura no permitía otra cosa. Aquellos que creen que Rafael escribió al dictado de las normas del Régimen están muy equivocados. Pocos letristas le han colado a la censura golpes tan espectaculares. Desde Ojos verdes a Tu ropita con la mía. Afortunadamente para todos, el censor sólo entiende de sal gorda y se le escapaban las sutilezas de poetas como Rafael.
Aparecen pues las loteras, los puñales, los duques, las borrachas, las emperatrices, los marineros, los chulos, las señoronas, las serranas bravías, las vírgenes ultrajadas, los mancebillos de verde luna. Nada como la voz popular para recoger y transmitir el coraje de Lola Puñales, la cursilería de la Niña de la estación, la ingenuidad de la Picadita de viruelas, las cogorzas de la Parrala, el orgullo y desvaríos de La Guapa Guapa, el arrepentimiento de la que, tras un falso testimonio, se echa el luto como le pasó a Candelaria del Puerto, o el dramatismo lindante en la paranoia de la protagonista de Tientos del reloj.

Años cuarenta en los que publica además poemarios. En 1941 aparece Pena y alegría del amor. Luego vendrá Profecía, en colaboración con Quintero, base de tantos recitados como Toíto te lo consiento o Trigo limpio. En el 43 se anuncia Jardín de papel. Algunas películas cortas basaban sus argumentos en coplas de Rafael, siendo el mismo Miguel de Molina quien protagonizara alguna. Escribe y estrena obras como La casa de papel, en colaboración con Valerio, y Cancela, con Ochaíta, siempre estrenadas en Barcelona, ciudad en la que Rafael trabaja asíduamente.



 Lista de joyas que se alargan hasta el infinito
Aparte de la Piquer, Juana Reina estrenó maravillas como "Solera de España" o "Luces de feria", Paquita Rico, "Pasodoble", Caracol y Lola Flores, "La maravilla errante"...A Estrellita Castro le dejó María del Valle; a Conchita Martinez, Romance de la reina Mercedes; a Marifé, La loba; a Luisa Ortega, ¡Ay pena, penita, pena!; a Rocío Jurado, Tengo miedo; a la Pantoja, Un rojo, rojo clavel. Con ellas también soltó al aire tórrido de la copla las historias de Francisco Alegre y Luis Candelas, Me embrujaste, Y, sin embargo, te quiero. Todas esas cumbres que escalaron desgarradas, doloridas y eternamente enamoradas sus amigas de "rompe y rasga".
Terminamos con Carlos Herrera cuando, en esa onda suya tan nuestra, citaba en relación a su personalidad: "Rafael supo darle a su vida un carácter discreto y señorial. Se supo de él lo que había de saberse y nada más, digo con ello que guardó sus cuitas puertas adentro, al abrigo de miradas curiosas, lo que no quiere decir que no fuera un hombre sociable y generoso, antes al contrario; los que lo conocieron  saben de él como un hombre afable, de gran sentido del humor, encantador e inolvidable". En cierto modo, no podía ser de otra manera tratándose de un... poeta de casa.