12 enero 2011

Bisutería pop

INVENDIBLES
3ªparte


Este disco se lo faené a principios de 2000 a los de Radio Allariz. Entraba yo entonces a trabajar allí. Me acuerdo que los otros dos de la emisora a lo que más le prestaban atención en cuestión discoteca era al apartado de cedés. Los vinilos no compensaban, pensaban ellos. Singles casi no había y la mayoría los había donado un emigrante (a lo Valderrama) que aún conservaba unos cuantos en su archivador, de aquellas carpetas antiguas en forma de estuche. No desvalijé. Simplemente elegí lo que creía más conveniente. Los dos Ep's de Serrat, sus comienzos, etapa Edigsa en catalá, fueron saqueados en una primera sesión. Ahí está un cantautor extraordinario, entre lo tradicional de su tierra y la canción afrancesada de su tiempo.Es decir, rive gauche divine. Romántico y hermoso. Y recuerdo que luciendo descalzo como un pescador de coplas en el de Paraules de amor. Pinrreles de barrio. Sencillos y tiernos también, si. Aún afiliado a Els setze magníficos. Lo curioso de todo es que el jefe y el control de sonido debieron sospechar tarde o temprano de la falta de material aunque fuera ínfimo (para ellos) mientras que yo de vez en cuando seguía trayéndolos de casa para ser pinchados, lo que reavivaba sus sospechas (venían todas las carátulas firmadas por el donante).




Rockers gabachos sólo me debe gustar un poco Burt Blanka, otro poco Rocky Volcano y  contadísimos grupetes tipo Chausettes Noirs y Chats Sauvages. Reconozco que Hallyday (o Eddy Mitchell) siempre me ha sentado estomagante (más que un sucedáneo de Elvis con rubio Jerry Lee me parecía Tin Tin al que Saint Nöel le hubiera echado una guitarra eléctrica). Salvaría varios twistes enloquecidos, generalmente NO versiones (ya saben, todo lo que iba firmado por Jil, Jan y él mismo) que no llegasen al minuto y medio. Asi que si traigo este Ep a colación es en parte por la portada, en parte por la onomatopeya ("twist") y, desde luego, por lo cotizadísimo que debe estar allí donde se aprecie al problemático maridito de la Vartan. Y, en última instancia, no es cuestión de malvender lo que, con un mucho de suerte, te podría quitar el hambre durante un par de dias. (¡Diosss, parezco Carpanta!)




Cuando salió este disco, la Reina ya no tenía esta lozanía ni por asomo. Año 61. Mala década para la copla. Doña Juana pronto pasaría a grabar para el cementerio Belter, donde aún sacó una genial extravagancia de surrealismo atacado llamada Soltera yo no me quedo (la letra era exclusiva de Rafael de León en un subidón de pluma pero bien pudo haberla escrito al alimón con Emilio el Moro en una cantina). Asi que es bueno retrotraerse a sus mejores tiempos y a esa copla emblemática de Quintero, León y Quiroga que, desde siempre, se ha considerado un item de la popcultura gay más cañí. Me estoy refiriendo a Madrina. El adulto sufriente de amor imposible por el jovencito. El otoño buscando la primavera. Como la película de Aldrich Autumn leaves (1956) con la Crawford de masoca extrema por culpa de las hechuras de Clift Robertson pero, en vez de rebozarse en la decadencia con estilo Warner, haciéndoselo tratar con un gevacolor marca Producciones Reina (que las hubo, aunque las distribuía Cifesa).
El material de este disco pertenecía al espectáculo Coplas de Rosa Pinzón. Todos esos claveles de la portada terminaron por convertirse zarzal de espinas en las manos de la gran Dolorosa sevillana. Al menos, si nos fiamos de lo que cuenta la copla.




Aparecieron de golpe en una cubeta una tarde de agosto ¡cinco! Ep's de los Kinks. Eran mediados de los noventa y ya, por entonces, me sabía al dedillo lo que estos me podían costar si en vez de en Coruña me los hubiera topado en Madrid o Barcelona. Pero como en La Coruña The Kinks no deben de tener mayor relieve que el que pueda ostentar La Charanga del Tio Honorio, el lote me hizo ¿perder? quinientas pesetas (o sea, 3 actuales loritos) de mi menguado capital. Todos en perfecto estado, primorosas sus portadas (as usual, era Hispavox) y un repertorio increible donde las usurpaciones eran las mínimas (Chuck Berry y punto) pues lo que primaba en este grupo británico era el talento compositivo de Ray Davies en sus mejores tardes soleadas




Estuve enamorado de Lio en mi adolescencia. Incluso antes, cuando a finales de los setenta cantó en Aplauso "Le banana split". Era una lolita tan próxima como inalcanzable. Diez años más tarde, mi amigo Frantxu me había comprado en Paris sus primeros singles, un maxi marcbolaniano (que ni Juan de Pablos tenía) y dos o tres Lp's. No cupimos de gozo Luis y yo al palpar este disco que miras ahora, por ejemplo. Además, en ese mismo instante, alguien pinchó en casa de Javier el corte que abría su primer larga duración. El Amicalement vôtre. Que ya era mío. Y ya levitamos. Rogué por la gloria de la Marianne que lo quitaran porque nos estaba empezando a dar vueltas todo el cuarto. Aquello había que saborearlo en casa, en la intimidad.
Mariconadas aparte, considero las portadas originales  francesas más bonitas que las españolas. Aunque me temo que pocas fueron las que lucieron en los escaparates españoles de tiendas de música. Y es que aquí Lio fue una canción pasajera (Amores solitarios), un bomboncito para saborear tres minutos y nada más. Ni Juan de Pablos ni Carlos Tena desde la tele (Auanbabuluba) pudieron hacer nada por re-promocionarla. El paisanaje juvenil seguía conformándose con la desagradable vocecita de la Torroja, chica po-o-o-py




Empezaron siendo una incógnita para Manolo y para mí. El tenía grabada la Pecosilla en una vieja cassette de un programa de Radio El Pais donde colaboraba Paquito Clavel. Ni siquiera sabía que la interpretaban Los 5 del Plata. En sus malabarismos mentales me hablaba de Danny Ferbo. Oyó campanas: era uno de los miembros del quinteto. Otro de los datos incorrectos con los que nos movímos durante un tiempo fue que la canción había salido en los años setenta, tipo pastiche. Y nada más lejos. Los 5 del Plata a la altura de La pecosilla, de las Medias Rojas o de la preciosa Yulia, eran auténticos cosecheros del 65 (casa Berta, luego pasaron -más chabacanos- a la chabacana Belter), grandísimo año para el ye yé. No podía ser de otra manera.
Todo esto sucedía a finales de los ochenta. A principios de la siguiente década las dudas se despejaron cuando llegó a mis manos este Ep triunfal. Luis había recibido por correo un lote conjunto. Cuando me entregó mi parte en el comercio de mamá, recuerdo que se olvidó de sacar el Ep de su chaquetón, hasta el último momento de su visita que se dio cuenta y... Menuda algarabía.




Del mismo vendedor de Los 5 del Plata, un estupendo coleccionista madrileño cuyos catálogos eran fotocopias a boli en letra tan pequeña que había que usar lupa. Y con lupa hallé a La Lupe. Nada menos. La conocía de Paquito, meses antes del boom de la peli de Almodovar. Lo latino a través de esa fiereza de formas y maneras me entraba muy bien. Me enteré pronto que Susan Sontag la mentaba en su ensayo del camp. El mito estaba ya muy alto en mis valoraciones, pues. Y cada vez que iba descubriendo sus insólitas versiones (de los peores Doors a los mejores Ochaita, Valerio y Solano), que ella asimilaba para terminar devorándolos con antropofágica y vuduesca avidez, más aumentaba mi ansiedad por la compra de sus discos. Vinilos algunos que fueron publicándose en España a través de la casa Columbia (como los de Celia Cruz) a finales de los sesenta. Flipé con el look de esta portada, que se adelantaba a la blaxploitation con enorme descaro. Don't play that song era un hermosa revitalización de un tema del pop americano de principios de los sesenta, que me traía nostalgias de Ben E. King, incluso de Peppino di Capri. La otra cara era sencillamente uno de sus tantos apocalipsis now a costa del hartazgo en las relaciones de pareja




¡Cómo pudo atraerme este disco sin funda, medio cascado... a mí, más que ignorante de quién se hallaba tras esa incógnita de la M ni nada por el estilo!... Y les juro que cuando sonó en casa, fue el mejor de todos los que había recogido aquella mañana en el rastro. M, sólo M. Tal vez Robin Scott. New wave -o lo que fuera- destinada a que su soniquete me quedase grabado por los restos. Como me pasa con The Buggles, los primeros Depeche y toda la ristra de singles que acumulo de sellos como Stiff o Chiswick. Pop muzik, nada muzak. Invendible. De todas formas, a ver si un día encuentro su portada. O, ya puestos, el Lp. Que tener un disco de esta categoría así es una mierda. Los alquimistas están p'a cuidarlos.




Domestic Pop. Metal y Ca fueron los culpables de que yo inventase aquél programa de radio casero, que luego pasó fugaz por las ondas de Radiocadena Española. Primero conocí a El humano mecano (recopilatorio de Ordovás), ligerezas electrónicas de autista pegado a una maquinita, luego éste su siguiente proyecto en otro recopilatorio ("Esto es increible"). Y, finalmente, un par de singles gracias a mi lupa y el catálogo del chico de Madrid. Referencia cuarta del mítico Lollipop. Sin embargo, la décima referencia donde salían Oriente y Planeta ya no me hizo tanta gracia. Su gran hit personal fue Velocidad. Su mejor canción, la instrumental El último superviviente



Nunca he entendido por qué los Mustang se cotizaban más que los Sirex en los mercados del coleccionismo discográfico. Los Sirex tenían más mérito como artistas porque su repertorio era propio, lo contrario de sus paisanos. Eso sí, siempre que uno busca una versión buena de The Beatles en español (no sé para qué; la mejor es el Help por Alicia) aún debe recurrir a Carulla y sus amigos. Yo lo entrevisté (a Carulla) a principios de 2000 y era un tío fabuloso, con una memoria increible y una enorme generosidad para revelar su anecdotario -sabrosísimo- de toda una época de música pop en España. Claro que al empezar a hablarme del futuro, de las reintrés y demás ya me daban bajonazos. La decadance.
Los Mustang eran (y no dudo que seguirán siendo) muy buenos músicos. Y su primera etapa es tan frondosa como para que no nos deslumbren de inmediato algunas perlas ignotas (Las chicas se creen..., sobre todo). Aparte de liverpoolizarse, hicieron mucho San Remo y bastante Salut les copains. Ah, pero cuando llegaron Herrero y Armenteros a sus garajes... Escuchen  La balada de los 10 céntimos, ahora que hay crisis. Primorosa marcha anticapitalista para parias despreocupados.
continuará

1 comentario:

Chusky dijo...

Menos el de Serrat creo que los tengo todos. Unos gracias al ecleticismo de mis padres y otros al rastro de los domingos por la mañana en la ciudad de Vetusta (en el que por cierto ya sólo venden cedés).