14 mayo 2010

LIBRERIA QUEERMAN


Las joyas pulp del arqueólogo Andros Queerman* al descubierto



LAS AVENTURAS DE GOLDEN GAY
en...


G. G. contra la banda Rigaud

Quinto episodio










continuará el mes que viene



* Andros Queerman es trabajador sindicado de la revista LUXURIA & CONFETTIS

Aquellos juncos salvajes (7)


Capítulo quincuagésimo sexto

Convivencias con Nutrexpa
Me convenció Luis, que si no ni loco. ¿Maciste en unas convivencias religiosas?. Ni que fuera del Opus como el mancebo Cudeiro, que el pobrecito nunca se relacionaba con nadie, y decían que por Navidad se lo llevaba la Obra, alejándolo de su familia y amigos (terminó musculoca perdida). A mí ya me llegaba con ser el burro más díscolo de la familia salesiana. Convivencias ¿de qué?. Y, en cambio, había detalles interesantes en todo aquello. Nos congregábamos en una localidad preciosa a treinta kilómetros de casa. Pasaríamos la noche todos juntos. Iba Quico. La cantidad de sinverguenzas de las tres clases de Tercero era tan ingente que en modo alguno me sentiría en minoría en cuestiones de Fe. Es más, estaba seguro que allí salvo unos pocos (el Guerrita y el profe de Religión) a ninguno nos importaba un carajo reflexionar sobre la condición humana y la espiritualidad. Prometo que jamás me reí tanto como durante aquella interminable noche. Y miren que junto a Luis he pasado las jornadas más divertidas del bachillerato. Pero es que eran tantos detalles gilipollescos los que nos había programado el inefable Mauri... O don Mauricio, claro. Que aunque el curita fuese joven, luciese barba progre y bailase con primor la lambada cristiana en las excursiones a los Madriles merecía un poco de respeto. Pena que careciera del carisma de Aleister Crowley. Aunque sólo fuera por una noche...
Todo me resultaba sumamente desternillante. Los de esa religión estaban mal del campanario, eso lo sabía muy bien. Pero fuera de horas de colegio y disfrazado de convivencias superaban cualquier expectativa. Los corrillos en plan reunión de alcohólicos anónimos, las lecturas subrayadas de la Biblia... Y el loco por el baloncesto con cara circunspecta abriéndose al grupo con lo mucho que Cristo le había ayudado a la hora de encestar canastas... Vamos, no me jodan... Al único que le creíamos de veras tamaña sarta de sandeces era al Guerrita, más feo que Picio, pero siempre voluntario a llevar la Cruz de plexiglás. Sacristán preferente de todos los contubernios místicos. Bordaba los happenings. Vaciando un saquito de arena a sus espaldas que simbolizaba no se qué impurezas del Demonio. Llevando las cassettes. Cantando más alto, más bravo, más ufano. Como los niños mártires antíguos. Sintiendo a Dios a altas horas de la madrugada, cuando ya el resto del grupo estaban soñando con los angelitos (de Charlie). El gran Guerrita... Qué crescendos, qué paroxismo. ¡Si sus sugestiones eran tan fuertes como para hacernos ver que acababa de entrar por la puerta Jesusito de mi vida a los sones de Lloyd Weber!. Cualquiera no diría que terminaría ejerciendo el sacerdocio. Y no fue así. Que el sacerdocio implica mucho sacrificio y él con los años se fue abandonando en saunas y báteres de mal ambiente. Por no decir que le gustaban por igual las ostras y los mejillones (sepan que en una ocasión nos encontramos en el ascensor de casa. Iba a putas). Si no salió cura, acabó lider de secta. Fijo.
A fuerza de chupar planos, el cruzado se volvió fuente de mis chanzas. Y cuando quería ver algo bonito desviaba la mirada y allí me encontraba a Quico por el que suspiraba cada cuarto de hora. Mi obsesión. Recuperando lo platónico, ya que con Pedro la magia se había perdido.
Finalmente nos fuimos todos al salón, donde las literas. Allí nos acostamos los veintitantos pringados. Mi vecino de cama fue Eulogio, que siempre se lo pasaba bomba conmigo. Me apetecía hacer el ganso en esos momentos últimos, que debían ser los del urbi et orbi. Y el primer chiste nos lo cedió involuntariamente el propio curita dedicándonos un strip tease de lo más bizarro antes de meterse en su catre. El espectáculo de verle quedar en slip atigrado fue una escena alucinógena, sólo repetible en ciertos Tarzanes turcos y que únicamente los paladares menos refinados supimos evaluar en su justa medida: Luis y yo (los maliciosos) y también Eulogio (que ya de aquella empezaba a desarrollar una homofilia de lo más interesante, dada su condición de jevito).
Entre la payasada y la erección transcurrieron las primeras horas de la velada. Desconcentraban el sueño de don Mauricio runruneos, risitas, pedos furtivos, más risitas por ello, y de pronto, linternitas encendidas sobre cuya luz se congregaban dos o tres mozos con sus movidas respectivas (¿numerines rape a la Cadinot?). Luis se levantaba de vez en cuando. Le había pedido que echase un vistazo por la litera de Quico. Que me contase cómo era su pijama. Si acaso no lo llevaba. Mi correveidile podía acceder a su territorio pues compartían aula. Pronto me trajo noticias frescas. "Le está bajando fulanito el pantalón del pijama". "Van a fumar". "Se ha quedado en slip, está sentado y tiene un bultazo...". Cosas con las que te saltan las lágrimas.
Prefería no pensar más en ello. Eulogio me daba la vara desde abajo. Me había comprado una barra de pan y una lata de sardinas en el pueblo por la tarde asi que me animaba a que le invitase a un jurelo. Por la mañana amanecí mojado. No es que me mease ni me corriese. Pero algo de todo eso parecía. El aceite de la lata se había vertido por las sábanas, traspasando el colchón. Las risas escandalosas de Eulogio alertaron a todo el mundo de mi situación con el canto del gallo. Creo que fue a parar el pringoso hecho a oídos de don Mauricio, con aspecto de sufrir una terrible jaqueca y que ya se había cambiado de muda, repitiendo selva interior (leopardesca, para ser precisos). Sinceramente, lo encontré propio de un safari de almas. No me dijo nada porque era obvio que tenía más que callar.
Era tiempo de cerrar terapia. De sacar conclusiones y valorar la experiencia en una última reunión. Fue la única vez que abrí la boca en público. La primera palabra que se me pasó por la mente era penetración. Soltarla de sopetón resultaba algo fuerte asi que, al tocarme el turno, exclamé: "Ha sido una experiencia inolvidable, tanto para mí como creo que para todos. Poder compenetrarnos durante unas horas nos ha venido muy bien". Más de lo que hubiera querido declarar en público. Me salió con una putería tal (lo de com-penetración) que toda la sala, salvo Mauricio y Guerra y alguno que seguía roque, respondió con una sonora carcajada. Y es que clavé todas las sílabas, inflexiones de voz y miraditas gachas. No me hubiera superado ninguna sicalíptica del Arnau. Don Mauricio, con cara de asco, mandó callar, alegando que le levantábamos dolor de cabeza. Minutos después y al toque de maitines daba por clausurado el desastre bíblico.

Ese Cine S
Cuando se nos pasó la venada de menear el esqueleto en la macro discoteca de pueblo, Javier y yo pasamos muchas tardes dominicales en el cine golfo de la capital. El Novocine, que en paz descanse, como descansen todos los cines de mi niñez y adolescencia, hoy escandalosamente cerrados. No sé si el taquillero hacía la vista gorda o es que acaso se notaba bien que nos quedaban un par de pajas para la mayoría de edad, el caso es que nunca tuve problemas para asistir a las S (no saunas, sino a las películas eróticas de principios de los ochenta). También es verdad que en el 87 este tipo de cine había quedado muy obsoleto. ¿Quién daba un duro por verle las domingas en un cine de barrio a la Estrada pudiendo disfrutar en el dormitorio de casa con un video de Serena?. Dense cuenta de que el boom de la pornografía, de lo X ya había empezado en las capitales importantes en el 83 u 84, desplazando a este otro, y creándose para la exhibición salas específicas, mini cines normalmente, sin publicidad exterior y con instalaciones acondicionadas.
El Novocine, pues, se nutria de material vintage bien reconfortante para retardados de lo masturbatorio. Los que bajaban de la montaña, se metían en aquella cueva de los salidos y al salir sentían ya nostalgia de sus Milanas bonitas. Nosotros íbamos de otro rollo. La percepción camp y tal. Nunca me habían llamado la atención estas tonterias soft, si bien he de reconocer que el material cartelero y los fotogramas anunciadores con los típicos puntos negros en los pezones y coño de las tipas me hacían mucha gracia. La cuestión es que si empecé a frecuentar el local es porque Javier me había asegurado que no te pedían el carnet en la puerta. El resto eran más risas. Si. Siempre risas. Porque este cine era la mar de cachondo. Y visto en ese ambiente dominguero, con esa peña de pueblo, bruta como un arado, con boina de años y que mantenían el transistor encendido para no perderse ningún penalty de la liga... o las parejitas de novios de manos inquietas y Rexona que no te abandona, ganaba el doble. Aquellos comentarios zafio-surrealistas de alguno que iba en grupete de amigos (¡Ahí va el Madrí!), los dialogos demenciales de los sexybodrios, los pelucones de las seudo actrices y las patillas de los seudo actores, los vestuarios, los maquillajes, los decorados y el mobiliario, las musiquitas y los gemidos...Y esa bendita tradición del simulacro sexual, que para evitar la filmación de erecciones, y mucho menos las penetraciones, obligaban al maromo a ponerse encima de la zorrilda, tapando a la destapada, con lo cual se veía más carne masculina que femenina (básicamente el culo del supuesto semental moviéndose al compás de un turbador ejercicio de glúteos) lo que halagaba mi pasión por esa parte anatómica del varón y a la que tantas pajas me encadenó siempre, mientras al resto de la concurrencia macha, que tragaba de perspectivas, le iba introduciendo en su subconsciente un montón de latencias homo, inconfesables, pero que bien que aproveché yo en mis experiencias baterescas de los noventa. De hecho el espectador hetero se solía empalmar por la cachonda mientras, sublimándolo todo, un trasero peludo insistía en ocupar minutos de metraje en plano general.
El precio del aborto, La caliente niña Julieta, Una loca extravagancia sexy, Al sur del Edén... Raquel Evans, Lynn Enderson, Antonio Mayans, las primeras trans, las obligadas escenas lésbicas que provocaban por una parte escasos pero insistentes murmullos de desaprovación y, por otra parte, silencio ante la revelación de un secreto de mujer que por la falta de tacto y chabacaneria global del producto no hacía más que alentar el machismo del espectador medio. El poco respeto por la homosexualidad, fuese del género que fuese, se notaba más claramente en el tratamiento de lo gay. Tópicos, lugares comunes, estereotipos. Pero cuán preferible eso al recurso sonrojante de lo fisno, que también lo hubo, por alguna perpignanesca razón.
Fueron horas curiosas de cine en butaca, antes de la entrada de las salas X donde tantas veces luego permanecí de pie, detrás de los cortinones de terciopelo tupido de lefas, a la espera de una invitación del legionario de permiso a sentarme a su lado. O por no mentar ya la falsa intimidad de las sex shops que merecerían un capítulo aparte si estas memorias no acabasen en el año 88.
El Novocine también proyectaba del Esteso y el Pajares. Y del Terence Hill y el Bud Spencer. Pero mi amigo y yo sabíamos elegir. Y caía de cajón que para emborracharnos de kitsch eran mejores las de la Fenech, el D'amato y Tinto Brass. Como preferíamos las de Iquino a las de Jess Franco (soporífera la tarde de Macumba sexual, y eso que éramos bien fans de Ajita).
Cuando la sala anunció su cierre temporal, en aras de un reciclaje desesperado a finales de los ochenta, entonces nos presentamos en el ambigú con fines bien honestos. Queríamos comprarle los carteles y locandinas que almacenaba el endeudado propietario en un cuarto. Estaba ansioso de deshacerse de toda aquella ingente pila de papeles y cartones que calificamos de tesoro y, como hormiguitas acaparadoras que ya éramos, nos la fuimos llevando. Posters con la Cantudo y Agata Lys, con la Muñoz y Eva Lyberten... Carnes apaleadas y carnes entre rejas. El reparto fue equitativo. Javier empapeló la buhardilla con unos cuantos. Por mi parte, inauguraba una enorme carpeta que dediqué a las reinas del destape/soft core nacional. Habíamos dejado atrás la adolescencia pero éramos conscientes de que ese infracine contaba en nuestros fértiles años con un importante capítulo. Homenaje algo cutre al loco erotismo de la transición, esfumado con las obviedades del mete y saca a base de agotadores primeros planos.


continuará el mes que viene

Los fotógrafos de Adán


GEORGE DANIELL (1911-2002)


Andre Eglevsky


Young Roman (1950)


Taking a break


Roman Horseman


Halo Via Appia Antica (Roma 1955)


Capri Balcony



Steve in Southern California



Mexico Man with Tree



Tubing (Key West)



Yonkers (Río Hudson)



Cooling Off (Río Hudson)



Río Hudson



Brothers



Barbados by the Bay


* Conoce al maestro...


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13 mayo 2010

LIBRERIA QUEERMAN


Las joyas pulp del arqueólogo Andros Queerman* al descubierto



LAS AVENTURAS DE GOLDEN GAY
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G. G. contra la banda Rigaud

Cuarto episodio










continuará mañana



* Andros Queerman es trabajador sindicado de la revista LUXURIA & CONFETTIS

Aquellos juncos salvajes (7)


Capítulo quincuagésimo quinto


Begoña dentata

Al dia siguiente de mi tibia (aunque sobreactuada) experiencia heterosexual volví a encontrame con la Bego. Merodeaba por mi calle. Juraría que lo hacía a posta pero todo quedó de lo más fortuito. Pude fijarme mejor en su rostro. No era una chica agraciada. Seguía siendo una rapaza vulgar, carne cachonda. Una que pide y da amor. Su insistencia en quedar de nuevo conmigo me hizo pensar que tras la melopea y las evidencias de la luz del día seguía resultándole un bocado apetecible. Nuestra tonta conversación duró lo que el camino hasta mi portal. Recurso infalible en estos casos en los que no tienes nada que decir al ligue de madrugada que no se ha conseguido rematar. Bego quería subir a casa pero el asunto era imposible. Le indiqué el piso para que viniese en otro momento. Por ejemplo, esa misma tarde. Dijo que si y así fue. Posiblemente había prejuzgado fatal a mi amiguita porque por la tarde se presentó con carabina. Buena papeleta la mía. Si ya con una se me acababan los recursos dialécticos, qué podría hacer con un par en mi habitación de las estrellas. Poco ayudó que la compañera me resultase físicamente más interesante. No daba cajera de supermercado. Aspiraba como mucho a puericultora. Lo malo es que ellas hablaban menos. No daban pie a nada. Sacarles a relucir tan siquiera una de mis aficiones hubiera quedado entre improcedente, cursilón o acaso manjar que se arroja a las cerdis. La mudez de ambas (supongo que bien calculada pues había que pasar la prueba de la hombría en la cual ellas, en tanto que catadoras del asunto, estarían bien bregadas) y mi paulatino nerviosismo se resolvió con la llegada de mis padres acabada su jornada laboral. Las miradas de los dos fueron la mar de expresivas. Padre me recordó tenso que tenía que hacer nosequé antes de nada y que querían cenar pronto. Fue una manera bien poco cortés de echar a las intrusas. No diré que me molestó la impertinencia. Pero en vez de despedirme de ellas con un "no volvais más", me achanté y las cité para la tarde siguiente, a ser posible temprano. Cuando me reuní en la cena quedó bien claro que no querían chicas en casa. Era lo último que se esperaban ya de mí. La cabeza enseguida comenzó a hervirme. Por un lado, me hizo gracia aquello. Sin ser conscientes de ello me estaban obligando a especializarme en seres de mi mismo sexo. Por otro, caían de nuevo en lo retrógrado y preconstitucional. Me sentí indignado por la carcundia del ambiente. De todas formas, obvié la discusión virulenta de siempre. Farfullé algo y aún con el sonrojo en las mejillas terminé el bistec con patatas sin ningun afán carnívoro.
Prorrogar la agonia con la Begoña me estresó las siguientes horas. De nuevo el reloj anunciaba exámenes fatídicos. Cruzaba los dedos. Confiaba en mis momentos más optimistas que la chavala encontrase a otro por la calle y se olvidara de Maciste. Pero no fue así. Menos mal que Luis vino antes a echarme una malévola mano. No. No para pillar porción de putitas en cama redonda. Y eso que hubo cama, pero con sus matices. Mi amigo y yo en los previos minutos a la visita planeamos una escenita digna de Alfonso Paso. Luis permanecería tumbado en el lecho, en posición indecorosa, típica del coitus interruptus mientras yo, con la puerta de la casa lo suficientemente abierta como para que lo vieran, les rogaba que no entrasen por encontrarme muy atareado. Dicho y hecho, todo salió como habíamos previsto. Luis estaba para morirse adoptando posturas de zorrón barato mientras sonaba en el tocadiscos una urlatrice del Napoli 59 suplicando que la dejaran dormir. También es verdad que entonces malinterpreté como ambiguo al mozo. Luis tenía muchas tragaderas y si ellas hubiesen accedido a mi alcoba es posible que el chaval terminase ventilándoselas a las dos con armas de don Juan. Finalmente la situación quedó entre rara y grosera. Les di con la puerta en las tetas. Y la Begoña ya no volvió más. Lo que no quita para que nos topásemos en una de tantas orgías musico festivas de la buhardilla de Javier. Esto pasaba meses después. Mi timidez por ella a esas alturas ya se había tornado pesadez infinita y cuando la noche cerrada amenazaba con dejarnos a todos ciegos de pasión, ideé un asqueroso plan para acorralar a la hembra (la única que quedaba en la fiesta) y violarla de tres. La agarramos por las piernas, los brazos y el pelo y cuando estuvo bien sujeta fuí en busca de un palo horrible que encontré por ahí, lleno de clavos oxidados. La Begoña se dio cuenta de todo pese a su ebriedad y la falta de luz y luchó denodadamente por soltarse de nosotros. Retorcíase en el sucio suelo como una culebra. En tanto que no éramos unos violadores profesionales (ni siquiera del "amanecer", a lo Iquino) no fue extraño que nos achantáramos. Debía ir a karate. Recibimos varias coces, unos cuantos arañazos, insultos a mansalva. La Begoña cogió la puerta y se marchó a trompicones de allí. Y no la volvímos a ver más. Al parecer, quien lo hizo nos certificó que la moza, que aún no llegaba de aquella a los veinte, siguió muy caliente pero ya en calidad de madre soltera.

Quico
Dentro de mis cuelgues quinceños, destacó un chico tan atractivo a mis ojos que en seguida, y con la ayuda de mis amigos confidentes, le saqué un parecido cinemático (y de primer orden) : el Tom Cruise de "All right moves". Era su alter ego físico. Era hetero, era algo pijo, era de la clase de al lado. Era mi perdición. Le llamaré el niño arquitecto porque en el futuro y por herencia paterna fue en lo que se convirtió (no hubiera sido un mal partido si el joven entendiera, y "me entendiera" a mi, claro). Por él robé. Le robé. Entraba en los recreos a su aula y husmeaba en su pupitre buscando sus cosas, oliendo su asiento (desde luego es posible que mis hurtos le ocasionaran más de un problema pues le quitaba apuntes, chuletas y boligrafos)...Nunca conseguí apoderarme de prendas íntimas. Era algo complicado, por no decir imposible introducirme en su clase de educación física pues yo estaría en mi clase y él en el gimnasio que se cerraba con llave (mis travesuras de gimnasio sólo las llevaba a cabo con mis compañeros). Pero, bueno, ya te digo que durante un curso o dos este niño fue una obsesión, también me inspiraría algunos escritos, pensaba bastante en él cuando me autoestimulaba en soledad. Lo quise a lo platónico con toda la intensidad que un ser propenso a estos deslices puede disponer a tan temprana edad. A los pocos años de abandonar el colegio y él irse a estudiar la carrera mayor a otra provincia dio la casualidad que pude estar en el piso donde vivía ya que lo compartía con un conocido amigo mío. Lo que estaba en letargo por entonces despertó de nuevo vivamente (los comentarios con respecto a su compañero por parte de este amigo no hicieron más que azuzar viejos sentimientos y de forma turbadora. Hasta se le ocurrió decirme que le había masturbado en una noche "alegre". Buff).Recordar este encoñamiento es retrotaerme a un Maciste distinto pero que sigue estando aquí, por algun lado. El de la pasión no correspondida, el de los dulce quince años que tan bien reflejó en cine Techiné en "Los Juncos Salvajes". Lo que sigue son unas cartas que en principio iban destinadas a él para dejárselas secretamente en su pupitre. Mi amigo confidente me aconsejó muy sabiamente que no lo hiciera, no le fuera a causar un trauma. En el fondo, el niño arquitecto no tenía pinta de ser una devastadora Julieta o una sublime Pia de Tolomei para andarle yo cantando serenatas en alejandrino. Sólo era un muchacho moreno que no conocí, guapo de morir, de discopub los sábados y pachanguita los domingos y que cuando me miraba era como quien viera al hombre invisible, o sea, algo sin importancia. Perdona si hay cierto tono naif en el texto, pero ponte en mi lugar, en esa edad, en ese trance...Son sólo tonterias que el paso del tiempo a vuelto dolorcillos por completo curables.


HISTORIAS QUE PRODUCEN RISA
(M. Betanzos 1987-88)

1
Dime algo sobre él. Dime con quién anda, con qué chicas sale, qué gustos tiene. Cuéntame algo de él. Sé que será inútil, nunca le interesaré. Pero, por favor, dime algo sobre él. Cuéntame en qué pupitre se sienta, cómo es su voz, de qué habla, quiénes son sus mejores amigos.
No puedo aguantar más, estoy perdidamente enamorado de un cuerpo a cincuenta metros de mi. De un pelo castaño, de una nariz chata, de unas orejas pequeñas, de un cuerpo de efebo... me muero de pensar en él. Y cuando lo veo entra por mí un escalofrio mecánico que me descontrola
Necesito un encontronazo, tenerlo contra mí, me conformaría con eso, poder rozarle como una araña, poder oler sus esencias secretas. Oh, my darling, my charming boy. Fifteen minutes with you, I wouldn't say no.
Robaré un papel con su letra, un pañuelo con sus fluidos, un bolígrafo con sus marcas mordidas. Corazón cornudo sintoniza con pieles de jorreto. Y no pido más que oir pronunciar su nombre, dos sílabas sólo, pero que consiguen estremecer mis sentidos. "No me quieras pero ven a mi, no me mires pero ven a mi, te lo pido por favor". Quince minutos contigo, no diría que no.
Un admirador secreto, anónimo entre flores raras recorré los basureros buscando cosas suyas.Háblame de él ya que yo no lo conozco.
A él. Ojalá a tí.


2
Te fijas siempre en mí cuando fumas en la penumbra, cuando te reduces a la materia infinita. Te quiero...Te quiero decir algo etéreo, que se va por el aire y regresa lentamente a ti con sus frutos bajo el brazo, con el brazo que te hace feliz.
Hoy estoy deseoso de verte. Ahora el deseo hierve en mis venas. Mi corazón late al compás. Salí con una señorita de provincias, de corsé torcido y olor a Rexona de cuarto de litro. Con ella el desahogo del dinosaurio, rozamientos con el monte de Venus. Salidilla de rostro que no me acuerdo. Pero si el sexo es placer con cosquillitas entonces puedo asegurarte que soy virgen. Y lo sentí de veras.
Qué será de alguien que se ve abocado al onanismo rutinario o al amor imposible y como imposible, eterno. No me entero pero prefiero no darle muchas vueltas.A tí si que yo daría muchas vueltas. Por fuera y por dentro. Por dentro y por fuera. Por donde lo interior y virtuoso da paso a la hermosa y palpable materia. Desde que estás en el piso de arriba (el año pasado era yo la Julieta) te veo menos. Pero yo te siento igual, en el alma.
Mi corazón late al compás, una vez más, traqueteo y fuga final. Tengo tu nombre en la libreta 1, en la 2, en la 3, en la carpeta, en la puñeta. Hasta en el rincón cutre de los baños. Allí estás tú, mirándome en la ironía del pobrecito hombre ridículo que soy yo. Creo que debía confesártelo. Donde yo hay unos ojos, unos labios, unos cabellos como los tuyos. Tenía que decírtelo. Cada vez te veo menos, así que uso vibrador.
Pero rechaze imitaciones. El original supera el remake, como Charles Laughton superaba a Trevor Howard en la Bounty. Además es sonoro, me habla, con diálogos en castellano o en gallego (según la asignatura), mientras que tú tenías la frescura de las películas de Pamplinas o las profundidades de un Dreyer silente.
Pero como has calado hondo cuando me acerque a él te sentiré a tí y sonreiré mi imbecilidad y mi impotencia en absoluto justificada.
Sin más se despide de ti el anónimo entre flores raras, la inexistente estrella que brilla entre los dos. La nada, para siempre en forma de beso.


3
Hoy me lo encontré de nuevo en la puerta de salida. Con su cazadora marrón de Top Gun y sus vaqueros de Top Gun, también. Su tez morena, su pelo corto como siempre. Iba acompañado de una chiquita. Sería de su clase. Hablaban de alguna cosa relacionada con la última asignatura de la mañana. Iba sonriente. Estaba como suele: estupendo. No me costó colocarme cerca suya. Me sentí dichoso, como la última vez ya hace la friolera de cinco meses. Debió sentir mis vibraciones. Me miró de reojo sin modificar su angelical expresión. La aglomeración (aunque no excesiva) se hizo mayor y nuestros cuerpos (con movimientos torpes) se aproximaron. Le miré de arriba abajo. Quería tener aquel cuerpo con todas mis fuerzas. ¿Se dice me lo comí con los ojos?. Algo parecido. Mi mano temblorosa rozó su culo (tan normal como extraordinario para mi). Y es que su culo a pesar de tener la forma idéntica de unos trece mil culos que habré visto antes (culo standard, modelo pijo) es para el que escribe la mejor de las epidermis. Hay montones de sensaciones que a uno se le salen cuando ocurre algo especial como esto.
Ya no pude más, ni la circunstancia ni yo podíamos más. Sé que si seguía lo estropearía todo.
Seguirá siendo mi espejismo. Mi Cruise urbano, privado. Ese momento vale por una semana de existencia. Baby, I love you.


4

"Todo lo que tengo que hacer es soñar. Soñar con lo más pequeño, con lo más efímero. Con todo menos contigo. Todo lo que tengo que hacer es soñar despierto.
Todo lo que tengo que hacer es soñar, por la noche, solo. Solo, sin ti, sin tu sonrisa puñetera. Te quiero tanto..., te necesito tanto...Noche y dia, dia y noche...Todo tiene forma aparente, nada existe...sólo existes tú. Ahora en mis sueños apareciste"

(Breve oración-profundamente sentida- escrita en no más de dos minutos. Lo que dura una vieja canción de los Everly Brothers, "All I Have To Do Is Dream". Para ti. Ya no recuerdo tu cara, has pasado a ser un dios)

"Respiro impurezas por no respirar tu aire. Hueles a fresas, hueles muy bien. Quiero agotar mis últimas fuerzas en estos días que presagian negros nubarrones...Pero, ¡que no decaiga chico!. Mientras dure hay esperanza. Y la esperanza, como el virgo, es lo último que se pierde. Si fueras chica y yo rockabilly te llevaría en el coche a un drive in y después juntos, como en las películas, iríamos a contemplar la constelación de la ciudad. Seguro que no terminaría como el del Cadillac Solitario. ¿ Sabes que me está cayendo agua de los ojos?. Una gotita esúpida que me hace cosquillas por el rostro según cae. Otra prepara la bajada ya. Maldito tonto, disculpa. Será el disco éste de los Teddy Bears. Te veo impreso en este papel, mi bolígrafo te va moldeando a mi imágen y semejanza. Ser tu muñeca sería precioso. ¿Te gustan las muñecas, darling?. Eres tan guapo... es igual, no te cuides esos tres granos que te han encarnado la cara (my angel face).
Adolescencia fantástica, cura de impotencia. Los Smiths (RIP) tenían que hacerte a ti una hermosa canción. De momento, ¿te vienes con los Teddy Bears?. Esta es " I don't need you anymore". Bueno, no te lo vayas a creer. Cuando termine la CARA A te besaré suavemente en las mejillas. Una y otra vez, sin enterarte. Suave. Como tu piel, otra vez esos dichosos granos.
Después colocaré la otra cara del disco y ya flotaremos (sin speed balls) sobre la aterciopelada negrura de nuestras sombras. "Te dije adios...amor verdadero...El sabe que le amo todavía". Uff, que disco más triste. Más tarde, te haré una canción con tus dos sílabas. Creo que a capella
Quizá me enamoré de ti porque nunca te vi alardear de rabo, de prepotente, de macho...Quizá fue eso o quizá fue el destino, que nunca anda con buen tino.
La penúltima vez que te vi te molestaba el sol. Los dos protegíamos la cabeza con los jerseys. Estábamos en el campo de fútbol del colegio. Tu mirabas como jugaban los mayores, yo miraba otra cosa. Un dia me gustaría besarte en público. Ir corriendo por el patio a junto tuya y besuquearte con dulzura en la cara, tocarte el pelo como quien toca unas sedas finas, como quien toca cabello de ángel. Tengo que consolarme con besarte a solas, en esta oscuridad tan opaca que sólo me deja percibir las luces de la calle, la figura de Marlon al fondo y tú. Tu, almohada fiel, blanda y amoldable a mis fantasias colegiales. Mi almohada que se llama tu nombre y le he dicho "te quiero" un millón de veces."

(dramón meloso pero sincero de un impresentable que acaba de repasar a THE TEDDY BEARS y se acordó de un tio que le gusta. ¿Lo conoces?. Si hombre, está en Cou-C, el número 6. No sé si pasó las finales. Ahora quizá esté en el Red Pública, en la fiesta. Te deseo suerte en la selectividad. Y que todo te vaya muy bien en el futuro. A mi..bueno, a mi déjame en paz. Perdidamente amargado....)



continuará mañana