14 octubre 2010

Televisión de culto

THE SMOTHERS BROTHERS COMEDY HOUR (1967-69)
2ª temporada (1967-68)

Qué buenos eran estos hermanos... Cáusticos, ingeniosos, desenvueltos sobre un escenario. Hasta atractivos los hallo revisando el pack de deuvedés que incluyen una seleccción de programas de la segunda temporada de su show televisivo. Y miren que tenían pinta de modosines, de pesados mormoncillos, de no haber nunca roto un plato, de estudiosos y de buenas familias, con esas vestimentas pulcras, como acabados de salir de la universidad. En la España infrapop sólo se vestían asi el Duo Dinámico. Ellos en cambio guardaban mucha sorna en sus speechs, los mismos que utilizaban como diálogos complemento de sus canciones folcloristas. No eran astutos estos Smothers, ya digo. Trasladada su imagen al prime time llegarían a atraer con facilidad a millones de abuelitas de América. En seguida, estas se vieron asaltadas por un verdadero arsenal de dobles sentidos, de parodias sangrantes de los temas que acuciaban a la sociedad y la política del momento. Si especificamos que sucedió a finales de los sesenta, entonces sonsacarán que su espectáculo causó a sus responsables infinidad de problemas. Las abuelitas pronto desconectaron dejando como grandes fans a sus nietos más rebeldes, a los pacifistas, anti armamentistas, anti xenófobos. Los progres new generation.
Las tablas de estos hermanos llamados Tom y Dick fueron construyéndose desde finales de los cincuenta, cuando tan sólo eran unos pipiolos fanáticos del folk americano en la línea de The Brothers Four o Peter, Paul and Mary (salvando las distancias). Su sentido del humor ya les hacía distintos cuando iban intercalando diálogos entre ambos que despertaban hilaridad y asombro entre sus fieles: los concurrentes a locales swinging del área de San Francsico. La televisión de los sesenta terminó fijándose en su estilo directo, espontáneo y los fichó en 1965 para una comedia de situación llamada The Smothers Brothers Show (Tom era un ángel que bajaba a la Tierra para ocuparse de su solterón hermanito, un libertino músico al que había que enderezar). El relativo éxito de la sitcom les abrió las puertas de la CBS. Sus ejecutivos pensaron que las músicas de los hermanos quedarían mejor en un espectáculo de variedades con público en directo obviando el resto de su línea de estilo. Y asi surgió el programa de culto The Smothers Brothers Comedy Hour, que fue tormento para la cadena cuando empezaron a dar muestras de insumisión. O de "hablar de más".
Según avanzaron los programas Tom y Dick se politizaron. Esto coincidió con la nefasta acción de Lyndon B. Johnson en el conflicto vietnamita. Sin embargo, una sociedad tan ultraconservadora como la americana alimentaba los suficientes argumentos para la crítica como para que guionistas e intérpretes se fueran a agotar a la mínima de cambio. No sé porqué se extrañaba tanto la audiencia pues la folk song de la que provenían los simpáticos chicos era tributaria en gran parte de mensajería izquierdosa a la par que de un nacionalismo pegado a la tierra capaz de dejar en evidencia la sensibleria de los más penosos patrioteros de capital.




La segunda temporada en esto fue la más conflictiva. La que hizo surgir la figura del censor y en la que el censor trabajó sin descanso. En el primer programa tras la vuelta de las vacaciones estivales el plato fuerte fue la actuación de Pete Seeger, nada menos. El venerable artista, miembro honorífico de todas las listas negras, llevaba vetado en la televisión americana desde 1950. El anuncio de su asistencia al plató de la CBS provocó un mes antes un revuelo de cartas y telegramas que excedían toda previsión. Los opositores superaron a sus fans. Lo tachaban de todo lo peor (para esta gente), lo acusaban de la verdad: de vendido a la URSS, de hacer campaña anti USA en la Cuba castrista. Amenazaban con no volver a sintonizar el programa mientras siguiese en cartel ese peligroso subversivo. El día de marras al grandioso Seeger le dejaron cantar Where the flowers gone (por su sentido homenaje en la letra a los caídos en cualquier guerra) y Guantanamera (cuyo contenido político se pasaría por alto dado el nulo conocimiento del idioma español de los responsables de los tijeretazos, quedando como una tonada latina típicamente pegadiza que a todo el mundo gustaba). En cambio, se eliminó el emblemático Waist Deep in the Big Muddy, medley emocionante de diferentes canciones soldadescas yanquis desde el nacimiento de esa nación hasta la segunda guerra mundial, lo que ratificaba lo estúpido de los prohibicionismos, al resultar que un pacificista como Seeger superaba en especialización en melodias bélicas al más sanguinario militar.
Distinto escándalo formaron los Who con su actuación. Si Seeger era todo templanza, remanso de paz, austeridad en la puesta en escena, los británicos fueron todo lo contrario. El My generation lo bordaron, sólo que al final vino la sorpresa. Pete Townsend hacía añicos su guitarra mientras Keith Moon, visiblemente beodo, con la ayuda de Daltrey inició un barullo pirotécnico gracias a una botella de whisky que se medio había plimplado y a unos cuantos petardos de colores servidos por la productora. Los Smothers Brothers mantuvieron el tipo sabiendo para sus adentros que lo que se estaba exhibiendo desde el otro lado del Atlántico era una descarga de anarquia bien necesaria en unos turbulentos momentos de desasosiego, represión y protestas civiles. Resultará ingenuo hoy en día pero aquello era mucho entonces. Y más, si pensamos que sucedía a la misma hora de Bonanza, acaparadora de las audiencias conservadoras y su supuesta competencia. Ilusos todos, pues la real competencia de los hermanos fue otro duo inolvidable, Rowan y Martin que, sin embargo, efectuaron tras bambalinas cameos deliciosos y, por descontado, cargados de mala leche, vigilando a aquellos folkies de night club.


No todo era sonido instigador, himnos para tiempos turbulentos. También asombraron los Temptations con su fino estilismo (en la pugna solidaria entre lo viejo y lo nuevo, verdadera arma de doble filo con la que jugaban los Smothers Brothers, su intervención fue adecuadísima al reinterpretar a su manera la vieja canción de Al Jolson Swanee); The Association con su sunshine pop buenrrollista; los Byrds, perfectamente preparados para plantarle cara a los Beatles mientras no perdían su puesto en el fenómeno de la dylandmanía; Mason Williams (artista mutidisciplinar pues también trabajaba en los guiones) que bordó al piano su maravilloso instrumental Classical Gas; Glenn Campbell y John Hartford con sus paisajes country; un resucitado Jimmy Durante (ya muy anciano) demostrando lo que valía el burlesque o, en fin, la única aparición en la televisión americana del exótico Ravi Shankar o la explicación de lo que les estaba pasando a The Beatles de un tiempo a esa parte. Féminas como mama Cash (de pin up rubensiana) o Janis Ian (quieran o no, su Society's Child levantó ampollas puritanas al tratarse entre arrullos bucólicos el tema del amor interracial de una chavala de 16 con un negrazo imponente) apaciaguaron dentro de lo que cabe los ánimos más cargados. No así Joan Baez que tras su actuación se obstinó en recordar a su marido de entonces (David Harris), preso por negarse a hacer el servicio militar (los censores cortaron el trozo en el que explicaba las razones del encarcelamiento).









Los sketches de humor oscilaban entre lo convencional, lo autóctono y lo vitriólico. En el primer apartado señalaríamos las parodias de filmes de estreno más o menos reciente como Mutiny on the Bounty (al adaptarse el gag a lo musical sus protagonistas Tom y Dick, George Segal, Pat Paulsen, Paul Revere and the Raiders y una inesperada Carol Burnett, a la sazón esposa del productor del programa, más bien parecían los célebres piratas de Gilbert and Sullivan arrojados al caos de las 625 líneas) o la elizabethada que se atrevió a recuperar del fondo de armario la mismísima Bette Davis de una manera francamente innecesaria (¡otra vez su virgin queen!).
De autóctona habría que definir la asistencia de la vieja Moms Mabley con un tufo de homeless borrachuza que caída de espaldas o de la chavala Leigh French como hippy muy pija. En el tercer apartado, no dudaría en coronar como soberano el salvaje sketch  Gun Control donde The Smothers Brothers, con la ayuda de una alucinante Tallulah Bankhead, describían a los propietarios de armas de fuego como una mezcla de ciudadanos francotiradores, criminales y psicópatas en potencia. Dudo que miss Bankhead se sintiera identificada con aquella masacre de discurso aunque su aspecto feroz ya dejaría a las claras que ella era tan partidista en ese asunto como sus amigos televisivos. Sea como fuere, funcionó como bomba de relojería. Las protestas al dia siguiente fueron innumerables. Los primeros en apuntarse al boicot del programa fueron las hermandades de turno (los amigos del revólver, creo), luego el ejército. La cadena agudizó la censura. El show dejaba de emitirse en directo. Grabándose se sometía su edición al dictámen semanal de un comité de censura.
Nada arredró al duo de garbanzos negros y sus rojos secuaces. Antes bien, envalentonados, con la inteligencia por bandera, incorporaron a sus puyas la figura peripatética del censor. Era presentado con un cariño tan paternalista que ningún mohín dulzón podía ya solapar la sorna en su transfondo. Aquello era un recurso típico.
Se iba al traste la mezcla de picardia e ingenuidad de los niños mimados de apellido Smothers.Y la palabra "rojo", pronunciada a lo mejor por la fabulosa cantante negra disfrazada de rana Nancy Wilson como acusación de anomalía hacia un sapo del color de marras que era Tom, dejaba de ser una inocente gracia de cuento infantil para ir a golpear directamente en las conciencias adultas. Con mucha quina, tal vez demasiado rencor.
Pat Paulsen hizo flaco favor por un armisticio en las formas. Suya fue la descacharrante sección Pat Paulsen for President, simulacro de una campaña electoral paralela en la que Paulsen era candidato imaginario, circunstancia que lo mostraba en un púlpito, lanzando mitines estrafalarios a la vez que se mofaba de senadores, políticuchos y aspirantes a la Presidencia. Y sin perder jamás esa expresión entre lacónica y amargosa tan característica. Ignoro si nuestro Fernando Gª Tola  vio alguna vez este espacio y tomó ideas para su futuro Si yo fuera presidente. Todo es posible en la tonta caja.




Las bromas de Smothers Brothers cesaron definitivamente en 1969. La cadena alegó que los censores no tenían tiempo suficiente para currar en lo suyo. Vamos, que los censores eran muy vagos y los censurados infatigables currantes. Tamaña excusa no impidió que el show pasara a ser emblema de toda una época tan dificil para los Estados Unidos pero vigente en la actualidad (Afganistán, la Crisis económica y de valores), sea uno afiliado a la nostalgia o no lo sea. La deliciosa trampa de compatibilizar lo viejo con lo nuevo, la cal con la arena, la crítica más o menos sutil con la frivolidad inteligente tendría que ser materia prima para todos los responsables del entretenimiento catódico de este nuevo siglo que estamos sufriendo. Entretenimiento bien digital si, pero espantosamente aciago.

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