13 mayo 2010

Aquellos juncos salvajes (7)


Capítulo quincuagésimo quinto


Begoña dentata

Al dia siguiente de mi tibia (aunque sobreactuada) experiencia heterosexual volví a encontrame con la Bego. Merodeaba por mi calle. Juraría que lo hacía a posta pero todo quedó de lo más fortuito. Pude fijarme mejor en su rostro. No era una chica agraciada. Seguía siendo una rapaza vulgar, carne cachonda. Una que pide y da amor. Su insistencia en quedar de nuevo conmigo me hizo pensar que tras la melopea y las evidencias de la luz del día seguía resultándole un bocado apetecible. Nuestra tonta conversación duró lo que el camino hasta mi portal. Recurso infalible en estos casos en los que no tienes nada que decir al ligue de madrugada que no se ha conseguido rematar. Bego quería subir a casa pero el asunto era imposible. Le indiqué el piso para que viniese en otro momento. Por ejemplo, esa misma tarde. Dijo que si y así fue. Posiblemente había prejuzgado fatal a mi amiguita porque por la tarde se presentó con carabina. Buena papeleta la mía. Si ya con una se me acababan los recursos dialécticos, qué podría hacer con un par en mi habitación de las estrellas. Poco ayudó que la compañera me resultase físicamente más interesante. No daba cajera de supermercado. Aspiraba como mucho a puericultora. Lo malo es que ellas hablaban menos. No daban pie a nada. Sacarles a relucir tan siquiera una de mis aficiones hubiera quedado entre improcedente, cursilón o acaso manjar que se arroja a las cerdis. La mudez de ambas (supongo que bien calculada pues había que pasar la prueba de la hombría en la cual ellas, en tanto que catadoras del asunto, estarían bien bregadas) y mi paulatino nerviosismo se resolvió con la llegada de mis padres acabada su jornada laboral. Las miradas de los dos fueron la mar de expresivas. Padre me recordó tenso que tenía que hacer nosequé antes de nada y que querían cenar pronto. Fue una manera bien poco cortés de echar a las intrusas. No diré que me molestó la impertinencia. Pero en vez de despedirme de ellas con un "no volvais más", me achanté y las cité para la tarde siguiente, a ser posible temprano. Cuando me reuní en la cena quedó bien claro que no querían chicas en casa. Era lo último que se esperaban ya de mí. La cabeza enseguida comenzó a hervirme. Por un lado, me hizo gracia aquello. Sin ser conscientes de ello me estaban obligando a especializarme en seres de mi mismo sexo. Por otro, caían de nuevo en lo retrógrado y preconstitucional. Me sentí indignado por la carcundia del ambiente. De todas formas, obvié la discusión virulenta de siempre. Farfullé algo y aún con el sonrojo en las mejillas terminé el bistec con patatas sin ningun afán carnívoro.
Prorrogar la agonia con la Begoña me estresó las siguientes horas. De nuevo el reloj anunciaba exámenes fatídicos. Cruzaba los dedos. Confiaba en mis momentos más optimistas que la chavala encontrase a otro por la calle y se olvidara de Maciste. Pero no fue así. Menos mal que Luis vino antes a echarme una malévola mano. No. No para pillar porción de putitas en cama redonda. Y eso que hubo cama, pero con sus matices. Mi amigo y yo en los previos minutos a la visita planeamos una escenita digna de Alfonso Paso. Luis permanecería tumbado en el lecho, en posición indecorosa, típica del coitus interruptus mientras yo, con la puerta de la casa lo suficientemente abierta como para que lo vieran, les rogaba que no entrasen por encontrarme muy atareado. Dicho y hecho, todo salió como habíamos previsto. Luis estaba para morirse adoptando posturas de zorrón barato mientras sonaba en el tocadiscos una urlatrice del Napoli 59 suplicando que la dejaran dormir. También es verdad que entonces malinterpreté como ambiguo al mozo. Luis tenía muchas tragaderas y si ellas hubiesen accedido a mi alcoba es posible que el chaval terminase ventilándoselas a las dos con armas de don Juan. Finalmente la situación quedó entre rara y grosera. Les di con la puerta en las tetas. Y la Begoña ya no volvió más. Lo que no quita para que nos topásemos en una de tantas orgías musico festivas de la buhardilla de Javier. Esto pasaba meses después. Mi timidez por ella a esas alturas ya se había tornado pesadez infinita y cuando la noche cerrada amenazaba con dejarnos a todos ciegos de pasión, ideé un asqueroso plan para acorralar a la hembra (la única que quedaba en la fiesta) y violarla de tres. La agarramos por las piernas, los brazos y el pelo y cuando estuvo bien sujeta fuí en busca de un palo horrible que encontré por ahí, lleno de clavos oxidados. La Begoña se dio cuenta de todo pese a su ebriedad y la falta de luz y luchó denodadamente por soltarse de nosotros. Retorcíase en el sucio suelo como una culebra. En tanto que no éramos unos violadores profesionales (ni siquiera del "amanecer", a lo Iquino) no fue extraño que nos achantáramos. Debía ir a karate. Recibimos varias coces, unos cuantos arañazos, insultos a mansalva. La Begoña cogió la puerta y se marchó a trompicones de allí. Y no la volvímos a ver más. Al parecer, quien lo hizo nos certificó que la moza, que aún no llegaba de aquella a los veinte, siguió muy caliente pero ya en calidad de madre soltera.

Quico
Dentro de mis cuelgues quinceños, destacó un chico tan atractivo a mis ojos que en seguida, y con la ayuda de mis amigos confidentes, le saqué un parecido cinemático (y de primer orden) : el Tom Cruise de "All right moves". Era su alter ego físico. Era hetero, era algo pijo, era de la clase de al lado. Era mi perdición. Le llamaré el niño arquitecto porque en el futuro y por herencia paterna fue en lo que se convirtió (no hubiera sido un mal partido si el joven entendiera, y "me entendiera" a mi, claro). Por él robé. Le robé. Entraba en los recreos a su aula y husmeaba en su pupitre buscando sus cosas, oliendo su asiento (desde luego es posible que mis hurtos le ocasionaran más de un problema pues le quitaba apuntes, chuletas y boligrafos)...Nunca conseguí apoderarme de prendas íntimas. Era algo complicado, por no decir imposible introducirme en su clase de educación física pues yo estaría en mi clase y él en el gimnasio que se cerraba con llave (mis travesuras de gimnasio sólo las llevaba a cabo con mis compañeros). Pero, bueno, ya te digo que durante un curso o dos este niño fue una obsesión, también me inspiraría algunos escritos, pensaba bastante en él cuando me autoestimulaba en soledad. Lo quise a lo platónico con toda la intensidad que un ser propenso a estos deslices puede disponer a tan temprana edad. A los pocos años de abandonar el colegio y él irse a estudiar la carrera mayor a otra provincia dio la casualidad que pude estar en el piso donde vivía ya que lo compartía con un conocido amigo mío. Lo que estaba en letargo por entonces despertó de nuevo vivamente (los comentarios con respecto a su compañero por parte de este amigo no hicieron más que azuzar viejos sentimientos y de forma turbadora. Hasta se le ocurrió decirme que le había masturbado en una noche "alegre". Buff).Recordar este encoñamiento es retrotaerme a un Maciste distinto pero que sigue estando aquí, por algun lado. El de la pasión no correspondida, el de los dulce quince años que tan bien reflejó en cine Techiné en "Los Juncos Salvajes". Lo que sigue son unas cartas que en principio iban destinadas a él para dejárselas secretamente en su pupitre. Mi amigo confidente me aconsejó muy sabiamente que no lo hiciera, no le fuera a causar un trauma. En el fondo, el niño arquitecto no tenía pinta de ser una devastadora Julieta o una sublime Pia de Tolomei para andarle yo cantando serenatas en alejandrino. Sólo era un muchacho moreno que no conocí, guapo de morir, de discopub los sábados y pachanguita los domingos y que cuando me miraba era como quien viera al hombre invisible, o sea, algo sin importancia. Perdona si hay cierto tono naif en el texto, pero ponte en mi lugar, en esa edad, en ese trance...Son sólo tonterias que el paso del tiempo a vuelto dolorcillos por completo curables.


HISTORIAS QUE PRODUCEN RISA
(M. Betanzos 1987-88)

1
Dime algo sobre él. Dime con quién anda, con qué chicas sale, qué gustos tiene. Cuéntame algo de él. Sé que será inútil, nunca le interesaré. Pero, por favor, dime algo sobre él. Cuéntame en qué pupitre se sienta, cómo es su voz, de qué habla, quiénes son sus mejores amigos.
No puedo aguantar más, estoy perdidamente enamorado de un cuerpo a cincuenta metros de mi. De un pelo castaño, de una nariz chata, de unas orejas pequeñas, de un cuerpo de efebo... me muero de pensar en él. Y cuando lo veo entra por mí un escalofrio mecánico que me descontrola
Necesito un encontronazo, tenerlo contra mí, me conformaría con eso, poder rozarle como una araña, poder oler sus esencias secretas. Oh, my darling, my charming boy. Fifteen minutes with you, I wouldn't say no.
Robaré un papel con su letra, un pañuelo con sus fluidos, un bolígrafo con sus marcas mordidas. Corazón cornudo sintoniza con pieles de jorreto. Y no pido más que oir pronunciar su nombre, dos sílabas sólo, pero que consiguen estremecer mis sentidos. "No me quieras pero ven a mi, no me mires pero ven a mi, te lo pido por favor". Quince minutos contigo, no diría que no.
Un admirador secreto, anónimo entre flores raras recorré los basureros buscando cosas suyas.Háblame de él ya que yo no lo conozco.
A él. Ojalá a tí.


2
Te fijas siempre en mí cuando fumas en la penumbra, cuando te reduces a la materia infinita. Te quiero...Te quiero decir algo etéreo, que se va por el aire y regresa lentamente a ti con sus frutos bajo el brazo, con el brazo que te hace feliz.
Hoy estoy deseoso de verte. Ahora el deseo hierve en mis venas. Mi corazón late al compás. Salí con una señorita de provincias, de corsé torcido y olor a Rexona de cuarto de litro. Con ella el desahogo del dinosaurio, rozamientos con el monte de Venus. Salidilla de rostro que no me acuerdo. Pero si el sexo es placer con cosquillitas entonces puedo asegurarte que soy virgen. Y lo sentí de veras.
Qué será de alguien que se ve abocado al onanismo rutinario o al amor imposible y como imposible, eterno. No me entero pero prefiero no darle muchas vueltas.A tí si que yo daría muchas vueltas. Por fuera y por dentro. Por dentro y por fuera. Por donde lo interior y virtuoso da paso a la hermosa y palpable materia. Desde que estás en el piso de arriba (el año pasado era yo la Julieta) te veo menos. Pero yo te siento igual, en el alma.
Mi corazón late al compás, una vez más, traqueteo y fuga final. Tengo tu nombre en la libreta 1, en la 2, en la 3, en la carpeta, en la puñeta. Hasta en el rincón cutre de los baños. Allí estás tú, mirándome en la ironía del pobrecito hombre ridículo que soy yo. Creo que debía confesártelo. Donde yo hay unos ojos, unos labios, unos cabellos como los tuyos. Tenía que decírtelo. Cada vez te veo menos, así que uso vibrador.
Pero rechaze imitaciones. El original supera el remake, como Charles Laughton superaba a Trevor Howard en la Bounty. Además es sonoro, me habla, con diálogos en castellano o en gallego (según la asignatura), mientras que tú tenías la frescura de las películas de Pamplinas o las profundidades de un Dreyer silente.
Pero como has calado hondo cuando me acerque a él te sentiré a tí y sonreiré mi imbecilidad y mi impotencia en absoluto justificada.
Sin más se despide de ti el anónimo entre flores raras, la inexistente estrella que brilla entre los dos. La nada, para siempre en forma de beso.


3
Hoy me lo encontré de nuevo en la puerta de salida. Con su cazadora marrón de Top Gun y sus vaqueros de Top Gun, también. Su tez morena, su pelo corto como siempre. Iba acompañado de una chiquita. Sería de su clase. Hablaban de alguna cosa relacionada con la última asignatura de la mañana. Iba sonriente. Estaba como suele: estupendo. No me costó colocarme cerca suya. Me sentí dichoso, como la última vez ya hace la friolera de cinco meses. Debió sentir mis vibraciones. Me miró de reojo sin modificar su angelical expresión. La aglomeración (aunque no excesiva) se hizo mayor y nuestros cuerpos (con movimientos torpes) se aproximaron. Le miré de arriba abajo. Quería tener aquel cuerpo con todas mis fuerzas. ¿Se dice me lo comí con los ojos?. Algo parecido. Mi mano temblorosa rozó su culo (tan normal como extraordinario para mi). Y es que su culo a pesar de tener la forma idéntica de unos trece mil culos que habré visto antes (culo standard, modelo pijo) es para el que escribe la mejor de las epidermis. Hay montones de sensaciones que a uno se le salen cuando ocurre algo especial como esto.
Ya no pude más, ni la circunstancia ni yo podíamos más. Sé que si seguía lo estropearía todo.
Seguirá siendo mi espejismo. Mi Cruise urbano, privado. Ese momento vale por una semana de existencia. Baby, I love you.


4

"Todo lo que tengo que hacer es soñar. Soñar con lo más pequeño, con lo más efímero. Con todo menos contigo. Todo lo que tengo que hacer es soñar despierto.
Todo lo que tengo que hacer es soñar, por la noche, solo. Solo, sin ti, sin tu sonrisa puñetera. Te quiero tanto..., te necesito tanto...Noche y dia, dia y noche...Todo tiene forma aparente, nada existe...sólo existes tú. Ahora en mis sueños apareciste"

(Breve oración-profundamente sentida- escrita en no más de dos minutos. Lo que dura una vieja canción de los Everly Brothers, "All I Have To Do Is Dream". Para ti. Ya no recuerdo tu cara, has pasado a ser un dios)

"Respiro impurezas por no respirar tu aire. Hueles a fresas, hueles muy bien. Quiero agotar mis últimas fuerzas en estos días que presagian negros nubarrones...Pero, ¡que no decaiga chico!. Mientras dure hay esperanza. Y la esperanza, como el virgo, es lo último que se pierde. Si fueras chica y yo rockabilly te llevaría en el coche a un drive in y después juntos, como en las películas, iríamos a contemplar la constelación de la ciudad. Seguro que no terminaría como el del Cadillac Solitario. ¿ Sabes que me está cayendo agua de los ojos?. Una gotita esúpida que me hace cosquillas por el rostro según cae. Otra prepara la bajada ya. Maldito tonto, disculpa. Será el disco éste de los Teddy Bears. Te veo impreso en este papel, mi bolígrafo te va moldeando a mi imágen y semejanza. Ser tu muñeca sería precioso. ¿Te gustan las muñecas, darling?. Eres tan guapo... es igual, no te cuides esos tres granos que te han encarnado la cara (my angel face).
Adolescencia fantástica, cura de impotencia. Los Smiths (RIP) tenían que hacerte a ti una hermosa canción. De momento, ¿te vienes con los Teddy Bears?. Esta es " I don't need you anymore". Bueno, no te lo vayas a creer. Cuando termine la CARA A te besaré suavemente en las mejillas. Una y otra vez, sin enterarte. Suave. Como tu piel, otra vez esos dichosos granos.
Después colocaré la otra cara del disco y ya flotaremos (sin speed balls) sobre la aterciopelada negrura de nuestras sombras. "Te dije adios...amor verdadero...El sabe que le amo todavía". Uff, que disco más triste. Más tarde, te haré una canción con tus dos sílabas. Creo que a capella
Quizá me enamoré de ti porque nunca te vi alardear de rabo, de prepotente, de macho...Quizá fue eso o quizá fue el destino, que nunca anda con buen tino.
La penúltima vez que te vi te molestaba el sol. Los dos protegíamos la cabeza con los jerseys. Estábamos en el campo de fútbol del colegio. Tu mirabas como jugaban los mayores, yo miraba otra cosa. Un dia me gustaría besarte en público. Ir corriendo por el patio a junto tuya y besuquearte con dulzura en la cara, tocarte el pelo como quien toca unas sedas finas, como quien toca cabello de ángel. Tengo que consolarme con besarte a solas, en esta oscuridad tan opaca que sólo me deja percibir las luces de la calle, la figura de Marlon al fondo y tú. Tu, almohada fiel, blanda y amoldable a mis fantasias colegiales. Mi almohada que se llama tu nombre y le he dicho "te quiero" un millón de veces."

(dramón meloso pero sincero de un impresentable que acaba de repasar a THE TEDDY BEARS y se acordó de un tio que le gusta. ¿Lo conoces?. Si hombre, está en Cou-C, el número 6. No sé si pasó las finales. Ahora quizá esté en el Red Pública, en la fiesta. Te deseo suerte en la selectividad. Y que todo te vaya muy bien en el futuro. A mi..bueno, a mi déjame en paz. Perdidamente amargado....)



continuará mañana

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