14 abril 2010

Estampas de santos. Por el reverendo Belcebú von Bleu

SAN GERARDITO DE LOS NIÑOS

Queridos hermanos. Ayer me dijo Don Maciste que esta iba a ser la última cita con vosotros. Y me apena en verdad. Tan bien lo hemos pasado... ¿A que si?. Cuánto habeis aprendido bajo los ábsides del templete. Asi que ahora tendré más tiempo para... lavarme esta ropa... Ah, y las reformas en mi despachito. Un cambio de color, nuevo mobiliario, no sé, ya lo pensaré. Estoy por llenarlo con las últimas tendencias. Aparecen cosas muy interesantes en el Cima de este mes sobre sacristías modernas.

(Hace una pausa para echar un buen trago del caliz. Caliz con la sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada en forma de orines)

Justo ayer ordenaba por colecciones antiguos Hazañas bélicas y El hogar y la moda cuando topeme con el librito que me servirá para cerrar estas homilias en la red. Se llama El San Gerardito de los niños y data de 1950. Por si os interesa, que sé que sois muy rastreras (del Rastro), lo publicó la editorial El Perpetuo Socorro, una casa de Madrid especializada en sanas lecturas catequistas.
Nada más apropiado que leeros algo de la vida de este santito único para acabar. ¿Por qué?, me pregunta con la mirada la tullidita del fondo (que vas a ir a Francia a operarte). Por versar sobre un tierno niño, ahora que los rojos nos señalan con el dedo de forma tan repugnante y aviesa. Y, lo más importante, por ser una lectura tan amena y divertida como lo es este blog, tan dado al neorromanticismo, al irrealismo, y, en última instancia, a las neurosis que cada quisque hemos arrastrado aquí a lo largo de casi cinco años. Por lo menos, que conste que éstas no se debieron sólo a un mero capricho personal. Nos fue la vida en ello.

Empiezo asi mi lectura, por el capítulo IV ("maestro, por favor, ponga en funcionamiento el órgano Hammond")

Ejem." Había llegado Gerardito a los ocho o nueve años... Ya os he dicho que era muy pobre... No era rico ni era guapo; pero no sé lo que tenía aquel angelito de Dios. Lo cierto es que todos los niños querían jugar con él
(...) Miró Gerardito en derredor suyo... Vió que allí había dos palos... Los tomó y en un periquete hizo con ellos una cruz bastante grande. Y les dijo a sus amiguitos:


- ¡Ea!, yo voy delante, con la cruz... Vosotros detrás y en filas... y, cantando todos, como los curas en las procesiones...


Y al punto se armó la procesión callejera. Gerardito iba delante... Iba como transfigurado por la fe y el amor... Había que ver cómo cantaba... y, con él, toda aquella chiquillada.
Asi dieron vuelta por unas callejas... Toda la gente salía a puertas y ventanas y contemplaban aquellos curitas de miniatura... Sobre todo a Gerardito se lo comían con los ojos y decían:

- ¡Qué cara de ángel tiene el hijo de la Benita! (...)



FLAGELACION DE GERARDO


A la iglesia volvió otro día Gerardo y cayó de rodillas ante el mismo Cristo. Díjole el Señor:


- ¿Qué pides, Gerardo? ¿Qué quieres?

- Señor, sufrir por Vos y como Vos...


La misma divina voz replicó:

- ¿No fui Yo azotado? Sélo tú también...


Salió de allí resuelto a ser azotado como su divino Modelo... Se fue derecho a casa de un amigo suyo que se llamaba Félix Farenga.Y le dijo:


- Amigo, vengo a pedirte un favor muy grande.

- Pide por esa boca, Gerardo... Concedido de antemano


- Mira -replicó Gerardo-: ¿no has visto tú muchas veces a Jesús atado a una columna? ¿No has visto cómo, mientras El está allí, atado y silencioso, medio desnudo, unos verdugos descargan sobre sus espaldas y sobre todo su cuerpo una lluvia de bárbaros azotes?


- Lo he visto muchas veces en la iglesia y en las estampas

- ¿Has visto como aquellos verdugos despiadados le dejaron a Jesús hecho una pura llaga, desde la cabeza hasta los pies?...


- ¿Por qué me dices todas esas cosas, Gerardo?


- Porque yo quisiera que me hicieras el favor de azotarme tú a mí, como ellos azotaron a Jesús... Quiero que mis carnes estén hechas una pura llaga... Tengo ansias de ser otro Jesucristo...


Aquel buen amigo al principio dijo que no podía ser..., que le quería demasiado... que se le caerían las manos y las disciplinas... Pero Gerardo insistió una y mil veces y al fin Félix Farenga tomó unas ásperas disciplinas... Gerardo desnudó sus espaldas y empezó el tormento de la flagelación. Y ahí tenemos a Gerardo hecho un Ecce Homo... Todo su cuerpo quedó surcado, primero de líneas amoratadas... y, luego, de regueros de sangre, y, luego, de llagas que ponían espanto...
Cuando terminó el tormento, Gerardo cayó de rodillas ante su amigo y le dijo:


- Gracias; soy feliz. Ahora sí que puedo presentarme a Jesucristo... ¡Soy como El!




GERARDO TRATADO DE LOCO


Y a la iglesia se fue... Cayó de rodillas ante el mismo divino Señor crucificado. Era un éxtasis de dolor y de amor... El mártir divino abrió los labios y allá, en el fondo del corazón, le preguntó a Gerardo:

- Y ahora, Gerardo, ¿qué quieres?


- Sufrir, sufrir... sufrir más...; sufrir y morir en cruz , como Vos...


Y le contestó el Señor:


- Gerardo, prepárate...


(...) estaba meditando nuestro Gerardito y se dijo a sí mismo:


"Yo también quiero ser tenido por loco, como Jesucristo..."

Se fue a un sitio donde había muchos niños. La mayor parte de ellos eran muchachos desharrapados, malos y callejeros, y les dijo:


- ¿No sabéis una cosa? Que yo quiero ser víctima... Quiero sufrir mucho ... y morir sufriendo...


Los chicos se echaron a reir... Se miraron los unos a los otros. Y dijo uno:


- Ese Gerardo está loco... De tanto rezar se ha vuelto loco...


Díjole
Gerardo:

- Atadme de pies y las manos y llevadme a rastras...


Otra vez se vuelven a mirar los niños y dicen ya todos en coro:


- ¡Es un loco..., es un loco!


Y, en efecto, le atan y le arrastran por el suelo un buen rato... Y Gerardo decía:


- Más... más...



GERARDO EN LA CRUZ


Y se volvió al Señor y le dijo:


- ¿Y no seré yo crucificado como Vos?


Y otra vez oyó la misma palabra:


- Prepárate...


¿Y sabéis lo que sucedió? Que era Cuaresma... y que la Semana Santa se echaba encima a todo galope... Y se les antojó a algunos renovar una antígua costumbre que allí había: la costumbre de celebrar al vivo la pasión y muerte de Jesucristo... Y curas y pueblo: todos encantados... Lo difícil era hallar en la ciudad los que hicieran los diversos papeles de aquel teatro divino... Para todos había muchos que se prestaban. Pero, ¿quién iba a hacer el papel de Jesucristo?
Dijo la voz del pueblo:

- ¡Gerardo!

Y todos exclamaron:


- Eso es... Gerardo..., Gerardo... Nadie mejor que Gerardo.


Y Gerardo fue azotado... Y Gerardo echó sobre sus espaldas la cruz y salió camino del Gólgota..., y Gerardo fue clavado en la cruz y, al fin, delante de todo el pueblo apareció levantado en alto.
Claro está que no tenía clavos en las manos y en los pies; pero estaba Gerardo tan empapado del papel de Jesucristo, que parecía el mismo divino Señor..., echaba sangre por todo su cuerpo... y, sobre todo, ¡qué cara la suya cuando estaba en la cruz!... Era la misma cara de Jesús... ¡Qué dolor, qué serenidad..., qué majestad!


Todo esto hizo Gerardito. ¿Y vosotros, amadísimos niños?. ¿Dónde está vuestra corona de espinas? ¿Dónde las llagas de vuestra flagelación?"

Thats all, folks

TODOS: AMEN





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