08 abril 2010

Bisutería Pop


Rumberos de postín

Tercera parte


Nos visitó en nuestro Especial Protesta. Y como nos gusta el artista, repite. Poco importa que no fuera catalán ni rumbero de postín. Bastó que el ritmillo se pusiera de moda para que ahí sacase un Odio (la pone a pan pedir), una Guapa y tonta (insiste, misoginia atroz) y un Enfádate (le da el derecho a réplica) a la altura de las circunstancias.



Serie Z de gran pureza. Cuando por casualidades de la vida, cada cierto tiempo, me topo en mi mueble de los Ep's con Manolo Escudero corro hasta el plato y coloco Ansiedad ("de tenerte en mis brazos, musitando palabras de amor") que él interpretaba como bulería (animoso palo). Claro que le dábamos vuelta al vinilo y aparecía la rumba de moda. Su aportación en este caso se llamaba Si ayer dijo que si.




Moncho son palabras mayores. El principio del artista es tan deslumbrador como efímero. Hablo de cuando le acompañaba el wawankó gitano (Pepe de la China y El Perruca, hermano del Patata, ahi es ná). Escúchenle en esta etapa y asómbrense con lo que hizo con los clásicos afrocubanos del estilo de La Negra Tomasa, Orisa o El negrito bembón. Parecía un Roy Orbison en sus años soleados (Sun Records). Luego se suavizó, incorporó el feeling gitano y le apodaron "el gitano del bolero".



Otra de mis debilidades. Junto al Chacho, mi sex symbol masculino de la rumba catalana. Lanzado por Discophon como "el más pop" y con unas patillas que ni el Engelbert Humperdinck, sacó auténticas máquinas del ritmo a principios de los setenta (Menea Mambo o Viva Polúa, este útimo casi un Be-bop a lula). Pero sigue siendo entrañable el jovenzuelo que ocupa esta portada. La bomba gitana es una pobreza de grabación, pero la adoro.


Más lujos de la serie B. Paquito grabó todo lo habido y por haber en esto del españoleo. Abriendo fronteras, usurpando con bonhomía ritmos foráneos, con eses aires de barrio que lo hicieron siempre próximo. Otro de los acaparadores de los programas de "discos dedicados". Aqui hay rumbitas tan graciosas como él. Mi 600 (de letra impagable: una alemana que se ligaba mientras el galán le cambiaba la rueda al auto) lo atestigua.



Una máquina de éxitos. El rey de la rumba. El que mejor supo vender el concepto gracias a su talento y simpatía. No tuvo rival en la primera mitad de los sesenta. Luego con el boom del turismo se convirtió en souvenir para las suecas (y para Alain Delon, según contó el Calaf en sus memorias). La industria cinematográfica le vio como un Elvis post mili pero en caló y se forró haciendo pinículas. Su primer disco oficial es ya un vendaval de ritmo y sabrosura. Lo que vino luego, el acabose. Empezó a perder fuelle con el cambio de década. De su etapa en Ariola sólo se salva Chaví, rumba electro-arábiga y, a finales de los setenta, un artefacto juanpardista que se titulaba El joven Peret que, sin ser nada del otro jueves, parecía anticiparse a lo que luego vendieron las Azucar Moreno y fusioneros asi. Me vuelvo a sus primeras joyas. Al clavo y al martillo. Al hawaiano aquel. A Don Toribio y al Chamaco san Juan. Tantas hay...


Obra maestra del género apenas divulgada por los estudiosos de las reediciones. Ni un corte desperdiciable. Ni un momento de relax. Conexión cubanísima a tope. Ramonet pudo haber sido el más serio competidor del anterior. Pero no.


Otra perla irrecuperable. Primeras referencias del sello Belter. Aun no se había puesto en marcha el filón de la rumba y ya este Romero (apodado El dandy flamenco) se atrevía con bombazos como Vamos para el fut-bol o Se va a Covadonga. Aprendió a la sombra de Caracol y terminó disimulando sus limitaciones con una gracia que ni Dodó Escolá. Todo estaba por venir pero Romero en el año 61 ya se atrevió a sugerirlo. Más que dandy fue un profeta.


Otro omnipresente en esto del españoleo sound. Festivalero, asíduo de todos los entarimados, complemento de carteleras. Lo vimos en las plazas de toros, en los teatros móviles, en los entoldados, en los cines de pueblo... Como Luis Lucena, el zoofilo Pepe Mairena o el guapo Baldó. Con sus chás, sus pasodobles, sus rancios surfs y las rumbitas. Que no faltasen las rumbitas, viniesen de Barcelona o de Sevilla.


Muy recomendable este serie Z. Me gusta más su siguiente single pues en él aparecían dos rumbas-protesta alucinantes: No tengo casa ni hogar (exaltación del modo de vida beatnik o clochard aunque, cantado por Toño, suena a que le hubiesen derribado el chabolo) y La sociedad (título que convendría revisar en tiempos de crisis pasajeras como el nuestro por lo que pudiera haber en él de aporte de soluciones). En cambio el que os traigo, con ese Somos novios y pese a ser un Manzanero bien rayado, supera al anterior en la carátula, además de que el contenido entronca de lleno con las raices intercontinentales del género (cantidad de ortodoxos del bolero dirán que lo del chiquitín Armando era canción melódica, pero...). Vaya, que lo encuentro más adecuado para cerrar la trilogía de postineros de la rumba.

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