17 marzo 2010

Macisterotique

* Veo otra vez al escayolista por la calle (que no en mi cama). Ahora amarrado del brazo de su parienta (esa chiquita rubia de peluquería, algo insípida). Gesto a la antígua usanza que me hace sonreir. El escayolista no ha llegado a los treinta y es un clasicote. Andábamos de mañana por la feria del 7. Me puse nervioso porque nos topamos casi de bruces. El ni buscaba ni rechazaba la mirada. Yo en cambio la desvié para terminar saludándolo tan bajito que mucho me temo que no fue perceptible más que para la moza que pasó por mi lado, si es que algo oyó. Definitivamente, Jose está en paro.
Este lunes por la tarde, mientras daba un paseíto me dijo mamá que timbraron al telefonillo y luego a la puerta. Muy insistentemente. ¿Quién pudo ser?. Por el procedimiento, a lo mejor, Pedro. Por la insistencia, Jose algo tomado. Me inclino por el primero con reservas. ¡Maldita sea!, uno buscando pájaros que vuelan cuando ya le vienen ellos solitos al nido. Pero cualquiera se mete en casa, con los primeros soles de la primavera ahí afuera.

* El no haber follado tanto este mes, al menos en el período post carnavalero, no me causa ninguna ansiedad. Ni siquiera me masturbo. Me hice la promesa que tras los excesos del Entroido iba a frenarme un poquitín de cara a los nuevos análisis serológicos. Estos fueron hoy a la mañana. A ver si hay suerte, bajan un chisco los niveles y empiezan a remontar las negatividades esas de mi amargura. Con todo, los dos últimos fines de semana se presentaron excitantes por dos casos de jovenzuelos receptivos. Rollitos bien distintos pero que me dejaron un buen sabor de boca (a champú con el que se lavaron la verga).

* Les recuerdo que en el verano pasado llegó a las zonas de ambiente un crío muy moreno al que catalogué, de forma errónea, como magrebí. Su dificultad para expresarse ayudaron bastante a llegar a esa conclusión. Bien, luego supe que no era norteafricano sino un gitano de León que el último día que dio señales de vida (el pasado año) iba con su santita y su churumbel. Jóvenes precoces los de esta raza. Y este es artista. Bueno, dicen que todos los gitanos llevan eso del arte en las (heroinómanas) venas pero es que también apareció en la televisión local actuando en unas fiestas de pueblo. Estaba en la plaza entre una cuadrilla de flamenquines cantando como histérico el Porompompero. Me enterneció verle. Es majo. Feo pero con un cuerpecito fibroso, una piel color café... y un rabo king size que mete miedo. Volvió con la primera subidas de las temperaturas (no podía ser de otra manera). Como el chavea quiere dineros y, sobre todo, tiene muchas limitaciones en esto de hacer cosas (no hace nada), nunca llegamos a ningún trato, asi que se escondió en un retrete al detectarme. En el recinto estaba el Joey Ramone caló, ese yonqui tan divertido que como siga intimando con él terminará por decir por ahí que también soy primo suyo. Este ex presidiario se me puso meloso. A gustito que quedó después de fumar lo suyo. Quería el mal bicho estar conmigo un rato. Le di largas, estaba intrigado por conocer a ese otro chacho que tanto se escondía. Finalmente averigué que era el cantaor. No paso nada.
Al día siguiente la hijaputa de los retretes cerró "el de tíos". Iba a dar la vuelta cuando noté que alguien me silbaba desde "el de señoras". Era el gitanillo. Venía echo un pincel. No supe que era lo más impactante: si su corbata, camisa y chaleco o sus pantalones de ejecutivo medio bajados que dejaban libre, déspota y alucinante su nardo de veintitantos centímetros. ¿Saben la página web Menatplay. com?. Bueno, pues esto parecido pero sin racismos. Situación morbosa donde las hubiere. Mientras se masturbaba subido al retrete (asi podía controlar) me preguntaba idioteces. Algunas con mucho fundamento. Por ejemplo, si no venían por aqui gitanos jovencitos. Le respondí lo que sabía del tema. Le pregunté cuántos años tenía (¿qué creen que le iba a preguntar, si estudió en los Jesuitas?). Dijo que veinte. Me derretí y le pedí amablemente que me concediese el privilegio exclusivo de comer algo de esa tocha. Como me dejó un dedo le comí hasta el brazo (de gitano, efectivamente). Y al notar que no me atragantaba sospeché que su falo no era para tanto. Pero lo es. Estaría yo muy tragón. Le molestaba mi entusiasmo. Tiene problemas de descapullaje (es caballero cerrado) o es que se hizo el remolón. Allí, con la puerta abierta uno no las tenía todas consigo asi que opté por parar de felarle. Eso sí, quería que me concediera otro deseo. Sentía curiosidad por su culo. Me soltó un: "Umm, no sé, que luego te mal acostumbras...". Sonreí esperando un postre. Su coquetería para bajarse el pantalón y los gayumbos me desarmó. Estaba haciéndome un lindo striptease. Tan lindo como lo que ocultaba. Que lo era muchísimo. Más que un postre era otra vez un primer plato. Culo pequeño, con forma de manzana, muy moreno y sin apenas vello. Venía tan lavadito que me eché a él devorador. Estaba de vicio. Acabó todo muy rápido. Preguntándome si la fulana iba a seguir con el báter de tíos cerrado. Le dije que sí, que mejor que se fuera. Que la situación no era bonita. No lo he vuelto a ver.

* Este domingo había mucha agitación juvenil por la zona. Esto es: dos chavales interesantes para cualquiera. Uno ha dejado de serlo para mí. Hace tiempo que no estoy con él. Ha dejado de llamarme la atención pero reconozco que tiene un polvo (o dos). El otro es más joven. Tendrá otros veinte años. Es el osito. Un aspirante a clásico de mis correrías vespertinas. Tiene la polla algo torcida, como curvada hacia abajo, ya lo habré comentado en algun viejo Macisterotique. Pero el es una monada. Bueno, una osada. Le he venido dando nones este último año pues se me infiltró en la agenda de posibles culpables de mi ETS. Finalmente he recaído. Este muchacho, que acaba de dejar atrás la adolescencia, tiene un morbo muy gracioso. Tanto como su cara. Le gusta sacarla en los sitios públicos (disimuladamente, claro es, porque si no la cosa no vale. Te pueden descubrir y pierdes la partida) para que se la mire. Esa situación me gusta y le sigo la bola. Lo que sucede es que los juegos hay que acabarlos. Y en un parque y a plena luz del día es, de momento (no sé como será cuando cambien de régimen político), imposible. Hemos probado en aparcamientos, ascensores de edificios y en las escaleras de mi casa (bien, también estuvo en mi habitación un día, pero esa vez no la recuerdo como excitante). En esta ocasión asaltamos unas galerias comerciales. Diez minutos de puro entretenimiento. La historia aquella de sacarla, chupar o menear un poco y volverla a guardar cuando percibíamos el más leve ruido. Luego meternos en el fondo de los locales e inventar nuevos agarrones... Me imagino que le masajee de más el esfinter porque se me puso por primera vez receptivo. ¡Y cómo se puso!. En uno de esos impasses se apoyó en la baranda, con el desmesurado culo en posición altanera. Me regaló un saggin fenomenal mientras hacía tonterias con el móvil (ese tic de los colegiales enganchados al artilugio). Yo manipulé otra cosa. Le lamí los boxers y luego me froté como una fiera sobre sus almohadones mullidos. El cabroncete sabía como colocarse. Mientras tanto se la saqué y lo seguí ordeñando. Del otro lado de la baranda estaban las escaleras. Asi que le solté un chiste (en mí eso es inevitable porque tengo mucho sentido del humor). Esto fue: que sería buena idea que se corriera desde aquella altura para que los lechazos fueran a dar unos cuantos metros más abajo causando, a los que subieran en ese instante, un fotogénico efecto niagaresco. Se sonrió con expresión de ser un inútil para las proezas olímpicas. No tardó en obedecerme, en el sentido de que la eyaculación fue fulminante. Lo que pasa es que no fue nada espectacular. Me dejó la mano bien pringada, no lo oculto. Y nos marchamos cada uno por su lado. Enésimo "si te he visto no me acuerdo" o "si te he manchado, no te conozco". Vamos, que mariconadas las justas.

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