17 febrero 2010

Macisterotique

*Si les digo que no paro me creerán de sobra. Siendo fieles lectores sabrán que estas cosillas son las que han venido alimentando esta sección a lo largo de estos más de cuatro años de blog. Lo que resulta menos creible sea el hecho de que les asegure que mis minutos para la caza se reduzcan a media hora larga de a diario. Con esto me basta. Tiempo que en el reciente caso Victor debí ampliar pues, en un primer momento, iba con su hermano a sus cosas. Por lo tanto, sabiendo que paraba en la ciudad esa jornada, retorné a las zonas de ambiente algo más tarde con la esperanza de reencontrarme con el chaval (por casa no viene por propia iniciativa). Más tarde me esperaba. Pre- noche de ronda. Había una competencia muy dura tomando la retirada cuando yo iba llegando. Me entraron malos pensamientos: que si Victor había sido interceptado por aquel tipo quizá ya hubiese desahogado sus ganas de sexo. Pero no fue así. No fue porque Victor vino a casa y cumplió. ¿Lo mejor?. Dos detalles. El primero: me concedió el deseo de colocarse en una postura determinada para que lo pudiese contemplar largo tiempo. Radiante lo encontré, en la penumbra de mi habitación. Su culo en pompa, realzado por lo ténue de la iluminación me sirvió de muchísimo. Comí hasta hartarme. Pena no tener una cámara. Lo segundo: su olvido de la bufanda. La tengo colgada en el perchero. El dia después me corri con ella en la cara que casi no podía respirar, esnifando ese perfume que en otras circunstancias me resultaría un elemento bastante desagradable (es inmoral que hoy en día un tío quiera oler tan mal como las pavas). Ahora no. Sirve para que lo recuerde vivamente. Su fragancia impregnada en todos los rincones de mi cuarto pervive después de quince días. Hace poco la he empezado a poner. Luzco guapo. Por cierto, tremenda cascada láctea me dejó en el condón. "Hace tiempo que no me pajeo", dijo. Y a continuación: "La novia anda con la regla...". Un mentiroso. Esto, unido a sus olvidos de cosas, me reafirman en la condición un tanto desastrosa de este chaval. No tiene cabeza, y, si la tiene, seguro que aún es un puto caos. Arrastra adolescencia y eso sube puntos para mí. Aparte que está como un tren.

* Pedro, en cambio, sigue raro. No tiene el arranque de antes. No es que tome mucha medicación para los nervios pero ya no es ni la sombra de lo que fue. Está hinchado, amazacotado, perdido en la vagueza del que arrastra bajas laborales sin ver demasiado futuro en esta España comodona y en bancarrota. Tras su retiro monástico, busca trabajo. Tiene coche de nuevo. Y si tiene coche eso significa que algo de reflejos y vivacidad le habrán encontrado los del psicotécnico. Pero en casa las cosas son distintas. En el sexo está apagado, aunque erecto. Y frente a eso yo reacciono con frialdad. Que es cuando la cago, en todos los sentidos. Lo dejamos y variamos la conversación. Le estimo y deseo que se recupere pronto. Me parece que ni con sus amigas debe irle mejor la cosa ésta.

* Mi promiscuidad es tan ostentosa que pierdo la cuenta de amantes. Eso sí: no más de uno diario. No cabrían en el cronómetro. Hay dos maduros. Un domingo, uno que me traje. Bien carnoso y con la piel tan fina y lampiña como un bebé. Pasa que pesaba casi cien kilos. El tipo es activo. Me cogió un poco de miedo cuando le palmeteé las nalgas. Se subió el calzoncillo por detrás. Esto lo encontré ridículo. Se puso encima mía. Aguanté bien. Pero le avisé que mi cama no iba a ceder tanto como mi ano. No me hizo caso y pasó lo que pasó. Se hundió. Nos vinimos abajo. Quedó acojonado. Le obligué a que me echase una mano en la reconstrucción. Me terminó de follar en un aparte. Bueno, en el frío suelo. Cuando me incorporé quedó medio de lado. Con los pantalones bajados sobre los tobillos y el condón saliéndose de la flácida polla, con su respiración jadeante y su cara enrojecida y sudada. Daba un aspecto algo patético. No sabía si echarle una mano o dejarle que se levantase solito. Me cayó un poco el alma a los pies.
El otro maduro tendrá los mismos años. Pero no está tan obeso. ¿Saben que se llama Jose?. Es muy completo en el amor. Entonces el problema es mío porque yo con un señor así tengo mis limitaciones. Lo he venido subestimando y no debería. A la chita callando, este buen señor acude a mi cama todos los domingos desde hace dos meses. Eso es un poco enganche por su parte. Trae condones. El otro día vino con una crema que me untaba en el orto para hacer fisting light y otras cosas. El no está mal pero tampoco tan bien como para que me pueda correr a su lado. A la tercera cita me alertó cariñosamente que de ésta no quería irse sin verme salpicarle. Nada raro en una persona normal que disfruta mucho pero al que le quedan dudas razonables (o ese malestar del que no trata al otro como un objeto) si su compañero queda pleno. Me aterró la idea. Me dijo algo que me molestó del mismo grado. Quería que le metiese un dedo por el culo. Un horror. Esto sólo se lo hago a Victor y si no me deja se lo suplico con toda el alma y, si aún así no quiere o pone excusas higiénicas, le amenazo con cortarme las venas. A un chico sí, a un señor pues no. Que me folle y punto. Estaba en su justo derecho. Yo también a negarme. Pero le di una disculpa convincente. Tenía las uñas un poco largas. Para compensarle, le sugerí que se tumbase boca abajo. Lo usé de almohadón. Antes cerré la persiana para que la oscuridad ocultase un dato relevante: su trasero sólo merecería la puntuación de un cuatro raspado. Al poco rato de frotarme con fruición me corrí en su espalda. Quedé en la gloria. Lo que siguió fue la realidad. La recuerdo muy tediosa, aguardando que acabase con lo suyo.
Esto continuará. Ha dejado la crema y condones. Y yo una sonrisa que habrá catalogado como encantadora. Pero mi sonrisa ya no es encantadora a estas alturas del vicio. Todo lo más, de Mona Lisa. Sonrisa amarga que caracteriza a los seres perdidos dentro de su propio extravío. Creo que le gusto muchísimo. Mi ex Jose, el chapero (q.e.p.d.) sabría como utilizar a este casado. Yo prefiero no probarlo.

* Polvos que me gustaron, aun dentro de las limitaciones del contrarreloj. Aquel menda de hace poco que folló bien. Perdonen no darles más datos pero me moló y no sé más. Y a él también, que repitió. Se me adelantaba una maricona vieja, chupadora impenitente pero el otro no quería tratos. Me quería a mi. Se la chupé un rato. Luego le pasé un condón y ya supo lo que venía. Folló de puta madre. Le hice un par de meneítos infalibles, se puso loco y ahí se corrió como un puerco.
Muy parecido en maneras es el portugués de la droja. Follador notable. La anterior vez lo descubrieron los de su pandilla. No pasaría nada porque tan pronto aparecí se me avalanzó con mucho entusiasmo. Tiene unas nalgas prietas (como de un corredor de fondo) y super peludas. Le gusta que le meta el dedo. Cumplo sus deseos, pero prefiero otra cosa: que su cipote batalle en mis entrañas. Y este es de los que le encanta abrir cachas calientes para ver los detalles que rodean a un ojete petado. A mi me flipa de igual modo realizar movimientos bruscos para que se salga, abrir inmediatamente las nalgas para enseñarle donde debe encajar de nuevo y sentirlo irrefrenablemente aullar pues lo que ha visto es una enorme cavidad jugosa a su disposición plena. No tarda luego en inundarme. Para rematar, nada de mariconadas. Ni hola ni adiós. Sólo una puerta que se abre y un pestillo para volverla a cerrar.
Al día siguiente un visto y no visto. El maricón de las nalgas de negra. Se ha tenido que hacer un implante porque lo suyo no es normal. Si hasta lleva crema Nivea untada permanentemente en el bujero por si acaso. Vale, es su tesoro. Tiene la obligación de mimarlo hasta el frenesí. Me roza el paquete. Yo estaba como medio drogado, no me enteraba de nada. Me dijo una cosa que recordaba de un anterior encuentro, con lo cual decido entre nebulosas mentales que éste se repite y aspira al mote. Me re-dijo: Mira, tengo un poco de prisa. ¡Es la coneja blanca de Alicia!. Y qué pompas tiene el hijoputa. ¿Les he hablado de ellas?. Sólo de frotarse contra mi paquete ya le bastó para orgasmar. Para mí que su prisa tiene un nombre clínico y es eyaculación precoz. Una pena. Me quedé como estaba. Flácido, vestido y con cara de panoli.
Al dia siguiente, el putero andaba calentorro. Martes de carnaval. Lógico. Quien más quien menos desea en fechas tan señaladas un escarceo gay. Es la norma. Con éste ya hacía que no me entendía. Tan pronto lo veo me arrodillo y se la chupo con ansias devoradoras. Pilla mi esfuerzo (en verdad era todo sobreactuación de la peor). Le pido por favor que me la endiñe sin condón, que ya verá qué gusto le va a dar y demás gilipolleces que calientan, pues les tratas de machos iniciáticos y tal. Entra perfecta. En la puerta de salida de unos báteres que podía llegar cualquiera. E iban apareciendo, si señor. Los guest star del momento, no sé si por orden alfabético, de necesidades, de pluma o de ETS. Asi que dejamos interruptus el coitus un par de ocasiones. Luego me cansé porque no quería entrar en un retrete donde lo haríamos más seguido. Y me fui.

* Hoy ando con unas pupas debajo de la lengua que me molestan una barbaridad al comer. El interior de la boca está como recalentado. No sé si me va a subir la fiebre o algo. Cuento que no. Si he de morir por esto, les prometo que moriré con las botas... una aquí y la otra ni puta idea donde la he puesto. Por cierto, por el Paseo y por lo que no es el Paseo se me ha aparecido dos veces más el escayolista. Una andaba nervioso porque el autobús no llegaba. Pensé si se habría quedado en el paro. Me dio la espalda y yo entonces giré la cabeza. No quiero molestarle tampoco. Que pase por casa cuando quiera y pueda. Tampoco es plan... Dos días más tarde intentaba encajar algo en el coche de un matrimonio mayor (no dudo que terminó entrando porque este es un muchacho de gran pericia). Trabajaba. Bueno, no hubo miradas. Mejor así. A lo mejor es que nuestro nuevo encuentro, el primero de 2010, tiene que ir en este plan: de verse y quedarse a verlas venir. Paciencia. No quejarse. Que otros no tienen nada, pobrecicos... Miren los del seísmo... Por cierto, me fliparon mucho las imágenes del psiquiátrico de Tahiti después del meneo. Voy a ver si las encuentro en el Yutú y me sirven para una pajilla de urgencia...

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