11 febrero 2010

Bisutería Pop


Rumberos de postín

Primera parte

Tal como hicimos el año pasado con las bravías de la rumba catalana, nos ocuparemos estos próximos meses de los varones del género. Magníficas bestias pardas con sus fusiones de patrones rítmicos tanto de la música del Levante como de lo afrocubano. Artistas únicos, combos gitanos varoniles en los orígenes del invento. Finales de los cincuenta-principios de los sesenta. Barrio de Gracia. Pongamos que hablo de Barcelona. Gades baila al alba por las Ramblas. Cuatro por cuatro. Guitarra española, bongó y güiro, palmas y mucho jaleo. Ritmomanía. Pop de otra manera. Va por ellos...



En fin... Cuatro líneas son insuficientes para resumir el arte de Jose y Delfín. Con 16 añitos grabaron su seminal primer Lp en EMI, producido por Andrés Batista. Ni un tema desaprovechable. Creo que este single ya lo escaneé en el pasado, por algun motivo religioso de Semana Santa. Me hace gracia ese "no radiable" delante de su extraordinario En la cruz moría. Caramelos, las cosas de Morricone, Bacalao salao... Con el tiempo se desvirtuaron pero aún dejaron standards inolvidables como Vete y, a título personal, La madre para uno es todo, que siempre me estremece. Vaya a saber usted por qué...


Antonio Arenas es una incógnita. Pero la época y el sello, amén de la portada son sobradas garantías de que el contenido no defraudará al aficionado. Efectivamente, a finales de los sesenta, cuando viene fechado este Ep, el sello Belter patentó casi él solito (con la competencia de Discophon) la edad dorada de la rumba catalana. Y Arenas, desde la serie Z, ocupó discretas posiciones.


El escrupuloso aspecto de este Camborio (que parece un pincel que pose para Costus) ya embauca de primeras tanto al buscador de rarezas como al fascinado por el kitsch flamenco. Un etílico dandy gitano, tras los pasos melodramáticos de un Bambino. El repertorio escogido podía estar en el de cualquiera de los y las grandes trágic@s de la rumba. A su salud.


Este es un Dios, un Rey, un Akenatón. Lo más grande. Por encima, incluso, de Peret. Capaz de hacer arte hasta con veinte whiskies entre pecho y espalda, como diría Marcos Ordóñez. Todos lo localizaremos fácilmente en montones de grabaciones junto a Lola, pero el connaiseur sabe que esto no es suficiente, debe rastrear en sus discos en solitario, donde no sólo tocaba la guitarra, sino tambien cantaba (no muy allá, eso sí) esos standards latinoamericanos (Lara, Manzanero, C. Velázquez) o del Sinatra Reprise. Elegancia, sex appeal, savoir faire.


Bambino ya ha estado en nuestro blog a través de las palabras del productor de sus discos sesenteros, el señor Santisteban. Fue un extraño híbrido entre rumbero y coplero que aún hoy en día tiene su culto (nunca lo ha dejado de tener aunque pienso que cada vez ese culto crece más). En Columbia está lo mejor del repertorio de este supremo trágico. Reproduzco esta portada de Ep de 1967 por encontrarla muy fuera de tópicos. Bucólica, neoclásica, bien hermosa. Como diría Modugno, es una cosa grande...


Es una debilidad personal. Chacho, como también El Noi, despierta mis instintos eróticos más cerdos. Sé que esto es irrelevante a no ser que, como uno, se sea gipsyómano. Asi que, por si acaso, lo dejo colar. Agénciense su primer Lp del 68. Es tragedia, pero también vida callejera, horterada eurovisiva y sabor mestizo. Antes estuvo su colaboración junto a Peret (su imposible rival del momento) con el huracán Camboria, donde era una mera comparsa en su cuadro flamenco. En defintiva, apuren los 60 (incluso revisen su película dirigida por el coruñés Torrado, que ya había hecho cosas para Peret y Manolo Escobar) porque los 70 ya no está a la altura. En Chao chao, buru buru este cantante y pianista daba tan killer como el mismito Jerry Lee.


Agustín Abellán Maya, gran compositor e intérprete, retirado luego en Mallorca y entregado a su fe. ¿Quién se acuerda de su incendiario Quémame, de su declaración de principios (antes de Le cage au folles) Soy como soy, de su adaptación del Guapo del gran Damirón. Chango fue esto. Y mucho.



Mucho antes que Los Chungitos, Los Chichos e incluso Rumba 3, hubo combos alucinantes que nos hicieron creer a los sosos payos (que no tuvimos la suerte de pisar la arena de la Barceloneta en la era del boom) que esto de la bomba gitana no tenía por qué ser siempre sinónimo de horterada para turistas. Con Los Chavós, contemporáneros de los primeros Amaya, el género en cuestión nos pareció una suerte de rockabilly autóctono (y hasta punkie pop) de lo más descacharrante. Velocidad, adolescencia y marginalidad unidos en una música arrebatada y auténtica. Echenle antes de escucharlo (si es que lo encuentran, que creo que no está reeditado) un vistazo a la contraportada de su Lp de 1970 para Rca. Repasen duraciones y se darán cuenta que la mayoría de sus temas no alcanzan los dos minutos. Ahí cabe el vértigo. Y el crisol de culturas. Sus títulos ya abren el apetito: Ella toma bombón, Chirigüel, Los chavós se van, Apolo...


continuará

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