14 enero 2010

PUBLICOS VICIOS (homoerotismos en Youtube)


45. Marginalia 2010


Un respeto. Llevo años presintiendo que voy a terminar igual que estas gentes. Los indigentes. Con ellos compartiré tarde o temprano trifulcas, nuevos contagios, peleas por cartones, por iglesias, por cajeros automáticos, por simulacros de sopa instantánea en mesitas del comedor social.
No hará falta que nos presenten. Ellos ya me conocen. Mi culo será su capricho y el de ellos también lo será para mí (putain de toi, que cantó Brassens). Cuando la higiene personal sea un vago recuerdo, cuando mis peritas no quepan en un bolsillo roto y las lavativas de urgencia parezcan un espejismo de lady Finolis y volvamos a aquel sexo adolescente, rudimentario, inexperto pero peor, por demasiado fétido y venéreo, sin ilusiones de nada, to the end of the road, cerraré los ojos por primera vez mientras follo. Y mi mal se multiplicará en valores hasta dejarme asquito. Pero yo no lo sabré porque la seguridad social no me querrá ni analizar.
Me entretendré en el alcohol que sabe a rayos, compartiré el aliento gélido de muchos desconocidos, insistiré en buscar la soledad en momentos concretos e iré a afeitarme en báteres públicos donde tan pronto entre se vaciarán por si acaso. Huirán con discreción justo los mismos que me buscaron de mozuelo (apuesto a que seguirán ahí), decrépitos, en igual ruina pero con techo y, a lo mejor, esposa, hijos y nietos, con su reputación intachable, dentro del sistema (de jubilaciones). Tal vez sólo repare en mí el que tragó con todo, el que siempre se llevó la mierda de la calle a su dormitorio, el más soltero, el maricón gordo de tanta leche infectada que en él no era signo de muerte sino elixir de eterna juventud. Yo con cincuenta ya habré perdido mi capacidad de elección pues el encanto y apostura volaron hace mucho (el físico es lo de menos, el vicio es ciego) y rogaré una adopción expréss.

Me dá que en mi decadencia no van a ser así de fácil las cosas. Me refugiaré con iguales, los que ya no se nos la levante ni por ver pasar un imberbe enseñando gayumbo que venga de hacer break en el palco de música. Seré al fin Genet a la gallega, al calor de una hoguera con cuatro papeles y una lata de alubias. Comiendo frío, okupando pisos, necesitado de Panteras Negras que me devoren poco a poco con sus programas extremos. Y si no son ellos que sea cualquiera, que ya me encargaré de disfrazarlos con ropajes fantasmales del futuro lujo nocturno.
Como decía Rimbaud: ¡Patético hermano! ¡Cuántas veladas atroces le debí!. "No me entregué fervorosamente a esa empresa. Me divertí con su invalidez. Por mi culpa volveríamos al exilio, a la esclavitud" (...) "Y casi cada noche, nada más dormirse, el pobre hermano se levantaba, con la boca podrida, los ojos arrancados -¡tal como se soñaba!- y me arrastraba a la sala aullando su sueño de necia congoja".
Pero ya no estoy -mucho menos, estaré- en edad de Rimbaud, al filo de los veinte. Sólo me quedará invocar al final de mis noches a Reynaldo, hacer de su autoepitafio el mío propio, retocarlo según me convenga - pues de Cuba a Galicia no hay habaneras que me identifiquen- y sentenciar a la intemperie: "No quiero ceremonia, discurso, duelo o grito, ni un túmulo de arena donde reposar el esqueleto (ni después de muerto quiero vivir quieto). Ordenaré que mis cenizas sean lanzadas al mar, donde habrán de fluir constantemente".
Espero, como Arenas en la arena, no haber perdido la costumbre de soñar y que en las aguas del Atlántico se zambulla entonces algún adolescente.





























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