14 enero 2010

Bisutería Pop

A 68 REVOLUCIONES POR MINUTO

No pretendemos revolucionar las velocidades de los viejos vinilos. Esto sólo quiere ser un sucinto muestrario de cómo se tomó el pop bizarro español los acontecimientos que rodearon al fatídico mayo del 68, con extensiones en la inminente guerra del Vietnam, la canción protesta, los movimientos pacifistas y demás. Hubo de todo y todo de una pobreza alarmante, típica de país tercermundista como es el nuestro. Aqui se mezclaron los barbudos (y snobs) lectores de Mao con el pop de catequesis, las moduladas voces de Orfeón con las coloraturas de las señoritas bien. Surgieron los semiclandestinos cantautores de la izquierda bruta a la par que se resistían a morir los oficialistas Festivales, siempre horteras, como el de Benidorm, para jóvenes impersonales valores, donde un tal Julio Iglesias se dio a conocer con el que probablemente sea el gran himno del inmovilismo existencial: "La vida sigue igual". Ante aquello, ninguna arenga revolucionaria, ningún Marcuse o Cohn Bendit pudo vencer el conformismo anestesiante de un baladista merengado que dejaba con cuatro verdades del barquero las cosas "atadas y bien atadas".


Celdrán haciendo antifraquismo como buenamente pudo. El Bella Ciao que arranca lágrimas y las cajitas mágicas de la activista Malvina Reynolds conjurando la eternidad comatosa de un General digno de ser mandado a tomar por culo. Atención a la contraportada: sabiendo lo que pasaría al llegar el single a las emisoras, el alicantino hizo sorna del tijeretazo y, adelántandose a la censura, subtituló al brechtiano General con un "no radiable". Eso es visión de futuro con humor del fino.


Jose Luis (de apellido vasco: Ysuguitarra) prefirió protestar en época tan protestona contra la pérfida Albión por el peñoncito de marras. Como el asunto es más eterno que el general del otro, esta canción imposible pasa de lo coyuntural a lo perenne y va actualizándose cada cierto tiempo según soplan los vientos políticos. Tiene su gracia, pero a Jose Luis se le ha de preferir por sus Ep's primeros.



Uhmm, el gran Labordeta en pleno 68, con composiciones propias y títulos tan significativos como Réquiem por un burguesito (uno de los temas fundamentales de mi educación post adolescente, por cierto). Grabando para Fidias, con su guitarra como único acompañamiento (voz quejumbrosa aparte) y ese estilo enraizado en la tierra, en sus orígenes campesinos. A su manera, un disco inolvidable, perteneciente a una trilogía de Ep's titulada Andros.


El guapetón y modosito Juan Pablo debía haber pasado recientemente el servicio militar, porque si no no se entiende este canto tan descarado a los boinas verdes. Ya sabemos que en cine la culpa del absurdo la tuvo el esclerótico John Wayne, pero que aquí, con nuestras propias verguenzas, a alguien se le diese por ensalzar la intervención americana en el Vietnam es que no tenía perdón de Marx (Karl).



La catalana Lita Torelló se adelantó a todos los anteriores en esto de la canción protesta. Sepan que ya en 1965 osó cantar el Eve of destruction de P.F. Sloan/Barry McGuire con una beligerancia inusual en damita tan gentil. Yo diría que su vitalidad unida a la pesimista adaptación al castellano le concedió a la folk song un definitivo aspecto apocalíptico.


Pero aqui está el sarasa del Jorge (escuela raphaelista) para poner los puntos sobre las íes en esto de la protesta. Porque, a ver, ¿se puede saber para qué tanto barullo?. He decidido escanear el reverso del disco para que se queden ustedes con la letra del temita anti. Curioso que tanto las que iban de comprometidas como las "en contra" no se entendiesen apenas nada. Esto de apoyarse para sus letras en conceptos abstractos era lo suficientemente ambíguo como para admitir tantas interpretaciones como ninguna en absoluto.



Ejemplo similar al de la Torelló. Los igual de catalanísimos De la Torre escogieron en el 68 un tema maravilloso de Pete Seeger, el Where have all the flowers gone?, para subirse al carro contestatario. Pese a las limitaciones de una producción rudimentaria, el cantable les quedó muy bonito, sobre todo gracias a sus bien conjuntadas voces. Reyes Magos de lo ye yé colmando de coronas la tumba del soldado desconocido.


Una auténtica aberración del a punto de caer en el horror más absoluto Georgie Dann. Este disco ya de por sí es horrible pero su La contraprotesta se salvaría por los pelos por contener una de las letras más surrealistas que imaginarse uno pueda a costa del rollo de moda. Hasta se mete con el Dúo Dinámico y el pop nacional, no les digo más. Perro que muerde la mano del que le da de comer no puede ser bueno.



Super héroes Belter ondeando bandera blanca. Menos mal que tuvimos a estos dos mostros del primer flamenco pop para salvar algo la papeleta pacifista. La Paz es posible con El Mejorano y Paquito Jerez. Fue una reunión única para una ocasión exclusiva, pues cada uno siempre brilló por su lado. Y es que tanto follón ahí afuera era como para no hacer campaña de buenos sentimientos. Eso sí, como en España, ni hablar.
No llega a la intensidad emocional del War de Edwin Starr o el Pipes of Peace de M. Jackson y P. McCartney, pero algo de emoción si que da. Por la gloria de mi madre...


Lo decíamos al principio. ¿Para qué tanta protesta?. Si la vida va a seguir forever and ever siendo igual de penosa. Conformémonos con lo que haya. No seamos vanidosos ni egocéntricos pensando que vivimos hazañas históricas, momentos revolucionarios o que el mundo está cambiando (a mejor o a peor) sólo porque nosotros lo estamos ocupando, autoconvenciéndonos, para no caer en la depresión, de que nuestra existencia al menos ha merecido la pena.
Los Gritos la estrenaron (ganaron Benidorm '68). Julito la compuso y la llevó al éxito. El resto es sociología infrapop.

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