13 enero 2010

Apuntes macisteños

* Hay noches que me despierto sobresaltado. Tengo sueños nefandos, impensables en otras circunstancias. Por ejemplo, de no haber muerto Jose. Pero ya no está y vivo con él necrofilias que consiguen atormentarme durantes las largas madrugadas de invierno. Lo curioso es que también me despierto erecto. Es lógico. Se ha repetido por dos veces la misma historia de merendarme al pobre cadaverito. Voy al cementerio aprovechándome de la nocturnidad, por supuesto. Me acompañan dos mendigos de aspecto patibulario con cachibaches de todo a 1 euro. Saltamos la verja. Ilumino pasillos, fosas, nichos con una linternita robada a los chinos. Encuentro la tumba del ex que, afortunadamente, está bajo tierra, no empotrada sobre una pared dentro de una caja de seguridad. Y como yo soy muy señorito les mando cavar a los otros hasta que se topen con madera de la buena. Que es el ataud. Y cuando lo hacen hago palanca y abro el tesoro. Lo veo a él, en una paz típica del que la ha palmado encanutado y escuchando a Estopa. Me deleito por lo bien que lo han vestido sus padres. Porta mis vaqueros favoritos. Le doy la vuelta, le bajo los pantalones y los boxers que le regalé e hinco mis colmillotes sobre su carne riquísima. Devoro un buen trozo de músculo del gluteo izquierdo, con gusanos incluidos.
Y ahí acaba un sueño. El otro fue la semana pasada. La acción de allanamiento previa se repetía. Salvo un detalle. Habían colocado los padres cerca del lugar a su abuela, que sentada en un sofá y amarrada a un mosquetón vigilaba el posible nuevo ataque de los profanadores. Matábamos a la vieja con facilidad y luego me ponía el babero para no mancharme en la comilona. Pero me cabreaba una barbaridad al ver que pasados los días los bichos habían dejado el culo en la nada más absoluta. Entonces pensé que sería buena idea devorarle la boca porque la boca, a fin de cuentas, era lo único que jamás me osó dejar en alquiler mi amante. Asi que le abrí los labios como pude y fue cuando de allí salió una terrible serpiente que se avalanzó sobre mis ojos. Justo ahí me desperté. No me pregunten qué hicimos con la abuela pero sería bonito que ocupase desde entonces el espacio del nieto. Porque ahora el nieto vivía conmigo.
Fuera de morfeonadas, me parece indignante lo que están haciendo los bichos subterráneos con este chico. Sencillamente, INDIGNANTE. De igual forma me asombro por el total olvido que hay en los sitios de ambiente por la memoria de Jose. Creo que mis pesadillas son el homenaje más sincero (aunque no el más politicamente correcto) de alguien al que un día le importó de verdad. Que lo amó muchísimo, hasta la obsesión, o sea, que lo amo rematadamente mal.
En cuanto a esto de los sueños semihúmedos, podría ser buena idea retomar aquella vieja sección en el blog titulada Dreams come true (que venía a sustituir a las fantasías scortianas del Peepin' Tom) aunque no sé si podría resistir tantas implicaciones personales de cara a este trayecto final. De momento, los fantasmas de Burroughs y Bécquer parecen ampararme en la vigilia de tantas madrugadas inhóspitas y cautivas.

El cofre del amigo ido era así, ni más ni menos

* Y es que hace un frío que te cagas. Pero me siento orgulloso de haberme zampado el 2009 sin un simple catarro. Los antibióticos de María Esthér me dejaron fuerte como un junco salvaje, con unas defensas diría que imbatibles ante cualquier inclemencia externa. Y que dure. Pero los análisis por la dichosita ETS siguen estancados, a niveles bajos pero estancados desde hace seis meses, lo cual me deja algo despistado y confuso. He consultado páginas web medianamente serias y según me sitúo en la fase de mi enfermedad parece normal que el asunto aún no se haya podido negativizar. Colocan el período en dos años, y yo llevo uno. Sin embargo, si me fío de la doctora esto es una merienda de negros. Dice que no me preocupe, que todo está yendo bien. Pero por un lado calcula en un año el período íntegro para que llegue a negativizarse (según ella, para el inminente análisis de marzo) y por otro, suelta sin ninguna convicción que estoy en una fase de la enfermedad tardía ("a saber cuando lo pillastes"). Como para matarla. Yo a ella acudí tan pronto tuve unos síntomas clarísimos. Y que no dé más vueltas. Que use condón, la doctora dixit. Le pregunto si también póngolo para el sexo oral pero se pone colorá. Entonces bajo en perversiones y le repregunto si besar puedo. A lo que ella afirma rotunda: Besar, sí. Pero, por Dios, ¿quién besa a estas alturas?.

* Empiezo el año con un aguinaldo estupendo que me ayudará a pasar la típica cuesta de enero. En vísperas de Reyes el supermercado de la calle me ha obsequiado otra vez con cuatro bolsas cargadas de víveres. Alimentos de primera necesidad, que se dice. Quién ha pagado todo esto lo ignoro. No pienso en admiradores secretos, claro. Tampoco en que Cáritas esté por medio pues, si así fuera, me imagino que deberían presentarse los voluntarios de rigor. Y no. Me lo trae el delicioso mozo del Super. Imagínense. Diez kilos de patatas, veintitantos cartones de leche, litros de aceite, kilos de azúcar, pastas y verdura... Si sucede como en 2009, la historieta se repetirá a principios de febrero con un nuevo cargamento (si acaso, más reducido, porque es que febrero se pasa además en un santiamén). A mi me dá que todo viene de esa ultracatólica vecina del edificio de enfrente, conocida de mi madre, que encontró un buen día en la pelu, donde tras interrogarla lo que quiso, le apuntó los datos de casa, el número de teléfono y tal. Tiene que ser esa.

* Estoy de las averías, y perdonen que reincida por esos andurriales de lo doméstico, hasta los mismísimos. Las mojaduras de las de abajo insisten en darle quebraderos de cabeza al dueño. Este señor se siguió presentando durante todas las pasadas fiestas en casa con el fontanero del seguro para romper y cambiar todas las partes de tubería que quisieron. Lo único agradable del asunto es el propio fontanero. Un chico bien caliente. Con uno de los buttcracks más espectaculares y perfectos (ni un centímetro de más ni de menos) que he degustado en años. Es un poema visual digno de culto Youtube. Lo malo es que venía siempre acompañado de un ayudante. Otras, del dueño. Pero justo ayer apareció por sorpresa ¡y solo!. El sabe que todo esto es un poco cachondeo, así que me regaló una impresionante sonrisa (que ya me desarmó) seguido de una excusa de las de pasar el trance. Y como tuvo que laborar en las entrañas del pilón, agachado de mala manera, se convirtió en un perfecto exhibicionista de bondades durante unos cuantos minutos, los suficientes para ponerme al rouge. El chaval olía a rosas. El culo enseñado, a frutas salvajes. Lo cual desmiente la teoría que todo obrero apesta a trabajo. Vello el justo, granito en la parte superior de la nalga izquierda (no enrojecido). Tremendamente follable, se lo expreso sin malicia ninguna. Era una final de la Copa de Europa verlo en pompa. Pero muy breve, tipo sólo tanda de penaltys. Lo mejor es que cuando está en vertical da un poco plano por detrás. Es la sorpresa infinita de los chicos. Para que luego digan que los atributos masculinos no tienen misterio al ir todos por fuera: mientras llevan ropa, van todos por dentro. Y según las posturas que adopten los culos, las perspectivas cambian de manera asombrosa. Ustedes dirán: pues anda que si te viene a parchear la tubería la Sandra Milo, te dá un patatús. Pues ni mucho menos, no es lo mismo. A esta oronda no se le ve mañosa, todo lo más pajillera. Además, el pandero de la Milo -que no les niego que poniéndole un mantelito a cuadros vendría de maravilla para echar un tute con mi madre- ya no cabría en el zulo de las bombonas éste, con lo cual habría que darla ipso facto de baja en esta bonita profesión por incapacidad total.
Cuando el mozalbete se fue dejó su olor a limpio por la zona y no pude hacer más que pajearme con el recuerdo. Espero que les siga cayendo agua a las brasileñas por muchos años.

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