30 abril 2009

PUBLICOS VICIOS (homoerotismos en Youtube)

29. Meneito men (las delicias del booty dance)

Sólo unas líneas, que respiro ya air de féte y quiero salir de mi mazmorra. Me encuentro sandunguero y ardo en ganas de mover el esqueleto (y esa poca piel y carne, que tan atractiva encuentran en mi algunos hombrecitos) al son de algún twist desaforado.
Si es que estamos casi todos igual. Camino de un puente soleado, aunque ahora parezca todo luna. A por la full moon. Porque quien dice el esqueleto dice esa maravillosa parte masculina que es el culo. ¿Cómo?. ¿Que los hombres si son hombres de verdad eso no lo saben mover?. ¿Que si lo hacen es a costa de perder la virilidad?. Vamos, no me jodan. No me sean carcas. Claro que nunca podremos imaginarnos en esas tesituras a señores de una pieza como John Wayne o Charlton Heston. Pero es que en realidad los hombres de una pieza son bastante limitados, como bien indica su epíteto.

Ahora los chicos- chicos, los del siglo XXI, no se averguenzan de mostrarnos sus habilidades nalgatorias ante una cámara de video o un teléfono móvil. Pasan de sexismos bobos. Luego lo suben, como todas sus porquerías divinas, al Youtube de Internet y a reirse tocan (con las novias y los amigos).
¿Donde habrán aprendido tan agradable temblequeo?. ¿Horas de práctica agarrando torticolis frente a un espejo?. Umm. Sólo de pensarlo ya se me ha puesto dura la bandurria. A la caza va uno (yo, claro) de sus gracias.
Los que he encontrado, a bote pronto, son maravillosos. Coquetos, desgarbados, ricos pedorros, arrítmicos, expresivos del reverso, procaces (ese pibe -de trasero abrumador- que, mientras la amiga se va un momento a mear, se entretiene travistiéndose con sus sostenes), coreógrafos de raza (o de gen), negratas que todos los concursos domésticos ganan... Trempando en solitario o haciendo el gilipollas en pareja. Metidos en sus alcobas que huelen a pies. Y que me suben la temperatura cuando más lo necesito.

Mueve el culo, cabrón. Muévelo más, hasta que me corra sobre la pantalla de tu chandal... Apura más el meneito, no me hagas darle al play de nuevo en medio del puto orgasmo.
Y para el final, la guinda. Esa invitación a otro tipo de danza. La revelación de las últimas cuarenta y ocho horas. Con la cola en erupción pero tranquila. Intrigante y sibilina. Salvo el detalle del tanga, todo perfecto. Si se le ocurriese hacer al nalgón lo que los otros, no sé lo que hubiera sido de mi...
































SEMANA ESPECIAL Zona Roja


El cine republicano durante la guerra civil


4. ¡CENTINELA, ALERTA! (1936. Luis Buñuel y Jean Grémillon)

Esta película fue producida por la Filmófono (junto a Cifesa, la más importante productora surgida en la Segunda República). Fueron radicalmente opuestas en sus intenciones ideológicas. Cifesa era derechista, quedando consolidada por lógica después de 1939 como la señera fábrica de éxitos del cine español de los años cuarenta. Ya en los precarios años de su fundación cosechó grandes dividendos en filmes popularísimos como Nobleza Baturra, La hermana San Sulpicio, La verbena de la Paloma... En el polo opuesto, encontramos la progresista Filmófono, creada en Madrid por Ricardo Urgoiti y en la que tuvo una participación decisiva Luis Buñuel, que fue escogido como anónimo productor ejecutivo (despachito de oficina incluido).
La voluntad de Filmófono era la de competir en buena lid (no creo que a hostias) con la otra, lanzando productos de gran calado comercial, a lo Hollywood, con buenos repartos y con figuras musicales con el suficiente gancho para atraer a los espectadores a las salas de cine. Lástima que Filmófono empezase su labor de producción tan solo un año antes de la fatídica contienda civil. En tan breve periplo, la historia de la marca puede sintetizarse en el carisma irresistible del cantante Angelillo con tres éxitos consecutivos: El hombre que tenía el alma blanca, ¡Centinela, alerta! y La hija de Juan Simón. Asimismo, Buñuel en el segundo de estos títulos optó por llamar al director francés Jean Grémillon (que ya había tratado el tema de España con anterioridad) que, aunque no figura en los creditos del filme, también es verdad que tampoco apareció durante días por el rodaje. Buñuel tomó las riendas del proyecto más de lo que deseara.
Cuenta don Luis en su capital libro de memorias Mi último suspiro: "Grémillon, al que yo había conocido en Paris y que era un enamorado de España, aceptó con la condición de no firmar, a lo que yo me avine inmediatamente, puesto que yo tampoco firmaba. Por cierto que algunas escenas las rodé yo en su lugar o se las hice rodar a Ugarte los días en que Grémillon no tenía ganas de levantarse. Durante el rodaje, la situación se deterioraba rápidamente. En los meses que precedieron a la guerra, el ambiente era irrespirable. Una iglesia en la que teníamos que rodar unas escenas fue incendiada por la multitud y tuvimos que buscar otra. Mientras hacíamos el montaje, había tiroteos por todas partes. La película se estrenó en plena guerra civil con gran éxito, éxito que se confirmaría en los países latinoamericanos. Por supuesto, yo no me beneficié de él.
Urgoiti, encantado con nuestra colaboración, acababa de proponerme una asociación magnífica. Ibamos a hacer juntos dieciocho películas, y yo pensaba ya en adaptaciones de las obras de Galdós. Proyect
os perdidos, como tantos otros. Durante varios años, los acontecimientos que hicieron arder a Europa me mantendrían alejado del cine".
Esta voluntad, indirectamente expuesta por el maestro aragonés, de dignificar con Galdós una asociación con Filmófono, después de este material alimenticio al servicio del lucimiento de Angelillo, indicarían que el capítulo de hoy lo vamos a dedicar a una obra menor suya. Lo es si lo comparamos con Los olvidados o Viridiana. Pero aún asi, la película se deja ver muy bien. Es un testimonio histórico de una época y, sobre todo, de un artista del flamenco light que para los simpatizantes de la República fue todo un mito. Más quizá que Miguel de Molina, que por sus peculiaridades personales, podía repeler hasta al anarquista más recalcitrante (de hecho, el ejemplo estaría en la famosa camioneta llena de maricas inútiles para la Revolución que Durruti mandó al exterminio).
Angelillo era un hombre bondadoso, normal y sencillo. Que llevaba el uniforme de las milicias durante toda la película con la misma naturalidad que Gary Cooper el de legionario en Morocco. Sin embargo, me da que este apasionamiento de sus devotos con carnet es igual de contraproducente para entender su grandeza que la terrible saña con la que los "flamencólicos" le atacaron desde la prensa, acusándole de destrozar el flamenco con sus orquestas de acompañamiento. Los radicalismos zopencos son un espanto, si lo analizamos a la mínima. Angelillo tenía una privilegiada voz, llena de pellizcos estremecedores. Era un artista versátil, un intérprete que te atrapa a la primera por su elegancia castiza. Un vivo ejemplo es verlo en esta película. Hay números que remiten a la más pura opereta norteamericana. Ese beguine inolvidable que habla de la importancia del soldado de buscar sin tregua el amor verdadero (que es el que te acompañará hasta el fín de tus días) pudo cantarlo perfectamente en inglés, en un espectáculo de Broadway, por los mismos años, Dick Powell o Al Jolson. Sus marchas y pasodobles en camiseta guardan esa picardía no exenta de humor cuartelero que tan bien sabemos apreciar algunos. Su número final, con las coristas en intrépidos shorts, cual Follies de no se qué año, es de antología. Como cuando a Cagney se le daba por hacer filigranas sobre unas tablas de la calle 42.
Qué importa que no entienda un "entendido" del flamenco que estas licencias extranjerizantes son gloria pura vistas desde unos ojos abiertos a las experiencias únicas, o que a un rojo momificado le dé un soponcio por recordarle que el cantante se exiló por voluntad propia y no forzado, por que no le quedaran más cojones (como sí le pasó a Miguel de Molina) si poseemos este documento confesional y casi autobiográfico, que en si mismo cierra todo posible debate: antes de salir al escenario para la apoteósis, Angelillo le comenta a un amigo su intención de salir de España. El otro le pregunta la razón. El contesta con elegancia y serenidad: Cosas mías.

BISUTERIA POP

NUEVA OLA ALEMANA (primera parte)



Disculpen (o tal vez, respiren aliviados) porque no les vaya a bombardear con información referente a los artistas de esta semana, por motivos evidentes. Poco se supo en España de ellos, raro que actuasen en su día la mayoría en nuestra cortita televisión. Imposible que en las revistas pop de aqui les cubriesen un reportaje. Ante la falta de información, deleitémonos mejor viéndol@s en las portadas. Y, como suele suceder en este tipo de música de fácil consumo que imita modelos anglosajones, busquémosles equivalentes espero que no muy desproporcionados.
Por ejemplo, la primera de la lista podría bien calificársele de una equivalente de Connie Francis (ahí está su Mama). Pero yo me pregunto, ¿necesitaba la Franconero una imitadora teutona, con lo bien que dominaba ella el alemán (entre otros ocho idiomas más) ?. Por lo demás, una gran voz que se escuchó en TVE gracias a la labor solidaria (y vecinal) de los vieneses Arthur Kaps y Franz Johan (Amigos del lunes)



Tal vez la estrella de la música ligera más conocida de aquellas tierras en nuestro país. Lástima que, pasado el tiempo, la Valente permanezca para las nuevas generaciones en el más absoluto olvido. A no ser que seas un carroza afectado de nostalgitis, un coleccionista compulsivo de vinilos camp o un gay de muy nobles y altos ideales pop.



Este trío de angelitos deberían de sonreir menos su travesura, porque si lo que están haciendo en realidad es poner una triple conferencia a Memphis Tennessee con la intención de comunicarse con Elvis o Chuck Berry les va a salir por los ojos de las tres caras a sus respectivos papis (a no ser que sean hermanos, que ya sería terrible el gasto). Lo bueno es que la versión al alemán de este rock and roll clásico les salió de lo más eléctrica. Vale su peso en marcos



Detlef Engel sería el Paul Anka o el Frankie Avalon germano. Veanle con su extraño tupé de peluquería tan bien currado. Su aspecto sanote. Un chico de ensueño en las heladas noches invernales de Berlin. Su adaptación del inmarchitable Let it be me justificaría de sobra esta grabación. La funda, como todas las del sello Telefunken, estaba muy cuidada a nivel estilístico.



Y si Caterina Valente fue la artista femenina de las Alemanias más popular entre los nuestros, Freddy fue el más conocido de los varonazos. Fíjense que hasta llegó a grabar en español un disco de villancicos. Este hamburgués antes de dedicarse a la música fue marino mercante. Seguro que ya les pone más este último dato. Todo un vozarrón (aprovecho para recomendarles mi canción favorita suya: Melodie der nacht)



Otra Connie Francis germana de segunda categoria. Funda glamourosa donde las haya. Como una caja de bombones. Pena de frialdad...


Los veteranos del blog ya los conocerán de un anterior Bisutería. Feos como un demonio, en cambio eran unos jovencitos de ritmo y vivarachez irresistibles. Algo de sangre judía debían de tener, porque si no no se explica. De mis favoritos de toda la vida



Muy interesante Karl Heinz Benden (no confundir con Karl Heinz Böhm, el emperador Francisco José en la serie de Sissi). Nada que ver. ¿No le encuentran un aire al primer John Lennon?. Cosas mías. Rock and roll algo glacial pero pulcro, más que correcto. Uno de mis primeros singles de mi etapa de acumulador (finales de los ochenta). Le tengo un especial aprecio a pesar de su ruinoso estado de conservación (ya venía asi de fábrica; digo, del rastro)



Y venga con las Connie Francis de pacotilla... ¿Le ponemos un poco también de Teresa Brewer del Tirol para que resalte algo más de tanto anonimato perverso?. Pues venga. Margot Eskens compartía casa discográfica con la Valente, para complicar más el asunto mimético.



Polydor era la casa de miles de alemanes. Incluido Martin Lauer. Acompañado de las orquestas más reputadas del sello, y logrando un disco raro a primera escucha pero, a la larga, muy estimulante, que recogía la herencia norteamericana (canción vaquera a lo Marty Robbins) adaptándola a la idiosincrasia y -lo que es más jodido- al terrible idioma (que no entra ni con calzador en el pop). Este Ep se editó en nuestro país, pero el tal Lauer entre nosotros no hizo carrera ninguna (aqui lo que molaban eran las suecas, me da el alma).


continuará

29 abril 2009

Pinacoteca personal

Las fantasías de Piranesi
(cárceles, edificios reales o imaginarios, panteones...)












GIOVANNI BATTISTA PIRANESI (1720-1778)

SEMANA ESPECIAL Zona Roja

El cine republicano durante la guerra civil

3. BARRIOS BAJOS (1937. Pedro Puche)

Pese a sus obvias irregularidades técnicas y directoriales Barrios bajos es una buena película. Pero es mucho más que uno de tantos productos susceptibles de ser calificados de modo mecánico por un crítico con dos o tres estrellas. Es un admirable ejemplo de cine que desapareció cuando Franco y la censura llegaron al poder. Pongamos un ejemplo de temática similar integrado en el nuevo régimen como podría ser el filme de Rafael Gil La calle sin sol (1948). Hay, en esta última, partes tan grandilocuentes y chirriantes que empañan por entero lo que bien pudo ser un equivalente del cine del realismo poético francés. Eso mismo, en Barrios bajos se había conseguido plenamente.
En contraste con Aurora de esperanza, esta nueva película de la Sociedad de Espectáculos de Barcelona, sí que aspira con mayor propiedad (y lo consigue) a un cine comercial comme il faut, donde no hay tiempo para las peroratas ni la demagogia política barata. Aqui hay mensaje pero esparcido de forma subliminal, el mal social es propagado por el metraje como ameba que enferma a los personajes. El compromiso está en la propia esencia. No hace falta que un actor mire en primer plano a la cámara y nos lance un discurso pro stalinista (a lo más lejos que se llega es a mostrar a un obrero que defiende ante un policia su integridad con una hoz en la mano, admite que es este arreo lo que lo dignifica como persona honesta). Porque sabemos que sin decir nada al respecto, el filme es un canto al proletario, a los desfavorecidos de la sociedad, a los marginados que se confinan en los barrios bajos de las ciudades populosas. El protagonista no es cabecilla de otra cosa más que de su pequeño entorno. Ese barucho infecto donde se reúnen a diario hampones, putas y alcahuetas. El es un trabajador del puerto. Sus ideas con respecto al sistema social ya quedan claras con su posicionamiento fuera de la ley. El filme expone la amoralidad de unos personajes desde un profundo respeto. Dignifica al marginal. Lo transforma en modelo a seguir, aún a sabiendas que le rodea un fatalismo que no le hará acabar bien. Que entre la canalla hay tantos honrados como miserables, tantos aprovechados como inocentes. En los ámbitos del arrabal se consolidan las propias leyes. Todo lo que se veía por entonces en el cine de Marcel Carné o Duvivier, de Viviane Romance y Gabin, aqui se ha recogido con toda la libertad y la inspiración del mundo. Puche trabajó con una novela de éxito, con lo cual ya se estaba manejando un material que garantizaba una seguridad de partida.
El personaje principal opera como catalizador de un micro cosmos de maudits. El es el Valencia (José Telmo), un hombre bruto pero de buen corazón. Anda metido en chanchullos, sabemos que tiene una hija pero está lejos. Es analfabeto, se expresa con dificultad (emplea un acento entre andaluz y catalán que lo definen como charnego. Extrapolable al argot de los héroes prevertianos). Vive en el piso de arriba de la cantina. Al antro llega una hermosa jóven, criadita como tantas, de nombre Rosa (Rosita de Cabo), huyendo de un fulano que la quiere violar mientras duerme en su pensión. Sobre la chica revolotea como buitre negro la alcahueta de turno, que ansía llevársela al burdel que regenta. Pero en seguida encuentra la protección del Valencia, que la acoge como una hija. Sin embargo, los sentimientos entre ambos pronto evolucionan hacia algo distinto, desde lo sutil (lo que enriquece la relación bajo un punto de vista de ambiguedad rayana en lo incestuoso). En Barrios bajos no vemos una historia de amor convencional. Hay una historia a tres bandas que es maravillosa (no dudo que este filme realizado en otras circunstancias y otro lugar hubiese sido sublime en el terreno de lo romántico). Porque otro personaje (masculino) aparecerá por la cantina, huyendo de un crimen que acaba de cometer. Es un jóven abogado, de posición acomodada, se llama Ricardo (Rafael Navarro) y de alguna manera también se enamorará de el Valencia (y de la chica) bajo un vínculo de amistad bigger than life. El Valencia los acoge por igual. No quiere más a uno que a la otra. En él despierta un instinto curioso respecto a los otros dos: no sabe muy bien si quererlos desde lo místico o desde lo carnal. Prevalece, pese a todo, por la presencia constante en su pensamiento de esa hija en la distancia, el primer aspecto. Lo cual no obsta para que en la escena final, el protector muera en los brazos de ambos amigos.



Barrios bajos es un prodigio de cine a la europea. Sabiendo moverse en un nivel muy afrancesado, también recoge detalles del cine norteamericano de su época, incluso antes del código Hays. Es por ello que deberíamos sentirnos orgullosos de un filme que llegaba más lejos en audacias que cualquiera americano rodado en 1937. El personaje (inolvidable) de la magnífica actriz Pilar Torres responde al nombre de Mae (esto ya lo diría todo). Sus apariciones son antológicas porque en ella vemos un reflejo más que digno de las vampiresas decó de la Warner. Camina como lo que es: mantenida de un gangster. Viste trajes de raso ajustadísimos, expele sexo por cada uno de sus poros, le encanta que la vejen verbalmente bajo el pretexto de un piropo retrechero (recia de ancas, comenta de ella un hampón mientras la rubia se corre con la imaginación mirándose en el espejo), ejerce de espía con resabios de femme fatale, fuma de contrabando y menta a Gary Cooper para elogiar la belleza de un hombre, vive en la guarida de los cabrones y parece un hotelito orientalista al más puro estilo Casbah (para nada Pensión Mimosas), bosteza rodeada de cojines, se tumba donde puede leyendo Estampa (el Photoplay de los pobres). Pilar Torres es una actriz fundamental del cine republicano. Un icono femenino de nuestra guerra civil, para mi gusto mucho más estimulante que una Victoria Kent, una Dolores Ibarruri o una Federica Montseny. Ella se insiere hasta las trancas en ese mundo desarrois que engrandece la película con sus desatinos esporádicos. ¿Qué hace una chica tan glamourosa rodeada de borrachos que cuando se ríen lo único dorado que la harían sombra son sus dientes piorréicos?. Vagabundos que fantasean en su delirium con cantar en el Liceo algun aria de Donizetti para acabar derrochando sus bondades líricas bajo la luna, sobre un escenario de aceras mojadas (agua de lluvia, charcos con meados donde flotan esputos de tuberculosos) ante una platea compuesta de niños, cojos en muleta y proxenetas malhadados.
El hampa impía a quien cantó aquella cupletista antañona y rancia. Ni torch songs ni javas. Cuplés amargados. Acordeones sustituidos por guitarras españolas. Vino que achispa al homicida y puntas de navaja que brillan al socaire de un ajuste de cuentas, muertes de soslayo que nadie llorará. Frases directas que aluden a la urgencia del sexo sobre camastros infestados de chinches y ladillas. Desnúdate, desnúdate para mi le espeta un cliente a la ingenua criadita Rosa. La alcahueta que ofrece en la mesa de la tasca una raya de coca que algún vicioso esnifará con la seguridad de alcanzar pronto la euforia. La patética imágen (casi neo expresionista) de un cliente de burdel que abre la puerta de la habitación y ve en sombras, con estupor, cómo bajan por las escaleras, metida en una caja de madera, a una ramerilla muerta de extrañas dolencias.
Siendo la historia buena, son mucho mejores todos aquellos que la integran de manera indirecta. Puede que a ratos estos parezcan desvinculados, unos empastes. Pero su sóla existencia nos embriaga de insolite, a la vez que dan sentido a toda una verdad que pronto iba a desaparecer del cine español en favor de la falsedad reaccionaria y el cartón piedra. La España que había que ocultar de manera urgente, como pinturas negras de Goya.

continuará mañana

Mis memorias de Radio 3 (y 4)

FETICHISMOS DE PABLOS



Lo que acabas de leer. Aqui están algunos fetiches que guardo del maestro. Cuando entre 1988 y 1989 nos carteábamos regularmente. Va por él. Y por todos los florapasionados



La pasada tarde, mientras rebuscaba en las viejas carpetas, me he encontrado con abundante correspondencia de Juan. Tenía la gentileza de llenar los sobres, aparte de con lo que yo le pedía (que eran cintas con música recoleta) con gadgets, invitaciones a conciertos y sesiones de pinchadiscos...


Y no sólo esa clase de merchandising. También llegada la navidad, Christmas encantadores. Tarjetas de felicitación, con sus mejores deseos para el año nuevo. Han pasado veinte pero en mi rostro se ha asomado igual un enorme lagrimón al toparme con aquello



Disculpen si les puede parecer un poco cutre todo esto. Por ejemplo, el reverso de uno de los sobres. La dirección de la radio. En fín, algo personal. Una Special Ocassion, que cantaba Smokey Robinson.


Una de sus míticas partichelas al descubierto. El ruido de esas hojas que tanto acompañaban a su trémola, tartamudeante, pausada voz. En realidad, este era el contenido de una de sus cintas enviadas. Chicas ye yés. Observen el desbarajuste, tachones, ligero caos. El nerviosismo ejemplar del autor. Y si les atrae el tema de la grafología, analicen su letra. Lo conocerán mejor. Yo creo que ya lo conozco de sobra. Es un clásico.


También me envió música francesa en casette (aún no se estilaba el CD-R). Me comentaba que en lo referente a France Gall había echado los restos, lo nunca radiado por él (no en vano era lo más flojito). Aunque de aquella aún no habían aparecido integrales de la ingenua perversa. Juan se alimentaba de sus viejas reliquias a 45 RPM. Era radio con chasquidos


El reverso de una de sus partichelas debería ser material mítico para los obsesos de Radio 3. Me parece que sobran los comentarios



Otro reverso de sobre. Este era más bonito. Color rosa Siesta (me refiero al sello discográfico madrileño) que en mi recién comprado scáner se ha diluido, virando al vainilla. Pero de nuevo está ahí su rúbrica de puño y letra. Si quieren pueden darle al click sobre la imágen para ampliarla mientras escuchan aquel tema de O. Blackwell titulado Return to sender. Yo nunca devolví nada a nadie. Todo lo he guardado.



Dos estampas graciosas del venerable comentarista musical. Esto es de un suplemento cultural de El Mundo (me parece), conmemorando el veinte aniversario de Flor de Pasión. Finales de siglo, por lo tanto.



Juan sigue en antena y, por supuesto, en Radio 3. Ahora con un nuevo horario, mucho más accesible (de 7 a 8 de la tarde, de lunes a jueves). Sigue desgranando esencias, salvo los viernes que han puesto a unos tipos horrorosos en su lugar, con un programa de humor que no hace nada de gracia ( una especie de Cruz y raya para hiphoperos). Con esto ya queda todo dicho (o sentenciado).
Ciao, ciao bambino

28 abril 2009

PIMPOLLOS DE LA HISTORIETA ESPAÑOLA

RED DIXON de Martinez (1957. Ed. MARCO)


Podríamos definir este tebeo como una copia del pionero Al Dany de Hidalgo, siendo éste a su vez una respuesta made in Spain del irrepetible Flash Gordon de Alex Raymond. Se entenderá que tanto el uno como el otro paladin del espacio exterior eran de un rubio despampanante. Cuando ese color asomó en la cabeza de Dixon ya era de un tinte de lo más artificial. Y aun asi, pese a su escaso savoir faire, no desentonó en una serie que aportó muchos momentos ciertamente imaginativos. Los lectores compraron más Red Dixons que Al Danys. Algo que no deja de ser injusto aunque comprensible si entendemos un poco al pueblo llano (de la edad que sea). Se prefiere la acción a la estilización.
Es el triunfo de la aventura mestiza, híbrida, donde las hazañas bélicas se encuentran cara a cara con el mito de la jungla, e incluso orientándose la brújula loca hacia las civilizaciones prehistóricas. Donde el vestuario de las múltiples princesas enamoradizas y reinas pérfidas confunde épocas y modas en bien de un erotismo suave pero barroco, donde los villanos pertenecen a razas inverosímiles (pueden ser mongoles, bárbaros o vikingos dentro de una misma presencia).

Red Dixon
es un tebeo ingenuo, pedreste, pero que conserva una vitalidad digna de elogio. Ediciones Marco gracias a él -y a El Puma- crecieron en ventas y esto favoreció a que los productos de la editorial mejorasen a niveles técnicos (papel impreso, maquetación, correcciones ortográficas). Un look avanzado (o habría que decir mejor un look al fin, no sólo iba a ser privativo tan alto honor de la totémica Bruguera) le venía pues como anillo del nibelungo al dedo de un Dixon acostumbrado a viajar a tiempos futuros. Eso sí, con el ojo avizor pues los extenuantes espías de Sotar, en Aram, capitaneados por el temible coronel Cibor acechaban en cualquier esquina, en cualquier rincón.
Terrestre, estate atento. La guerra de los planetas está siendo incruenta, más larga de lo previsto. Hay que aguantar al menos cincuenta números.

Los infinitos personajes (muchos aluden al mundo mitológico) lo amparan, dentro de lo que cabe. Tritonia, reina del mar, morena incandescente; el rey de Mang, la soñadora Otara o la muy poco pasiva Dorima. Ellas son sus confidentes, su perdición momentánea, sus amadas en el reposo, sus valedoras. Las que le guíen en un traspiés involuntario cuando lucha contra cien o, lo que es lo mismo -por desigualdad de fuerza-, contra monstruos antidiluvianos en selvas imposibles de delirante vegetación. Justo ahí caerá herido de gravedad. Será cuando el héroe de hermoso uniforme, se despoje del mismo para lucir su dolor como corresponde a todo masoquista hecho tebeo. Tantas veces los vimos en estas agonías, y tantas veces los gozamos, sin defallecer. También nosotros, a la altura de los héroes.