31 marzo 2009

PIMPOLLOS DE LA HISTORIETA ESPAÑOLA


EL CAPITAN ENIGMA
de Emilio Boix (1946. Ed. Marco)




La labor del maestro Boix en la Marco se revela fundamental para entender el devenir de esta editorial que, de todas formas, tuvo sus únicos momentos de gloria con creaciones no pertenecientes a este autor (El Puma y Red Dixon, de los Osete y Artés). Sin embargo, Emilio Boix llevaba muchos años nutriendo de historietas el mundo tebeístico español. Desde antes de la guerra civil en La Risa Infantil, publicación donde dio a conocer entrañables personajes para niños como Hipo, Minito y Fifí.

El capitán Enigma
es una de piratas. Delata en su autor una habilidad para la narración y composición de páginas, si bien habría que achacar en él, como en todos, cierto desaliño sólo entendible desde la premura, la urgencia que los editores imponían a los artistas contratados. El paso de una situación a otra (cambio de lugares y personajes) en dos viñetas consecutivas, sin transición ni texto explicativo dentro del cuadro, sería un mal menor comparado con puntuales faltas de ortografía que, vistos los antecedentes de la editorial, no sabríamos a quien achacar. Parece que la Marco se empecinaba en no erradicar los errores ni aunque pasasen las décadas. Se supone que no era un mal privativo sólo de una editorial, pero es divertido comprobar las meteduras constantes de pata en materia de una construcción verbal concreta. Ya desde los tiempos de La Victoria de Nick, de Dernis (principios de los años 30), obra incluida en La risa infantil (también en Ed. Marco), hasta este Capitán del antifaz negro las patadas a la gramática se concentraban siempre en el tema de los participios de pasado, con haches que volaban por algún extraño motivo que se nos escapa. Y más teniendo en cuenta que la erudición de Boix está fuera de duda, pues los términos navales, marítimos que maneja a lo largo de esta serie corsaria están a la altura de un Robert Louis Stevenson o un Emilio Salgari.
Algo de sus lecturas debieron inspirarle, como el mito del enmascarado que oculta una doble personalidad, haz y envés de una misma moneda, imposible Clark Kent/Superman (e imposible porque en la España de la posguerra jamás triunfaron como modelos imitativos, al menos para los autores, los super héroes venidos de Norteamerica).

Superados estos defectillos, asimiladas estas influencias, nos hallamos ante un héroe muy humano, nada demiúrgico. Y aún asi, imbatible. La acción se sitúa en la isla de Goa, dominio francés (y todos los franceses son malvados de nacimiento). El terrible gobernador es un seboso que mantiene contactos con la piratería, que le consiguen muchos beneficios a cambio de sus recompensas. Tiene a su cuidado a una sobrina, la bella Carlota, que pronto sabrá de la catadura moral de su pariente (es muy dada a escuchar tras las puertas). La muchacha pronto lo va a delatar, al enterarse de que había arruinado a su padre (el hermano del gobernador), quitándole la vida. En el ínterin, el amor la ronda. Es cortejada por un lechugino de la corte real: el Marqués de la Rosa, un hermoso mancebo, presumido y afectado, rubio como ella, y también idiota como ella.
Pero la diversión no está en los salones de los terratenientes sino en alta mar donde el capitán Enigma, a bordo del Alacrán, se ha erigido defensor de los más necesitados. Todos sus botines van destinados a ser repartidos a la población empobrecida, siempre explotada por el avaricioso gobernador. Se ha hecho con un equipo de marinos; algunos fieles, otros todo lo contrario.
Entre los primeros, se encuentran el piloto Brakon (el mastuerzo de turno, calvorota que mantiene a lo largo de la serie una particular adoración por su jefe), el Largo (de enjuta presencia) y Sam, el mestizo (hermoso ejemplar de machito, que según avance la historia adquirirá más protagonismo que el feo Brakon. Curiosamente, cuando esto pase también el color de su piel se irá aclarando, conforme a las características racistas del tebeo). En el lado de los traicioneros, se llevan la palma el peligroso Pulpo y el teniente Villegas: ambos morirán por herida de tizona (la del simpar Enigma).
En lo tocante al racismo, hay momentos descacharrantes cuando un buque fantasma lleno de chinos despierta en la noche el sueño de los tripulantes del Alacrán con sus luces tenebrosas. Frases como ¡muere, rata amarilla! serán bien recibidas por toda una generación de lectores que ya se habían acostumbrado (por Fu Manchú, por el cine bélico y los noticiarios de la segunda guerra mundial) a odiar a las razas orientales. Asimismo, cuando aparecen marineros africanos, estos siempre son enunciados con el adjetivo inseparable de negros. Por no hablar de lo malos y lo supersticiosos que son los aztecas.

Carlota pronto se aliará afectivamente con el capitán Enigma. Su pretendiente es un narcisín bastante tontito, intuímos que no lo soporta (un futuro esposo no puede ser su propio reflejo en un espejo). Además su tío la encierra en un calabozo, robándole las joyas. Pronto será rescatada por los hombres de Enigma. Salvo estos vaivenes, la moza mantiene su entidad pasiva, dentro de lo que era la tipología habitual de los personajes femeninos. Y si bien es verdad que en una viñeta osó sujetar en una mano un sable y en la otra un mosquetón, a todos nos pareció una locura, pues de esa guisa, con tanto peso, sería incapaz de caminar un paso sin que se le cayesen al instante tales artefactos, impropios de una dama. Como mujer pirata no dio la talla, aunque gozase de muy buen talle.

Las gestas duraron ocho o nueve números. Números repletos de acción, de contiendas... De pocas distorsiones de la realidad (que luego serían tan normales en el tebeo nativo).Y con un final feliz y lleno de suspense: ¿quién se esconde detrás de ese antifaz? (la primera vez que alguien se preguntó aquello fue el buen Brakon y a partir de entonces lo llevó a terrenos de pura obsesión homoerótica -en silencio, claro- tal vez como deseoso de averiguar de qué color eran los ojos de su amado). Capitán Enigma se desprenderá finalmente de ese atrezzo (un héroe poco exhibicionista, desde luego, pues sólo le vimos una única vez el torso, y para eso, en estado agónico: un pathos que casi se lo lleva al otro mundo). Es hora de que sepamos que el marqués de la Rosa no era tan mariquita (o afrancesado, si prefieren) como todos pensaban y que en realidad era el capitán Enigma, en un desdoblamiento de efectividad narrativa harto dudosa. Pero es lo que hay.
Y colorin colorado, Rosa y Carlota fijaron su residencia en Maracaibo.













SEMANA ESPECIAL: Camp brasileño (años 50)

4. CALA A BOCA, ETELVINA (1959. Eurípides Ramos)

Miren que era ordinaria Dercy Gonçalves. Pero no como una Magnani, como una Loren cuando se las daba de frescachona... Ni siquiera como Mae West, que sería más de su quinta. No. Dercy era vulgar hasta el hartazgo. Sus astracanadas fílmicas, al menos para un foráneo, son inaguantables. Hasta Niní Marshall resulta más digerible. Hasta hace más gracia. ¿Que es un icono gay nacional?. Me importa un carajo. Habrá mejores. Luego critican a Carmen Miranda sólo porque era portuguesa... Manda narices...
Con Dercy, la Dercy de los años cincuenta (porque hay tantas Dercys como décadas que vivió, que fueron muchas, muchísimas. Murió centenaria, el año pasado) el género de la chanchada termina por definirse en sus aspectos más grotescos y deleznables. Del camp del principio se deriva al kitsch amenazador. Del populismo a lo populachero. De lo ingenuo a lo agresivo. Del campechanismo a la verdulería. Del carnaval a lo que aqui conocemos por carnavalada. Y Dercy, aún siendo un invento autóctono, tampoco le hace ascos a los cómicos extranjeros. Lástima que no supiera estar a la altura. Quiso dar el pego como una payasita Massina, pero estaba claro que lo suyo era el trazo grueso y no la humanidad con un poco de (desfasada) tragicomedia de la original. Esa italianización del costumbrismo brasileiro llegó a clamorosos actos de devastación cuando la chanchada misma evolucionó hacia lo picante (la pornochanchada), pues en los años setenta florecieron en este mundillo las Edwige Fenech de consumo interior.
Dercy nunca osó desnudarse, al menos en sus años de máximo poderío. Su histrionismo atrajo al público, ávido de risa fácil, a los cines. Sus películas siempre se vendían con el máximo reclamo de su personaje en el mismo título (o bien Etelvina, o bien Valentina, o bien Lucrecia, o bien Minervina, o bien Dona Almirante Miranda). Siempre hizo de ella misma. Perdiendo los nervios a la mínima de cambio. Aunque, por ejemplo, en su Etelvina también es justo reconocer que lo suyo era altamente contagioso. Y es que ella hacía de criada (o empleada doméstica, si lo prefieren), se supone que un gremio de modales poco refinados (en su caso, carente de refinamiento. Ni tan siquiera de dignidad, aquella que le sabría dar maravillosamente bien una Gracita Morales en España). En cambio, aqui veíamos que tan maleducada era ella como su señora. Sólo cambiaba el vestuario. Pero no demasiado. Gracias al intercambio de roles, digno de un sainete comme il faut, terminaba Etelvina vistiendo como Lucille Ball cuando quería ser Sandra Dee (era confundida con la esposa de un hombre rico y ella p'alante). El contraste era tan disparatado que toda posible carcajada del alucinado espectador acaba en un exabrupto parecido al erupto.



Es realmente aburrido ver Etelvina por lo poco cinematográfica que es. Se basa en una obra de teatro (por definirlo de manera piadosa) pero su director es tan negado para la profesión que es incapaz de hacernos olvidar que aquello salió de un escenario. Durante cuarenta minutos la cámara permanece estática en el interior de una casa. Sus personajes están sobreactuados. El intringulis típico de una revista musical de cuarta categoría nos hace pensar que de inmediato saldrá una vedette disfrazada de Carmen Miranda (la propia Dercy valdría) para relajarnos de tanto griterío con sus contoneos en ritmo. Y no. No existen intermedios musicales en esa primera mitad del metraje.
Cuando de pronto vemos la luz del día, cuando Etelvina sale vestida con una negligée que ni se pondría Doris Day borracha, nos llevamos un buen susto. Hay vida más allá de esas cuatro paredes. Y vaya que la hay. Nada menos que Los Golden Boys la amenizan en duduá en una esquina de barrio. Los hermanos Correia y Waldir de Anunciaçâo hacen feliz a cualquiera con sus armonías vocales. Parecen Frankie Lymon y los teenagers da rúa. Sale Etelvina pero es tan transviada que ni les presta atención. Aún quedan dentro de la mansión los señores. Afortunadamente se hace de noche y deciden salir todos a un night club. Todos menos el director (don Eurípides Ramos) que los espera enclaustrado. La labor camerística, a continuación, lleva la firma del más dinámico Hélio Barroso Neto.
Será cuando se sucedan las actuaciones musicales de diferentes artistas de la categoría de Nelson Gonçalves, Silvio Mazucca y muchos más. Cantan el Cachito de Consuelo Velázquez (más nana que baiao), cantan un sentimental bolero. Y hay una fantasía musical a cuenta del éxito de varias temporadas, Mulher rendeira, que cerraba la década de los cincuenta igual de impoluto y triunfal. Dercy bailaba a su manera, y poco más. Que era mucho. Era lo mejor de la chanchada (el night club, no ella).

Los madrugones de Terlenca Maturamis

Hoy madrugamos con... PAUL JOHNSON

Visto el éxito (esto lo digo con todo el retintín del mundo) que últimamente tengo con los modelos fotográficos, decidí cancelar mi entrevista "a lo tradicional" con nuestro protagonista de esta mañana, limitándome a hacerle unas fotos y dejándole que cubriera un test privado, el cual servirá para que lo conozcamos igual, o mejor. Desde aqui adelanto que me pareció en todo momento un chico honesto, de fiar (no le temblaba el pulso con la estilográfica). Una nueva promesa. Le deseo mucha suerte.



Nombre auténtico: Paul Zacharias Johnson

Edad: 18

Lugar de nacimiento: New York City

Color de los ojos: Verdes

Color del pelo: Castaños

Altura: 1, 83 cm

Peso: 77 kg

Cicatrices: Ninguna

Rasgos de tu personalidad que te definan: Perseverante, algo tozudo, sincero, cariñoso

Tus primeras ocupaciones: Mecánico de motos, camarero



Enfermedades pasadas: El sarampión. Catarro

Aficiones: Deportes, música, cine

Orientación sexual: Hetero

Novias: Nada serio. Dos amigas

Tu chica ideal: Una muchacha sencilla, sincera, femenina

¿Crees en Dios?: A ratos

Deportista favorito: Joe di Maggio

Cantante favorito: Elvis, Harry Belafonte, Brenda Lee, Rosemary Clooney

Actor favorito: Jack Lemmon, Lee Marvin, Ernest Borgnine, Vera Miles

Series de TV favoritas: Wanted dead or alive, Cheyenne, Bronco...




Modelo fotográfico junto al que te gustaría posar: Jack Lalanne, Bob Delmonteque

Fotógrafo con el que te gustaría posar: Champion, Lon of New York, Scott Studios

Viajes: Me desplazo mucho a Inglaterra. Tengo allí a mis padres

Signo zodiacal: Tauro

Tatuajes: No, de momento. Me gustaría hacerme uno de Marte, el dios de la guerra: simboliza lo masculino. mientras que Venus es lo opuesto

¿Te dejarías fotografiar en mallas?: Si son circenses, si.

Desnudo integral: En principio no. Tendrían que pedírmelo esos fotógrafos que he comentado

En tu interior, qué prefieres: calzoncillos blancos o jockstrap: Calzoncillo blanco

Opinión del wrestling: Deporte noble y duro. Lo he practicado en la universidad algo. Pero prefiero la natación y el fútbol

Lecturas: James Michener, Raymond Chandler y Truman Capote

Tebeos: Toda la Marvel, el Mad...

Cartoon: Roadrunner (Correcaminos en España)



Poluciones nocturnas: -

Erecciones matutinas: -

En tu aseo personal, periodicidad de enemas: -

Champú o jabón: Jabón

Baño o ducha: Según el momento. Ambas modalidades

¿Te perfumas?: Lo justo

Consumo de estupefacientes: No. Tampoco fumo. Soy un chico sano

Opinión de la realidad política del país: Prefiero no opinar al respecto. Pero JFK me cae muy simpático

El futuro: Televisión y cine

Fantasía Mongo II by Maciste Betanzos: Lo seguía mucho hace un par de años. Cuando colaboraba Marcial Carracedo, el profesor de educación física. ¿Sgue en antena?

Maciste Betanzos en la intimidad: -





* Terlenca Maturamis es trabajadora sindicada de la revista Luxuria & Confettis

30 marzo 2009

SEMANA ESPECIAL: Camp brasileño (años 50)

3. ALEGRIA DE VIVER (1958. Watson Macedo)

Durante la segunda mitad de los años cincuenta el rock and roll también llega a Brasil. Es un boom inesperado y con características de perdurabilidad. Los años sesenta serán los de la Jovem Guardia, el fenómeno beat y la maravillosa aparición de Os mutantes (capaces de conjugar tradición con psicodelia desde terrenos de pura genialidad). Es lícito pues encontrar en los miméticos pioneros al auténtico gérmen de un sonido tan revolucionario como fascinante, a menudo ignoto en nuestras latitudes por el predominio de la samba y la bossa (al parecer los únicos estilos que dan rendimiento en el mercado discográfico español). Los propios brasileiros también son muy dados a no dejarse contaminar por sonidos foráneos. Sin embargo, al principio no era asi. El swing, el jazz de evidente comercialización norteamericana fue rápidamente fagocitado por ellos, pero sin olvidarse de conservar en sus repertorios los extraordinarios lamentos de saudade de un Doryval o un Jobim. Con el rock and roll -y también la canción melódica- se comprobó que Brasil seguía perfectamente enterada de todo lo que se cocía en otros países sudamericanos, en Estados Unidos y en Europa. No es raro ver en los discos de artistas de los años cincuenta versiones de éxitos españoles, franceses, italianos y mexicanos, adaptados incluso en las letras. No acontecía esto en España, que seguíamos restringiendo esa batidora musical a sambas y bossas. Hasta la actualidad.
En el cine pasó lo mismo. Es curioso que en Alegria de viver, que es una película testimonio de la irrupción de la fiebre rocker en Río de Janeiro, el personaje masculino principal (el bello John Herbert), de maneras clásicas, se queje en un diálogo de la americanización que sufre la sociedad juvenil. Esa identidad new generation supuestamente en crisis que, repito, jamás renunció del legado patrio, ya llevaba en los cines muchos años. Por lo menos desde la aparición de productoras como Vera-Cruz o la Atlantida.
Alegría de viver recoge hasta la última gota de esencia de películas similares de la AIP, sólo que acercándose más a una potente Warner Bros. cuando jugaba con los mismos elementos que los artefactos manufacturados por la anterior (rebeldía juvenil, nuevas estridencias, bailes vertiginosos, problemática paterno- filial) pero desde una óptica for all the family y no de drive-in. El director Watson Macedo era un experto en comedias musicales y cuando se arriesgó con la nueva moda acertó de pleno. Logró un Rock, pretty baby nacional que rezuma como su patrón contagiosa vitalidad, la alegría del título plenamente resuelta en imágenes y sonidos. Que esa alegría pueda parecernos un poco forzada a años vista, en donde algunos extras se muestran desubicados tal vez por una cuestión cultural ante tanta cabriola y tupe alborotado, no mengua nuestra capacidad de emocionarnos a los aficionados a esta música. Es lo explosivo del alma brasileña lo que salva la papeleta del "quiero y no puedo". Es un filme conmovedor.
Watson erige un monumento a su sobrina y ahijada, Eliana. La convierte en princesa de una generación de rebelditos (los míticos brotinhos), aqui denominados peyorativamente kinkys, cuando al principio de su carrera había sido la princesa del fox trot. Eliana es una de las máximas figuras del star system de la edad dorada. Rubia encantadora, respuesta fluminense de la gentil Debbie Reynolds, con un agradable parecido físico a la maravillosa Anne Francis. Sus bailes son sencillamente arrebatadores.
La americanización ya está en marcha. Hay personajes que responden a los pintorescos seudónimos de Johnny Guitar y Tony Curtis. Son cancilleres de antros de moda (el Rock boy Club), donde imponen sus leyes del ritmo todas las noches, no bien aparcan las furiosas lambrettas (también de importación) en la puerta. Su jerga no es la de unos caipiras cualquieras. Utilizan palabras yanquis para comunicarse. Se visten con cazadoras de loneta encarnada o de negro cuero, llevan pantalones vaqueros azules y sus pelos son clamorosos tupés lacados hasta el vicio. Ellas llevan falditas can cán, de vuelo para el dancing party y colas de caballo detrás del flequillito: podrían pasar por estudiantas de una high school en Pennsilvania. Sus habitaciones están adornadas de ositos de peluche, de banderitas de algún equipo deportivo y de fotografías de ídolos muy rubios.
Entre los secundarios hallamos más detalles deliciosos de colonización rockera. El cantante de turno se desgañita, sufre ataques epilépticos que en realidad forman parte de su coreografía. De repente, vemos que Celentano es un buenísimo modelo a imitar. También reparamos en los pijines, con trajecito de noche y pajarita. En especial, cuando las luce Sergio Murilo, todo un ídolo de quinceañeros poco después (uno de los que más cantó a San Remo). Emociona Sergio en su caracterización (algo tosca e idiotizada) por lo que tiene de Sal Mineo carioca. Como aquél, es comparsa de los protagonistas, consigue ganar unos cuantos planos desde la retaguardia y baila muy bien el rock and roll. Es una pena que no cante en la película. Y otra pena que la ternura inolvidable de Mineo aqui la sustituya por cierta arrogancia bobalicona.
Antes de que la Jovem Guardia irrumpiera en Brasil, ya vemos a muchos de sus representantes (¡Roberto Carlos diecisieteañero y con todo un futuro por delante!) ocupando posiciones, pero también vemos a la vieja guardia como Ivon Cury, cantando en brasileiro y español un slow en lo que era un número de producción muy estilizada.
Pese a estos detalles, triunfa lo rabiosamente juvenil, desde esa candidez de los años cincuenta que nos desarma a los sensibleros camp: esas vistas de la capital carioca, los planos incandescentes tanto de una Eliana de faldita indomable como los del trasero abierto, engalado de alpaca y tomado desde un primer plano de John Herbert cuando, mal sentado en un taburete de night club, llora sus penas a su acompañante: su chica se había ido con los rebeldes.
Finalmente todo acabará bien, como en las películas de Marisol o de Rocío Durcal. Prevalecen los buenos sentimientos, el "todos juntos y revueltos". Los pequeños malentendidos resueltos por ser el diablillo del rock muy poco nocivo (sólo sirve para contagiar la alegria de una nueva generación triunfo). Ayer fue la samba, hoy esto. Mañana, ya veremos...

LIBRERIA QUEERMAN

Las joyas pulp del arqueólogo Andros Queerman* al descubierto


KILING BUSCA A YORGA (tercera parte)











continuará el próximo lunes



* Andros Queerman es trabajador sindicado de la revista LUXURIA & CONFETTIS y ahora también vende con desespero su colección de cromos de La abeja Maya y un poco inca, Marco de los Apeninos a los Andenes, Comando Gey y El bosque coñífero de Tallac, india salvaje, mas las bandas sonoras de Vickie el vikingo cachondo y Abrete Sésamo que no te entra bien a un módico precio de doscientoscincuenta mil maravedíes (las antiguas doscientas pesetas), pues la casera lo amenaza con echarlo de la buhardilla en la que malvive (o vive, pero diogenésicamente). Son siete las mensualidades y, aunque su renta es baja, las cosas se han puesto muy feítas para él (administra muy mal su economía).
El lote reunido será enviado ipso facto. El dinero deberán ingresarlo a la siguiente cuenta bancaria (y a su nombre verdadero: Feldespanto Mejunjales de la Parrocha). Esta es: Caja de Ahorros La Codiciosa of. 2 n0357777549033

Pinacoteca personal

OFELIAS PRERRAFAELITAS



Por Jules-Joseph Lefebvre



Por Thomas Francis Dicksee




Por Antoine-Auguste-Ernest Hebert




Por Arthur Hughes




Por Arthur Hughes




Por John Everett Millais




Por J.W. Waterhouse




Por J.W. Waterhouse




Por J.W. Waterhouse




Por Henrietta Rae




Por Dante Gabriel Rossetti




Por Paul Albert Steck


"Mira también lo que haya de perder tu honra si prestas crédulos oídos a sus canciones o con apasionado corazón ofreces el tesoro de su castidad ante sus ardientes ruegos. Alerta. Ofelia. Alerta, mi querida hermana, haz que tu inclinación no te precipite, aléjate del peligro certero del deseo. La más cauta de las doncellas ya es pródiga si se muestra ante la luna con toda su belleza. Y la calumnia somete a la propia virtud. Y el gusano las flores más tempranas corrompe antes de que se abran en sus capullos"

Laertes a su hermana (Escena III del primer acto)

27 marzo 2009

QUE LE DEEEEN....


Por Maricón Martinez, super hombre inmune
Ay, con el tiempo justito... porque me voy de finde, que uno también es ser humano y debe descansar... Pues sí, este mes toca Joey Stefano, probablemente el pasivote más famoso del porno gay mundial. ¿Qué quieren que les cuente de este mozarrón...?. Yo les cuento todo lo que sé y luego ustedes hacen lo que les venga en gana con la información. Ha salido un libro con su biografia pero yo no lo tengo... Además ¿qué haría yo con un libro si apenas se leer?. Y no me averguenzo para nada. Porque la chupo muy bien, y eso es a lo más que puede aspirar una mariquita triunfadora llegada a los cincuenta.
Joey también la chupaba muy bien. En sus películas. Pero a mi me gusta más cuando lo enculaban. Porque lejos de afrontar su rol pasivo desde la mudez, él increpaba, exigía esto y lo otro, preguntaba con toda la retórica del mundo al top de turno... Pienso que se producía más excitación en sus diálogos coitales que en el rollo físico en si.
También es algo obvio que a Joey su relación con las drogas le condicionó siempre a la hora de afrontar sus interpretaciones. Y su existencia toda. Bueno, de hecho murió de una sobredosis (en presencia de su camello; el cual se dio el piro al verle exhalar el último suspiro tóxico). Pero es que, por ejemplo, en su gran película que es More of a man hay partes en las que se le ve completamente pasadísimo. Y eso lejos de ser una traba, es todo un acierto. Por eso lo premiaron. Por ser capaz de mirar con deseo a un hombre cuando en verdad lo que deseaba era vomitar. Porque en el fondo, Stefano es de la casta de los warholianos. De Joe Dallesandro, al que parece querer mirarse siempre. Ambos jóvenes empezaron en la prostitución más callejera, a la espera de un talent scout que los lanzase al estrellato. Y los dos eran oriundos italianos.
Stefano era muy suburbial. Y en una esquina cualquiera lo encontró la horrenda ChiChi LaRue, que era una prima donna patética con un ego insoportable. Quería ser Divine y se quedó en cualquier gorda secundaria de teleserie norteamericana. Pero le abrió el mundo del porno a cambio de que se hicieran amantes. Se dejó follar por los mejores machitos de la galaxia VIH (Stryker aparte). Incluso folló a algún jóven de sus mismas características sexuales, como Mike Henson (que aguantó en esta vida diez años más que Stefano, pero que ya está criando malvas también -pobrecico mío, Mike: que el demonio te tenga en Sodoma).
En Songs of the key of sex (mariconadita insufrible de La Rue) era chapero de local de ambiente; en Revenge era muy perra y hacía sufrir mucho a su novio Jon Vincent durante su estancia en un hotelito veraniego. Y en Fond Focus lo mejor era un trío que se marcaba con otros dos maromos (menajes que él bordaba).
Pienso que More of a man es su cénit. Por todo, por su campysmo de melodrama a lo Mildred Pierce, por no vérsele pagado de su culo, por su sketch con el impresionante Rick Donovan, tatuador en luces mortecinas (casi de cine negro). También frecuentó piscinas y lugares soleados, de porno lujo... Pero eso ya es algo más comun. Era la generación de los surfistas con condones y expresiones de tristeza (el miedo a la muerte estilo Aids). Unos antihéroes, no lo duden.
Ganó muchísima pasta. Premios Oscar pero para sodomitas. Siguió en el puterío, pero del callejón saltó a los grandes hoteles. Y conoció a figuras relevantes de la industria del ocio USA. Confesó en la tele, en un show de esos nocturnos que había mantenido una relación con el fundador de Asylum Records (y del Dreamworks, junto a Spielberg) David Geffen (uno de los hombres más ricos del planeta). Este finalmente tuvo que admitirlo (y, con ello, su homosexualidad y su condición seropositiva).
Madonna lo incluyó en su Sex como icono de la cultura popular gay que fue. Y en 1994 la palmaba, como ya he dicho antes. Ya estaba algo desvinculado del porno video pero su fiereza, entrega y sentimiento trágico siguieron sentando cátedra para las nuevas generaciones de bottoms que estaban por caer (en desgracia).