23 diciembre 2009

Macisterotique


* Estuve hace semanas tonteando unos minutos con un chico nerd. No sé cómo caí. Menos mal que fue un tonteo. El frío total. Hasta sus manos estaban heladas, pero se revelaban dispuestas a adquirir calidez buscando entre mis recovecos. Al menos el único recoveco que le solicité que accediese de una puta vez: mi ano.Trabajaban bien sus dedos. Cuando le confesé dónde quería que centrase su atención no volvió a despegarse de aquél rincón mientras duro el brief encounter. Estimulaba eso, pero al chico no había por donde cogerlo. Sin problemas lo de su extrema delgadez. Mucho menos su retraso emocional (he estado con numerosos autistas y demás discapacitados psíquicos diagnosticados en hasta un cuarenta por ciento, o más, de tara). Pero es que luego era un callo. Y quería boca el tontuelo. Me daba demasiado asco para intercambiar babilla. Fue un error, lo sé. No hay que darle más vueltas. No sucedió nada y en nada se debe pensar más allá de lo que fue. Me sentí halagado por que me hubiera elegido (fui el que se había mostrado más indiferente del grupo aquél). Quería que fuese a su casa. Qué ilusiones. ¿Yo en su casa?. ¿Qué méritos me iban a arrastrar a romper mi monotonía habitual para lanzarme a esa aventura de pisos inhóspitos?. Luego lo volví a ver. Seguía en su plan entre catatónico y cazador. Una cosa tan rara que hay que estar in situ para creerla. Pasados unos días desapareció. Quedaron en incógnita nuestras respectivas genitalidades. Pero con lo que hubo ya tuvimos bastante.

* Recibo una llamada inesperada el viernes noche. Una incógnita. Al principio pensé que se trataba de algun lector audaz del blog. Era una voz muy juvenil, entrecortada y torpona, como con miedo a identificarse. No tenía cobertura y me dio el adiós, muy buenas. Supuse que se habría equivocado, supuse lo del lector audaz. Casi a medianoche la llamada se repite. ¿No me conoces?, estoy solito. Entonces caí. Era Luis, aquel tipo casado, mítico ya en mi vida, de esporádicos revolcones en vertical, casi siempre con una botella por medio para ir echando tragos, hablándome de su cicatriz en el estómago, de que debía tener cuidado por su situación personal y bla bla bla. El mismo de este verano, que sangró por un dedo (jodeeer), mientras me palpaba el recto. Tras medio año de no dar señales de vida, de mi último renuncio a una cita donde me pareció entender por sus palabras que aquello era para él un conflicto de cojones y que era mejor que lo dejásemos, reaparecía con ganas de fiesta.
Mi madre estaba ya en la cama, con su redecilla en el pelo, su oxígeno en la nariz, sus tapones en los oidos, sus ojos cerrados... pero a escasos centímetros del teléfono. Asi que fui escueto. "Vén", y luego le recordé el número de la casa y el piso. Creo que andaba más caliente que él. Empalmado al menos estaba, tirado en el sofá viendo clips de adolescentes apretando dientes, porque querían hacer de vientre, donde la fábrica de trufas. No es que fantasease con nada por el estilo pero concluí que era el momento preciso para cobijarme al calor de un buen cuerpo de tío.
Luis es delgado (a pesar de que ya llena más los vaqueros en este nuevo siglo de pitanzas) y es profundamente cariñoso. Con esto quiero decir que hace unos besos negros de locura. Que no se cohibe ante nada. Que chupa rabos con glotonería y que... y que en el fondo está deseando que se lo folle un fulano. Lo supe siempre, cuando no se cansaba de advertirme que nunca lo probó por miedo al dolor y demás modosas advertencias que lo único que ponen al interlocutor es cara de taladro humano. Claro que me la metió. Pero eso es lo de menos. No es un gran penetrador, se le desinfla rápido. Tiene esa cosa, que también tenía Juan el ex yonqui, de fragilidad, de medio desvencijado que tanto me atrae en los delgaditos con pinta de enfermos. Asi que no quise cargar mucho encima. Amartelados nos comíamos las bocas, nos acariciamos con verdadera avidez palpatoria. Fue uno de los momentos más dulces de una noche que, según me contó, debería acabar no muy allá. Entraba a trabajar a las cinco de la madrugada. Se lo medio creí. Es palador, no sé si dijo así. En cualquier caso, comprendí cual era su oficio tan pronto me vino a la cabeza aquella escena clave del musical Diferente, la de la metáfora algo ramplona (pero todo un desafío para aquellos tiempos del ye yé) del perforador y el miembro viril que seducía tanto a Alfredo Alaria. El que perforó fui yo. Un poquito, nada más. Luego me saqué el condón y preferí venirme por medio de la frotación entre sus ricas nalgas, el amante pasivo entendido como hombre almohada. Fue fabuloso contemplar los chorros de leche sobre aquellas colinas tan del blog Butt boys. Lástima que tenga ese par de bultitos tan desagradables en la espalda. Estropean algo el paisaje dorsal de ese obrero.
Tras limpiarnos quiso seguir la juerga. Bebimos un poco del porrón (bueno, una botella de moscatel que se trajo y que dejamos casi sin catar). Pero el amigo no conseguía la erección. Yo no estaba para mucho ya. Era tarde. Me caía de sueño. No sé que le dije, todo muy cortés (se lo aseguro) cuando, de pronto, tuvo una salida algo fuera de tono: Menuda mierda de polla que tienes. Nada que no sea cierto, pero yo me lo tomé por otro lado (quien lo decía quería más mete y saca, aquello había sido un burdo aperitivo, me achacaba que hubiese explotado fuera de su nalgas, hice con él sexo infantil). Suavizó el tema con un "no sabes tomar una broma". ¡Pero claro que las sé tomar!. No hay en el mundo un tio menos mitificador de mis genitales que yo. Si todo el mundo masculino fuese asi se acababa el machismo en un periquete. Sólo que no venía a cuento. Más debería achacarle a él. Una cosa es tardar en correrse y otra perder cada dos por tres la erección. Maciste cuando conoce al tío, a su cuerpo en plenitud y tiene confianza con él (como amiguetes en reciprocidad de intereses que se supone que somos) ya no pierde los nervios, único motivo para sufrir el gatillazo. En cambio, Luis sigue en el plan de siempre. Aunque casi es preferible que no se corra, por si acaso lo hace con sangre o una guarrería de esas que dices: no más.
Quedamos bien. Quería dejarme el moscatel de regalo. Le conté que era abstemio. Que la dejase si se podía usar para guisos. Respondió que ni me atreviera. Entonces le dije que la llevase, pero que tuviera cuidado de conducir tomado o de darle al trinque en el trabajo. Una tonteria así. Prometió volverme a llamar. Espero que no de una forma tan misteriosa como la pasada, que parecía un medio sátiro de la muerte. En estas intimidades del español medio que va a poner cuernetes hay que ser un poco más directos. Porque aunque esté casado, con niño y suegra, mi fulano estaba solo en casa. Y en este país existe la ley del divorcio que es muy maja. ¿A qué si?.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me encantan sus relatos eroticos. Tiene usted una gran imaginación...