02 diciembre 2009

Macisterotique

* Me gusta un estudiante del cole de al lado de mi casa. Es un pueblerino morenito bien majo. Esbelto, mediana estatura, cara de niño. ¿Unos dieciséis años?. Me empecé a fijar en él en el curso pasado. Sin embargo, no sé si seguirá estudiando ahí porque esta temporada lo veo más por otras calles que por la mía. Lo que más me fascina es su culito respingón, de perfecta redondez. Es lo que pasa con los chicos delgados. En su punto justo de delgadez. La cosa carnosa se le va a esa zona tan rica. Y cualquier pantalón le queda bien. Es el prototipo de gañán ingenuo. Me refiero a que he podido tocarle por tres veces su deseada parte (aglomeraciones y tal) y en las tres no se vuelve a mirar quién ha sido, ni siquiera se estremece. Eso me calienta aún más. Lo curioso es que, cuando le toco, noto que el pantalón le sobra algo, no se le pega bien a la piel, lo que me hace sospechar que sus nalgas son tirando a flacas. Pero juro por dios que ese tamaño ante mi visión, es el justo para ser comido hasta la asfixia y follado hasta el dolor, y aún querer más y más.
Ayer lo ví en un parada de autobus. Serían eso de las tres y media. Esperaba a una moza. Tres horas más tarde lo hallé a doscientos metros solo y perdiéndose en galerías comerciales en demolición, aparentemente sin rumbo fijo. Poco antes ya le había tocado. Le rondé un poco y luego me marché para casa. Maciste no había tenido muy buen día, no estaba para nadie.

* A eso de las tres, también descubrí en la alameda a un chicarrón solitario. Rondaba por las barandas. Me imaginé que podría ser un camellote o así. Me quedé a la espera de algo. Al poco ya estaba junto a mí. Me preguntó si tenía un cigarro. Luego, si sabía de un trabajo. Ante mis noes se alejó. Volvió a mi encuentro no bien yo le sonreí desde la lejanía. Buscaba a alguien, mujer u hombre, daba igual. Bien, de acuerdo, estaba haciendo chapas. Que es búlgaro, que viene de Navarra, que lleva dos años en España y dos meses en la ciudad. Me quería dar su móvil para que le llamase por si necesitaba de un buen servicio. Le comenté que no tenía teléfono, que soy pobre. Insistió en que podíamos ser amigos, llevarle a mi casa, mantenerlo. En fín. Quién fuera de posibles, porque se me estaba haciendo la boca agua sólo de mirarlo. Pero me pregunto si éste funciona. Ni me la enseñó, ni se mostraba procaz y caliente. Era un boy hungry y punto. Requería información de mis gustos sexuales. Le contesté que lo que más me apetecía con él es que me enseñase todo su cuerpo, hasta los rincones más escondidos, que me dejase palparlo mientras me masturbaba. Quería diez euros. Yo no llevaba encima nada. Quedamos para dos horas después pero no acudí. Estas cosas o se cojen en caliente o no hay que hacer. Prescindiré de pasar por allí hoy a la misma hora. Me dio algo de pena. Tan solo, tan nuevo, tan limpio y bien vestido, tan educado, aguantando tanta lluvia.

* Estuve con el portugués de la droja. Llegó de improviso. El que lo cuenta tenía la puerta del báter semiabierta. Le enseñaba a un fulano como me entran los dildos. Y rápido se metió conmigo. Me llamó loco. Estamos en familia. No había problema. Se la chupé un poco y me folló. Estaba muy caliente y me metía también los dedos. No entró a la vez el consolador. Dificil la posición. Incomodísimo el sitio. Pensó que estaba drogado y se quitó de repente el condón. Quiso follarme a pelo. No se lo permití. Enseguida se corrió, pajeándose y tocando mi abertura. Tan pronto nos vestíamos petaron en la puerta. Preguntaban por un fulano. No contestamos. Insistieron y él contestó. Preguntaban por él. Me puse un poco tenso. Colegas del negocio. No sé que repercusiones podía tener aquello. Me aseguré de guardar el dildo en la cartera. Salió con disimulo, pero el que estaba del otro lado sospechó mucho y quiso entrar. Me miró, no me reconoció, pidió disculpas y se fue.

* Me gusta un gitano que vende paraguas con un desparpajo parecido al de Sophia Loren vendiendo pizzas en L'oro di Napoli. Caigan chuzos de punta o nieve, pasen mil almas o no pase ni dios, él está ahí. Descargan la mercancia de una furgoneta a primera hora de la tarde entre él y el conductor, otro de su raza pero en gitanaco (yo pensaba que, como en ciertas coplas de la Piquer, ellos venían en un rayo de luna). El segundo se da el piro y deja al jóven en el centro urbano, con sus reclamos monocordes y repetitivos, en medio portugués. Es guapo de morir. Los gitanos ya de por sí lo son. Imagínense si encima viene de Lusitania, tierra de hombres muy bellos. Pero es duro de roer. Le enseñé el culo detrás de una cabina telefónica. No sé qué dijo. Si me picase mucho sería cuestión de hacer negocio. Pero me dá pereza. Es el puto tiempo. A este en verano ya lo tenía ordeñado. ¿Qué tendrá, veinte años?. Engatusa a las marías. El otro día estaba en la feria del mercado de abastos. Llevaba unos vaqueros que no los volvió a traer más. Eran una pasada. Creo que fueron media docena de meteduras de mano al culito manzana en un intervalo de dos horas. El efecto fue parecido al del colegial. Le sobraba tela. Pero el impacto visual, de primera. Cuerpos parecidos el del gitano y el del estudiante. Y, por supuesto, ningún refinamiento en sus maneras. Son los mejores. Hay que añadir un detalle importante en el asunto de cómo llevaba el pantalón. La bragueta toda abierta. Apoyado en el paragüero, con la cadera inclinada y el culo en pompa. Bien, pues un puto viejo se fijó en el asunto y le advirtió del rollo de la pitrina (como indecoroso para un gilipollas como ese carcamal). El chaval al principio no se enteraba. El otro señaló bien con el dedo y, claro, no le quedaron más cojones que subírsela. Perdió un cincuenta por ciento de tirón comercial como vendedor. Que es muy serio en el asunto, ojo. Una cosa no quita la otra. Estoy seguro que si le voy con veinte euritos de mierda para que en un aparte me enseñe sus desnudeces el chaval no se dará por aludido, y me salga, todo lo más, con que por veinte loros me corresponden ocho paraguas. Y no hay más que hablar. Vengan señoras, compren paraguas, dos por cinco eurosss...

* Reencuentro casual con Victor, luego de siete meses de ausencias. Lo ví por la oficina de turismo. Concentró su atención en mí, qué menos. Pero no quería ir a casa. Tuvimos que hacerlo como en los viejos tiempos. En un puto retrete. Eso sí, le sacamos partido. Media hora larga. Exquisita aunque algo rutinaria ya. Me jarté de comer culo. Llevaba mucha abstinencia y me sacié bien esa tarde, víspera de san Martín. Ya llovió. Llovió bien. Sigue en Vigo. Viene a menudo aqui pero no para en los sitios clave. Supongo que se le podrá ver con sus amigotes por la noche. Ni idea. No está bueno ni nada el Victor.

* El escayolista también. A finales del mes pasado hizo una visita a mi cama. Siempre perfecto. Más aún cuando está un pelín tomado, porque entonces se deshinibe por completo. No quiero decir que vaya a hacerme más de lo que ya me hace, sino que lo que hace lo resuelve con auténticas ganas. Me hizo correr con enorme facilidad (yo, que soy tan duro para eso por culpa de mi incapacidad de desconectar) con un beso negro de locura. El chavalote esta vez sorbía el agujero previamente petado por su tranca con ánimo de pillar jugos (la sensación no era muy agradable pues utilizaba los dientes), luego mordisqueaba por los bordes. Me lo comió bien comido. Le rogué que prolongase el tema unos segundos más, que ya estaba a punto. Y obedeció. Perfecto amante. Por cierto, a esas alturas aún quedaba darle placer genital a él. Hay veces que me gusta saltarme las normas establecidas y entonces es cuando me olvido de los artículos principales. Detesto el orden ese de felación y luego coito anal. A mi me gusta hacer sexo caótico, como un montaje mal construido de sketch de la Falcon cuando el precondom. Asi que tras limpiarme un poco me recordó que aún había que felarle. El resto fue previsible. Terminó corriéndose a mares sobre las baldosas amarillas. Para este mes pienso darle el aguinaldo.

2 comentarios:

Chusky dijo...

¿Por qué esas fotos tan feas?

maciste II dijo...

Para que no me acuses de frívolo