16 noviembre 2009

Televisión de culto

THE WESTERNER (1960)

Es de gran culto el Peckinpah televisivo. Es comprensible. Su estilo tan personal de encarar los oestes ya se perfilaba en su paso por series míticas como El hombre del rifle, Gunsmoke o la saga de Zane Grey. Pero será en The westerner donde mostrará mejor su talento (aquél que le llevaría a la dirección de películas). Sobre todo porque los personajes, los guiones venían por él firmados. Creó uno de los personajes más pintorescos y, a su modo, inolvidables de cowboy televisivo. Su solo nombre ya invoca experiencias únicas: Dave Blassengame. Héroe catatónico, fuera de la ley, armado pero con más confianza en sus puños que en sus varios Winchesters. Un héroe desclasado, fronterizo, silencioso, capaz de hacernos creer que su mejor amigo es un perro y el segundo un bravucón pendenciero y borrachín al que suele llamar "serpiente de cascabel" (John Dehner). Un tipo como Blassengame es la perfecta conjunción de dos modelos masculinos a simple vista irreconciliables como es el John Wayne fordiano y un Newman visto por Penn. Es decir, la tradición, el ultraconservadurismo enfrentado a las nuevas teorías psicoanalíticas, típicas del progresismo made in USA. Que fuese encarnado por Brian Keith, segundón que al fín empezaba a despuntar aunque pronto se malearía en distintas tonterias familiares marca Disney, desde la inexpresividad más absoluta pero inasequible al desaliento, con el escepticismo de los seguros de su destino, con la posición del indomable a quien ni un beso de mujer arrebatará un gesto sentimental, indicaría lo estudiado del asunto. Keith era un actor muy rodado, más cercano al estilo impasible/imposible, naturalista de un Wayne o un Mitchum antes que a un jovenzuelo ruidoso, sectario del Método. Nada humano y, paradójicamente, el más humano del conjunto. Es por eso que The westerner no gustó a la audiencia. Sólo duró tres meses en la pequeña pantalla. Y es una lástima. Porque Peckinpah se rodeó de magníficos profesionales que eran ya una cuadrilla de amigos, como en sus momentos mejores (que serían los futuros) y que irían desde artesanos indiscutibles de la dirección (como Andre del Toth) a actores eficaces como Slim Pickens, Sam Jaffe, Michael Ansara, Robert Culp y muchos más, pasando por el compositor Herschel Burke Gilbert (gran especialista en música para series y cine). Pero por encima de cualquier detalle adicional, The westerner es ese hombre solitario, borracho y soñador, que (sobre) vive buscando alcanzar algún día la paz del sedentarismo, sentar cabeza en un rancho propio. Mientras tanto, se conforma con servir de mano de obra en ranchos ajenos... No es un paladín maduro de la aventura con resabios de Kerouac, como lo pudo ser el efervescente protagonista de Picnic, porque Blaseengame no es inútil para la sociedad, aunque la sociedad (o ese microcosmos violento y pernicioso con el que se va topando, de una peligrosidad distinta a la de Picnic. Y más honesta, por no engañar a nadie al ser sus métodos expeditivos tan opuestos como lo pueden ser las leyes de la horca y el Talión en un Estado de salvaje moral -pero bien despierta- a las leyes democráticas que afianzan sociedades dormidas) le obliga a moverse en un contínuo vagabundaje de exiliado nacional. Cuán alejado de las idioteces de Bonanza. Al pensar en el éxito de una y el fracaso de la otra no nos extraña que la cadena NBC suprimiera Westerner de un plumazo.



Queda como una rara avis, como una pequeña maravilla donde el sentido del ritmo, de la violencia marcan un antes y un después en el género. Aqui hay vigor, hay una filosofía soterrada que estallará en Grupos salvajes y los Pat Garrets. Y, sobre todo, la confianza total de que el género podía encontrar salidas a su crisis, partiendo de sacar poesía del crepúsculo.
Para su debut en pantalla grande, Peckinpah volvió a escoger a Keith. La película era un oeste y se llamaba The deadly companions (1961). Para el autor fue un título a olvidar. De quien no se olvidaron los realizadores fue de Blassengame. En 1964 Lee Marvin lo recogió caracterizándolo para un piloto de los dramáticos de Dick Powell. Pero no será hasta 1968 cuando el capítulo titulado Line Camp sirva para que Tom Gries lo rehaga en el filme Will Penny (en España, El más valiente entre mil), con un estupendo Charlton Heston en el papel titular.

2 comentarios:

Chusky dijo...

Brian Keith... Un actor malísimo pero uno de mis mitos eróticos de Serie B favoritos.

maciste II dijo...

Gracias por tu confesión. Reconozco que a mí nunca me ha dicho nada este señor... hasta que lo ví en The Westerner. Compone un inquietante personaje. A la altura de los grandes inexpresivos y solitarios antihéroes del Oeste.