26 noviembre 2009

PUBLICOS VICIOS (homoerotismos en Youtube)


42. Cosquillas me haces tú


Eso cantaba hace mucho tiempo el cantante pop argentino Donald. Hace menos años, justo cuando el fenómeno Beckham estaba en su punto álgido de repercusión mediática, se realizaba una encuesta cutre en un televisión local sobre el adonis rubio (y merengue). Las gentes de la ciudad, en líneas generales, se mostraban encantadas con el fichaje. Los chavalotes se mordían las ganas de resaltar unos atributos eróticos tan polivalentes, aquellos que formaban parte indisoluble de su espléndida imagen. Las chicas no se cortaban un pelo y si eran del Barça lo que se limitaban a decir es que Eto'o estaba más bueno (?). El único de los encuestados que me llamó la atención fue un deficiente psíquico, muy visto por aquí, que se declaraba literalmente enamorado del inglés. La reporter (toda una mariliendre de primera) le tiró entonces de la lenguita sin lograr sacarle los colores (estaba claro que el retrasado era del todo blanco) preguntándole "qué es lo que le haría a Beckham de pasar una noche con él". Ni corto ni perezoso, tras tragar algo de baba, el interviuado respondió que le haría cosquillas. Si, señor. ¡Cosquillas!. Estaría toda una noche en una suite de lujo matando al jóven dios de risa con sus deditos diabólicos (y quien dice deditos también dice cepillos limpiazapatos o rastrillos), jugueteando con las yemas por las palmas de sus pies de oro, por los recovecos más insólitos (léase sobaco, ingles...). En aquél momento comprendí que los tontos no tienen de eso ni un pelo porque lo de las cosquillas es una parafilia de lo más sofisticada y a la vez simple, de las tantas que nos ofrece el eterno misterio del sexo. Yo mismo la practicaba a menudo con Jose, el escayolista del pueblo, aquél pedazo de pan rústico, más raro que un perro verde, apático ante la penetración y con enorme querencia por el contacto pausado de caricias y más caricias.
En el fondo, el cosquilleo es una caricia traviesa que provoca regustín. Tanto que tras unos segundos resulta insoportable. Y ya si uno ha nacido torturador nato, y gusta de atar a la víctima, la cosa con facilidad puede degenerar en un buen sucedáneo de sesión saca-informaciones del doctor Fu manchú. Y es que lo de la plumita en la planta del pinrel y demás se ha identificado siempre como una tortura típica de la pérfida China, que provocó muchas muertes de gentes sensibles riendo a lágrima viva.
Les brindo en este capítulo divertidos videos con críos pillines, con cuerpecillos efébicos retorciéndose del gusto o rebelándose ante unas propuestas amistosas que más parecen los preámbulos de una festiva violación en grupo que del pasatiempo del parchís. Y si lo que quieren son emociones fuertes (aunque sin pasarse), descárguense videos de webs con cierto prestigio en el fenómeno del juego con adolescentes rubios como Sk8erboy.com o Boyfunk.com (particularmente inolvidable su clip Tickling Sammy). Sea como sea, tomen nota y practiquen en la intimidad. Vuelvan a la niñez por unos minutos y disfruten del arañeo más que un tonto con un lapiz (de fina punta).
































No hay comentarios: