19 noviembre 2009

Escala en HI FI. Por Cordelia Flyte

Romancero de LA BIEN QUERIDA (Elefant. 2009)

Discos de unos cuantos crepúsculos

A punto de acabar 2009 he aquí uno de los discos nacionales más importantes del año. Probablemente en 2007 ya lo fue para Mondo Sonoro o Rockdelux gracias a esa maqueta primigenia que enamoró a sibaritas de la crítica. Luego vino su página en myspace, tan visitada, idónea para ir conociendo la evolución de una Ana Fernández Villaverde que iba aumentando su repertorio de amor hasta alcanzar los dieciseis temas que conforman este su debut discográfico. La evolución pasa por David Beef Rodriguez (ahora el excéntrico dandy de La estrella de David) que arregló sus canciones con primoroso talento y pulcritud, procurando no cargar las tintas, no asustando a esa cantautora con alma de clásica. Y, claro, acudiendo a terceros, cuartos y quintos para colorear aquellas viejas maquetas como se merecían, más las nuevas aportaciones.
Secciones de viento suntuosas pueden engrandecer hasta los temas más flojitos del disco (Santa fe) o los deja vú (pero no por menos hechiceros). Y luego está el prodigio, lo que hace verdaderamente especial este disco pop. Sus temas menos pop. Elijan seguidos en una primera escucha El zoo absoluto y 7 medidas de seguridad y decidan cuál de las dos merece estar en los anales de la musica hecha en este país en esta primera década de siglo. Son dos canciones riesgo y el riesgo hasta ahora sólo parecen haberse atrevido a afrontarlo supervivientes de los nineties como Los planetas o (más rock) Lagartija Nick. Gran mérito. En estas dos maravillas de difícil primera escucha se ajustan, ya no con sorpresas ni salvavidas de última hora sino con todos los derechos, las colaboraciones de la Orquesta Arab de Barcelona (que vencieron el tópico "preciosa" de De momento abril) que impregna El zoo absoluto de un aroma setentiano de cierto flamenco pop rupturista vía Lole y Manuel tan fascinante. Partícipe también es el guitarrista flamenco de 7 medidas de seguridad, igual que los coros de Joe Crepúsculo, las palmas de rumba...



¿Para qué necesitamos el pop cuando esto también lo fue otrora y más abierto a divagaciones estilísticas?. Sorpréndanse también con Bendita e imagínensela interpretada por una garganta rota del mariachi y las rancheras (lo gracioso es que el arranque de acordeón es tan dulce y evocador como el Paris "Mysteries of America" de Anna Domino para Les disques du crepúscule). Como un guante.
Es la grandeza creativa de Ana y David. La ilusión de que aún no ha muerto la independencia, de que la manida palabra todavía no ha perdido su significado original que incluiría en sus acepciones, tan estimulantes siempre, el estar fuera de todas las normas. Con la idea fija de que el eclecticismo sigue funcionando en estos tiempos de uniformidades. Pínchenla antes o después de Menguele y el amor de Klaus & Kinski (éstos sublimando el kitsch de un bolero de Orfeón) y sabrán que hay talentosos exportadores de melodías para gigantes del colmao y damas de la canción por ahí perdidos, en catálogos del reciente indiepop, entre voces frágiles, sensibles de mujer, que a las orejas viejas nos ponen suspicaces de antemano por tanto tontipop de anteayer. Y nada que ver. Si hay resquicios de los noventa estos son del todo dignos. La Buena Vida en la fragilidad narcótico-opusina y cierta dejadez de las interpretaciones. Desde luego que aqui hay también muchísimo del Popemas de Nosotrash (probablemente lo que más haya) y esa concesión al horror del baile en la bacaladera 9.6 (a lo mejor un guiño al tontorrón tecno queer que tanto se estila en la Argentina con los amigos de la Alaska y similares. Aunque el buen gusto intrínseco de Ana y David los acercarían en el espíritu más a unos Entre ríos buscando su camino o a un "entrado por el aro" Carlos Berlanga en aquella innombrable producción canutera, vía satélite, que al vómito rosa de Miranda).
Las letras van de amor y desamor. Narrativa lineal. No dadá, a lo Le Mans. Tampoco babosa, a lo Nena Daconte. Como si todo se tratase de un discurso divido en jornadas, quedadas a dos, recuperado en el punto exacto donde se dejó (el corte anterior), donde la redundancia y algún que otro desvarío (reproches) actúan en legítima defensa ante la prueba irrefutable de que las relaciones sentimentales tiene un principio y un final. Y entre medias, un largo tránsito de escollos, felicidades ilusorias y no pocas zozobras. En tres palabras: poesía del corazón. En otras tres: romancero con gitanos.





* Cómprenlo aquí

* LBQ en myspace

No hay comentarios: