04 noviembre 2009

Apuntes macisteños

Hoy cumplo cuarenta. Qué bonita edad. Todo amago de reflexión (a mí, de festejos no me hables), se ha visto empañado por el rumor relativamente reciente (me enteré hará cosa de diez días) de la presunta muerte de Jose, el chapero. Nadie en el ambiente me ha confirmado la noticia a las claras. Primero, porque a lo mejor no sabrían detallarlo. Y segundo, porque ni ellos ni yo nos dirijimos ya la palabra. Eso sí, se les nota unas ganas locas de abordarme. Cada vez estoy rompiendo con más personajillos de éstos, como rompí con Jose en su momento y su dúo dinámico del complot, los que terminaron "liberándonos" de aquella relación tan insana (a mí me "liberaron" pero no me enteré en meses porque yo fuí el que quedó jodido. Nunca les dí las gracias). Con el último que he hecho kaput es con Eduardo, el verdulero. Un momento de dejadez mental provocó una escenita de renuncia que acabó con su paciencia y su orgullo como macho español. Las consecuencias: al día siguiente, con sus gritos (si, verduleros) de calle, señal fatídica para finiquitar todo tonteo. Le retiré el saludo. El sigue igual, que le hable o no, girando la cara cuando me vé, al albur de sus caprichos de tarado. Sin embargo, anteayer no pudo más y me soltó con dulzura impostada: Morreuche o Josiño. A lo que respondí con un buenos días.
Todos estos cuchicheos parecen confirmar, aunque entre neblinas, que la persona que compartió durante cuatro años (2001-05) mi vida, a la que le entregué todo mi amor-odio a partes iguales ha desaparecido de este mundo. Y en mí ahora chocan una serie de sentimientos contradictorios que alteran lo cotidiano.

La muerte en sí de alguien que conocí tan de cerca, tan seguido ya debería ser suficiente (este blog, además, nació como terapia para la superación de la crisis emocional). Luego, lo repentino de todo. No hacía ni diez días que lo ví bajar por la calle de los restaurantes, de la mano (es un decir) del viejo que le mantuvo desde 2005. De hecho, no ha sido un ausente en mi camino en estos otros cuatro años. Aquí nos vemos todos. Y aunque prefería mirar a otro lado cuando me lo topaba a cincuenta metros, esas ráfagas de segundo en que lo oteaba me sugerían un muchacho más delgado, muy envejecido. Es curioso, pero la tarde en que rompimos, entre una sarta de insensateces producto del desvarío y la rabia, le espeté que lo único que le iba a dar ese hombre iban a ser años. Fue como una profecía o la curiosa psicología del que nunca ha estudiado esa carrera pero cuya experiencia cultural, a veces, le hacen sacar conclusiones viboronas pero acertadas. Ese viejo sería pues culpable de homicidio porque no le privó nunca, según me contaron las lenguas de doble filo, de cuantos vicios y excesos le salieran del coño. Jose tenía una salud muy delicada, un lupus eritematoso amenazante e implacable, una esquizofrenia paranoide diagnosticada y asegurada con una paga del Estado que le obligaba a tomar medicación. Dicen que el whisky corría a litros en sus noches de Luar. También es cierto que nunca estuve al lado de alguien tan autodestructivo, con tan poco respeto por la vida ordenada, por la mesura. Alabo la opción si esta se ejecuta con la libertad total. Dados los antecedentes mentales del individuo, dudo si esta opción fue en realidad la que mejor hubiera deseado para él. Porque en ese apurar los placeres artificiales Jose nunca me dio la sensación de querer aprovecharse de unos pocos años que, a lo mejor, sabía que le quedaban, sino que en todo momento me restregaba que lo suyo era la inmortalidad, la inconsciencia constante de que nada tiene fín.
Uno de los aspectos que más me repateaban era su obsesión por el dinero. Cuando descubrí que igual mataba por dos euros que por doscientos entonces mi afán por encontrarle atractivo (todo enganche, sano o no, implica un sentimiento de admiración por la otra persona) entró en conflicto. Se alteró mi código de valores. El dinero es importante, desde luego. Creértelo de forma excesiva me parece vulgar. Hacerlo el centro de tu vida, por encima de otras cosas, ya resulta aberrante.Y si le adoré como chapero, pues siempre he considerado que ese oficio guarda elementos entre transgresores y patéticos que me resultan atrayentes (ausencia de chulos porque el chulo es uno, cultura rock underground versus belle époque burguesa), y chapero también fuí yo a su lado, su evolución a simple mantenido de hombre muy mayor ya me rompió todos los esquemas. Ni siquiera el encanto espartano del efebo y el hombre adulto encajarían en esta grotesca combinación última. Porque él no era un efebo y el otro tampoco ningún miembro destacado en una falange de gloriosos 300. Como mucho daban por la calle el efecto de un cuidador social en muy mal estado con anciano que renquea de una pierna. La decadencia. Lo cutre, por lo que ni siquiera repararía en inspiración un poeta maudit neoyorquino. Algunas veces bromeaba al respecto preguntando a quienes querían picarme con sus: "¿le ha venido hoy el novio al viejo?", con un "Como no lo tiene asegurado viene cuando quiere".
Ahora me arrepiento de mis mordacidades. Estas me salieron a chorro cuando, en un par de ocasiones, el ex se me acercó con voluntad lúdica de reemprender algo. Yo, para mis adentros le decía, "te vas a pudrir con el viejo por los restos. No vuelvo a caer contigo. Vete a echar canitas al aire a otra parte". E cosi vía.

Por otras fuentes, supe que los últimos días lo habían ingresado no sé si en agudos en el hospital o en el psiquiátrico. Esa misma fuente apuntó a un suicidio. Si así fue, bien fuerte le dio pues Jose, en su caos alucinante, se quería tanto a si mismo... Y el otro agobiaba a cualquiera. Media hora oyendo sus idioteces pueden trastornar al más desconectado. Qué sería cuatro años. No me lo quiero imaginar. Correr la voz de que el tipo lo mató no merece la pena. Yo tampoco hice nada por impedirlo al negarle ese par de solicitudes de ayudas indirectas. ¿Para qué iba a dárselas?. Conozco ese percal, lo superficial que fue todo aquello. Mi entrega total a cambio de medio millar de polvos destemplados y una compañía que en realidad estaba desubicada. ¿Sus padres?. Bueno, no podían retenerlo en casa pero tampoco le daban dinero para que alcanzase cierta libertad de acción. Pero, ¿qué libertad? El siempre escogió la esclavitud, vía sustancias vía compromiso de chevalier servant.
No le quiero dar más vueltas. Si quieren saber más, le dediqué una semana del blog que andará por aquí (La pasión según Betanzos, en siete partes). Tal vez sólo esté internado y no haya muerto físicamente. Sea como fuere, no son necesarias tantas palabras en días como hoy. Lo único es que me gustaría que tuvieran claro mis seguidores que no tengo aire de fiesta. Hace frío afuera, la realidad es dura, muy cruel. Sólo me han felicitado mi madre (una santa) y dos fulanos deprimentes que, a su manera, han venido a poner las cosas en su lugar. Uno, un cubano al que miré de refilón en los báteres en un par de ocasiones hará un mes. Iba con su mujeruca y el carrito del niño. El inmigrante, que trae de su patria hermosas tradiciones y costumbres admirables, me dijo en alto esta mañana en plena calle: ¿Qué miras, maricón?, que te voy a dar cuatro puñetazos. (A su mujer): El otro día me miró. Pues eso, le miré. Y ahora me tengo que quedar con su cara como sea, porque les juro que no la recordaba apenas (qué curioso que entonces, cuando nos encontramos en los urinarios, no se le ocurrió decirme nada. La distancia era grande y siempre dándonos las espaldas. Eso sí, la segunda vez, al salir se quedó por la zona con ánimos de querer parar el tráfico y advertir de la amenaza del monstruo, tan repugnante fue su visión de lo antinatural. Y es ahora, que va con su familia, cuando se atreve a hacer el numerito del "marginado que margina al marginal"). La otra felicitación fue la habitual mirada de asco del niño de papá del PP, el ludópata homófilo al que no le gustan los maricones. Hacía que no lo veía, pero después de lo del pobre inmigrante, supe que tampoco él me podía fallar. Y espérense ahí, que el día aún no ha acabado. Les cuento mañana.

5 comentarios:

Louella dijo...

¡¡¡¡¡¡40 años!!!!!! ¡Qué edad DIVINA! Felicidades, my dearest

Chusky dijo...

Felicidades por los 40. Ya queda menos para el FINAL...

maciste II dijo...

Gracias a tí y a tí. Chusky, no me dejes helado. Entre ese mayúsculo final y tus ojazos inquietantes he sentido un escalofrío de muerte en el cogote. Mi final llegará cuando acabe con el blog, probablemente.Será un final cibernético o como la muerte de HAL,el robot de 2001 o así. Estoy haciendo cuentas y creo que voy a prorrogar el asunto hasta finales de marzo. De momento,nada de eutanasias.

Un saludo.

Chusky dijo...

¿Entonces en Marzo se acaba? Que lástima. Para uno de los pocos blogs que vale la pena...

En marzo rezaré un responso virtual.

Daisy, Daisy...

Chusky dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.