09 octubre 2009

Cuatro años en BLOGGER: EL LADO OSCURO


SUMARIO

1. Boris Karloff
2. Dreams come true
3. Ian McEwan
4. Eliodoro Puche
5. Toby Hayes (spankthis)
6. Paul
7. Antonio Botto
8. Palazzo de Grupo di famiglia in un interno
9. Daniel
10.Rembrandt/Titus
11. Kostikru
12. Kenneth Anger
13. Picaderos
14. David Nebreda de Nicolás
15. Roma de los suplicios I (por M.Martinez)
16. Leopoldo Maria Panero


FANTASMAS DE MEDIANOCHE

Hoy... BORIS KARLOFF

" Si te asusta el mayordomo con su aire de Boris Karloff,

por tí lo despediré, mi amor"
Coplas de iconoclasta enamorado. VAINICA DOBLE

Hace unas semanas viendo una viejísima película de Gloria Swanson llamada Tonight or never (1931)- en la que la diva del mudo ya hablaba por los codos y hacía de primadonna como bien pudo haber hecho de reina en el exilio- me acordé de esta parte en concreto de la canción heliotrópica. Fue en el preciso momento en que hacía acto de presencia Boris Karloff vestido de camarero de la dama. Era tal su elegancia y protocolo que aunque su labor se limitaba a la de servir ostras y champán no sería descabellado verle acaparando el resto de tareas de un mayordomo... un mayordomo que, vive dios, asustaba también. Y más asustó a los espectadores de esta trasnochada opereta filmada de la Swanson pues era el mismo año del Frankenstein de los que tienen que servir, el año en que el cine de terror inauguró su segunda edad de oro.

Boris & Bela

Karloff como el monstruo de la Shelley (una criatura de bastardía evidente, como también lo era el otro mito del género: el Dracula de Lugosi, al que jamás Stocker se imaginó de esa guisa), pues Karloff con sus tornillitos, su polvoriento traje de muerto, con su maquillaje genial, con sus andares de herido o de amenaza, con sus movimientos de manos, no sabemos si pidiendo súplica o buscando estrangular, con sus ojos, principalmente con sus ojos pasaría igual, lleno o vacío de fidelidades al texto original, al imaginario popular del siglo XX. Y aún más, Karloff demostraba haberse convertido en el digno sucesor de Lon Chaney en el arte de las caracterizaciones tétricas, en el mago capaz de a través de una máscara, amoldarse a todos y cada uno de los personajes anómalos (unos más geniales que otros, claro) que le tocaron en suerte. El húngaro Lugosi en comparación era un ridículo y un fantoche. Su ego lo apoyaba sobre todo en un pasado teatrero a base de engrosar repartos en piezas de Ibsen, Shakespeare, Shaw o Wilde. Se olvidaba don Bela que pocas buenas críticas recibió en su país, todos los que lo vieron en su momento constatan que era un actor mediocre. Con su evolución, su encasillamiento lo hundió más si cabe en una megalomanía claustrofóbica que al enfrentarse a la amplitud de registros de su habitual contendiente Karloff lo hacían más penoso, si cabe. En la vida real existió rivalidad entre Lugosi y Karloff, ya desde el comienzo parecía que sus carreras iban a tener que toparse cada dos por tres (fue el Draculín el que en un principio debería hacer de Prometeo, pero este se negó al desagradarle enormemente la apariencia que le iba a dar el maquillador Jack P. Pierce a su rostro), lo cual no fue óbice para que Bela sustituyese al contrincante en su decadencia en filmes de los años cuarenta.

Sus grandes monstruos
El gran logro de Frankenstein (1931) lo estableció su director, un refinado inglés (como Boris) de nombre James Whale. Un esteta frívolo que se sentía más a gusto en el terreno de las comedias elegantes o en el musical almibarado, pero que al aceptar dirigir terror (y fueron cuatro los títulos) no sólo demostró tener mucha solvencia, sino que aportó al género una poética hasta entonces inusitada, apoyándose para ello en las nuevas posibilidades que aportaba el cine sonoro. El prólogo en el cementerio, la épica wagneriana en el proceso de creación del monstruo, la sabia utilización del montaje paralelo en ocasiones concretas, toda la parte final en la desolada zona de los molinos... Quedó un clásico para los restos. Y con una gran continuación posible: La novia de Frankenstein (1935).
Entre los innumerables primores de los que cuenta esta sinfonía visual no lo es menos el descubrir la prodigiosa voz de Karloff (siempre y cuando se vea en versión original), aquella que ya había eclosionado en arte total en su Momia (o mejor dicho, en su sacerdote Im-Ho-Tep). Pero volviendo a La Novia, ésta supera el original aún manteniendo equidistancias argumentales: así es también memorable el prólogo donde la propia autora Shelley justifica durante una noche de tormenta el burdo sistema de prorrogar un éxito hollywoodiense en perjuicio de la verosimilitud de una obra literaria incólume. Y luego, la mezcolanza de estilos tonales revierten en un todo milagrosamente bien encajado: así hay terror, humor, lobreguez, ternura y romanticismo en un instante del cine que pocas veces, en lo sucesivo, se volvería a repetir (y menos si de segundas partes se tratan).
Las secuelas frankesteinianas con el tiempo degenerarían en vulgarizaciones entre lo chabacano y lo infecto. De entre lo más pintoresco figuraría la feminización del mito en la Hammer o la incorporación de atletas o bodybuilders directamente sacados de las revistas dedicadas al male art como I was a teenage Frankenstein (1957) con Gary Conway o aquel Jesse James meets Frankenstein (1965) con el hercúleo Carl Bolder. Huelga decir que no sólo ambos no le llegaban al talón mítico del original en sus interpretaciones (si las hubo, que cuento que no), es que sus físicos tampoco respondían al tan original prototipo que Karloff creó: el físico frankensteiniano (bigger than life, de caja torácica similar a un armario antiguo).
En La Momia (1.932. Karl Freund) tenemos al actor en el cénit de sus posibilidades. Mirada escrutadora, movimientos pétreos, voz resonante... Todo al servicio de una historia preciosa, poética al máximo y que fue llevada por este director de fotografía, aquí en su primera incursión como director total, con una sobriedad y sentido de la sugerencia hoy perdidos para siempre. El guión aportaba también una variante curiosa al transplantar el Dracula de Browning a otra civilización más antigua, siendo la iconografía cristiana del otro sustituida por la egipcia.
Y la última de las interpretaciones totémicas de Karloff de ese primer período, y de mis favoritas, fue la del chino malo por antonomasia, el pérfido Fuman-Chú en La máscara de Fu-Manchu (1932. Charles Brabin). Como el sádico doctor dispuesto pese a quien pese a apoderarse de la espada de Gengis Khan para así poder hacerse dueño de Asia estuvo increible. Ha sido el mejor Fuman-chú (no en vano fue además ésta la mejor adaptación de la novela de Sax Rohmer). Hay un ritmo endiablado, de esos que dejan sin aliento y que no he vuelto yo a ver ni siquiera en el cinepastiche de estos últimos años y toda su cabalgata de excesos (ese que por norma confunde trepidación con embarullamiento). Ni siquiera la segunda de Indiana Jones, que bebe tanto de esta década. Comparemos la atmósfera de onirismo exotista de la vieja cinta de Karloff con la anfetamina para teenagers de Spielberg. No hay color. Además la aportación extra de inesperados toques sadísticos femeninos, en el personaje de la hija del doctor, interpretada aquí por una entonces habitual chinita de nombre Mirna Loy animan mucho el cotarro (me refiero a la secuencia de la tortura del bello heroe Charles Starrett a pecho descubierto y atado de pies y manos en una mesa, por parte de la libidinosa vástaga).

La larga decadencia

Volviendo al duo Karloff-Lugosi, ambos coincidirían en siete filmes entre 1934 y 1945. El primero de ellos fue The black cat y el último The body snatcher. Entre medias estarían The raven, (1935), The invisible ray (1936) o Black Friday (1940).
La máscara del gran Boris no siempre hizo falta que la tuviese puesta (ni su careta material ni la psicológica) como cuando fue prisionero en la colonialista The lost patrol (1934) o cuando le tocó ser guillotinado en Devil's island (1939). Sí que repitió chinitudes en su personaje de Mr. Wong, para la Monogram en clave detectivesca (preludiaba el inminente cine negro pero enfocado más hacia la moda del serial).
Si la decadencia del género era palpable a principios de los años cuarenta, poco le quedaba al bueno de Karloff que eternizar su agonía durante tres décadas más. Quizá el único producto minimamente digno de ese largo período lo suponga su aportación paródica al servicio de las gracias desmitificadoras de unos Abbot y Costello cuando ambos cómicos se encontraron al Doctor Jeckyll y su colega Hyde. Esto fue en 1953. Aquel duo tan americanote eran príncipes de los ingenios si los comparamos con las gracietas ruborosas de la Funnicello y sus secuaces en, al menos, tres películas surferas de los años pop. En el ínterin de unos y otras la salud del actor se fue estropeando, quedando postrado en una silla de ruedas, lo que no le impediría seguir trabajando a destajo no sólo en Estados Unidos sino en otros países afectos al género del terror como era Mexico y, en menor medida, España. Esa pintoresca experiencia viajera no supuso nada más que la comprobación que lejanos quedaban los tiempos dorados de la Universal. Ni siquiera esas cormanianas apariciones al lado de un juvenil Jack Nicholson (The Terror, 1963) anestesiaron el dolor del cinéfilo nostálgico ante la agonía final del moderno Prometeo: estaba siendo lenta y bochornosa para todos.
Por fortuna un nuevo valor de la dirección cinematográfica, Peter Bogdanovich, le rindió el mejor homenaje posible al que podía aspirar: se llamaba Targets, o El Heroe anda suelto (1968) como se la conoció en nuestro país. Enfrentaba dos tipos de terror: por un lado, el viejo de los monstruos de la Universal, Karloff, que aquí interpretaba a un actor veterano de películas de miedo,decidido a retirarse del cine por los cambios que estaban obrando en el medio (los que anteponían los efectos especiales a la imaginación y la sugerencia: premonitorio, por cierto) y el nuevo, personificado en un psicópata juvenil que va asesinando transeúntes a golpe de arma de fuego (Tom O'Kelly). Al final ganaba nuestro fantasma, como no podía ser de otra manera, tratándose de una irrealidad hermosa.
Aquellos cambios Karloff no los llegaría a ver pues moría un año después, víctima de un enfisema pulmonar. Con él, una parte fundamental de nuestra futura historia Fantasmas de medianoche se iba también para siempre. Y mucha de esa materia oscura pero bella (como un cuento de Lovecraft) de la que se alimentarían nuestras pesadillas favoritas.

DREAMS COME TRUE
(las malas noches de Maciste)

El colegio de al lado de casa lleva un mes sin agua en los lavabos. Gentilmen
te he puesto un letrero en mi portal que señala la posibilidad de quienes alumnos quieran (sólo varones) puedan subir al piso y cagar en él. Digamos, que mi oferta es tentadora, en tanto que no especifica que sea el báter de casa el único lugar donde puedan hacer sus necesidades.
Las dos primeras semanas fue alucinante. Un montón de chorbos algunos deseables, otros matizables fisicamente, unos cuantos anodinos, subían armando alborozo al acabar las clases de la tarde. A ellos les parecía divertido entrar para "eso" en un piso particular. Ni siquiera me saludaban, algunos ni me veían. Normalmente la mayoría si me presentían en el ordenador, a lo mejor pajeándome con la webcam mientras la pantalla lucía marrón por algún zurullo que había extendido sobre ella para que lo gozase un mostrenco de Murcia, se alejaban y al cabo de un minuto se quedaban en el umbral de la puerta varios cuchicheando en torno a lo que estaba haciendo. Yo, por lo general, era discreto. Que ellos hicieran sus cosas. Ya fisgaría luego. Cada tres días limpiaba todos los excrementos de los estudiantes. Más que limpiar desaparecían tras haberlos ingerido, bien sólos o bien condimentados con ambrosías del Lidl. Lo que era la casa, la fregaba y desinfectaba con pulcritud para que los cachorros al aparecer no se asustaran ni les diese asco el olor.
Cada noche me co
mplacía buscando en los sitios donde habían evacuado. Me sorprendía ver cagadas en el sofa de las películas, en la mesa donde como (algunas depositadas en platos) y en mi misma cama... Desde luego que los más finolis se sentaban en la taza del báter y tiraban luego de la cadena. Esos me interesaban menos, prefería a los cochinotes, los gamberros del rock, los borrachos del botellón, los asaltaviejas bakaladeros... Los que yo vigilaba cada dia desde mi ventana cuando se juntaban tras las clases en la acera de enfrente. Tocándose los güevos, hablando de sus pollas, lanzándose los unos a los otros gargajos, peleándose en broma buscando el contacto de la piel a guisa de enculada naif más que de otra cosa. Con o sin hembras, caprichos de la edad, la de los que aún carecen de prejuicios bobos. Esos eran los que más ensuciaban la casa y luego tu se lo agradecías en el alma, complaciendote en detectar con cariño a quienes pertenecía cada mierda esparcida, informe y desordenada, semiliquida y amarillenta... Cacas con nombres que pueden ser Ramón, el Felipe, el Chusco o David...
Pero los gamberros después de diez dias de visitas dejaron de frecuentarme, tan sólo el más discreto y reservado galopín de la visera ladeada, el que no sé cómo se llama pero es alcohólico y ya conoce los efectos de la coca o el detergente o lo que coño se meta, tan sólo él siguió puntual a su cita.
Recordaba perfectamente a este chaval de otra experiencia scat (y esto no está en el sueño, sino que fue realidad de la buena). Justo en los báteres públicos un día se había encerrado en un retrete para giñar. Había sido a las tres de la tarde, era un dia primaveral y precioso. Con calorcillo. Sólo estábamos el y yo. El agujero de la puerta de poco me valía pues estaba lo suficientemente alto como para poder observar su ritual íntimo. Nada más que pude presenciar como se limpiaba el culo con el papel higiénico. Lo hacía de pie, agachándose ligeramente. Era turbador. Tan guapo, tan lolito, tan mirándome de reojo: sabía perfectamente que alguien lo espiaba. Entonces reparaba en su limpieza de manera más pausada, complaciente en todo momento. Con su media sonrisa. Metiendo el papel bien adentro y luego enseñándomelo sucio... Creía que me iba a correr sólo por aquello. Cuanto más arrancaba del rollo más limpio me lo mostraba. Cuando salió de allí me escondí en el retrete de al lado y al desaparecer me introduje en donde había estado. Con su aroma intenso, viendo trozos de papeles esparcidos por el suelo junto a las agujas y las sangres de los yonquis amigos. Cogiendo uno al azar, abriéndolo y frotándomelo contra la polla me corrí, como no podía ser de otra manera.
¿Sospechaba de mí en mi sueño?. ¿Sabía que era yo su vigilante?. ¿O es que tal vez el crío se
ntía necesidades perentorias de cagar en casa como quien va con toda la naturalidad a un servicio de una cafetería?. Una tarde, al comprobar que no le molestaba que le observase como hacía fuerza encima de un butacón lleno con mi ropa revuelta, le saludé y al terminar le dí cinco euros de propina. Luego le añadí: "si quieres diez, ven mañana a cagar en un sitio más especial". No dijo nada, ni en sus ojos se vislumbraba algún tipo de respuesta.
Y al dia siguiente vino. Yo estaba desnudo. Tendido en la cama. Le llamé. Ac
udió. Le pedí que lo hiciese encima. Lo hizo. Aquel día tenía descomposición. Le di los diez euros y se fue. Le grité que viniese mañana. Que le daba veinte. No sé si me oyó. Bajaba las escaleras silbando. Luego de embadurnarme por todo el cuerpo con su oro líquido quedé irreconocible.
Un día después tenía visita. Udo Kier regresaba a mi pesadilla y traía muchas ganas de marcha. Le conté que había pasado toda la mañana de limpieza general y sospechó algo. No se le escapa ni una. Le advertí que estaba esperando la visita de un muchachito cagón. Fue s
uficiente para que me mostrase por encima del pantalón su pene algo morcillesco, que en el fondo no sirve para nada pues nunca consigue empalmarse debido a las sustancias que toma. Tamaña disfunción la compensa con un insólito apego por el crimen psicopático y eso no me convenía en aquella ocasión. Así que a eso de las cinco de la tarde trataba de desembarazarme de él. Pero visto que era imposible, lo cargué de cervezas para que se quedara dormido. Amodorrado lo puse, pero en seguida se incorporó del tresillo tan pronto vio al mozalbete aparecer por el ascensor. Entonces brutalmente se echó a él tapándole la boca. Al ver que aquello no iba a poder remediarse cerré la puerta de casa y le ayudé a meterlo en el dormitorio. Entre los dos logramos tumbarlo en la cama. Lo pusimos boca abajo. Udo le bajó los pantalones y los gayumbos. Yo le abrí el ojete. El otro como una fiera se echó al culo para comerle el ojal. Se lo estaba devorando y sin dejarme una prueba. El crío gritaba no muy convencido. Saqué un botecito de poppers y se lo dí para inhalar. Esto lo puso a cien. El gilipollas de Kier sacó la polla y aunque se la iba introduciendo en el ano esta se escurría para afuera, dada su poca firmeza. Tres minutos de tanteos fallidos bastaron para que yo perdiera la paciencia y le obligara al nulo violador a que se apartara a un lado y me dejara a mí.
"- Clávasela hasta el fondo.
- Ya lo sé. Quiero sacarle mierda de ahí dentro.

- Pues sácasela. Este seguro que no se hace enemas ni hostias. Tiene que guardar mucha en el intestino."

Le follaba con fuerza. Sabía que había venido a giñar. Que el día anterior había es
tado de diarrea. No tenía porque ser dificil provocársela de nuevo. Tras unas cuantas embestidas saqué mi polla intacta.
"- Será hijo de puta. Ahí no hay nada -dije.
- Fóllalo a lo loco. Si buscas tendrás que encontrar. Siempre huele a podrido cuando das por culo a niños de estos.
- Nada. ¡Cágate hostia, caga, para eso has venido!.

Kier le metía los d
edos con ganas, como quien intenta limpiar la cloaca de un pollo. Luego soplaba. El crio lucía ya un boquete razonable.
"- Métesela ahora. Voy a por una pera al baño."
Fue inutil. Con la pera su aguita ni tan siquiera era marrón. Retenerlo más tiempo era inútil. Le dije a Kier q
ue lo soltara. Pero Kier se había prendado de él. Y no sólo no lo soltó sino que agarrándolo por una oreja lo llevó a la cocina. Asió un trinchador y le atravesó la garganta con él. En su agonía fue entonces cuando el adolescente comenzó a cagarse por entre los muslos. En cambio aquella mierda ya no venía como la de días pasados. Se mezclaba con su sangre y a mi la sangre siempre me dio repelús.
Lo que vino después se me hace algo difuso, creo reconocer a los directores del colegio entrado en casa, acompañados de otros adultos que bien pudieran ser padres de alum
nos o no sé quienes eran. Lo que sé es que la policia no aparecía en mi sueño. Y que aquellos señores que exigían responsabilidades estaban en las últimas (ropas desgarradas, craneos partidos, miembros desencajados). Entonces salí de casa y bajé a la calle. Todo era un puto caos. El edificio del colegio estaba envuelto en llamas, los salvajes cagones lo habían provocado. Destrozaban para la rapiña cristaleras de los comercios adyacentes ayudándose de los pupitres. Sonreí con satisfacción y pregunté para mis adentros si a esas horas todavía estaría abierto el báter de los yonquis por si invitaban a fumar plata. Emprendí la ruta.




Por "la famosa escritora norteamericana"

CHESIL BEACH. Ian McEwan
208 pgs. Anagrama (Esp)


"This book was so good-packed with history and a message. I was captivated by it.

He painted the political and social climate of the time in such a vivid manner. His insights were perfect and his historical detail was too good for words. He puts the reader back into 1962-even if the reader had not been born yet.

It begins on the wedding night of two virgins, Edward and Florence. He's ready and willing to go, but she is filled with dread. She tries to have sex with Edward out of a sense of wifely duty.

Their childhoood's are related. She is raised by emotionally distant parents, Violet and Geoffrey; and he is reared by a handicapped mother and a over-whelmed father. Both Edward and Florence try to escape their past lives with their marriage.

The ending was sad, and, I was surprised. This book is worth reading-it is a historical treasure and tells an interesting and perplexing story."




ELIODORO PUCHE (1885-1964)




Vosotros sois mis hermanos,
los malditos, los inquietos,
los que no tenéis secretos,

los tristes, los saturnianos;
los que designios arcanos
los dieron a un mal destino,
los que errasteis el camino,
los hijos de la desgracia…

¡condenada aristocracia
del opio, el amor y el vino!

*******************************
Me apura más esta pena
porque me hiere a traición,
me retuerce el corazón

y de amargura me llena.
Pero lo que más me apena
Es, que, pudiendo calmarla,
Yo soy en alimentarla
El que pone más cuidado,
Y sin quererlo he llegado

Siendo mi tormento, a amarlo.

******************************

CIUDADES MUERTAS

Flota un dulce reposo
en la ciudad vetusta... El sol de invierno

sobre las torres y los campanarios
deja la nota gualda de su beso.

Sólo se ven por las estrellas calles
enlutadas y clérigos...
En la fragua sombría, del martillo

sobre el yunque se escucha el tintineo.
Un ciprés se recorta

en el azul del cielo,

al elevarse rígido

de las ruinosas tapias del convento.

Un misticismo suave

lo llena todo... Un ciego

salmodia su aprendida melopea
en el atrio del templo.


(De "Libro de los elogios galantes")




* Portal de Eliodoro Puche


EL SISTEMA EDUCATIVO ACABARA CONTIGO


GUIA PRACTICA PARA EL EDUCADOR DEL SIGLO XXI.
Por el reverendo Belcebú Von Bleu


CORRECTIVO Nº 2


Como padres amorosos corrijamos siempre con amabilidad.


Tristeza y melancolía fuera de la casa mía.


Dios te ve. Por los jóvenes hemos de estar dispuestos a soportar cualquier contratiempo y fatiga.


Sed devotos del Papa, es una de nuestras principales devociones.


La Eucaristía y la Virgen son las dos columnas que han de sostener nuestras vidas.


Los jóvenes no sólo deben ser amados, sino que deben notar que se les ama.


Amemos lo que aman los jóvenes.


Procurad siempre vivir en la amistad de Dios.


Queridos jóvenes, difícilmente encontrareis quien os ame más en Jesucristo que yo y que desee más vuestra felicidad.

Mientras obrais podeis explicarle el sentido del correctivo con estas frases.
Modelo- niñato invitado: el bombeante Toby Hayes



ESTAMPAS DE SANTOS (1)

CATEGORIA: ALEVINES DE MARTIR. Por Betanzos in the street



PAUL

Thanks, Dennis


Ha sido la gran sorpresa de estas últimas cuare
nta y ocho horas. Haber encontrado información de este hermoso adolescente que ya ocupó su pequeño espacio en la primera parte de este blog, hará más de un año. En aquel momento, en aquel post tan sólo era un anónimo más para el deleite visual del visitante mongoadicto, un pasivillo que recibía con gusto y malicia el pene de algún bujarrón con suerte. Después de todo este tiempo, al muchacho por fin nos lo reencontramos y, es más, podemos darle un nombre y hasta contar su pequeña historia. Para los que nos apasionan este tipo de cosas, su epopeya privada adquiere ya categoría de mito.
La información no pudo surgir en otro rincón más que en el de Mr. Cooper, uno de los padres espirituales de este blog. El lo conoció. A Paul, que así se llamaba el crío. Fue a principios de los años setenta. Era habitual de la calle de los chaperos en Hollywood. Sin embargo, aunque parezca mentira él no se prostituía. Solía decir: "Yo no soy chapero. Sólo intervine en una revista porno". Paul ganó dinero posando como modelo pornográfico, a las pruebas que acompañan este post me remito (y que amplian de manera soberbia su fascinador poderío con respecto a la del anterior Fantasía Mongo). En su declaración Paul fue inexacto, al parecer, pues apareció en un buen puñado de revistas X, siendo una de las más notables aquella que le incluía en la aventura titulada: "How I became a teenage street
hustler".



El chavalito era tal cual sugieren estas estampas irrepetibles: dulce, educado, agradable y muy lindo. Era originario de Dakota del Norte (conservaba un acento del medio oeste tan cerrado que parecería uno de los personajes del Fargo de los Cohen , Cooper scrivit). Pero, al contrario de los muchachos con los que le gustaba pasar el rato, no tomaba drogas y no bebía más que ocasionalmente alguna cerveza. Digamos que pasar por la zona era verle de forma asidua hablando con los putines. Por alguna extraña razón aquello le gustaba de verdad.


Una noche, mientras cruzaba Hollywood Boulevard un tipo montado en coche le disparó un tiro y murió. Nadie que hubiese presenciado la escena se explicó el porqué había ocurrido aquello. Pero lo que es seguro es que al día siguiente su recuerdo de efebo agradable y encantador estaba tan presente entre los que le conocieron que, a pesar de que todo parecía seguir igual en la zona, todos trabajando, aquellos chicos parecían tristes, preocupados y silenciosos.
En Fantasía Mongo, Paul pasa a ocupar un lugar preferente en nuestro apartado martirológico dentro de las estampas de santos.



Una estampa ya conocida para mis viejos lectores

¿A que parece nuestro Príncipe por aquellos años?







VENGAN A VER LA MARAVILLA...

¡Vengan a ver la maravilla
de su cuerpo juvenil!

El sol lo anega de luz,
y el mar que habla se enciende
de provocante lujuria.

Ando, procuro mirarlo
más de cerca... Es tanta la luz
que todo alrededor rutila
en ancha claridad difusa...

Va desnudo -riendo y saltando,
y en la arena de la playa
semeja un astro brillante.
Procuro mirarlo -y sus ojos,
amedrentados, rehúsan
hallar los míos... Me entristece

Mas en su mirar furtivo
la eternidad pude ver
de un beso no merecido

ANTONIO BOTTO
de Ciúme (1932)



LUGARES CON ENCANTO

EL PALAZZO DE UN VIEJO PROFESOR (Grupo de famiglia in un interno)


Cuando veas una forma atractiva, persíguela / y abrázala si puedes / ya sea una muchacha o un muchacho. / No seas vergonzoso, sé atrevido, audaz. / La vida es corta, aprovecha por tanto / cualquier contacto que tu carne / pueda en ese momento desear. / No hay vida sexual en la tumba.

Nos encontramos gratamente con este poema tan significativo de Auden en Confidencias (1.974. L.Visconti). Lo recitaba en una secuencia prodigiosa una jóven actriz a un inconmensurable Burt Lancaster, aquí una vez más, trasunto del propio director. Lancaster era un sensible intelectual, un viejo profesor de ciencias en el ocaso de su vida, cerrado en soledad (una soledad elegida) en su piso romano y rodeado de sus pinturas, sus objetos, sus recuerdos. Circunstancialmente su hogar /retiro aparecía invadido de pronto por una familia representante de la modernidad de su tiempo. Sus componentes más jóvenes adquieren un dominio preponderante. La mediocridad de una burguesía representada en unos díscolos que juegan a ser lo contrario de lo que en realidad son acabarán por alterar la tranquilidad del maestro.
Pues la secuencia a la que me refería sucede en la penumbra del salón. Los muchachos se entregan a los prolegómenos de una orgía pansexual en toda regla (no exenta del suave acicate de unas drogas de moda). El amo de la casa descubre a los dulces invasores desnudos y tenuemente excitados. La jóven le recordará entonces el poema de Auden (que aquí se insiere perfectamente al adquirir su verdadera dimensión) no tanto para justificar la situación como para invitarle a que se una al grupo. Entonces Lancaster, desde la serenidad que da el camino recorrido, con la cortesía de un hipersensible y también con el agradecimiento por la invitación en su caso a volver a rememorar sus momentos carnales de juventud pasada, simplemente le responde con una tímida sonrisa de gran señor. Una secuencia emocionante, de intimismo chejoviano y todo adornado por el ritmo pausado y confidencial de una música de cámara.
Es desde luego mi secuencia favorita dentro de una película que no se encuentra entre mis más queridas del maestro. Hay detalles que me molestan en exceso: sus re-vueltas de tuerca al concepto de decadencia, su morosidad sólo alterada por esporádicos -y molestos- zooms (una de las técnicas más aberrantes que ha dado el cine en toda su historia) doblemente ridículos si nos atenemos a la circunstancia de que la acción se desarrolla en interiores de claustrofóbica belleza, y ese riesgo de teatro filmado que en sí no tiene por que significar nada malo, pero cuanto menos representa un dolor para el aficionado a Visconti que lo amó tanto en filmes tan netamente cinematográficos (y desbordantes de fuerza vital) como La terra trema, Bellisima o Rocco e i suoi fratelli.


Absurdamente titulada en España Confidencias, su rebautismo anglosajón en cambio se ajustaría más al espíritu del filme: Conversation piece, que es como se denominan ciertos retratos familiares de la alta sociedad británica del siglo XVIII y que llenan las paredes del palacio de Lancaster, pues es coleccionista de este estilo pictórico. Pese al interiorismo aplastante que ralentiza la vida hogareña hasta la anacronía (afuera se supone que aparte de bullir la vida, bullía la revolución social) en un juego de puertas que se abren y se cierran para que entren o salgan los revoltosos Brumonti, habría que señalar que el rodaje se desarrolló en dos estudios diferentes: uno para la vivienda del profesor y otro para los inquilinos. Un trabajo laborioso según destacó su decorador Mario Garbuglia al tener que construir dos pisos con sus respectivas terrazas sobre un mismo "panorama romano" (acuerdense del sublime momento en que la divinamente vulgare Mangano, en tanto que retrata a la perfección la insolencia de la ricachona, se apoya en la balaustrada con vistas a un exterior único), cuya perspectiva debía tener una diferencia de altura de seis metros.
Son inolvidables otros rincones del hogar del protagonista como la habitación secreta que durante la guerra mandó construir su madre para esconder a los perseguidos del fascismo, el imperial cuarto de baño y, muy especialmente, esa cocina de aroma tradicional, rústico, en uno de los momentos más entrañables (o si lo prefieren, menos trascendentes) de un filme manierista pero interesante para comprender esta última etapa tanto de la trayectoria artística ( y el pensamiento) del signore Visconti como del cine europeo de aquellos años setenta.


Profesor: No soy un reaccionario. Creía que lo había comprendido.

Stefano: No, no lo habia comprendido. También usted está mimetizado. No he conocido hasta ahora ningún intelectual que no se proclame de izquierdas. Afirmación que, por suerte, casi nunca concuerda con su vida o con sus obras.

Profesor: Los intelectuales de mi generación se han esforzado en buscar un equilibrio entre la política y la moral. La búsqueda de lo imposible.



PEEPING TOM- Part twelve: fotografío a los chaperos que voy conociendo. Por Anonymous.





Nombre:
Daniel

Edad: 17

Procedencia: Gijón

Localizado: Chutadero próximo

Tarifa: 20 euros

Comentarios: Aún no había anochecido. Me comportaba como un perro rastreador. Me fijaba en las pisadas que iban apareciendo por el enfangado camino. Podía reconocer las botacas de mi niño, eran inconfundibles. Pisaba con garbo, pisaba el moreno. Al fondo ya ví la casa abandonada donde se solían juntar los adictos al noble arte de la aguja. Pensaba que me había despistado. Sabía perfectamente cuales eran sus pasos. Sus pasos eran para mi inconfundibles. Me introduje en la cochiquera. Apestaba, no había luz, sólo basura acumulada, rastros de sangre, inyectables dejados en posiciones yo diría que estratégicas para formar alguna geometría de la sordidez. No se sentía más que el murmullo del viento afuera, tal vez un coche lejano, pero nada más. Bueno, no. De pronto percibí el sonido del chasquido de un mechero. Había vida. ¿Habría peligro?. Lo de menos es que me acorralasen, que me robasen, que me vejasen. No me importaba demasiado. Llevo casi dos años sin encontrarle sentido a mis días. Las jornadas son todas iguales, monótonas y vacías de significado. Del hospital de día para casa, de casa al hospital de día.
En una habitación lo ví. Era Daniel, debajo de un poster de Leiff Garret de hace treinta años. Tenía todos los utensilios preparados para la evasión inmediata. Los escondió mirándome muy fijamente. Me preguntó qué quería. Quiero follarte, le contesté. Pero si molesto me voy, añadí. Me dijo que no me fuera, que cuánto le daba. Diez euros. El pidió más. Por veinte lo hacía. Le dije que no me importaba follar en ese sitio, en medio de las cagadas de sus compañeros hepatíticos, de la anti higiene que te podía pinchar. Es más, tambien le espeté que si prefería colocarse antes, pues que yo esperaba. Aceptó, buscó la vena en el brazo derecho y se metió una mierda. Su cara era la paz del cadáver precoz. Me pareció una pasada de muchacho. Al lado tenía su muleta inseparable. Era tremendo que a su corta edad esos huesos se hubieran descalcificado de tal foma que lo habían convertido en un inútil parcial. Le hice unas cuantas fotos con la jeringuilla y sin ella. Me invitó a que me acercase. No se movía, podría sacar mi pene y metérselo en la boca. Pero lo que deseaba era darle cuanto antes por detrás. Darle hasta cansarme y que luego me follase a mi. Lo levanté, el perdía el equilibrio. Debía agarrarlo. Lo llevé en brazos hasta una mesa y lo recliné con el culo en pompa. Le bajé los pantalones y el slip y le palpé el agujero. Me dijo que tenía anticuerpos. No sólo eso, que ya había desarrollado la enfermedad. Me resultaba tan excitante oirle aquellas palabras, estaba claro que no mentía, lo encontraba muy desmejorado. Le dije que no se preocupara, que traía un condón. Pero el condón que traía yo lo había roto aposta con una aguja que había visto por allí minutos antes. Entonces lo follé a gusto, notando su calor interno que era como la fiebre amarilla, su esfinter se contraía de tal manera que me parecía que el pene iba a ser devorado de un momento a otro por sus entrañas. Me preguntó si tenía poppers. Saqué del bolsillo un botecito y se lo pasé. Aspiró. Me rogó que lo follara más fuerte. Le hice caso. Al palparle el pene noté con satisfacción que lo tenía endurecido. Entonces le invité a que me diera por culo. Saqué el condón y se lo puse. Estaba muy desgarrado. Abrí todo lo que pude mis nalgas y yo mismo me coloqué en una posición tal como para que no le fuese dificil realizar la operación. Se tumbó encima mía y apretó con rabia hasta clavarme aquello. De pronto le obligué a que se quitase aquella goma rota y que siguiese dándo al natural. No hubo que repetírselo. Así estuvo cinco minutos más. Hasta que se quedó quieto, Note chorretones en el fondo de mis intestinos. Eran su leche contaminada, que me quemó. Oh, qué placer descomunal. Qué peligroso juego que aún no iba ni por la mitad. Quedó derrengado, con palpitaciones intensísimas. Lo volví a colocar como al principio y se la volví a meter. Al principio emitía grititos sofocantes, luego eran murmullos de lamentación. De vez en cuando le giraba media cara y lo veía con los ojos en blanco, palídisimo, lo cual no era óbice para que yo siguiera difrutando de su trasero. Pero aquel aliento pútrido, de tio agónico... Se le paró el corazón. Y yo no veía aún atisbos de eyaculación. Siempre me pasa lo mismo, tardo una enormidad. La medicación, claro. Tenia que acabar de follar a Daniel como fuera, pero Daniel estaba muerto. Sólo al pensar intensamente en la idea de que el ya no estaba en este mundo, que tan sólo quedaban sus restos de deshecho humano (y algunos ocupados por mí con despreciable egoismo) , sólo entonces conseguí llegar al orgasmo. Diez minutos después, lo fotografié boca abajo, le coloqué la muleta encima y puse pies en polvorosa.



REMBRANDT Y LA TRISTEZA DE SU HIJO TITUS



Titus niño con lujoso vestido (c.1655)



Titus estudiando (c.1655)



Retrato de Titus adolescente



El más célebre de todos los retratos


Con hábitos de monje. Pin up melancólico


El misterio de Titus. Un rostro con erupciones


2. KOSTIKRU

Alucinante adolescente moscovita de nombre Constantin, aficionado a la autoinmolación, el fetichismo del fumeque (y todas sus posibilidades: poses, quemadas de camisetas...) y los calcetos y zapatillas deportivas (bien sucias y malolientes, bien recien estrenadas y de marca). Dejó su filia para erotómanos retorcidos en el Youtube en más de 70 videos autenticamente imprescindibles para los más fieles de este blog. Comunicativo, nada cerrado en si mismo, con ganas de crear amistades. En cambio, su ausencia ya larga me intriga y me desasosiega (¿habrá muerto abrasado en su habitación al prendérsele una colilla en las sábanas?).
Quedémonos con tres ejemplos característicos de su arte. Un morbo del que Youtube no va corto en ejemplos parecidos, además. Pero tal vez por su empecinamiento y perfección (en especial, en la piromanía doméstica), sea Kostriku el que se lleve la palma (y con el añadido del encanto del efebo eslavo).




Smoking boy. Socks on fire




Jeans on fire. Guy fire fetish




Guy with hole in socks. Socks and sneakers fetish


KENNETH ANGER
A partir de hoy y durante tres días consecutivos voy a intentar acercarme a la filmografía de Anger. Advierto que faltarán algunos títulos, justo los que no he podido visionar. Solventaré el problema dejando constancia de su existencia, el año de su realización y, mientras me sea posible, una breve reseña de fuentes ajenas (citando, por supuesto, el lugar de donde ha salido cada transcripción).

FIREWORKS
(1947)
Junto a Scorpio Rising, el filme más mitificado por Maciste Betanzos de toda la carrera de su autor.
Desde el conocimiento de su existencia hasta que pude acceder a una copia del mismo debieron haber transcurrido la friolera de diecisiete años. Sin ser una obsesión, durante ese largo período fui elucubrando en mi mente las excelencias del conjunto, ordenando en mi fantasía las secuencias, descifrando los posibles efectos ópticos para elementos concretos, dirimiendo la posibilidad de un atrevimiento pornográfico más o menos osado teniendo presente la época en que fue realizado el corto.
Y por fin, cuando vi Fireworks, tal vez en la misma semana que Pink Narcissus (1971. James Bigdood) y Chante d'amour (1950. Jean Genet), no pude más que relacionar los tres trabajos, eligiendo vencedor al filme de Anger. Primero, porque no me había defraudado en absoluto y segundo, por pionero con respecto a los otros dos.
No sería una boutade definirlo como el Ciudadano Kane de los sodomitas. La precocidad del autor (aún no tenía la mayoría de edad), la insólita planificación de cada encuadre (un tour de force sin duda para el cameraman que le ayudó) y la fuerza de las imágenes lo elevarían a tal condición sin por ello habernos salido de madre. Sin embargo la crítica prefiere tildarlo de psicodrama, género introducido en el mundo artístico por la realizadora Maya Deren.
Contaba una fábula homosexual en torno a una brutal iniciación erótica de su protagonista (el propio Anger). La crudeza con la que se nos presenta la fornicación entre hombres está expresada desde términos sadomasoquistas en los que Kenneth, jóvencito de torso nubil y vaqueros desafiantes, opta desde un principio por asumir el rol pasivo. Su falocracia es insultante.
Partimos de un sueño. Pero el sueño se confunde finalmente con la realidad. La anomalía mental , pues, de todo homosexual dislocado en su complejo de peterpanismo. Lástima que el país de Nunca Jamás, Anger lo focalice en los bares de marineros, en estrecha competencia con las putas de la Piquer /Rafael de León. Y el marinero más fornido le brinda unos minutos de exhibicionismo: posturas sacadas de cualquier revista del físico, a bragueta abierta. Pero cuando el inocente le ofrece una copa entonces el otro se la desprecia de muy malas formas (si hubiese sido Kenneth una muchacha aquello hubiera acabado en beso). Entonces cuatro marineros más se unen a la orgía. Kenneth cae al suelo y sobre él se echan todos (algunos provistos con cadenas). Anger, en calidad de mártir, se entrega al frenesí que acaba en desfloramiento. La metáfora, siempre impactante (de un surrealismo completamente atroz, que hubiera sonrojado al propio Dalí) de introducir sus dos dedos en las fosas nasales hasta provocarse un chorro de sangre que le deforma el rostro, cumple su función en tanto que viene a significar que se ha producido una rotura anal de consecuencias irreversibles. La siguiente metáfora es quizá más obvia pero al llevarla a cabo de manera tan superlativa no deja de tener gracia: uno de los violadores vacía una botella de leche sobre la cara de Anger. Leche y sangre, símbolos del acto nefando tan ansiado por su protagonista.
A continuación vuelve a aparecer en la habitación. Ya no reposa en la cama como en un principio, sino en el suelo (aunque siga conservando un turbador parecido con el Dean Stockwell de Compulsion; es más, podría ser un precursor físico). En el lecho quien se halla ahora es el marinero que lo desvirgó, el cual lanza desde su pene erecto (tomado a tanta distancia que bien podría ser cualquier objeto fálico) unos fuegos artificiales que coronan el corto con una pátina estrafalaria.
Resulta enternecedor, morboso, siempre sugestivo ver Fireworks. Sonreir ante planos brevísimos de un báter de época donde yace, cual Mesalina de cloaca, un marinero desnudo (probablemente el propio Anger jugando con el vestuario de su amante en calidad de fetiche) y que inequivocamente nos retrotrae a las cosas que sucedían en Pink narcissus con el motorizado y el chaperillo de Bidgood. Pero, independientemente de regodeos homosexualistas, interesaría aún más el tratamiento que efectúa Kenneth de la relación del individuo con un colectivo y como éste (el grupo) finalmente es asimilado por la personalidad del primero (será una constante que reaparecerá en futuros filmes como Scorpio Rising o Inauguration of the pleasure dome).




Fireworks (Parte 1)




Fireworks (Parte 2)



PUCE MOMENT
(1949)

Otra de las constantes de Anger ha sido el retrato de la colonia hollywoodiense, en tanto que conocedor de todo el tinglado que se cuece en aquello que él terminó llamando la nueva Babilonia. Pero además como erudito de la cultura pop (mucho antes de que se acuñase el término pop art). Hablábamos ayer de que su abuela, personaje influyente durante su infancia, había trabajado en el cine mudo como encargada de vestuario. En Puce moment veríamos un claro homenaje del autor a esta mujer a través del retrato de esa estrella del celuloide, que bien podría ser Barbara La Marr o Alma Rubens o Gloria Swanson (la decadance). Utiliza los cromatismos de manera nada tímida. Y aquello que es la preparación de una estrella en su boudoir para una fiesta loca termina por convertirse en un festín de lo artificial, en una orgía de colores pastel donde los vestidos que se agitan en un primer plano cobran protagonismo absoluto (al menos durante los primeros minutos). El satén, el raso, las pailletes, el detalle de un vuelo, de una caída de tejido se revelan esclarecedores del sentido queer de un Anger todavía obsesionado por su pasado de niño prodigio y su presente de frívolo embaucador. Una tal Yvonne Marquis será la encargada de posar en el espejo del tocador, sonreir, sentirse estrella. Finalmente se tumba en el lecho orgullosa y accesible.
Quizá el único "pero" que podamos ponerle a este cortometraje de seis minutos sea su banda sonora, completamente anacrónica con respecto al contexto, a la anécdota, a esa época que se ha pretendido idealizar.




Puce moment



RABBIT'S MOON
(1950)

El siguiente trabajo de Anger (en su propia productora, la Puck) es una preciosa feerie. Un cuento de hadas que implicaría que su pasado en la prestigiosa (aunque hoy en día algo anticuada) adaptación de Reindhardt del Sueño de una noche de verano seguía inspirándole en su mundo de irrealidades. Esta sería una apreciación rápida y convencional, pues en Rabbit's moon se hallan, si escarbamos, influencias tan variopintas como la tradición japonesa, Cocteau y La bella y la bestia, la Commedia dell'arte o los esoterismos de Crowley.
El personaje del Pierrot, por ejemplo, independientemente del rol que desempeñó en el teatro italiano lo habría escogido Anger por tratarse de un elemento que en la carta del tarot del afamado ocultista significaba el Loco, el cual vive en una ficción permanente, buscando siempre el lado espiritual y creativo a las realidades más prosaicas que le acontecen (el soñador). Y Pierrot ansía la luna. Pero ésta es inalcanzable. Surgen de la naturaleza nocturna personajillos que pretenden ayudarle. Asi Arlequin, conmovido por su tristeza pretende divertirle con sus acrobacias y bailes. Al no conseguirlo, recurre a su prometida Colombina, pero la bella muchacha también desiste. Finalmente, Pierrot se deja vencer por las circunstancias y se arroja al vacío deshaciéndose, descomponiéndose, como muñeco roto.
Un fascinante cortometraje, que Anger volvió a rehacer en los años setenta con una nueva banda sonora a cargo del grupo A Raincoat (y con el que tendría problemas de derechos de autoría, al apropiarse sin permiso de su tema It came in the night, aunque también existe una versión de principios de los sesenta compuesta con temillas pop del todo encantadores). Esa luz selenita le concede a la fábula un más que convincente carácter onírico. Casi es un ballet con ínfulas de Film d'art que no cae jamás en la cursilería ni lo rancio de ambos estilos. Porque en un momento sublime, de repente, Anger introduce símbolos esotéricos que salen proyectados de una linterna mágica y que terminan desasosegando no sólo al protagonista sino al propio espectador, que a esas alturas ya está tan desconcertado como embriagado por una sensación plácida de alcoba y duermevela. La inclusión del conejo lunar provendría a su vez tanto de una leyenda del este de Asia como del fenómeno psicológico de la pareidolia.




Rabbit's Moon (Parte 1)




Rabbit's Moon (Parte 2)


continuará mañana



SEMANA ESPECIAL FAUNA DE WC

Mis memorias del retrete (5)

Para Richard, Krisper, Elías, Pincho, Mike, Angel, La Plata Plata y los demás.

PICADEROS CON CISTERNA

La irrupción de los drogatas supuso un pequeño/gran conflicto para la sarasa tópica. Era marginalidad que se introducía en el ghetto no para invitar al viajecito colectivo, sino para sacarte de tu cuchitril y largarte a la calle de mala manera ante la premura del chute. Malos vecinos siempre fueron unos y otros, sin darse cuenta que la marginalidad iba implicita en ambos frentes. El borderío de unos frente a la excesiva temerosidad de otros consiguieron en muchas ocasiones momentos de extrema tensión. Desde mi posición de observador la figura del puto yonqui me resultaba atractiva. Me repugnaba desde luego la intransigencia de los comentarios con respecto a nosotros, pero dentro de mí, sabía que aquella cerrazón escondía un profundo desprecio por la humanidad en general ante su situación nefasta. El yonqui insultaba, procuraba ofender sin presentir que sus comentarios se ponían de parte de la aparente "normalidad" de la sociedad mayoritaria que era precisamente la culpable de que hubiesen acabado en un pozo tremebundo. Esa incongruencia siempre procuré llevarla desde la conmiseración y la benevolencia. ¿Ibas a explicarle tú de que William Burroughs, el pope de la heroína era un pedazo de maricón?. Imposible. Mis razonamientos con más de uno nunca parecían hacer efecto. Así que procuraba que minimamente fuesen civilizados a la hora de utilizar el sitio de picadero, pues allí cabíamos todos. Ni yo les tenía porqué meter en los ojos una enculada ni ellos tenían porqué enseñarme sus hermosas venas ya que, por lo general, dentro del cagadero tenían la suficiente luz para encontrarlas. Porque jeringuillas traían e imagino que muchos las compartieron hasta principios de los años noventa. Sus algaradas a grito pelado (tres o cuatro en una misma toilette) parecían propicias para lo intercambios indiscriminados. Con la debacle del Sida, la hepatitis y la tuberculosis el yonqui de aguja, el clásico, mi favorito empezó a venir sólo. Sin duda que hacer diferencias radicales entre nosotros y ellos, sería erróneo. Empezando porque drogadictos somos todos. Sexo, cultura, tabaco, alcohol, deporte... hay donde elegir y a todos toca. Después, porque yo mismo compaginaba en el retrete las drogas semi blandas con el acto sexual. Asimismo conozco a varios fijos del mariconeo que antes de irse con nadie sacan papel de plata y aquello empieza a oler muy bien... De igual manera, el problema del alcoholismo entre los del gremio, algo ya apunté ayer, es muy grande. Y, finalmente, porque muchos yonquis entienden o sino deben entrar por el aro del entendimiento al verse obligados a la práctica de la prostitución masculina como medio para conseguir sus dosis habituales.

EL YONQUI TE QUIERE
Es más que seguro, que cualquier fumador de chinos pueda, si lo buscas, dejarte estar con él un rato para que te satisfagas con su cuerpo, si es que te privan esos prototipos. En mi momento de observador impenitente desde el exterior, compartí respetuosamente el lavabo público con muchos jóvenes enganchados, atractivos pero ya con visos de anorexia que poco a poco, dia a dia, iban abriendo un poco más la puerta donde estaban metidos para mirarte inquietantemente mientras tu los mirabas a ellos. Recuerdo gemidos morbosos de alguno cuando te veían mear, o cuando te bajabas algo el pantalón enseñando un poco de carne. Hubo uno que miró por el glory hole y al verme con el culo al aire soltó un sugerente: Bonito culo. Existía un pequeñajo pero bien formado delincuente que era terrible ardilla en los atracos en la capital, pues acostumbraba a trepar por los edificios con gran pericia. Tuvo su momento de gloria en las crónicas de sucesos a nivel local. Era muy habitual en el gran báter. Cada vez que entraba ponía patas arriba el lugar, mareaba a la de la limpieza con sus quejas y borderíos y se mofaba desde dentro de las mariquitas viejas que escapaban raudas. A mi, en cambio, llegado un punto, no me doblegaban su impertinencias, estaba harto de que tuviera a raya a todo dios. Pues bien , era verme y suspirar. Era quizá yo bajarme el pantalón y hacerme como un loco señas con el pie por debajo de la puerta... Yo me limitaba a tantear el panorama de la peñita así, nada más. Y algo está claro: si venían donde nosotros y no se refugiaban en su picadero privado (que lo había) era por algo. Entablé una pequeña amistad con dos. Uno era guapo, de una belleza muy morbosa. Me hablaba de su chica, del hijo que no conocía, de la mierda de mundo y demás tópicos del yonqui que se averguenza de serlo (adoro al drogata antisistema, el que desearía acabar con este puto Estado que ha destrozado a toda una juventud por sus propios intereses: la generación de la heroína. La droga de fácil adquisición para mantener al rebaño doblegado). Nunca le propuse nada. El, en cambio, en más de dos ocasiones quiso hacerlo conmigo. Hacía chapas por quinientas pesetas. A mi creo que me pidió unas irrisorias ciento cincuenta. Le sonreí, se las di y lo dejé allí. Tenía a un amigo tambien muy sexy, más carnoso y con miras a una posible reinserción (terminó trabajando de repartidor en una empresa). Yo lo conocí en su fase más chunga. Era un tiradillo de retrete. Pero me gustaba y quería probar su reacción ante un simple lance en forma de conversación inventada pared contra pared. Al escuchar mis obscenidades frente a un receptor imaginario con el cual yo simulaba compartir la estancia, salió de su cuchitril y empezó a llamar al mío. Evidentemente sabía que era yo el que estaba allí. Y quería hacerlo.
El yonqui que te desprecia, en el fondo pondría su agujero para que se lo explorases. Nunca me metí en esas envergaduras, pero no me disgustaba que se pudieran producir. Recuerdo yonquis exhibicionistas de lo suyo: abrían la puerta y con la aguja puesta se hacían los Nosferatus para que los mirases. Eran unos notas que disfrutaban con sus posturitas. También los había moribundos, que tan pronto entrabas los veías tirados en el suelo, en un charco de sangre y con la cara blanca y la mirada perdida. Entonces les dabas unas bofetadas con ganas y se reanimaban por arte de birlibirloque. Te daban las gracias por salvarles la vida y adios muy buenas.
También está Fernando, que es tan maricón como drogata. Somos vecinos, el es de buena familia y aparentemente es una excelente persona. Tras rondarme mucho un día estuve con él. Poca cosa. Su polla ni la toqué, era el aparato más retorcido que había visto nunca. Se declaró pasivo, yo le dije que no traía condón, me hizo una felación y un beso negro y nos despedimos. Con el tiempo, y después de haberlo rechazado un par de veces y de ignorarnos mutuamente unas cuantas más, reapareció con sobrepeso y sus mismas malas compañías de siempre. Pero se le ha puesto un culazo al muchacho... Lo encontré una media tarde en el interior de unas galerías comerciales, con sus cachibaches. Le saludé, le pregunté si estaba esperando a alguien. Me dijo que no. Le toqué el culo. Durito y suave. Se bajó el pantalón. Nunca había visto unas nalgas tan escandalosas. Quería follarlo como fuera. Me invitó a su casa. No quise ir. Nos citamos en unos lavabos de un aparcamiento. Hasta allí fuimos. El bajó primero. Yo esperé cinco minutos en la calle y acudí a su encuentro. Llamaba a su puerta pero el estaba a sus cosas. Dijo que esperase. Me largué, no quería molestar.

ATRACO A LAS TRES
Buena y mala gente. Su enganche es lo primero. Y el atraco a punta de navaja es vital cuando el mono es muy alto. Entonces las mariquitas se quedan sin cartera y sin pantalones pero con la misma cara de damiselas tontas de siempre.
Sufrí dos atracos bastante amorfos. La plata plata (una tía increible, bandolera de cuidado) que irrumpió en el retrete estando yo solo. Llevaba una camiseta de atrezzo manchada de sangre (para impresionar). Me puso un cuchillo en el pecho y me pedía eso... la plata (que para algo es una cheli). Yo no tenía nada. Me mandó sacar mi reloj de Bazar Hong Kong. Le dije que me lo diera, que era una mierda. Me lo devolvió y cerrando la puerta soltó un: No se te ocurra decir nada (muy peliculera ella). Sentí que se metía en el retrete de al lado.Al cabo, salía del recinto. Iba vestida completamente distinta. Muy graciosa. Jose, el chapero y ella se conocían. Terminamos una vez los tres compartiendo una euforizante sesión de coca, gentileza de su casa.
En otra ocasión, estando yo con el viejo de las tetas dieron una tremenda patada a la puerta.Yo abrí sigiloso. Lo primero que ví fue un pedazo de arma blanca de veinticinco centímetros y otra mano que tiraba de mi para sacarme de allí. Un mal bicho me pedía el dinero, pero yo no había cobrado mi servicio todavía. Asi que al ver al viejo, me soltó y se llevó su cartera (y mi salario) no sin antes forcejear ambos un ratillo. No lo denunció. Es patético el miedo que existe por el qué dirán en la comisaria. No me extraña, por un lado. La mayoría es gente casada que vienen a mariconear y si un delincuente es llevado a juicio, a saber lo que se inventa. No lo sé. Hay tíos muy descarados. Y muy violentos, por supuesto. Pero de ahí a soportar vejaciones..., pues como que no.

continuará mañana




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AUTORETRATOS DEL ERMITAÑO ENFERMO


DIARIO DE AGOSTO de Maricón Martinez

20 de agosto, Roma de los suplicios

A partir de la confesión anoche y en privado, a sotto voce, del jóven James Patrick, en torno a su predilección por el martirologio, entendido éste como forma diversa de espectáculo ( no sé si de masas o de masturbación individualista para el connaiseur) comencé a sentirme atraido por él. Me llamó, ayer tarde, poderosamente la atención su reacción, inverosimil para sus dos amantes, que estando en una terraza cercana a la basílica de San Juan de Letrán sacase de daga (recién comprada en una recoleta tienda de souvenirs) y se empezase a hacer hendiduras finas en la palma de sus manos. Jodelle puso el grito en el cielo, forcejeando con él por arrebatarle el arma; Augustus, más lento, desaprobaba con la mirada una conducta que ya parecía no resultarle nueva. Hablábamos minutos antes de lo que se coció en tiempos en aquella basílica que acabábamos de visitar. Al parecer, en el s. XV el cleptómano fray Garofolo fue ajusticiado siéndole amputados sendos miembros, a la vista de pueblo y autoridades varias. Existe allí un monumento dedicado al reo, que desde luego despertó en James un pathos morboso si, pero que yo encontré perfecto para satisfacer mis debilidades más íntimas. El hecho no fue a más, terminó en risotada y visita a una farmacia.
La pasada noche, a la que al principio me refería como confesional, encontré en el mancebo letraherido a un singular obseso por el dolor y la tortura. A solas, en su habitación, intercambiamos autores, novelas y suplicios. Ambos comulgábamos con el culto al padre de todos los tormentos, monsieur Donatien. Me sorprendió a mayores, cuando me eligió a mi como acompañante de su fuga premeditada hacia las cámaras de torturas que sobrevivían ruinosas en la vieja Roma. Y era una fuga en toda regla, pues no pensaba decírselo a sus tutores (así llama cariñosamente a Augustus y Jodelle) ; además , no los quería volver a ver nunca más. El que decidiese tenerme de compañero de viaje lo motivó el que hubiéramos vivido en el pasado un mismo sueño ( para mí pesadilla) que se desarrollaba en un decorado Piranesi y en una época muy Medioevo. Los dos ardíamos en sendas piras, los dos acabábamos corriéndonos en nuestro infierno de llamas. La explicación a semejante grotesquería venía dada por un bizarro sentido de lo sexual más que por un instinto de supervivencia, claro (ninguna descarga eyaculatoria podría apagar jamás tal aquelarre) . Si no fuera por este detalle tan aberrante para la Santa Inquisición ( que habrían interpretado como de brujería total) seríamos, por lo tanto, dos redomados aspirantes a la beatificación. La única vez que desee ser cristiano de peplum fue solamente porque asi podría ser devorado en espectáculo por alguna alimaña en pleno Coliseo Flavio. Hacia alli partimos hace quince minutos. Vamos a pasar una jornada de escapismos turístico/sadianos. Será nuestro particular itinerario de la crueldad.


HETERODOXOS BASICOS

7. LEOPOLDO MARÍA PANERO (1948- ) : La locura como salvavidas


" Siempre estuve loco. Creo en la fantasía "
L. M. Panero

Una vez un conocido, al que terminé aborreciendo en público, insultándole en vivo, escupiendo su existencia mediocre con bilis luciferina, me preguntó muy seriamente si yo estaba en mi sano juicio al contar tantas cosas de mi vida y de mi concepción del mundo por un micrófono. Le dije lo típico, lo básico, lo standard. Le respondí que había que estar un poco - o un mucho- loco para soportar esta civilización que nos ha tocado. Reconozco mi simpleza, pero siempre es efectiva y no deja de esconder un transfondo de verdad. Sólo que mi locura nunca fue diagnosticada. Soy de los miles, millones de habitantes del planeta que persisten en su empeño de no ir a un médico, o no ser lo suficientemente valientes para afrontar un tratamiento, o que no creyendo en el poderío brujeril de la psiquiatría decidan vehiculizar sus taras por otros cauces (yo estoy entre los últimos, y al no considerarme ni un alcohólico ni un asesino en serie, guardo la esperanza de que mi agarradero salvavidas sea por lo menos provechoso y creativo). Panero cree que la poesia no es terapia sino ciencia. Detesta los psiquiátricos pero depende de ellos. Quizá porque su gran error es que considere que necesita un tipo de ayuda, digamos, farmacológica. Como buen esquizofrénico se debate en la dicotomía, en la dualidad, es a su vez verdugo y víctima, busca la ternura y derribar lo que le rodea. Pero a pesar de que a lo largo de los años sus idolos librescos, los géneros y vanguardias literarias han variado en su apreciación personal, en cuestiones políticas permanece inalterable: izquierdoso radical, rendido siempre a la insumisión abertzale, admirador de Trosky...
La obra de Leopoldo Mª Panero desborda del vacío existencial que se presupone a todo maldito de casta (siendo él un descastado, o cuanto menos, el mediano de los monstruos que Felicidad Blanc amamantó con hiel) . Su soledad terrorífica, su complejo de homosexual victimista, además de su rencor y profundo apego a la muerte, sustentan los quebradizos pilares de una poesía honda, mística, de gran elaboración. Todo lo que deslumbró en los años sesenta al joven Pere Gimferrer (en especial "Por el camino de Swan") o a Castellet (su inclusión en la mítica antología de los Nueve novísimos poetas españoles supuso todo un revulsivo que no hacía más que envenenar al resto de los otros prodigiosos) . Y si aquellos hoy ocupan poltronas, dirimen el diccionario del que buenamente tiramos los letraheridos, él persiste en su intención de ir a contracorriente, con la subversión como bandera y el alcohol embriagando sus demonios. Sólo hubo un escritor de su generación con el cual podría rivalizar en tormentos y vivencias. Y además era amigo/enemigo y para Leopoldo un amor imposible: el también abordado en este coleccionable Eduardo Haro Ibars. Compañeros de celda a finales de los sesenta (en la cárcel Panero se enamoró locamente de él) , al salir su relación fue un guadiana de acercamientos y rechazos (sobre todo por parte de Eduardo). Talentosos pero radicalmente opuestos en su estilo de escritura (si Leopoldo era más reflexivo, Eduardo tiraba por lo espontáneo o lo automático, en directa conexión con lo dadá o el surrealismo) . Sus ataques mutuos, en forma de críticas en publicaciones, hacia sus respectivas obras literarias siguen siendo un encomiable ejercicio estílistico entre dioses en un parnaso de excluidos. Panero es Artaud. Panero quiere a Mallarmé más que a Rimbaud. Eduardo es muy Rimbaud. Es un vampiro de la noche. Pero Panero no cree que los vampiros sean cosa seria.
Cuando Chávarri montó El desencanto, Leopoldo se volvió actor de si mismo. Y la película es emblema, testimonio de crueldad, ejemplo de antropofagia entre animales de la misma especie que aún hoy en dia hiela la sangre. La esquizofrenia tiene un nombre y la culpa rebota en el matriarcado voraz. ¿Las drogas ayudaron a acrecentar el estado mental del poeta?. Es posible, pero también una personalidad peculiar, indisoluble al hecho de creerse ese artista total, demiurgo de voluntades intelectuales, le conminaría a que las voces de su esquizofrenia reverberasen dentro de él bajo las tonalidades de un James Barrie, un Lewis Carroll o un Poe.
Ido para nunca volver, casi siempre lúcido, como nos suelen sorprender este tipo de enfermos, se vuelca en una copiosa cantidad de poemas, traducciones y ensayos. Asi se fundó Carnaby Street (70) , Teoría (73) , En lugar del hijo (76) , Narciso (79), Last river together (80), Dioscuros (82), El último hombre (84) ... y recientemente Me amarás cuando esté muerto y Poesía completa son algunas de sus obras más transgresoras, o por lo menos, definitorias de su fecundidad morbosa. Tal vez Me amarás cuando esté muerto sea la que mejor ejemplifique su estado de vulnerabildad ante la incomprensión general. Aquella que le negó premios. Paradojicamente, Panero es un escritor muy apreciado, muy querido por los públicos alternativos, incluso por sus amigos supervivientes de tantos envites. Lo que no cambiará su malestar crónico frente al mundo que le ha tocado vivir: el capitalista pútrido, el cristiano impúdico, el occidental asesino, esclavista. Para Panero siempre quedará la posibilidad de otro intento de suicidio, que le acercará un paso más a su ansiada libertad.


" Más allá de donde
aún se esconde la vida, queda
un reino, queda
cultivar
como un rey su agonía,
hacer florecer como un reino
la sucia flor de la agonía:
yo que todo lo prostituí, aún puedo

prostituir mi muerte y hacer
de mi cadáver el último poema"


De LAST RIVER TOGETHER. 1980


1 comentario:

Chusky dijo...

Si de repente fuera el fin del mundo y se abriera el cielo, no habría leyes, no había reglas. Sólo quedarías tú y tus recuerdos...

Dr. Lilian (Donnie Darko, 2001)