07 octubre 2009

Apuntes macisteños

* Me encuentro muy cansado. Llevo unas cuantas noches que no pego ojo. Ayer, para redondear mi insomnio, pasé hasta pasada la medianoche en Urgencias. Madre cayó en el baño por la tarde. Empezó a inflamársele la rodilla buena, le dolía el costado. Asi que no quedó más remedio. No fue nada. Pero la incompetencia de una enfermera nos obligó a ver cómo gentuza que habían llegado antes que nosotros pasaban delante. Expuse mi queja. A medianoche nos atendió al fin un médico. Necesitaba, antes de observarla, que le hicieramos un croquis de la colocación de todos los objetos de la toilette (perita incluida). Otra maricona suntuosa. Como era argentina, sería de la escuela Manuel Puig. Debió rellenar un folio entero con descripciones accesorias pero bien minuciosas antes de pedirnos que se levantase el camisón. Yo comprendo que no es agradable un strip poker de estos pero, ante todo, uno debe saber hacer valer una bata blanca y no demorar tanto lo inevitable. Además, mi madre llevaba braga (limpia, oigan).
Palpó. Supuso cosas buenas. Requirió placas. Fuimos informados de los resultados de inmediato. No se había roto nada. Recetó un antiinflamatorio. Le rogué que nos pusieran una ambulancia de vuelta, que no eran horas de hacer autostop (porque, otra cosa, ¿quién nos iba a parar a nosotros sino un parafílico?). El doctor avisó a los de la ambulancia que muy friamente nos mandaron a la mierda (sólo hacían ingresos, no traslados. Podíamos esperar sentados). Pero esperar sentados en Urgencias es contemplar mientras se nos pudre el alma a una fauna desastrosa de seres humanos out of the border: emigrantes con mal español que se rebotan contra todo porque se han fracturado una pierna mientras los explotaban en la vendimia de Angela Channing, familias enteras de pueblerinos que acuden porque el abuelete se ha mareado al fumar un porro con el nieto, parejitas de tórtolos (ella preñada, normalmente) que se regalan piquitos mientras aguardan turno (como si estuvieran en un juez de paz), un Romeo de bolera y partidita de dardos llorando como una nenaza a una mariliendre porque su churri lo acababa de dejar (es de suponer que no iría a consultarse la congoja, porque si soy yo el médico le secciono el colgajo con bisturi del bueno). Este último fue el que más asco me dio. Mientras, a madre se le cansaba el culo. De vez en cuando me comentaba las evoluciones de un insecto fascinante que revoloteaba a la espera de un diagnóstico. Qué frio (de cualquier clase) hacía alli dentro.
Como pasé de esperar ambulancias fantasmas, pillamos un taxi. Un profesional del volante, demasiado pequeñito como para darle en un principio algo de importancia, nos acabó brindando un servicio excepcional. Como para reparar en la minusvalía del enano. Menuda fuerza tenía, cuánto nos ayudó. Cobró hasta el último instante. Pero agradecidos quedamos. Al pasar por la Alameda vimos a cuatro putas paseando bajo la lluvia. Siempre me acuerdo de Mamma Roma. Sólo había una jóven. El resto eran adefesios de la época babilónica (según Luis Escobar) muy arregladas (como para ir a una boda). Charlaban entre ellas con expresiones felices (no sabemos muy bien porqué).
Era la una de la madrugada y madre ya roncaba en cama. A mi me fue, una noche más, imposible. Tengo que hacerme adicto a los somníferos. No cabe otra. Si sigo con esta racha, de día voy a estar zombi, perjudicando los contenidos y la calidad del blog (les prometo que hace 24 horas no sabía si estaba escribiendo sobre Ivor Novello o falsificando un testamento).



* Que por cierto, esta semana es la de las celebraciones. Post redondo y el cuarto aniversario. Y a principios de noviembre, mis cuarenta primeros años de existencia. Paso de la crisis. Fantasía Mongo está mejor que nunca. Quiero escribir mucho antes de ser un cuarentón. Apurar este mes. Aunque la semana que viene toca descanso. Tengo que ver cosas que me están llegando -vía correo- del extranjero. He comprado cuatro temporadas de Dallas, soap opera de mi infancia y adolescencia. Me ha hecho mucha gracia un bonus con la reunión del 2005 de los actores que quedan vivos (es un hablar). Tienen que verlos. Tremendos freaks. Halloween revisited. Victoria Principal, que ya en los ochenta estaba operadísima, ahora no sé a qué monstruo se me parece. Bobby debe tener Sida porque está consumidito. Y Lucy, bueno, Lucy es un potaje de Dolly Parton y Alaska que tira para atrás. El Cliff es un anciano más. Y mi adorado Ray Krebbs, un ciudadano sin importancia. Un anónimo. Claro que la maravillosa Sue Ellen es la mejor, se conserva de perlas, las operaciones también hay que saber realizarlas, hay que tener suerte en el quirófano. Bueno, no. El mejor es Larry Hagman, que desde que se quitó el peluquin es más real. Anciano, claro, pero de verdad. Y qué dulzura de voces cuando los escuchas en versión original. Yo no esperaba que unos paletos americanos hablasen asi. En Galicia es otra cosa. Estos no, un remanso de paz, independientemente de todo el cancaneo que se traían. Me estoy preparando para lo que va a ser un nuevo enganche en este otoño con sabor a deja vú. La Dallas esa.
También está de camino otra joya del cine italiano que yo pensaba sería inencontrable: la Fabiola de A. Blasetti. Ahora que Amenábar se ha dispuesto a aburrirnos a todos con su nulo sentido del peplum (cuánto mejor no hubiera sido una versión homosexual extrema, con sangre, excrementos anales y lágrimas en pirámides de suplicios) yo me pienso divertir con la adaptación que hizo el maestro del período mussoliniano de la novela del cardenal Wiseman a cuenta del martirologio cristiano. El erotismo que rezuman sus imágenes es esclarecedor, todo un referente del camino que tomaría el género a finales de los cincuenta (las series de Hercules, Ursus, Maciste...).



* Me compré en una libreria de aqui, la Historia de la Bruguera (Cuando los comics se llamaban tebeos). Es interesante (sin alharacas). Sobre todo, las ilustraciones, porque los textos dejan mucho que desear. Me estoy refiriendo a que se incurre en faltas de ortografía, algunas clamorosas. Pero ¿qué les vas a pedir a los eruditos de los chistitos?. Y más siendo peña de El Jueves. Me sorprende que un libro tan antiguo como el que publicó Terenci Moix sobre los cómics sea tan nombrado (el fue el que acuñó el término de escuela Bruguera). Son constantes las referencias que se hacen de esta obra. Es una lástima que no se siga el estilo del maestro en su erudición y heterodoxia cultural. El resto, nada que objetar. Por momentos deslumbrador, a ratos aburridillo. Muy cuidado en maquetación y diseño.



* También me llegaron ¡al fin! los dos DVD's de la AMG con las integrales de Jim Paris y Monte Hanson. Son magníficos los dos. El de Paris, concretamente, ha valido ya no sólo para reafirmarme en mi amor por el muchacho, sino para ampliarlo hasta el tope (el tope de capacidad amatoria del que cuento, que les advierto que es infinito). Paris resume, quintaesencia todo lo que me gusta de los efebos. Es inocente, a la vez pícaro, está muy bien formado, a la vez parece incompleto. Habrá quien le considere un poco monicaco, con sus gestos y su excesivo sentido del humor. Comparado con Monte es gloria pura, porque Monte no es natural del todo en su intento de ser encantador. Paris lo es por definición, de forma espontánea. Y también es necesario reconocer que sabe ponerse serio (que no grave) cuando lo requería la ocasión. Y que en sus sesiones fotográficas (no hablo de los diez filmes de wrestling o sentado en una burrita) era un modelo magnífico, un profesional supremo (rayando en lo sublime en la partida titulada Ancient Rome, por ejemplo).
Los bonus tracks con todo ese material que abarcaría más de ochocientas fotografías son un regalo de los dioses. Es una lástima que tres o cuatro de esas series vengan con tara (se cuela cada dos por tres Monte Hanson en sus partidas correspondientes). Esto afectaría a cincuenta fotografias. Aún asi, queda impecable el grueso total. Desde luego que ahí está todo Jim. Desde su debut en 1964 con dieciocho años hasta su adios en 1968 (hubo un par de años entre medias que no hizo nada para Bob Mizer). En cuanto a los cortos, me causó un dulce cosquilleo el titulado Homeworks, de anécdota infantil (él haciendo los deberes en posing strap con otro zagal de la misma guisa. Se pone incordiante hasta el extremo que acaban revolcándose por el suelo en combate de lucha libre. Sus momentos de relax, tumbado en el suelo y apoyando sus divinas nalgas sobre el pie del otro, me suben la temperatura cada vez que las veo. ¡Quién fuera el otro, incluso quien fuera juanete!).

* De verdad que ya estoy cansado de darle al teclado. Sé que me quedan hallazgos que contarles, pero va a ser imposible porque me duele muchísimo la espalda. Para mañana Cordelia Flyte me ha prometido escribir algo del último disco de Parade. Y eso me parece correcto. Me ha dejado el disco anteayer y hoy por la tarde lo escucharé, tumbado en la chaiselongue, sin moverme un ápice (aunque, a lo mejor, me quita todos los males y me pongo a bailar como un poseso intergaláctico). Con eso y lo que nos cuente la compañera será más que suficiente para ponernos al día en uno de los artistas pop del panorama español que más me entusiasman en lo que llevamos de década.
Les dejo, pues. Ah, y el viernes cita obligada. Va a ser el día especial.

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