22 septiembre 2009

Estampas de santos. Por el reverendo Belcebú von Bleu

Un cardenal abrazando a una monja. EGON SCHIELE (1912)

Queridos hermanos. Mi capillita es un pozo sin fondo, oscuro y cada vez más invadido de Arte, a veces tan sagrado que roza la profanación. ¡Si parezco el tio Gilito de los pinakotecos de lo maudit...!. Fíjense que, a mí, Schiele no me inspira el perdón del único Dios. ¿No les suena Schiele?. Si, ¡jolín!..., fue miembro principal de la Secesión de Viena, que continuó junto a Klimt el deaarrollo del Art Nouveau en el período inmediatamente anterior a la Primera Guerra Mundial. Vereis, la obra de Schiele es más cruel que la de Klimt. Y eso que éste sentía una evidente fascinación por los aspectos más perversos de la sexualidad humana. Recuerdo una obra (la obra en si, no su título) en la que una pareja de amantes se abrazaban en una tan poco cómoda actitud que las figuras sugerían de algún modo que había algo indeseable o demoníaco en sus sentimientos mutuos. ¿Cómo se llamaba aquel aquelarre?. Nada, no me acuerdo. Pero les prometo que existió y se me ha quedado grabado en la retina de tal manera que creo que ya no podré olvidarlo jamás... Uno de los cuadros más abominables del siglo XX, justo heredero de las barbaries pictóricas de un Felicien Rops o un Beardsley, probablemente maestros, influencias directísimas de los vieneses (pintores, de esos estoy hablando, no piensen ahora en operetas o en la perrita Marilyn).

Al hilo de los abrazados caníbales, de esta obra de Schiele, personaje que heredó tanto de Rops como de Beardsley algunos rasgos de crueldad o la ocasional simpatía por la blasfemia, por ejemplo (otros tales como la lasitud fue reemplazada por la violencia, que tendía a alienarle a los expresionistas alemanes), quiero que os fijeis en lo que digo, que hay un equilibrio de todas estas cualidades en la monstruosidad que estais viendo. Un cardenal abrazando a una monja, ahí es nada. Acérquense, come closer to it. Es como si el artista quisiera forzarse más allá de los límites de todo lo que él o sus contemporáneos conocían; no simplemente en términos de la burla de las ideas y los estándares convencionales, sino también en términos de la carga de energía que podía transmitirle a las figuras. Pienso, en ese sentido, que Schiele está más cercano a ese vigorismo de Miguel Angel y que algunos pretendieron adjudicar al simbolista Gustave Moreau, por otro lado padre espiritual de todos estos engendros (incluido Gauguin, ¿alguien puede pensar sin que le dén arcadas en su Te Arii Vahine?). Antes que amantes, cardenal y monja mas bien parecen mantis religiosas, cada uno intentando devorar a la otra.
Particularmente me quedo con el mid-diecinueve, con esos temas favoritos de los post románticos (cuando la literatura y la pintura parecían confundirse, continuación feliz y dichosa). Oh la lá: la belleza de la Medusa y el vampiro, la fascinación por el diablo y por la mujer fatal...

Pero ¿esto?.


AMEN

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