03 septiembre 2009

Escala en HI FI. Por Cordelia Flyte



The Liberty of Norton Folgate de Madness (2009)

Un enorme paso adelante

Qué tíos. Les cuadra el Forever youngs (una de sus canciones más chulas del disco), como también a los Pet Shop Boys de este año. Estos fulanos no parecen envejecer. Siguen llenos de energía, de fuerza vital, de ganas de pasárselo bien pero también de alumbrar canciones lujosas, sofisticadas, sumamente elegantes.
Cuando era una cría los Madness me volvían loca con sus ritmos infecciosos. El ská británico quedaba personificado en singles atómicos como Baggy trousers, una de mis piezas de cabecera en cualquier party adolescente (mediados de los ochenta, aunque la canción era anterior). Our house, el temita del anuncio del nuevo siglo que despertó tantos recuerdos entre el aficionado, es de suponer que motivaría a que Suggs y compañía volviesen a meterse en un estudio de grabación. La sequia duraba ya demasiado. Diez años, para ser exactos. Y este mes de mayo acababan el noveno. Ellos lo titularon The Liberty of Norton Folgate y es un homenaje a su ciudad. Y a esa porción de espacio urbano que ocupa, preside, controla la mítica St. Paul's Cathedral, que según la sueño tiene sabor al pan duro de la viejecita que echa de comer a las palomas en Mary Poppins y a una canción memorable de los Trembling Blue Stars, tan dream pop ella. Ahora, gracias a Madness, también es símbolo musical de viejos skatalíticos que se han puesto refinados empezando por quitarse la risa facilona en pubs de George Roper para dedicarle hasta una suite de diez minutos, el tema más largo del disco y que acaba en contagiosa fiesta tropical.




Hay raggamuffin, pero muy suave y delicado, como el que seguro le gusta a Ibon Errazquin. Lo que más proliferan son los temazos pop. De un pop adulto pero afianzado en normativas clásicas, o sea, música jóven. O cuando la juventud es símbolo de explosión de ideas y de creatividad. Arreglos impecables, orquestaciones suntuosas y el saxo de One step beyond que aunque pudiera ser pieza de museo para melómanos, todavía lo intuimos con insidiosos deseos de incordiar (en la pista de baile). Chapeau una vez más a esos productores de toda la vida que son Langer y Winstanley.
¿Mis canciones favoritas?. Esa suite aparte, me quedo con Sugare and spice (su tercer single), Idiot child y On the town, por descontado (probablemente el corte de este noveno que pasará inmediatamente a un The best del grupo).
No me extraña que las nostálgicas Mojo y Uncut se hayan desvivido en elogios con esta reintreé. En el fondo, constatan que las viejas glorias que permanecen en la plenitud de sus facultades les dan razón de ser a publicaciones asi, con voluntad de glorificar el pasado sin por ello tener que dejar de contar el presente o renunciar al futuro.

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