24 agosto 2009

Televisión de culto

Mr. and Mrs. North (1952-54)

El señor y la señora North eran un matrimonio de ficción creado en los años 30 por otro matrimonio formado por el escritor Richard Lockridge y su señora Frances. La identificación entre ambas parejas es clara. Los cuatro estaban obsesionados por los crímenes cotidianos, los mismos que aparecían en las crónicas de sucesos de los periódicos en los que se publicaban sus vignettes diarias. ¿Era en realidad la señora Lockridge tan meticona como Mrs. North?. Es posible. Lo que sí es más que probable es que el que escribía era Richard, quien se dejaba orientar por su media naranja en el desarrollo de las tramas, a menudo, demasiado fantásticas como para ser creibles.
A lo largo de esa década, Mr. and Mrs. North conoció un éxito importante, nada desdeñable, a tenor de la aparición de libros que recogían las hazañas de la pareja ficticia, amén de una obra de teatro en Broadway y, ya en la década siguiente, un programa de radio que se prolongó durante tres lustros, nada menos. Fue, por lo tanto, lógico que nacido el invento de la televisión, se decidiese a ponerse al fin rostros a tan desconcertante pareja de detectives de andar por casa. Porque el señor y la señora North eran exactamente eso, un matrimonio muy enamorado al que se le aparecían cadáveres por cualquier rincón de su encantador pisito. Y aunque vivían en un barrio bohemio, ellos no lo fueron nunca, conservando una esencia chic clase media de lo más desubicante.
A mediados de los cuarenta la televisión ya había reparado en ellos, pero no sería hasta 1952 cuando se decidieron a tomar en serio su potencial para el enganche de los espectadores. Sinceramente, me parece raro que no lo hubieran hecho antes los pequeños estudios de Hollywood pues eran los tiempos de los seriales, de las series detectivescas, de la saga de El hombre delgado... No estaría de ser.
Los roles corrieron a cuenta de Richard Denning, galán solvente pero discreto actor de carácter, con un amplio curriculum de filmes noir en su haber y Barbara Britton, estrellita que no cuajó pero que es considerada en ciertos círculos de viciosos como un mini mito gracias a haber protagonizado un par de películas de alto contenido campy (The bandit queen y Bwana devil; sus solos títulos ya lo dicen todo). Estos actores prestaron una fisonomia adecuada a los personajes de los Lockridge. A su vez, el programa quedó francamente ameno gracias a unos guiones competentes y a unos cambios de escenario que los alejaban en todo momento del execrable error en el que caían una y otra vez los dramáticos televisados. Si bien la residencia de los North aparece las suficientes veces como para poder ser apreciada como el segundo hogar de sus fans, las salidas repentinas e injustificadas de aquellos a lugares tan insólitos como casas deshabitadas, chalets de amigos, paradores estivales o locales del barrio amplíaron las posibilidades en cuanto a un desarrollo completo de situaciones de misterio y, a veces, de puro terror.
Siempre me han maravillado estas series antiguas, capaces en veinticinco minutos de condesar tramas que a novelistas como Agata Christie les hubieran requerido más de doscientas páginas. Es el caso del Alfred Hitchcock presents... tal vez la más paradigmática de entre todas las series americanas de suspense. En Mr. and Mrs. North hay, igual que en la producida por Hitch, de todo. Capítulos estupendos, otros correctos sin más y, otros, decididamente malos. Estos últimos suelen ser los que fuerzan la intriga de forma tan rápida que no en vano el resultado final se nos antoja precipitado y poco creible. Siendo benévolos, lo más que nos pueden despertar entonces las argucias del matrimonio protagonista es hilaridad, cuando no que estallemos en carcajadas. Los villanos también suelen presentársenos muy desdibujados, con un trazado psicológico bien pobre. Es cuando el espectador benévolo debe utilizar su imaginación apelando a su bagaje de aficionado pues en realidad las situaciones planteadas ya las hemos disfrutado (pero mejor) en el cine negro o en las novelas de Dashiell Hammett.
Lo curioso de Mr. and Mrs. North es que tanto los buenos como los malos no son seres extraordinarios y prepotentes, antes bien ciudadanos corrientes que se toman el crimen (tanto su práctica como la resolución en pos de una justicia... a todas luces, popular) desde un punto de vista amateur. Un afectado cocinero francés que busca casarse con su señora para evitar la extradicción, una enfermera ambiciosa, un atracador de bancos que oculta su identidad tras una penosa cirugía facial, un barbero celoso de su mujercita (tan vamp) son capaces de cometer las más graves tropelías sin por ello llamarse Scarface, Clyde Barrow o parecido. Por lo tanto, nos hallamos ante un buen ejemplo de democratización del criminal y del luchador contra el crimen.
Posiblemente sean Mr. and Mrs. North los personajes mejor trazados de todos. Tiempo han tenido a lo largo de casi cincuenta capítulos. Ella es la parte activa de la pareja. La que posee un sexto sentido para detectar algun elemento sospechoso en su cotidianidad. Su esposo no suele actuar hasta el último momento, cuando ya la situación de violencia hace peligrar la integridad física de su mujer. Llegados ahí, jamás veremos al macho en traje de franela empuñar un arma, todo lo más sus puños. Mrs. North ejemplifica el mito de la mujer fisgona que sustituye ese defecto que la arrastra a sentir curiosidad por la vida sentimental de los demás (eso que se considera tan falsamente femenino) en favor de indagar en lo truculento de las psicopatologías de sus vecinos. Y eso está muy bien. Por lo chocante. Aunque también no le negaremos a la misma un fuerte componente neurótico que contrasta con su apariencia de vulgar, sumisa ama de casa de clase media.
Denning no resulta un personaje estúpido o sustituible. Al contrario, siempre parece estar en un segundo plano que le facilita el distanciamiento irónico, pudiendo desarrollar una peculiar bonhomia, un nonchallance filtrado por el toque galante -pero americanote- de un hombre que ha servido a la Marina de los Estados Unidos, de un veterano de la segunda guerra mundial.
El peligro de la claustrofobia se solventa con un buen aprovechamiento de los espacios (son sitios comunes los sótanos de las casas para albergar cadáveres o mujeres atrapadas) y los objetos (llaves, cuchillos de cocina, anillos de casado, billeteros...) que permiten que el espectador fije la vista en algo más que cuatro monigotes encerrados en cuatro paredes. Los secundarios, esa galería de villanos, de amigos de la pareja, de hombres de la ley y el orden, están interpretados por actores del medio televisivo pero son muy competentes, además de recordarnos siempre a prototipos ya muy familiares gracias al cine de género (el mayordomo, el traidor, la mujer fatal, el borrachín, la arpía).
Uno de los capítulos más antológicos fue House behind the wall. En esa pequeña maravilla del absurdo, el misterio se transformó en terror absoluto desde el mismo instante en que el matrimonio atrapado en un tormenta en plena carretera decidía parar en un caserón. Sus residentes eran dos hermanos nada acogedores que aún asi les daban cena y cama. Pero lo que vivían a partir de entonces era un auténtico festival de macabra nocturnidad: gritos alucinantes, sombras amenazadoras y dueños que a punto estaban de asesinar en el sótano de turno a la metomentodo señora North. No faltó la esencial pelea entre mujeres, uno de los platos fuertes del serial y en donde la Britton acostumbraba a despeinarse de mala manera, mientras se defendía haciendo barullo: arrojando a la contrincante lo que se topaba a su paso, o se lanzaba sobre las camas (jamás dio un puñetazo), revolcándose como una fierecilla los minutos exactos (ni uno más ni uno menos) hasta que aparecía su marido para darle el knock out definitivo a la otra.
A principio de los años ochenta, la serie Hart y Hart (Robert Wagner y Stefanie Powers) recuperó con sus romances con crimen, la antañona esencia de estos originales televisivos que hoy tratamos con (incompleta) nostalgia.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Adoro demasiado tus análisis. Eres lo mejor. Felicidades de un fan.