14 agosto 2009

PIMPOLLOS DE LA HISTORIETA ESPAÑOLA

Vamos con un póker tebeístico. Los cuatro cuadernillos seleccionados pertenecen a distintos autores pero muchas cosas les unen: subdesarrollismo, fueron productos destinados a niños varones, gozaron de una vida muy breve y, por consiguiente, pasaron como una exhalación por los quioscos de los años cuarenta y cincuenta.


EL RAYO FANTASMA de L. Poch y J.P. Jubert (1947. Ed. Hercules)

Curiosa pero definitivamente frustrada tentativa de crear a un super héroe a lo americano. De indumentaria disponía: traje ceñido al máximo, espléndidas botazas plateadas, un absurdo casco entre espacial y de apicultor y ese rayo en el pecho que a veces atravesaba una siniestra calavera. Pudo haber sido un titán sideral de los buenos y se quedó en Phantom de andar por casa, o por Calcuta, que es donde se desarrolla el intringulis. Los nombres de los protagonistas estaban forzadísimos. Ahi tenemos al inoperante machito rubio Larry Doc Dunkan, a la rubita Annye L (periodista del Geographical Post) y su fiel acompañante Kismy (pero también fue Kimsy, pues siendo un adolescente quedaba feo que su nombre pareciese un constante reclamo osculatorio). Todos estos buenazos eran de lo más estáticos, perteneciendo las partes de riesgo a ese Rayo Fantasma (también conocido como El hombre sin rostro), en dura pugna con el Araña (otro tapado). No quedaba claro quien era éste al final de sus cuatro únicas aventuras: si un traidor occidental (concretamente el capitán Keton, de los lanceros bengalíes) o un japonés bien jodido que pasaba por allí. La cosa es que rápido se liquidó el asunto. Quizá si hubiese salido diez años después, con el boom de las publicaciones de esta índole, el Rayo no hubiese sido una aparición tan fantasmal en los quioscos.




LUIS VALIENTE
de P. Muñoz y Matías Alonso (1957. Ed. Grafídea)



Otra rareza que no llegó a los 30 ejemplares. Sus autores se la dedicaron a un tal El Bocho de Santurce, lo que no deja ser un detalle bizarro delicioso. La historia se situaba en la Andalucia del período de ocupación francesa. Su protagonista era hijo de un herrero asesinado por el cruel capitán René. Este buen herrero se reunía de forma clandestina por las noches junto a otros aspirantes a guerrilleros. Se mascaba una sublevación contra las tropas napoleónicas, siempre al calor del espíritu de "los gloriosos del 2 de mayo". Tras la muerte del padre, Luis se revelaba como un formidable atleta andaluz, lindo moreno de verde luna (se supone que sin raices gitanas que puedan ensuciar esa pureza de raza que tanto interesó promocionar al Movimiento) en contraste con Sergio, tan rubio, aliado y amigo, pescador y guerrillero y novio de su hermana Laura. Entretenidilla.





EL CABALLERO NEGRO de Boixcar (1945. Ed. Marco)


Mítico Boixcar en sus comienzos como dibujante y guionista todoterreno. Pero muy mediocre tebeo que no sabe atrapar el encanto del "héroe con doble personalidad" en absoluto. Y eso que el asunto ya estaba harto explotado (desde la literatura folletinesca hasta el cine no menos folletinesco). Historia de un amor desgraciado en la Inglaterra de finales del s. XVII entre Ricardo e Isabel. Ricardo es un Grundwill y el tío y tutor de su prometida odia al padre de aquel. Este fulano es el malo del tebeo, Lord Redone, el cual se ceba de manera inconcebible en el pobre Ricardo, secuestrando a su madre y su hermano. El pipiolo es salvado de una muerte segura por el pillastre de turno (como de costumbre, un hombre mayor que se queda prendado de su juventud y musculatura. Respondía el bujarrón al nombre de Dionisio) y le anima a que adopte una apariencia anónima, con el fin de derrotar a tan corruptos nobles. Y es como nace El Caballero Negro. Pero a nadie convenció y por eso no llegó a los veinte números. Sin duda, uno de los peores trabajos de su autor, apresurado y falto de brio.




EL CAPITAN VALIENTE de Manuel Gago (1957. Ed. Maga)


El maestro Gago en su centro de operaciones habitual: la editorial Maga. La misma que cobijó durante una época a los mejores artesanos de la historieta (no humorística) nacional: ahi estaban también Bermejo, Quesada, Ortiz...
Este capitán Valiente pertenece al género de aventuras históricas. Se sitúa en los tiempos de Hernán Cortés y de Moctezuma. El racismo es palpable en lo tocante a la imágen que se da del azteca. Pero, de manera irónica, se respeta al aliado indio del Imperio español, pues quiere salvarse de la barbarie. Esta falta de pudor, de respeto hacia el conquistado, no impide que Gago nos dé grandes momentos de entretenimiento trivial. El desfile de personajes es apabullante, lo que hace que el interés rara vez decaiga. Buenos, malos y ambíguos (que son los traidores) durante 25 capítulos trataron de justificar lo injustificable de nuestra Historia pasada, tergiversándola a más no poder. Hernán Cortés llora ante los criminales sacrificios de los soldados españoles. Santiago Valiente y Alvarado luchan en la vanguardia contra todo salvaje con penacho que se les ponga por delante. Deben de tener cuidado con Francesco Vergara, el florentino, que es traicionero. Y, sobre todo, el capitán Valiente deberá lidiar con lo más dificil: con el amor de la bella muchacha que ha venido desde la Habana disfrazada de soldado buscando al hombre que odia y que no es otro que él mismo. Su única pista es que porta una cicatriz en forma de cruz en el brazo. Exactamente la que lleva el héroe, una mancha horrenda en tanto que le recuerda constantemente la incógnita de su origen.
Por la parte indígena destacan el aguerrido Cuitlamiatzin (que no es un medicamento, sino un noble guerrero azteca) y Madiva (cuarta hija de Moctezuma, benefactora e imponente feather queen, que corre con la parte más colorista).

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