06 agosto 2009

Escala en HI FI. Por Cordelia Flyte

Peplum de Toy Fight (2009, City Slang)

Bello Sébastien

Fíense de mi criterio. Este es un gran disco de pop. Agéncienselo con total seguridad. No se preocupen de que sea un trabajo doméstico (el futuro de esta música va, inexorable, hacia esto: hacia la verdadera democratización del artista autodidacta, a sacar al artista que llevan dentro algunos "vecinitos de la puerta de al lado") pues hay un sentido de la monumentalidad del todo enternecedor. La habitación donde lo confeccionaron estos parisinos debe medir los metros cuadrados de mi humilde morada. Olvídense de ciertas críticas (siempre positivas pero insuficientes para hacerles justicia) que los calibran como unos excelentes sucedáneos de Belle & Sebastian (la voz de Sébastien Broca a veces se muestra idéntica a la de Stuart Murdoch) porque si bien es cierto que una maravillosa canción como The punch line nos recuerda el sunshine fuzz de los escoceses en su época de singles, hay mucha personalidad libre y autónoma, muchas ganas de experimentar. No sólo en los sonidos, donde la dulzura velvetiana del Sunday morning (The soldier) se alterna con la seda brasileña de la bossa de Jobim (Lisa's Box) o la mansedumbre perezosa del silboteo como tentación (la formidable The If song). Hay piezas de auténtica orfebrería (Les indes noires, Minute song), se confía en los coritos lolitescos, cuando aún a estas alturas de la historia popular el término permanece válido e imperturbable ante la generación de bastorras OT (Where the avalanches are). Incluso ese relax que nunca nos provoca KO por sopor (pues a estos chicos les encanta sorprender con sutilezas) torna canción bailable, saltarina y siempre embaucadora (singles en potencia como el antes citado The punch line al que habría que sumarle High noon y Your own fireworks que cualquier radio fórmula, si se rigiese por la sensatez y no el bobo mercantilismo, debería incluir en las primeras posiciones).




Los sonidos rudimentarios, esa sensación de espontaneidad, de directo, de haber entrado en el hogar de los músicos, es algo que aparece una y otra vez en este disco. Ruido de puertas, una ventana abierta que vemos con la imaginación tan sólo con escuchar el griterio fugaz de niños en un patio, un vaso que se rompe, un Broca que da con su voz desnuda arranque a una canción... Ese extremo luego pasa al opuesto con una fanfarria de trompetas, con un skiffle banjo (a lo Lonnie Donnegan) o un piano de pub. Silbidos versus guimbardas. Sinfoniettas de loft.
Sébastien cuenta con gracia que los vecinos permanecieron durante la grabación muy activos. Unos, protestando. Otros, declarándose los primeros fans. Al parecer, esa comunicación amor-odio es lo más estimulante para el creador. Tampoco es que vayan de pretenciosos (tengan en cuenta que la génesis del disco se llamó Anagram Dances, autoeditado en 2006 y aqui rehecho, pulido a conciencia sin perder frecura ni ganar en ampulosidad, tan antipática ella, que suele provocar la idea de una melodía apagada en tanto sobeteo). Si sus letras son oscuras, crípticas, poco convencionales, no es por epatar. Es bueno que surja el misterio, aunque detrás a lo mejor suceda que no haya mucho que decir. Si no hay mensaje, al menos hay pinceladas poéticas, impresiones visuales... Cualquier cosa propicia el nacimiento de una canción pop. El estilo doméstico facilita la consecución de una mente que bulle, que trabaja siempre bajo la disciplina segura del ensayo-acierto, ensayo-error. Partes de una canción pueden ser desarrolladas en total libertad expresiva en otra mejor, redondeando la idea inicial, encontrando su verdadera ubicación en el disco. Y lo grande de esta pequeñez es que tamaños procedimientos no merman en absoluto la coherencia, elegancia, el estilo... No ultrajan la fisonomía perfecta del pop clásico (el de toda la vida, el de los tres minutos y a otra cosa). Es el triunfo del buen gusto por la depuración.
Lo dicho. Maravíllense con el lujo de lo pobre, lo costoso de lo económico. Y sí, Maciste. El disco lo titularon Peplum. Todo un detalle para los que nos gusta el perfume de lo falso. Y aqui hay cartón piedra maquetado por unos artesanos con amor y enormes intuiciones.


*Toy Fight en myspace

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