03 agosto 2009

Calendar boy

EL CHICO DE AGOSTO


PETER AZUR

He estado repasando este fin de semana viejos videos de Peter Azur y he de reconocer que fue un sub twink muy sugestivo. Su corta fama data de principios de los noventa. Y fue tan corta como que abarcaría dos o tres años nada más. Eso si, su huella fue grande ya que para los nostálgicos de los chavalines, en cierto modo, supuso su aparición un hecho tan angelical como diabólico dentro de los habituales tontos límites del porno gay.


Hemos de remontarnos a esos años y a a la ciudad de Praga, donde se ubica la productora Man's Best, probablemente la pionera de la sexplotación del modelo adolescente masculino. Como tantos de sus colegas de reparto, Azur había sido descubierto en el circuito de bares de chaperos de la capital checa. Su físico era muy resultón para los que les gusten menores. Su carácter también se acomodaba al prototipo: era arisco, algo insolente, mostraba apatía, cierta tristeza... Esto al principio, pues luego fue cogiendo soltura ante las cámaras hasta el punto que podemos afirmar que sus escenas de sexo son de lo mejor de las películas en las que intervino, al distanciarse de la realidad dotando tanto de comedia como de pasión dramática esos momentos clave.
Muy bien dotado por delante, por detrás poseía un culo inocente pero endiabladamente glotón, capaz de soportar los mil y un juegos de sus compañeros (casi siempre de su edad o ligeramente mayores).


La mini leyenda tomó real consistencia cuando a mediados de los noventa se conocieron los videos de la productora en Norteamerica y restantes países de Europa. Se señaló como clásico su Boy crash, aún cuando no sea su mejor película. El mundo entero que conoció (y amó) a este Tadzio callejero y fin de siécle estaba preparado para consumir cientos de subproductos de temática twink que, al generalizarse, perderían parte de su gracia primera, de su revulsivo inicial.
Azur Eyes 1 y 2
fue el gran homenaje al actorcillo, consistente en cortos inéditos, outtakes y pruebas de cámara que languidecían en los archivos de la productora. Pero para entonces el jóven ya se había retirado. Reaparecería dos años después con un aspecto físico poco convincente, por decirlo de manera piadosa.



Los mejores años de Azur son los de su adolescencia. Y sus mejores filmes, para mi gusto, los ambientados a principios del siglo XX. Es como si sus guedejas, y las de muchos de sus amigos de juego y aula adquiriesen su genuina justificación al transportarlos a un tiempo perdido y algo decadente. The fucking class o The naval school guardan un sabor romántico de cierta literatura oculta de Wilde, Proust o Thomas Mann o de los cuadros de Scott Tuke (sustituyendo por incómodos píxeles los divinos resplandores de los difuminados originales). Y sorprende que desde lo visual los directores de turno consigan el equlibrio perfecto entre los gloriosos Cadinots de los 80 y el -ya en auge- estilo bucólico/hortera del paisano Bel Ami. La intimidad de las literas, la gimnasia en el patio, el partido de fútbol en el campo, las duchas comunes, la disciplina (en todos los sentidos) dentro del estudio...
Pero los minets ya no son tan sauvages y jamás recurrirán a la violación de un novato para hacernos sentir sus mismas vibraciones básicas. Años de inocencia, cuando la bisexualidad es moneda corriente en los internados de cualquier sexo. Y, por descontado, si los modelos Cadinot pasaban como adolescentes aún cuando sabíamos que no lo eran, aqui no hay trampa ni cartón y sí mucho arrojo ante las prohibiciones y demás asuntos legales.


En una docena de filmes hubo cosas buenas y cosas no tan buenas. Entre las primeras está su canto del cisne (Holiday camp) donde lució como diosecillo en su divertido papel de voyeur en un campamento de verano: sus integrantes (una docena de chavalines) se lo pasaban de miedo conociéndose íntimamente. Lo que pasa es que en seguida lo captaban y era arrastrado hasta ellos, abandonando, por ende, su cómoda posición de mirón. Ese trío final en el bosque es de lo más fuerte e intenso que rodó nunca.


En cambio, cuando se explotó la rama del putismo contemporáneo (hoteles y saunas de decoración aberrante) perdía el conjunto mucha magia. Esto se nota en títulos tan clamorosos como Gay Club Rent-a-boy o Sexy Job, que a mi me tiran para atrás, al sugerir mercaduría cárnica de lo más triste y zafia. En cualquier caso, son interesantes por todo cuanto en ellas aporta el chavea (en Sexy job es asediado por un dildo, mientras que la otra es recomendable por la proliferación de sketches de los que fue protagonista).


Bien en duos, bien en tríos, bien en gang bangs, Azur resaltó por encima de la media, mejorando paulatinamente en técnica y voluntad de transmitir (esos impresionantes orgasmos, sus convulsiones más elocuentes que un tópico gemido común y que a punto estaban de llevarle al desvanecimiento). Esto nos recordaría el realismo crudo del acto sexual de sus cintas, pues cuando ya en Norteamerica todo quisque llevaba puestos condones estos niños de bucles dorados lo hacían a pelo, tragando y relamiéndose como si fuesen inmunes a todo. Como si su Arcadia -allá por Praga- se hallase en fiestas y lanzase fuegos de artificio en forma de chorretones de virginidad perdida a un mundo marginal que, asombrado, los observaba desde la cautela del que está profanando unas sagradas formas.


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