12 agosto 2009

Apuntes macisteños

* Problemas con los vecinos. La brasileña de abajo, la que está atrapada en un puticlub, le han dado los que la tienen secuestrada de muy buenas formas (porque a la puta hay que tratarla como una reina) unos días de vacaciones. En vez de largarse a su tierra se queda metida en el piso llamando al dueño para sus quejas. Son contínuas, pero desde hace unos días se acrecientan. Y el otro la trae en palmitas. Debe ser poco menos que su majestad, la inquilina. Claro, puede ser decapitada... Ya me cae mal esta fulana. Sufrí por ella el pasado invierno cuando se me ocurrió que pudiera haber sido la asesinadita aquella que tiró un paleto al río Miño después de abrirle el craneo. Luego supe que no era. Y es mala. Se chiva de todo. Le molesta mi programa de música. El dueño es peor. Llevamos en lo que va de mes cinco o seis requerimientos para que arreglen bien el ascensor. Vienen, miran, toquetean y un día tira y al otro ya se jode. Todos soportamos las averías pacientemente. El que más debería quejarme soy yo, pues con una madre inválida, pendiente de salir a las revisiones hospitalarias o de algún paseito que la distraiga, ya me dirán. La puta vive en el primero. ¿Qué coño le molesta bajar cuatro escalones a ella?. Hace un mes le ayudé con una maleta, incluso. Le va con los chismes al gilipollas. Y ese gilipollas es además un falso. Y un cobardón. Los siento desde el portal cuchichear. El dueño le dice que se tranquilice, que va a llamar al del mantenimiento del ascensor. Si se limitase al baboserio heterosexual... Pero no, se vuelve mariquita mala. Le dice a ella que la culpa es mía por forzar la puerta cada vez que meto o saco a mi madre con la silla. Ella se alegra como diciendo: Ah, es él... La música... (me desconcentra al cliente). El dueño siente que alguien abajo está manipulando el ascensor. Entonces baja y me ve con cara de muy malas pulgas. Y miren, no estoy jodido por la enésima avería, si no por los putos susurros de vecindones. Ni le saludo. El fulano está cagado. Se le ocurre decirme: Son los del piso de arriba, unos chicos que tienen una máquina. Si, los sintetizadores de Nacho Cano, no te jode... Estallé. Qué cojones tiene que tirar la mierda a nadie, que llame al técnico y punto. Lo único que le respondí fue: Pero ¿no me acabas de echar la culpa a mi?. Bajó la mirada y se escaqueó con el móvil.

* Ha puesto esta mañana una nota informativa. Indica cómo funciona el ascensor. Pues perfecto. Hasta nueva avería. Y me temo que la semana que viene, que tengo que llevarla a pies y ojos, nos quedemos tirados en el portal. Cruzo los dedos, pero... No niego que parte de culpa la tengo yo, pues queda muy justa la silla. En los primeros meses si que forzaba aquello. Luego procuré tener más cuidado (no cuento el día que eché un polvo con el albañil. Se tambaleaba aquella jaula, pero eso no supuso nada). Aún asi, el de averías debe solucionar las cosas y no que estén fallando cada dos por tres. Si no ¿qué manipulan?. Considero que el ascensor se pone chungo sobre todo por las mudanzas. Ahí llevan metido de todo, han forzado lo que han querido, han eliminado pasamanos para que encajasen muebles... Cuento cinco mudanzas en lo que va de año. No sé si tantas veces ha bajado a la calle mi madre y su cochecito infernal.

* Ayer fui a ver si me podían cambiar la silla por una más pequeña. La de la ortopedia me dijo que aún no me correspondía nada. Me parece que me engañó con las fechas. Una silla con rueda más pequeña implicaría tener que hacer más fuerza. No sé si la tengo, sinceramente. Con la rueda grande me aterrorizo en las bajadas y me cago en las cuestas. Si, está algo gruesa mi santa madre. Pero para lo que sale, sería más conveniente una pequeña. Más práctica para montar en ascensores, más apta para andar por el pasillo de casa incluso, cuando lo necesite el día de mañana.

* He pedido a Amazon programas musicales de la televisión americana de un valor histórico excepcional. Homenajes a Cole Porter de principios de los sesenta y un dueto único entre Carol Channing y Pearl Bailey. Cuando me lleguen los devoraré a gusto. Prometo reseñas pormenorizadas en Televisión de culto. Lo que no sé cuánto me tardarán son las dos magníficas novedades del anodino catálogo AMG. Han lanzado la integral de un par de astros del beefcake sesentero. Nada menos, que The complete JIM PARIS y The complete MONTE HANSON. Los envíos para agosto, si. Pero me dá que hasta finales no se pensarán estos señores si mandarlo o no. Paciencia. Aunque a los que nos interesan los materiales vintage de la productora la paciencia se nos agota. Llevamos soportado un montón de basura callejera de los años 70 y 80, por no hablar ya de los brasileños actuales, desde hace siglos. Sólo de pensar la cantidad ingente de joyas que ha dejado el incombustible Bob Mizer en sus archivos y que permanecen muertas de risa es como para llorar. Desde luego que muchas cintas se hallarán en pésimo estado, que digitalizar costará trabajo y pelas. Por eso espero que toda esta fiebre carioca previo pago rentabilice lo suficiente como para hacer un mínimo de justicia al verdadero legado, inconmensurable, que nos ha donado a la humanidad gaya su fundador. Y no lo duden, reivindinquen siempre al Mizer con su madre viva. Porque cuando murió ella, el homo erotómano la cagó.

* Mizer la cagó cuando se trajo a casa todo lo peor del chaperío en el largo período que va desde el post- Vietnam hasta el pre- Reaganismo. A mi ahora se me da por probar la suerte con los chicos exóticos que van llegando al calor del verano a mi ciudad. Les dejé la semana pasada con mi cita inminente con el morito. Lo que les adelantaba se cumplió. A el no se le levanta. Fue incapaz de colocarse un condón. La goma que pudo meter se la chupé como pude. Pero nada funcionaba. Le toqué bien las nalgas. Firmes, pequeñas, morenas, perfectas... No hubo tiempo para nada más. No quise insistir demasiado ni plantearle que me dejase el ano. Cuando me llevé las manos a los bolsillos para dejarle una propinilla me dijo que no quería nada. Otro día que el estuviera a tono (mintió de forma infantil cuando se excusó diciéndome que se había corrido un par de veces esa mañana). Este morito lo que tiene son problemas severos de alcoholismo. A la mañana siguiente me lo encontré en un parque con dificultades para tenerse en pie mientras sostenía una botella de vinazo. Me llamó (¡amigo!), me volví, le sonreí y le hice una indicación con la mano dando a entender que llevaba prisa. Y un dia después, en otro parque, de lejos estaba él apoyado en una baranda con cogorza. Como quiera dedicarse a la prostitución, mucho me temo que va a ser sólo poniendo el culo. Una variante que me encanta y que se da muy poco en estos lares (los pocos chaperos que hay son rumanos que se limitan a penetrar y dejarse felar).

* Cabría una excepción con el chico renegrido. Pero esto aún no lo puedo confirmar. Me dijeron que se lo habían follado ya. Lo que si puedo confirmar ahora es que es gitano de aqui. Salió el otro día en la tele local actuando en un pueblo (donde existe una comunidad de esta raza alegre) en un rollo de integración o asi. Le daba muy bien a las palmas mientras el combo interpretaba el conocido minueto El Porompompero. Me hizo mucha gracia verlo en pleno éxtasis gypsyófilo. Pero maldita la gracia que me hace ya topármelo en el sitio que yo le enseñé. Se cree un diosecillo con derecho a dar órdenes. Es muy crío aún. Y es gitano (aunque sea de Nuevos Medios, de fusión y mestizaje, porque a mi nadie me quita de la cabeza que este churumbel tiene parte de sangre moruna). Está siempre muy caliente. No se sabe si busca antes placer sexual o dinero, porque asedia al personal como una bestia. Salta sobre cualquier presa con la velocidad de un lince. Ayer por la tarde estaba en un retrete escondido con la puerta medio abierta. Me costó saber que era él, pero al enterarme mantuve una distancia prudencial. Practicamente me quedé en la puerta de salida con intención de largarme. No había nadie más. Entonces me decía desde lontananza nosequé de la señora de la limpieza. Vamos, que no me quedara ni en el umbral ni un poco más retirado porque me podía descubrir la vieja bruja. Yo le respondí con total normalidad que estuviera tranquilo, que no estaba (yo, como veterano esas cosas las sé). Insistía como un idiota, saliendo de su escondrijo con su pene de caballo al aire y en estado de flaccidez. Este chaval hasta cabreado me causa sensaciones criminales. Entonces le pregunté si lo que quería es que me fuese. Respondió que no, pero que hiciera algo, como ponerme en los urinarios o así. Ya. Y el se echaría encima mía y empezaríamos una bonita amistad. Por fortuna apareció al punto un peluquero venezolano Chueca style y me libró de complicaciones.

* Durante un tiempo mantuve contactos esporádicos con un fulano de mediana edad, casado y operado (se llama Luis). Explico estos dos últimos términos. Siempre me insiste en el tema de la discreción porque el está casado y con hijo pequeño. También lo de la operación me lo recalcaba a menudo. No vacilaba nunca en enseñarme una enorme cicatriz en el vientre. Reapareció este fin de semana. No se prodiga nada por estos lares. Resurgieron sus dos grandes preocupaciones: la mujer y la operación. Quería follarme a pelo. Como el está sano no pasa nada... Ni hablar del peluquin, claro. Lo de la operación ahora ya me suena a bóveda, lo siento. Antes lo oia y es como si pasase una suave brisa por mis orejitas. Con todo, me gusta hacerlo con él. Casi nunca hemos terminado nada (ese cansancio que le entra tan pronto apuro el bombeo o me siento encima) pero mientras dura dura, es genial. Hace unos besos negros de locura. Es cariñoso y sabe utilizar las manos, un poco como el scatyolista pero sin tanto morbo hetero (repito que éste, aparte de mayor, es más frágil). Y te habla, como si fueses su amante. Y eso a veces es bonito oirlo en labios de otro tío. El caso es que nos pusimos nerviosos (empezaron a golpearnos la puerta desde afuera: las perras celosas) y salimos. Me siguió y me apuntó el teléfono de casa. Fue un gran detalle pero tan tardío... Trabaja, en los postes de la luz. Tiene coche, un remolque tuneado. Podría un día venir a casa. Sin problemas. El único detalle morboso que tiene el fulano es su propensión al alcoholismo. Hace más de diez años, en nuestros primeros encuentros, se presentó al polvo con una botella de la que no se desprendía en un solo momento. Me invitaba a meter el morro en ella. Pero a mi esto me parecía irnos por los cerros de Ubeda sin necesidad. Prefería hundir mis labios en la suave tersura de sus recónditos lugares.



* Y la semana que viene el blog se vuelve a ir de vacaciones. Tomamos las de agosto. Pero retornaremos la siguiente con más fuerza que nunca. Estáis avisados.

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