05 agosto 2009

Apuntes macisteños

* Poco que destacar de estas últimas semanas. Luego me embalo y salen cosas pero, en realidad, estes posts son siempre una mera justificación para ponerles imágenes de cachorros por detrás. Me he tomado, se habrá fijado la incondisional, unas mini vacaciones, aún a sabiendas que debía ocuparme de Jerry Lewis en profundidad. Vista la escasez de títulos de los que dispongo del cómico en su etapa a dúo con Dean Martin decidí que mejor iba a ser posponer aquello un mes. Por otro lado, la falta de colaboradores me animó definitivamente a cerrar el blog por descanso. Y aqui estamos. Enteritos y sin novia. Que esa es otra.
No sé si seguiré entero después de las tres de esta tarde, pues he quedado con un chapero marroqui muy jóven. Aunque lo conozco de un esporádico encuentro, hará cinco años, no estoy muy ilusionado con la cita pues temo que no vaya a funcionar. Al menos eso es lo que pasó de aquella cuando lo intercepté en la zona de la Alameda. Yo puse lo mejor de mi mismo pero él apenas daba nada. Y cobrar querrá cobrar. No sería lo que más me preocupase. Este muchacho tiene problemas con el alcohol y temo que otro día que me vea por ahí se me ponga pesadito queriéndome quitar más cuartos. Sé de gente que ha estado con él, que han mantenido contactos semi duraderos. Pero no es lo normal. Es solitario. Se supone que algo pendenciero. Deberé de andar con los pies de plomo. Es que me apetece pagar a alguien. Y si no me folla, procuraré pedirle el culo, algo difícil entre los moritos, que tienen ese juguete calificado como sagrado.

* Al gitano, al renegrido aquel que les hablé en el último Macisterotique lo he vuelto a ver, pero me tuerce la cara. No sé si les dije entonces que se me infiltró en un retrete con expresión muy cariñosa y diciéndome insensateces que irían entre ¿cuanto me das por follarte?, enséñamela y chúpame un poco. Ante tanto batiburrillo de planes, tal avalancha de ideas geniales cogi y me largué. Es decir, que hay que pagarle. Y una tarde en que quise pagarle, no me dejó ni contárselo. Primero me enseñó su joya y luego me torció la cara. Tío contradictorio. Es un crío aún. Me sentó mal, sinceramente. Prometí no volver a acercarme a él. Pocos días después lo vi fumando unos petas con el presidente en la ciudad del colectivo LGTB. Fue él el que me explicó que no es marroqui ni rumano. Que es gitano español. Teniendo en cuenta que el presidente en cuestión, muy colega mío, por cierto, es de raza calé por parte de madre, no dudaría un segundo que hayan hecho buenas migas tras el colocón.

* Vuelvo al blog. Tal vez sea este el último mes que se mantenga en este http, o como se diga. Estoy agotando el espacio que Blogger me ha regalado para la publicación de imágenes. El escáner tira de lo lindo y no sé cómo hacer para remediarlo. Cuarenta megas me quedan, que deberé de distribuir con tino en agosto. Y en septiembre a otra cosa. Le llamé la recta final (hay a mano derecha un enlace, pero no sé si funcionará con cuenta nueva). Quiero terminar el blog a finales de año y este bache es mi último comecome. Malo será. Seguiré copypastando lo publicado en el Wordpress, excuso decirlo.

* Han pasado las fiestas de Santiago Apóstol. Me acerqué al barrio de turno, precisamente porque esas son las verdaderas fiestas de mi ciudad, no las del Corpus. Aluvión de gente. En seguida sientes nostalgia por todo lo vivido. Pero lo vivido no ha sido nada. Una mierda en forma de espejismo. Apelotonamientos, masa por un tubo... Y la soledad, que la notas mejor que nunca. Yo en mi habitación no me siento solo. Es cuando me mezclo con el populacho cuando soy bicho raro. No hubo oportunidades de encontrar a nadie a quien abrazarme esas noches de salidas zombiescas. Los festivos son los peores. Me parezco antes de tiempo a aquel Don Marcial vainicoso.

* Llamé a Pedro, tan débil mental estuve a finales de julio. El chaval procuró sortear mis ironías punzantes con salidas poco creibles: no me llama por nada en especial, no porque yo esté enfermo... porque el me cree sano. Vete a contárselo a Rita la cantaora. Su madre suaviza toda posible discusión, aclarándome días antes que apenas sale de casa, que se lo pasa durmiendo. El caso es que siempre que le he telefoneado no estaba. Con lo cual veo que la madre también es una falsa. Hace vida marital, eso me lo suelta él mismo. Sábados y domingos con su esposa de la temporada. Perfecto. Le aconsejo que no deje de tomar las pastis anti anal, por si vuelve a caer en las perversiones de antaño, las perversiones de siempre. Se echa a reir. No sin razón. Qué gilipollas soy a veces. Siempre fui el otro. Con todas las ventajas y todos los inconvenientes que eso representa.

* Es como el scatyolista. Estuvimos juntos a principios de julio. Lo añoraba a finales, y cuando las fiestas (que son las de su barrio, también), di más vueltas que una noria con el ánimo de encontrármelo y sacarlo de las garritas de su mujer para que se viniese a casa a pasar la noche conmigo. Pero no lo vi. En cambio, se me aparece por la calle la semana pasada. Estaba esperando a los compañeros de la furgoneta para cargar el material de trabajo. Había acabado su jornada matinal. Me lo quedé mirando, le saludé de morros (me devolvió el saludo de idéntica forma) y ya me ven a mi alejarme para dar la vuelta en cuestión de segundos. ¿Para qué?. Para nada. Porque me lo quedo mirando a cincuenta metros como embobado, con cara de atracador. Inmóvil, hasta que reacciono y me voy acercando para decirle que venga a casa pronto. El coge de móvil y telefonea a alguien (sus compañeros, que se den prisa, deduzco). Entonces me corto, hago un desvío, cruzo la calle y oculto entre unas matas lo sigo observando con la esperanza que se acerque a podar (imagínense, otro más puto que yo lo que hubiera deseado es que se acercara, sacara de polla y echase una meada. Por supuesto que al final el pediría perdón y el otro daría las gracias).

* Estuve al fin con el rumano limpísimo. Estuve y no estuve. Le hice una felación, un amago de beso negro y nada más. Por él llegábamos al final (estaba deseando entrar en mi ano), pero no lo dejé. Y bien que me fastidió, pues hace ya años que no lo hacemos. Pero no eran horas, no iba limpio y, lo principal, no traíamos condón. Fisicamente está algo más gordito, cosa que no me incomoda. Un buen porcentaje de estos gitanos lo están, además. No me acordaba de su polla, en cambio. Pequeña. Pensaba que era otra. Vamos, que ya me confundo de rabos. En cambio, su trasero seguía impoluto. Carnoso, redondo, insolente en su respingo, sin vello alguno... Muy femenino para pertenecer a un macho alfa. Tardaré en volver a verlo. Y cuando lo haga, o bien no será momento (para él o para mi) o bien no querrá, tras mi actitud de cerrazón. Bueno, he de confesar que le dejé que entrase en mi orificio un par de veces. Pero en seguida hice un movimiento brusco y le aborté el atentado.

* El brasileiro en cambio llega en buen momento. Quizá porque está siempre ahí, disponible, inagotable. Es un sátiro total. A mi ya me aburre. Bueno, me empieza a aburrir justo después del último polvazo. Que fue, as usual, apoteósico. Cuánto le gusta mirar mi ano petado. Separa mis nalgas para comprobar los mínimos detalles del mete y saca. Eso siempre me ha puesto como moto. El único pero que le puse es el lugar, realmente incómodo para sus intenciones acrobáticas. Cuando finalizamos, y tras quitarse el condón semilleno de leche de coco, nos despedimos. Yo le sonrío tontín, en plan "soy tu mejor culo". Qué iluso. El garoto no tiene bastante y se pasa lo que resta de tarde buscando nuevas aventuras. Y sabe dios que no lo hace de un modo discreto, reposado, típico del que acaba de sufrir un bajón. Todo lo contrario, asedia, persigue, apura el paso detrás de cualquier fulánez. Le importa un carajo haber eyaculado, la edad de la presa, mucho menos su apostura. Tras regresar al lugar del crimen al cabo de un par de horas y volvérmelo a topar en este plan me dio grima. Encima, Jose el chapero estaba allí, pernoctando, como esperando sus rutinas, porque otra cosa no iba a conseguir. Jose, precisamente. Mi ex, un infraser marchito a los treinta y cinco, que sólo le tiraban los ancianos, allí descansaba del viejo que le medio mantiene, vomitando su podredumbre en la pileta de un lavamanos, a lo mejor tras haber sido penetrado hasta la campanilla por la piroca incansable de un tipo que no le va.
Al día siguiente el moreno se estaba follando ya tempranito por la mañana a un jubilado. De la grima pasé al asco. Y a la firme promesa de no dejarme embaucar por sus zalamerías. Con veintisiete añitos me parece que ya se ha tragado todo su futuro en embestidas indiscriminadas y malolientes. Se está pasando por la piedra en un trimestre al todo Mongo. Y eso que se iba a ir a su tierra ahora en agosto. Ya no me creo nada en absoluto. El domingo estaba sentado con otro compatriota en una terraza de la zona. Oteaban el panorama. Yo le saludé. Se supone que se pondría a hablar de mi. Por un momento pensé algo divertido: pensé que iban a a pararme los dos e invitarme a ir a vivir con ellos. Que es como decir que me invitaban a introducirme en su piso de huéspedes. O lo que es lo mismo, me interceptaba una red de trata de blancos. La nueva AMG pero al revés. Piso de putos. El se dedica a la prostitución de domicilio. Pero, visto lo que hay...¡ la energia se la gasta toda en el callejero!.

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