22 julio 2009

Macisterotique

*No lo quería. Pero las circunstancias me han motivado a volver al Macisterotique. Y es que ya es verano. Hoy no, porque está diluviando. Pero desde el miércoles pasado, si. Yo entiendo por verano la proliferación de ligues desconocidos, espontáneos. Casi siempre maravillosos en su brevedad y falta de pretensiones. Polvos rápidos y eficaces. Sin competencias ni dudas tontas. Yendo al grano (que en mi caso no hay. Todo es tersura. Y por eso hay que aprovechar, que luego las carnes caen y no pillas más que porquerias interesadas).
La racha de miedos e incertidumbres ya se rompió cuando fui a recoger los últimos análisis. Los níveles de sífilis ya están muy bajos. Ni ciento y pico ni hostias. Me lo había explicado mal María Esthér. Es 1 con algo, no ciento y algo. Sobre el nivel 1 lo que siga. Y si empezé con 32 ahora tan sólo estoy en 8. Tiene que ponerse a 0... y mal trago arreglado. Asi que recibí con una amplia sonrisa esa misma tarde al scatyolista, que lo adoro. Siempre lo adoré. Es un enganche muy fuerte. Y ahora más. Venía como un torito. Y algo puesto, que me di cuenta. Fabuloso. Nunca me hizo un beso negro tan entusiasta. Hundiendo la cara en mis nalgas como si estuviera devorando un melón. Todo magnífico. Yo perro total. Le obligué a que me introdujera a Tobías y que lo sacase de golpe. ¿El motivo?. Que mirase si mi agujero se había puesto pussy. Y obedeció. Yo preguntaba: ¿Qué tal, está listo para un rabo de verdad?. Y él (que siempre fue parco en palabras porque es muy macho) : Te está de vicio... Yo creo que eso fue lo mejor de la tarde. Porque enloquezco con los diálogos. Lo malo es que se puso con una doble penetración. Y no le dejé. No es que no valga, tantas veces lo hemos hecho... Sólo que la suya la metió sin condón. Y, de momento, no lo permito. Pena que no pude correrme. Sería el calor, la poca maña, la horrenda postura en la que me coloqué. Pero me he dicho para mis adentros (que no mis entrañas) que nunca más se me volverá a ir sin yo quedar vaciado. Ya he pensado en un procedimiento y en la postura adecuada. Adoptaré el 69, en el suelo, pondremos un edredón, visto que el muchacho cada vez pretende más complacerme en todo (y si tengo que sentarme en su cara lo hago). Siempre será una postura más cómoda. O también podemos probar en mi nueva cama. Estamos en un cuarto, con el único atrezzo de un par de sillas y, claro, no es lo idóneo. Ahora el somier no relincha. Porque es otro. Lo necesitaba como oro en paño. Cuando se fue a mear lo segui detrás. No daba arrancado. Le obligué a que echase una buena meada. Y le salió en seguida. De vez en cuando iba recogiendo con la mano abierta algo de sus pises. Los probé y me puse cachondísimo. El rollito cerdo lo repetí tres veces. Creo que estaba ya preparado para que me mease encima. Pero pisé el freno. Está mi madre en casa y hay que tener un mínimo de prudencia. Imagínense que me llama y que me presento encharcado. Te quiero, Jose.

* El colchón, el somier, el cubrecama y la almohada me la ha vendido el dueño de casa, que tiene la mueblería. Yo sólo quería el colchón, pero el tunante antes de colocarlo en el somier viejo quito el antiguo y comprobó que todo está hecho un desastre. Y, claro, pasé verguenza porque debajo apareció el envoltorio de un condón... Y yo que le había avisado que iba a limpiar antes el dormitorio. No contaba con tanto desarme.
Lo primero que pensé al ver el envoltorio fue en Victor, pues fue él quien lo tiró allí hace meses. Dirán ustedes, ¡qué cerdo es Maciste!. ¡Qué poca limpieza debe haber en esa casa!. No hay ninguna, pero la escoba se lo juro que la paso cada semana. Quedó el envase atrapado en un sitio al que no llegué. Sólo fue eso. Bien, pues llamé a Victor. No tenía ninguna esperanza de que me cogiese el teléfono. Contaba con que diese apagado o fuera de cobertura. Y no. Lo descolgó. Está en Pontevedra, trabajando. No hablamos mucho más. Le dije con mucha autoridad que "a ver si se pasaba a hacerme una visita". Quedó todo en el aire. Pero lo noté tierno. Como si pretendiera no cerrar su bragueta para mi.

*Pero yo no me voy a poner, hasta que vuelva, desde el dia hasta la noche, a esperarle en el balcón. No. Lo espero trabajando, que es como suelen venir los musos. Y les aseguro que no me mato nada. Ni me escapo a Benicasim, ni nada por el estilo. Tengo más cosas que hacer que perder horas haciendo la carrera. Media horita escasa es suficiente. Si sale algo, salió. Sino, para casa. ¿Es que acaso tengo ecuatoriana que me haga la compra diaria, me limpie a madre, vea películas y escriba en el blog por mi?. No, señor.
Y, sin embargo, salen rollitos. El domingo, con el ano bien abierto y lubricado, un tipo me pita en una furgoneta. Cuarenta y tantos años de edad, moreno, de aquí, bien parecido. No lo conozco. El asegura que ya hemos estado juntos. Creo que miente. No monto. No lo conozco y no monto. Son las tres de la tarde, podría estar con él hasta las cuatro, pero no monto. Nos citamos en un báter cercano. El va en su auto. Yo a patitas, que está ahí al lado. Me lo encuentro dentro del retrete. Tan pronto me ve me pide que se la chupe. Yo obedezco porque me lo pide con sus dedos investigando en mi orificio. Quiere follarme como sea. Es como si conociese mi leyenda o algo parecido. Por supuesto que le dejo. Me suelta piropos. Yo sospecho que no va a lograr correrse dentro, por lo de los piropos. Asi que le pido que abra mi cartera y saque de ella a Tobías. Me lo introduce. Me pide que se la vuelva a chupar. Paso, no me gusta nada esa polla. Con Tobías dentro le pajeo. Se corre. Salimos y me invita a algo. Imposible. Tengo que ver pelis de Edward Everett Horton a punta pala. Adios muy buenas.

*El lunes. A la misma hora de toda la vida. Entro en el retrete central. Un fulano que jamás he visto antes. Mala presencia pero bellas formas masculinas. Culo respingón, ya me llega con eso. Paso de mirarle la polla. Le miro a distancia los ojos. Entramos en un excusado. Es portugués. Transeúnte. Ahora me doy cuenta. Anda con otra peña jipiosa, tirado en los jardinillos de arriba. Me pregunta si me gusta chuparla. Le respondo que no. Insiste, ¿qué te gusta?. Follar a muertos de hambre, le respondí. Se bajó los pantalones y me enseñó lo de detrás. Lo más perfecto que he visto en culos peludos últimamente. El primer flash que pasó por mi mente fue un encuentro similar con un ex presidiario siendo yo adolescente. Sólo que aquel era más alto, más jóven, más cicatrizado, con tatuajes y tremendo vello corporal. Como un modelo bigotudo de Joe Gage (finales de los setenta). Pero aún asi, el fulano estaba cachondo. Mientras me ponía el condón aprovechó para lavarse el ojete en el inodoro. Culo tan apretado no lo follaba en tiempo. Una delicia. Una exquisitez. Mantuve siempre la polla dentro. Quería que las sorpresas (si las había) me cogieran eyaculado. Efectivamente: hubo sorpresas.... bárbaras. Un imponente grumo de mierda asomaba por la puntita de mi nabo. El resto estaba bien embadurnado por su caca color mostaza. Ni me cabreé, ni me mareó, ni mucho menos me la bajó. A pesar de haber llegado al tope, aquella visión me la siguió manteniendo dura por unos minutos más. Me pidió un cigarro o un euro... No sé. Yo estaba ocupado. A mis cosas. Me marché. Pero quiero volver a tener ese culo pronto (al barato precio que sea).

* Ayer por la mañana. Un crío renegrido. Lo primero que pienso es que o bien es rumano o un gitano de aqui. Opto por la primera opción. El chavalito tiene mucho morbo. Es como un chapero serie Z, de esos que me pervierten hasta la locura. Extremadamente delgado, ¿se habrá escapado de un correcional?... Percibo que por la calle se fija de manera descaradísima en los adolescentes delicados y femeninos. Me encantó el detalle. No se suelen ver estas cosas en las provincias pequeñas de nuestra España. Me enseñó en un urinario su pene. Madre, lo que tenía el niño. Veinticinco centrímetros de obelisco apuntaban a mis narices. Me sonreí. Me di la vuelta y le enseñé mis dos globitos unos segundos (hacía que me ajustaba el pantalón). Gimió de gusto. Qué culo tienes... soltó en perfecto castellano. Esperé un rato en el secador. Hasta que volví junto a él. Quería cerciorarme que no había sufrido una alucinación. ¿Oiste?, tienes un culo muy bueno... Vamos al centro comercial. ¿Follas?, le pregunté (porque a mi me encantan las preguntas retóricas). Afirmó con cara de no comprender. Me metió mano. Pero no llegamos a más. Yo por las mañanas no funciono. Ni me presta, ni vengo preparado. Pasaba de cagarme con este muchacho. Las mañanas son sagradas. Lástima, porque el fulanito es de los que me van. Adolescente loco, de los que te la meten de cuajo porque no calculan nada... ¡Y qué rabazo me he perdío!

* Hoy miércoles. Acabo de captar a otro chorbo guapete. El problema es que no le debí gustar. Pero que jamones se gastaba. Ya es algo mayor para que me enloquezca (tendrá mi edad o un pelín más). Y se le nota pasivo con mucha experiencia, que yo los calo enseguida. Cuarentones que miran a otros con ojitos de ternero degollado, como si fuesen adolescentes eternas. Y tanta tontería deviene reinecitas que si te ven con pinta rara (mi caso) se ponen orgullosas de más y se piran. También es verdad que éstas aspirantas a señoras terminan cayendo con la mierda del ambiente. Y más el de esta mañana, que reparaba en todo quisque inmundo. Fuesen momias zarrapastrosas o peor. Por un lado fue un alivio. Porque estos detalles queer me la bajarían. Pero un beso negro no se lo quitaba nadie, puta zorrita. Ya te cogeré una tarde por banda... Aunque... claro, será turista.

* ¿Cuántos llevo ya?. ¿Media docena en tres días?. ¿Los suficientes para que ustedes piensen en ciencia ficción?. Bájense del limbo, que esta es mi realidad. Sufrí un gatillazo. Alucino con ese jóven. No tendría más de dieciocho. Creo que era deficiente psíquico. Algo tenía. Pero tonto hasta cierto punto... Más directo que yo. ¿Tienes condón? fue su primera frase. La segunda: Anal. Y la tercera: Métemela ya. Fui incapaz. No parecía un ser humano. Necesito un precalentamiento. Ya no digo besarnos. Pero un roce mutuo, una mirada cómplice, una breve felación... Cogió la puerta y me dejó viéndolas venir. Este merecía que sacase de zapatilla de andar por casa y que le aplicase una de mis series zurras...

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Dejo este post a medio completar y me voy a ver a mamá. Le digo que se vaya yendo para la cocina, que la comida estará en breves instantes en su mesa favorita. Aprovecho para cerrar la persiana del salón de cine y me fijo que en la esquina de la acera de enfrente está el rumanín limpísimo fumándose un cigarro, mientras observa caer la lluvia. Me palpitó el cuore (y lo de abajo). Ni siquiera me asomo y ya me ha visto. ¡Cuantos recuerdos se me agolparon en unos segundos!. El y yo lo hicimos una tarde en las escaleras del piso de abajo. Se acuerda de que vivo aqui. Desde entonces le había perdido la pista. En mayo de este año reapareció en las fiestas del barrio. Iba con la prole, cargando con dos churumbeles. Fijo que ahora estaría esperando a que bajase y le abriese el portal. Y como no lo hice, terminó el cigarro y se las piró. Puta mala suerte. Si ya fueran las tres de la tarde... Pero aún tengo tanto por hacer (por ejemplo, el baño de asiento). Lo dicho, que ya es verano (aunque caigan chuzos de punta).

1 comentario:

caviargirl dijo...

Zurre a quien se deje, pero espero que tenga usted unas slippers un poco más actualizadas. Últimamente veo muchas parejitas de niños que llevan unas al estilo de las que comercializa el guapo Rafael Medina Abascal:http://www.mensencia.com/estilo-de-la-semana/rafael-medina-el-duque-de-la-elegancia
^_^