08 julio 2009

Macisterotique



* Hace un año me reencontraba con Victor, uno de los muchachos que más impacto me produjeron en mi vida de crápula sexual. Quizá el que más se ajusta a mi ideal de belleza adolescente (que es Jim Paris o Bob Estilita, aqui están sus fotos adornando este bloque). Un año después, el ha desaparecido. Nuestro último polvo fue un desastre. Mi excesiva prudencia. Las dudas estúpidas sobre su honestidad. Y, en seguida, la desilusión mutua. Más dolorosa, creo yo, por mi parte que por la suya.
Desde el final del invierno, que me temo que también fue el final de esta segunda etapa de nuestra "relación" loca, he padecido constantes añoranzas. Son simples ganas de volver a verle, para hacer lo de siempre (pero mejor). Tan siquiera para poder olerle. Yo nunca trasnocho, pero me despertaba de pronto entre erecciones, me colocaba cualquier prenda y salía a la calle recorriendo las esquinas, esperando encontrarle borracho, como aquella inolvidable noche veraniega del pasado año. Corría hasta una cabina de teléfonos y marcaba su móvil. No contestaba. A número oculto, respuestas vacías. Regresaba asqueado, me tiraba en el portal de casa esperando que amaneciese. Quería quedarme dormido de nuevo, con la intención de que fuese Victor el que me despertara y me dijera aquello tan bonito de: Venga, entremos en casa. Vamos a follar, y luego dormir y luego follar... Pero no pasaba nada de esto. El no aparecíó nunca. A cambio, un botellonero carnoso y desgarbado, de no más de veinte años se tambaleaba bajando la calle adyacente a la mía. Le miraba con intención. El estaba ciego, pero debió percibirme. Se apoyó de costado sobre un coche. No era el suyo, conozco a su propietario. Me lo pensé dos veces. Aquel fulano con el culo en pompa y las piernas separadas, parecía estar pidiendo a gritos un regustillo. Agazapado, con nocturnidad y alevosía me acerqué a él. Esnifé los pliegues traseros de sus vaqueros sucios. Mientras, con la mano, y con mucho cuidado, acariciaba su entrepierna con precisión. No notaba nada. Es posible que él tampoco. Se cerró por ahí. Apoyó su paquete contra el coche. Se le veía el slip por detrás. Intenté meter mi mano y ahondar en sus colinas de gordito. Dios, noté vello y temblé de emoción. Vino alguién y me retiré hasta el portal. Al salir ya no estaba. Iba haciendo "eses" calle abajo. Le seguí. Pero ¿para qué?. Somos vecinos. Llamó al telefonillo, le abrió mamá y se metió en su nidito. Victor, tu no eres asi... Tu, aunque vengas ciego, siempre estás a punto. Es más: ciego estás más a punto que nunca, pues te pones pasivo y me dejas entrar en tu cofre de heces y maravillas a alta temperatura y presión.
Otra noche de insomnio y calenturas, de hartazgo de la algarabía exterior que no deja pegar ojo, reemprendí la búsqueda del original. Tenía que aparecer. Apareció otro galancito de espléndidas formas. Tirado estaba en el portal del edificio de enfrente de casa. Qué loco estoy. Cómo me atreví a cruzar y aventurarme que alguna vecina fisgona entre visillos viera el momento en que esnifé su ojete. Llevaba un saggin' de aqui a mañana. Era tan tentador... Se dio cuenta, pues mi nariz es muy escandalosa y se sentó. Lo miré. Giré la cabeza hacia mi portal. Nadie le abría allí. Incluso había timbrado antes de mi asalto en un portal distinto. Yo ahora le estaba invitando con la mirada a que entrase en el mío. Sólo quería masturbarme oliéndole los bajos. Por supuesto tampoco desdeñaría su paquete. Sus huevos sudados por ejemplo, bocata di cardinale. Más que nada para no herirle en su orgullo de machito, ese mismo al que Vilma no le abre la puerta. ¿Una polla con queso de dos dias?. Para mi esa sería la tapa más premiada de una de esas tascas de las que venía muerto, dada mi situación de enfermo mental extremo. Pero Vilma apareció y le tiró las llaves desde la ventana. Qué jóven Vilma, como universitaria... Otra espantá.

* Llega un pintor del seguro del hogar a arreglar la cocina. Hay zonas de humedad de tales dimensiones que estamos al borde del siniestro total. Ese pintor es muy jóven. Un pueblerino demasiado feo y esquelético para que le preste atención maliciosa. Los esqueléticos me molan si son adolescentes, rubios y de ojos azules, como los actorcillos del porno ruso. Me desarman estos. Pero el no es asi. Además es demasiado alto. Pero hay detalles que me despiertan la libido. Uno es su interés en cambiarse en mi habitación. Yo lo mando a la sala de cine y cierro la puerta. Es posible que haya visto de soslayo mi colección de DVD's de la Athletic Model Guild. Echa toda la tarde pintando la cocina. Asi que tengo tiempo de revisar algunos pornos de última hora que me acaban de descargar del emule. Aunque el volúmen está muy bajo, tal vez el percibe algún jadeo. Se siente todo. En un momento dado me llama y acudo con la conciencia tranquila y la erección puesta, disimulada pero no del todo. Mi mirada, mientras me habla tonterías relacionadas con la brocha y el olor, tiende a caer hasta mi paquete. Y pienso: Joder con las posturitas de este chaval. Si en vez de éste hubiera venido otro de la misma aseguradora, aquel que estuvo pintando el piso de abajo, uno de los dos no hubiera salido de aqui indemne. Cuando remata su jornada compruebo el chollo y le felicito. No sólo ha solucionado las manchas de humedad sino que le da brochazos a toda la cocina y el techo del cuartito que comunica con el patio de luces. Es momento de vestuarios. Le había trasladado las ropas a mi habitación pues mi madre ya estaba levantada y ocupando sus reales en la sala del cine. Mientras se acomoda me limito a coger la fregona y empezar a pasarla por la cocina. Pero el tipo me increpa muy machitamente a que esté con él en el despelote. ¡Ya acabé la semana, ahora relax!, dice. No niego que aquello me pone nervioso. Sigue hablando y cuando yo le pregunto desde la lejanía el responde con un malicioso ¿qué?. Asi que me aproximo. Ahi está él. Con sus huesos al aire. Con un mínimo slip de todo a 1 euro. Con un bulto razonable pero que a mi me dá bastante asco. Enciendo la luz para percibirlo mejor, me dice que por qué enciendo la luz. Voy al taquillón y busco un billete de cinco euros. Su propinilla. No creo, lo digo en serio, que hubiese sido difícil enzarzarme en un polvo rápido con este fulano. Andaba yo muy caliente esa tarde, en la que no me había movido de casa desde el mediodia. Pero, ¿qué le quieren?... Cuando te sale uno que puede que le vaya la marcha resulta que no es tu tipo y viceversa.
Esto es un viernes, el domingo por la mañana regresa vestido de fiesta. No sé qué coño quería (¿a mi?). Le avisé que había dejado jodida la puerta del patio de luces. No es su competencia. Que me comunique con la aseguradora, departamento de picaportes. Y adios, muy buenas.

* Follé con el portero del puticlub. Es un armario gordo y calvorota. Ya hablé de este bicho en otro post antiguo. Es portugués y es lo que se suele llamar un macho alpha. Coincidimos en el retrete el y yo nada más. Como era domingo yo acababa de zascandilear con mi consolador Tobías en las galerias comerciales de los espejos. Estaba a puntito de caramelo, que se suele decir. Asi que me puse en postura de perrito delante de él (el en urinario, yo con la puerta abierta del cagadero) y me introduje el juguete con pasmosa facilidad. Empezó a gemir. Le puse nervioso. Primero la meneó muy cerca. Luego se fue a la puerta de la calle para mirar si venía alguien. Cuando regresó le pegué un consoladorazo justo en la entrepierna (si, Tobías salió disparado a propulsión, como un sputnik, como el Telstar). Me lo entregó en mano y empezamos a hacer algo en huis clos. Me metió el nabazo que se gasta en la boca, mientras me decía en muy mal español: Marico, traga. Y mete tambén eso, mete eso. A todo obedecí. Pero fue realmente incómodo mantener el objeto en mi interior de esa forma. Pena de cama. En la suya, fijo que aún estaría roncando su pareja (una de las putas del club). Se corrió viendo mi trasero glotón. Lástima que no lo hubiera aprovechado. El grosor de su Príapo es superior al de mi Tobías (que según pasan las décadas ya va perdiendo fuelle, el pobre).

* Otro buen polvo en el mismo antro sucedió hace menos tiempo con el brasileño. Pasamos de tríos y nos concentramos en el asunto del tète a tète. Me encantó que pasase de los prolegómenos de la fellatio (ya no hablo del besito con lengua) y me cogiera de buenas a primeras por las nalgas. Es algo que agradezco porque no soy muy partidario de la fellatio. Ni que me la hagan ni hacerla. Es una especie de complejo infantil, de cuando iba al pediatra y me metía en la boca aquella paleta para lo de las amigdalas, que me veía morir. Algo de eso hay. Claro que cuando me enamoro de alguien (Pedro, los Joses, Victor) agarro polla y la devoro, no la suelto ni después de que se hayan corrido dentro. Con el brasileño fue una penetración de esas de película. Aparatosa, con un poco de contorsionismo y algo de acrobacia. con diálogos sin censurar y con final feliz. Que es la eyaculación por parte de ambos y casi en sincronía. Con preservativo todo va como la seda. Estoy más tranquilo. Pena de una cama, comentó en peor castellano que el portero del puticlub. Ahora que me doy cuenta, muy lusópata estoy hecho últimamente.
Los portugueses siempre me han pirrado. El mito de los hombres guapos de alli es rigurosamente cierto, con una salvedad: también son muy sensuales. Y para mi, eso tiene más valor que la belleza, que muchas veces puede ser tanto un lastre cargado de insipidez como una cualidad destinada a la contemplación. En el rastrillo que se montan a principios de cada mes en la Plaza Mayor hay un portugués magnífico que vende antiguedades. Este mes lo vi con poca ropa. Está algo gordito, como me gustan a mi. Es una delicia. Me estña enganchando este viajante. Lo que vende me importa un pito, aunque creo que un día se trajo una diligencia de esas de John Ford que casi lo eclipsan en majestuosidad. No estaría mal un viajecito con vaivenes hacia tierra lusitana con el menda arreando y un servidor recibiendo. O a turnos, que es como se viaja mejor.

* Y nada más (y nada menos). Aún no me he decidido a acudir a las piscinas municipales. Soy un perezoso. Tengo tanto que inspeccionar, leer y escribir... Cuando apriete el calor, cuando lo haga en serio, no dudo que me iré p'allá a ver niños gitanos meando en el agua, robando carteras y bañándose en calzoncillos blancos Abanderado. Recuerdo que el año pasado a estas alturas ya había chingado con un adolescente desconocido la mar de prieto. Pero me lo estoy tomando con calma. La semana que viene recogeré los análisis y según los resultados obraré en consecuencia. Mientras tanto, me limito a descubrir con placer nuevas páginas sadísticas muy graciosas, como Boundgods (entre alucinante y divertidísima) y, sobre todo, la increible Straighthell. com (no tiene desperdicio, onda pinkterror: Dos mariconas malas que secuestran a heteros y los vejan de mil formas, los transforman en caballitos de circo con cola en el ojete incluida, les tiran calderos de meados encima, les tratan de mierdas, los aderezan con escobones en el culo... ¡Y, a algunos, en el banquete de bodas!, ¡y en presencia de sus flamantes mujercitas, suegras y padrinos!).

No hay comentarios: