19 junio 2009

Women's Lib

por Gilda Love


Lilián de Celis
Aquellos tiempos del destapado cuplé


No es por ponerme vieja avinagrada, pero lo que hizo Lilián terminaría por darle la razón desde la tumba a la cruel Raquel Meller. Debajo de ella estaban todas. Y la de Celis perdió muchísimos puntos con este innecesario desnudo de has been, que como todos los desnudos de has been son tristones, agónicos, desesperados.
En 1981, Lilián ya había sido olvidada por una buena porción de público en España. Pasó ocho años en Mexico y eso, quieran o no, si no eres una Rocío Durcal o una folkie de ida y vuelta, se paga muy caro. Si no se hubiera marchado, Lilián hubiese cogido la moda retro que recuperaba los grandes nombres del anteayer en aquel programa televisivo llamado Mundo camp (principios de los setenta). Pero tomó su decisión. Se dedicó a otra cosa, que no me imagino cantando Batallón de modistillas o Las tardes del Ritz en un tugurio de ficheras de Acapulco y siendo chuleada por un playboy mezcla de Cantinflas y Jorge Rivero. Ella sabría lo que hizo...
El caso es que a principios de los ochenta le salió teatro (en el Muñoz Seca) y esta partida de fotos para el Lib donde enseñó la farfacia. La monda. Todo muy cutre. Aparece ella como una madre de Tarzan vista por René Cardona Jr., con sus avalorios (pulseras y collares), sus maquillajes y los flous que le pudo meter el santo fotógrafo, en una línea más que evidente del estilo Montiel, con la que tuvo sus más y sus menos en illo tempore.
Pero, lo que es el caprichoso destino: mientras la Montiel sigue vendiendo sus cosillas a los noventa, ahora la consideran rival eterna de Marujita Diaz, con quien nunca tuvo nada que ver (la Diaz si que fue la que copiaba a Sara). En cambio, leyendo esta vieja exclusiva, la verdadera rival, la oficial, la más potente fue la Lilián en el recuerdo. Sólo que Lilián tenía cien mil veces mejor voz. No sería tan sexy como la manchega, pero ¡qué necesidad tenía de serlo en aquellas películas de la belle epoque!. Ninguna, claro.
Asi que con la vuelta nos cruzó los cables por completo. Su finura, su gracia de antaño, ¿adónde habían ido a parar?. A la escombrera de una jungla de falso trópico, diciendo tonterías y mintiendo como una bellaca en cuestiones de edad, en onda star (nada que objetar al respecto aunque Lilián se quitaba la friolera de ¡cuatro años!, porque ahí como la ven, con sus carnes para gerontófilos tan bien colocadas, la señora rebasaba ya los cuarenta y seis. Que no son los cuarenta y seis de una señora del 2009. Los cuarenta y seis de 1981 ya eran para preparar la mortaja y lo que viniese luego. Que la esperanza de vida no era la misma, de ciento veinte p'arriba).
Pues ahí la tienen. Para gays nostálgicos y machotes septuagenarios, la vieja divina. Que cantó de todo de jóven. No sólo el repertorio de las cupletistas catalanas o de Raquel, sino también jotas, boleros (aquel Júrame) y otros folclorismos. Y su voz tan deliciosa. Fue la Julie Andrews autóctona que aqui gozó de su particular S.O.B (aunque en la última foto en blanco y negro, la de la derecha, se parezca un poco a doña Luisa Sala con reminiscencias lúgubres de doña Amelia de la Torre. Cosas de la edad).




Revista Lib nº 249 (28/7/81)

2 comentarios:

Vivir en Tucson dijo...

¡Qué maravilla de artículo, me ha encantado!

gilda love dijo...

Gracias, mashote. Un saludito