26 junio 2009

SEMANA ESPECIAL Sinfonías tontas

2. De 1932 a 1934

Esta semana especial va dedicada a la memoria de Michael Jackson, uno de mis mitos pop más queridos desde la prepubertad.


Parece premonitorio. Ayer fallecía también Farraw Fawcett. Justo cuando el lunes dedicaba mi tiempo de blog a hablar de series de televisión con mujeres policias al frente. Farrah fue la mejor Angel de Charlie. A su manera, fue inolvidable. Y también, cuando llevo un par de días escribiendo de Walt Disney desaparece de este mundo el último Peter Pan que dio el siglo.. Descansen en paz.

*Diálogo de ancianos pillado al vuelo esta mañana en una calle cualquiera de mi ciudad envejecida:

- Morreu o Michael Jackson

- ¿E ise quén carallo é?

- Un maricón que deitábase cos rapaces

Empezamos...

Flowers and trees (1932)




Primer filme en color. Asistimos al parto de una coreografía inédita, en la que Terpsícore baila veloz sobre las puntas de sus pies junto a la fauna rugiente y a la flora que ríe. Todo al compás de la música: sigue el ritmo, las cadencias, las modulaciones del sonido, sin limitación alguna, porque, en cualquier momento, un altivo ciprés puede ser una nube redonda; la nube de algodón, un rosal de colores; el color de la rosa, una rubia cabellera agitada por el viento. La consagración de la primavera. Los árboles también tienen boca: asi que, a veces, se equivocan. Y florecen las setas como opíparos glandes. Pero hay un incendio y no pasa nada, porque es la propia fauna que lo arregla. Los pajarillos picotean la nube y esta rompe en aguas menores. La vida sigue su curso, culmina el romance pasado por agua.


Father Noah's Ark (1933)




Un pasaje bíblico visto por los ojos de un Disney muy alejado de De Mille. Aún estaba reciente aquella epopeya del Arca que dirigió incomprensiblemente Michael Curtiz a finales del mudo. Ahora, hecha animación, gana en sentido, pues el elemento zoológico le va más a Disney que al futuro director de Casablanca. Cuando las historias no hay por donde cogerlas es mejor que se trasladen al irracional mundo de la animación. Pero Disney desvía el musical jeddish hacia la opereta negra, con sus spirituals y su reluciente rag. Cuando acaba el diluvio, los tripulantes de la enorme embarcación toman tierra del mismo modo que lo hicieron los artistas del Show boat de Kern y Hammerstein II. Floja pero interesante.


Three little pigs (1933)




Un clásico de esta temprana época. Después de treinta y cinco años que no lo veía, se agolparon en mi mente un montón de recuerdos infantiles. ¿Quién teme al lobo feroz?, me cantaba cada noche mi padre para hacerme reir -o dormir- antes de apagar la luz de mi habitación. Lo mismo que los confiados y, a la vez, cobardicas, dos cerditos que en su vagueza construían sus casas de materiales inofensivos, demasiado flojos para el soplido devastador del lobo del bosque. Uno optaba por la paja, el otro por la madera. El más trabajador era el tercer cerdito, que lo hacía con cemento y ladrillo mientras los compañeros se mofaban de él porque no daba acabado, cuando ellos ya disfrutaban de la comodidad del hogar.
El diseño del lobo feroz es fantástico. Volver a encontrame con él supuso recuperar mis primeros miedos de niñez. Aquella boca de cocodrilo... En cuanto a los simpáticos cerditos, el tiempo les ha otorgado un plus erótico la mar de consistente. Siempre me sentí amigo del castizo Gordito Relleno, pasión inconfesable. Ahora reconozco que aquellos jamones disneyanos, golosos, en pompa, pues no cabían debajo de las camas en las que buscaban refugio, fueron antes. Debieron entrar en mi subconsciente perverso de una forma críptica pero implacable. Son tres palabras, solamente mis angustias. Y esas palabras son: Tres sex symbols.


The big bad wolf (1934)




El mismo arranque musical de Los tres cerditos, con su tonada alegre y pegadiza indica que nos encontramos con un hit de su época, capaz de transformarse en un clásico del repertorio infantil pasadas sus décadas, aún por encima del empalagoso Over the rainbow, que si ha trascendido de manera semejante ha sido por lo que todos sabemos.
Esta es una adaptación formidable del cuento de Caperucita Roja. Y contienen dos aciertos muy grandes. Uno, no ceñirse al original tajantemente, incorporando el humor típico de Disney en las figuras carnales y oscarmayescas de los tres cerditos. Y dos, no haber caído en la tentación de dibujar a Caperucita como Shirley Temple.
La historia es de sobras conocida. Superado el trauma infantil lobezno, nos percatamos de que ese animal con su eterno maletín de los disfraces femeninos era un delicioso travestí de aires patéticos. Una víctima.


The flying mouse (1934)



Excepcional canto al diferente. Al soñador que desea ver cumplida su fantasía. Cuando esta llega se da cuenta de que ahora el rechazo social es múltiple, total. Si antes tenía la incomprensión de sus iguales (que lo rechazaban por inconformista), ahora también la padece por parte de sus nuevos semejantes físicos (que lo rechazan por impuro). Extraordinaria la aparición del hada madrina, desde las alas abiertas de la mariposa que ha salvado de la tela de araña el ratón protagonista. Recuerdo que esta hada le concederá las alas para poder volar, su sueño. El tema lo desarrollaría de forma más ralentizada en su largo Dumbo. El corto tiene moralina. Pero la aceptamos, según nos convenga. Porque aunque esta pase por el deber de renunciar a la fantasía (o lo utópico), no querer ser más de lo que somos, también lanza un hermoso mensaje de autoaceptación. Como la Dorothy de El mago de Oz, de alguna manera, que al final reconoce que no hay sitio mejor en el mundo que el suyo, blanco y negro. La ambiguedad del mensaje admite posibilidades tanto reaccionarias como progresistas.


Funny little bunnies (1934)



Precioso. En España se estrenó como La leyenda de Pascua. Los huevos de los hornazos los hacen los conejitos con mil colores y los pájaros bordan los aires para poner lazos de seda en los apetitosos dulces. Aparecen dos conejos invidentes (en apariencia) con las gafas ahumadas que se encargan de confeccionar los cestos de mimbre.


The grasshopper and the ants (1934)




Otra fábula eterna adaptada con gran sensibilidad y sentido del humor. Recuerdo a la cigarra del cuento como uno de los seres más insoportables del mundo, tal era su burlona apariencia y su nulo sentido de la responsabilidad. Cosas de mi educación. Aunque las hormigas me eran también muy pesadas. La visión de Disney es singularmente amable. Las hormigas, un poco que las tiente, ya se marcan unos simpáticos pasos de baile. La cigarra pronto pasa a ser una criatura entrañable, a la que hay que salvar del frio invierno si es que las hormigas desean que siga el espectáculo (cuando toca temporada alta).


Peculiar penguins (1934)




Otra historia de amor, como la de los cipreses o los chinitos embarcados, pero ahora protagonizada por dos pinguinos. El, torpón y tímido. Ella tonta en su femineidad, vanidosa hasta la extenuación. Disney la castiga dándole un aspecto grotesco (al tragarse, por culpa del pinguino que la pretende, un pez globo). Pero el pinguino sigue enamorado y no entiende de desprecios. La salva del terrible tiburón (y el está a punto de morir al llegar a las tripas del animalejo, cual futuro Pinocho). Entonces, salvados ambos, el romance está cantado (nunca mejor dicho, tratándose de una sinfonía de pájaros tontos). El final es de una enorme belleza. La ternura entre panoramas de aurora boreal. Las formas amarteladas de ambos forman un corazón, donde cabe perfectamente el The End más clásico.


La tortuga y la liebre (1934)




Tenía que ser Disney el que diese animación definitiva a una de las más divertidas fábulas de nuestra infancia. En ella no sobra ni falta nada. No falta la historia, claro. Tampoco el humor. Mucho menos la angustia. Ni la moraleja.
Creo que la historia es sobradamente conocida. El humor está siempre presente y llega a su punto culminante en el partido de tenis que la confiada liebre juega contra si misma para halagar a las conejitas del internado que lo observan embelesadas. En cuanto a la moraleja, Disney no se aparta de la ortodoxia del cuento. Los últimos serán los primeros. El débil, con tesón y esfuerzo, puede ser el más fuerte.



continúa el lunes

1 comentario:

Chusky dijo...

Muy bonito el post. Pobre Miguelito... el problema es que ahora vamos a tener al Jackson hasta en el café del desayuno.