04 junio 2009

ESCALA EN HI FI. Por Cordelia Flyte

FLEURS 2 de Franco Battiato (Universal, 2008)
This melody

Se cierra la trilogía de covers ajenos y propios con Fleurs 2, luego del 3 y de un lejano primer volúmen (1999). Este es el que me ha llamado más la atención. Recuerdo que Battiato en su época de músico más furiosamente innovador (principios de los setenta, sus álbumes experimentales dejaron deslumbrados a los críticos más exigentes) renegaba de sus inicios en la canción melódica, romántica, festivalera, más típicamente italiana. El venía de San Remo, de cantar deliciosos pastelones de onda cursi pero melodramática, enraizada en su cultura desde la aparición del microsurco. Con el tiempo, y las arrugas (tan bien llevadas), Battiato elige repertorios en absoluto passés pero sí ligados al urlatorismo y la música ligera de la que abominó en su tiempo. Lo que no querría decir nada más de lo que es: esos repertorios caducos para un joven sesentayochista como él (que intentaba huir del prototipo de "la vieja escuela" y el idolismo prefabricado sin fijarse en que, por ejemplo, Lucio Battisti, otro de los grandes de los años setenta, defendía la renovación sin tanto pataleo) eran perfectamente válidos. Y perennes. Es una lástima que no se haya decidido por aquellos sus primeros singles como L'amore o Sembrava una serata come tante, por ejemplo, canzonette que le tocó defender en auditorios infestados de burguesía, listos para consumir públicos populistas. Porque siguen estremeciendo con su carga de pasión latina. En cambio, Battiato ha tenido el gusto de volver, en eso que le afectó, a Aphrodite's Child con esa joyita de Demis Roussos que se llama It's five o'clock. Recuerdos de juventud que no sólo se restringen al canon de Pachelbel visto por los griegos (y que por el siciliano, milanés de adopción, fue Lacrima e pioggia).
Escuchar a Battiato retrocediendo a tiempos del standard es emotivo. Pero chocante. Como si las Vainicas no hubieran muerto y se pusieran a grabar un disco con versiones de Los Angeles, Paul Anka, Pau Riba o Lolita Garrido.
De todas formas, el repertorio elegido roza la exquisitez. La sublime Era d' estate de Sergio Endrigo, por ejemplo (Endrigo reúne de forma modélica en un sólo artista al hombre comprometido ideológicamente y al eterno sentimental). Y arrinconado De André recupera a su fiel discípulo, su protegido, amigo a la distancia, alter ego maravilloso que es Juri Camisasca. El Camisasca del principio (La musica muore) y el de su resurreción (Il carmelo di Echt), tras poner fin a su exilio interior en el monasterio en el que estuvo recluido. Puede que sea este encuentro el más entrañable de Fleurs 2, por encima de la sorpresa de la exhumación de ese clásico queer de Dalida (Il venait d'avoir 18 ans), canción con influencias cinemáticas confesas (El graduado) que siempre me hace llorar en la voz de la italoegipicia y que demuestra la sensibilidad infinita por lo popular, la personalidad multiforme y a la vez coherente de este artista; por encima del siempre empalagoso Antony (and The Johnsons) ¡cantando en italiano! y de un par de inéditos del autor, a todas luces, asombrosos.



Sus concesiones al Becaud más tópico no terminan de agradarme, como su flojita visita a la bahía de Redding (Otis). La grandeza del puente sobre aguas turbulentas también se difumina en una tendencia a la sinfonietta y la música de cámara que es perjudicada por las limitaciones vocales habituales de Battiato (pero preferible a las múltiples deformaciones posteriores del original de Art y Garfunkel, a estas alturas casi una pieza de muzak). Con respecto a esto último, hubo un tiempo en que lo sublime de las melodías adquiría plena consistencia en las voces rotundas de sus prima donnas (Alice, Giuni), aqui ausentes, por encima de las interpretaciones del propio autor (por si esto fuera poco, las traducciones al español dejaban mucho que desear y eran motivo de chanza entre el populacho español cuando berreaban sus hits en las verbenas a golpe de bacalao).
Pese a estos fallos parciales, Fleurs 2 es un disco indispensable para acercarse a un grande de la música europea que mira con nostalgia a su adolescencia y primera juventud. El álbum de memorias sonoras de un melómano, ante todo, sin pretensiones exageradas ni altisonancias de intelectual. Franco, desde la sencillez, consigue casi siempre deslumbrar. Convoca a varias generaciones de artistas a su alrededor y se autocelebra de alguna forma como gran mito viviente, puente y breaking point de un momento único de la música italiana (los años setenta). Afortunadamente sabemos los fantiatos que aún le quedan muchas cosas por decir. Sigue sembrado. Lo que nos dejó en su anterior Il vuoto lo demuestra con creces.


* La página en español dedicada a Battiato

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