12 junio 2009

El consultorio perverso del doctor Cebollo

Señoras y señores, muy buenos días. Un nuevo mes paso a contestar a algunas de las amables cartas que ustedes me han remitido a mi dirección de correo electrónico. Espero que sus dudas se vean resueltas al final del post.
Y les animo a que sigan poniéndose en contacto conmigo. La dirección les recuerdo que es insignemédicocebolloscrottofürther@hotmail.com





CONSULTA: Molestias por la edad


Tengo cincuenta y ocho años, y mi señora, cincuenta y dos. Llevamos casados treinta años, haciendo una vida matrimonial corriente, pero llevamos ya tres años sin hacer uso del matrimonio, debido a que mi mujer no puede soportar el dolor al intentar yo penetrarla y tengo que desistir por no hacerla sufrir, pues nada más intentar penetrar dos o tres centímetros, siente un dolor agudísimo . Yo les agradecería me dijeran si hay algún remedio para esto, pues a pesar de mi edad estoy bastante fuerte para estos menesteres y, como dice el refrán: No sólo de pan vive el hombre"

L.P.R.





RESPUESTA

Sin pretensiones exhaustivas, nos referiremos a las más posibles causas de ese dolor coital que ahora su mujer experimenta. Con ello no tenemos otra pretensión que la de transmitirle una información elemental, ya que el "remedio" que usted nos solicita es el ginecólogo quien debe darlo.
Descartamos, de entrada, unas posibles motivaciones de raiz psico-afectiva, puesto que el contenido de su e-mail no nos da pie a pensar en ellas. Dicho más claramente: no creemos en un repentino vaginismo ni en una dispareunía por insuficiente secreción vaginal debido a la teórica pérdida de interés de su mujer por usted.
Quedan otros dos grupos de causas: las patológicas de etiología infecciosa y las que tienen su razón de ser en la edad y la menopausia. Sea cual fuere la edad de la mujer, ante los síntomas de dolor, prurito o ardor vaginales, puede considerarse la posibilidad de una infección de la vagina, bien por tricomonas bien por hongos. Ambos tipos de vaginitis son fácilmente diagnosticables y su proceso de curación casi siempre muy rápido.
En las dos citadas modalidades de vaginitis suele radicar el origen de la mayoría de los coitos dolorosos. Ello no obstante, existen otros múltiples factores determinantes como -en enumeración de Master y Johnson-la endomietrosis, las complicaciones posquirúrgicas, las infecciones pelvianas, el síndrome de laceración de los ligamentos anchos y los tumores (fibromas uterinos, quistes ováricos, carcinomas, etcétera).
Pero refirámonos ya al último grupo de causas, en el que -sin querer arriesgarnos- creemos más probable radique la dispareunía de su esposa:
a) Dicen los mencionados M. y J. que "muchas mujeres que oscilan entre los cincuenta y setenta años, se quejan de ardor e irritación vaginales no sólo durante el coito, sino incluso horas y en ocasiones hasta días después de realizar la cópula, como consecuencia de la condición atrófica del revestimiento mucoso de la vagina". A las mujeres aquejadas de tales síntomas se las puede proteger por medio de la administración de dosis adecuadas de esteroides sexuales (hormonas).

b) En las mujeres posmenopáusicas (y por su edad es muy probable que su mujer se cuente entre ellas), los labios y el orificio vaginal pueden perder su elasticidad y disminuir de tamaño, de suerte que cualquier intento de penetración peniana les provoque una respuesta dolorosa. Con la edad, se produce una pérdida del grosor de los tejidos del monte de venus y de los labios mayores, y las ninfas se afinan y proporcionan una menor protección del clítoris; por ello es que éste se irrita con facilidad ante un directo acercamiento físico y se presenta una intensa respuesta dolorosa en vez de un aumento de tensión sexual al intentar estimularlo.

c) Pese a lo escrito al referirme a las vaginitis, es muy probable que la causa más frecuente de dispareunía sea la falta de una adecuada producción de secreción vaginal durante el coito. En las mujeres adultas pero no menopáusicas, la vagina contiene un constante grado de humedad untuosa, la que se acrecienta notablemente con la excitación sexual. La lubricación es a la mujer lo que la erección al hombre; ambas manifestaciones son necesarias para que se dé la disponibilidad coital. Una vagina insuficientemente lubricada impedirá siempre el coito o, por lo menos, lo hará sumamente doloroso para ambos miembros de la pareja. Ahora bien, entre las mujeres posmenopáusicas es muy frecuente que la lubricación no se produzca ni aún cuando están altamente excitadas, ya que la secreción vaginal disminuye a medida que la mucosa vaginal se atrofia por carencia hormonal. En tales casos se puede recurrir a la lubricación artificial y a las ya mencionadas técnicas de esteroides sexuales.
Volvemos al principio: convenza a su mujer de que lo que debe hacer, en interés de ambos, es acudir cuanto antes a un ginecólogo de su confianza.





CONSULTA: El mejor remedio

Desde que tenía ocho años de edad empecé a hacer el acto sexual. Ahora tengo catorce años y no puedo estar un día sin él. Soy capaz de cualquier cosa por conseguirlo. Lo mismo me voy con mayores que con pequeños. Incluso les pido que se vengan a la cama. Mis amigas que lo saben me han dejado de lado y yo me siento muy desgraciada. Por favor, díganme ustedes porqué me pasa esto. Quisiera moderarme un poco.
M.C.R. (Valencia)


RESPUESTA

Nos gustaría poder contestarte con una mayor y mejor información. Lo que nos dices es claro e inteligible, pero para darte una respuesta más completa y concreta, necesitaríamos de algunos datos que no vienen en tu breve carta.
Es una pena que, por ejemplo, no nos digas si sueles o no llegar al orgasmo en la mayoría de tus relaciones sexuales, y si te es fácil alcanzarlo a través de la masturbación. Es una pena, también, que no sepamos cómo te iniciaste tan tempranamente en el ejercicio de la sexualidad en pareja.
Ambos (y otros) datos nos serían de extraordinario provecho de cara a poder enjuiciar tu comportamiento. (A veces -quienes nos consultan- reiteráis una misma circunstancia, adornándola con cantidad de plumas y adjetivos, más en ocasiones nos dejáis a media luz y con un sinnúmero de interrogantes a cuestas.)
A tu conducta podríamos colgar, un tanto alegremente, el calificativo de ninfomaníaca. Pero no lo hacemos. Y no lo hacemos, entre otras razones, porque nunca hemos sido partidarios de arriesgar un juicio, cuando no contamos con bases o premisas suficientes.
En teoría, son bastantes las mujeres (a tu edad es un decir) que padecen ninfomanía o furor uterino. En la práctica, la cosa es muy distinta. No es que no haya ninfómanas, que las hay, sino que muchas veces se tienen por tales a mujeres (a tu edad sigue siendo un decir) simplemente hipersexuales (que tienen unas mayores necesidades sexuales, en función de su poderosa libido), o que, psíquicamente, padecen la llamada "angustia de abandono" y se ven abocadas a buscar, de hombre en hombre, la protección de que carecen.
Según A. Ellis y E. Sagarin, cuatro concretas notas caracterizan a la ninfómana: la contínua necesidad, la compulsividad, la carencia de control y el desprecio propio. No negamos que, al menos en parte, alguna de dichas notas se den en ti, pero se nos hace difícil pensar que los cuatro rasgos te sean aplicables. Lo dudamos mucho y más bien nos inclinamos a creer que lo que alocadamente andas buscando es comprensión y cobijo junto a un hombre que sepa comprenderte y "apreciarte". Y ello sin negar que, aunque lo encontraras, muy posiblemente tus urgencias sexuales seguirían manifestándose con una exigencia superior a la media.
Digamos, con Cela, que el coito debe ser gratificante, y que tan sólo en aquellos casos en que la mujer es incapaz de acceder al orgasmo o encuentra graves dificultades en conseguirlo, puede hablarse de un fenómeno patológico. En tales supuestos, la mujer propicia desesperadamente el contacto con diferentes hombres en búsqueda de la satisfacción que rara vez encuentra.
Sería deseable que te esforzases en no saltar, mariposonamente, de hombre en hombre, que hicieras lo posible por intentar mantener una relación duradera con un mismo individuo. Con ello conseguirás que tu afectividad, hasta ahora inmadura, tuviera la oportunidad de eclosionar, y llegaras a conocer y saborear lo que es una auténtica comunicación interpersonal.
Terminamos diciendo que, como escribe Amezúa, el mejor remedio en casos como el tuyo o parecidos es "el recurso a una psicoterapia mediante la cual la persona es invitada a poner un poco de orden a su sexualidad". Si el origen del desarreglo radica en una angustia del abandono, o en un sentimiento de inferioridad con respecto a su sexo, el remedio buscado y encontrado de la misma persona es la compensación, mediante el recurso morboso de agradar a toda costa, lo que denuncia una personalidad débil, una sexualidad no asumida, angustia y/o inseguridad.







CONSULTA: Esfuerzo innecesario

Desde hace dos años ya no me masturbo; ahora tengo dieciocho años. Sin embargo, cada cuatro o cinco días tengo sueños con chicas y me corro. A veces, me despierto cuando siento el gusto, aprieto los puños y el cuerpo y consigo que el semen no salga. Pensé que iba a superarlo, como pasó con la masturbación, a fuerza de voluntad, pero no es así. ¿Qué me aconseja?
Jose (León)




RESPUESTA




¿Porqué te empeñas en evitar un hecho perfectamente normal?. Si lo que pretendes es impedir la pérdida seminal, has de saber que no lo consigues. Con tus esfuerzos y contracciones, lo único que logras es no manchar las sábanas, ya que la eyaculación igualmente se produce, pero derivada hacia la vejiga de la orina, de la que el semen será expulsado en la primera micción.
Por otra parte, y contrariamente a lo que muchos puedan creer, las poluciones no son nocivas; no producen desgaste alguno ni suponen una pérdida de energías. Es un fenómeno que se produce espontáneamente en los adolescentes, desde el ingreso del varón en la pubertad, cuando no practican la masturbación ni se desahogan sexualmente mediante cualquier otra actividad, como el coito o la felación.
Como escriben Jamont y Willy, la polución no es más que la expresión de procesos funcionales estrechamente ligados a la potencia sexual del individuo. Según Kinsey, el 13 por 100 de los adolescentes tienen de una a tres poluciones por semana, y entre los solteros que guardan castidad, el porcentaje se sitúa en un 71 por ciento


CONSULTA: Placer con culpa

Dentro de dos días cumpliré el primer año de noviazgo, y nuestras relaciones sexuales son lo más raro que he visto y oído jamás. A pesar de que tardo mucho en ponerme en climax, la excitación que me produce mi pareja con sus caricias, me produce placeres inmensos y culmino en un estupendo orgasmo. Ahora bien, al minuto siguiente me quedo completamente fría. Una rara sensación me invade. Siento asco, rabia. Dudo del amor de mi novio, incluso del mío. Desearía saber la causa de esa sensación de antiamor y si me pueden orientar sobre una cura psíquica o física.
H.H. (Granada)


RESPUESTA

El más probable origen de ese asco, rabia y esas dudas, es un sentimiento de culpabilidad no superado. Cuando empiezan las carantoñas y las caricias, tu único objetivo es el placer que sabes que no tardarás en experimentar. Pero una vez conseguido el orgasmo, resurge en ti el mismo sentimiento que seguramente experimentaste (en función de la educación recibida y de las creencias inculcadas) las primeras veces que tu novio intentó achucharte. Te desprecias y desprecias también a quien ha colaborado muy directamente en que te rebajaras a hacer algo indebido, deshonesto, incorrecto. Tienes la sensación, o mejor, el convencimiento de haber faltado, de haber quebrantado lo que para ti debiera ser una norma intocable, y ello te produce una reacción emocional subconsciente, a la que no permites una libre expresión, que se manifiesta a través de un mecanismo sustitutivo; ese asco, esa rabia y esas dudas.
A los sentimientos de culpabilidad les tenemos pánico. Tal vez porque en nuestro país son tantos los que arrastran alguno (por lo común, de contenido o significación sexual). Les tememos, también, porque sabemos cuán difícil resulta muchas veces desembarazarse de ellos y cuántas son las personas que, por su causa, viven en un casi perpetuo estado de intranquilidad e infelicidad. Por ello es que te recomendamos vivamente que consultes a un psicólogo, ya que éste es sin duda el profesional más indicado para ayudarte a desvelar lo que, hoy por hoy, es para tí un enigma, y para que -una vez despejado- te ayude a aprender a vivir el placer sin traumas ni torturas mentales.






CONSULTA: De la misma sangre

A pesar de que hace un par de años que estamos casados, no tenemos niños. Ahora ha llegado el momento de que los queremos, pero tenemos un problema. Mi marido es del grupo sanguíneo cero y yo también. Mi pregunta es: ¿Podré quedarme embarazada?, y si así fuera, ¿qué peligros habría para la criatura?. Ruego que me saquen de esta duda
C.L.R. (Badalona)




RESPUESTA

Los grupos sanguíneos son el conjunto de sistemas o de factores sanguíneos, independientes los unos de los otros y basados en la presencia en los eritrocitos y en el suero humano de diferentes características (bioquímicas e inmunológicas), personales y hereditarias, que en conjunto confieren a los individuos una personalidad hematológica determinada.
Hay diversos sistemas. Pero, entre todos, los más conocidos son el AB0 (es decir, a be cero) y el Rh. De acuerdo con el sistema AB0, creado por Landsteiner en 1901, y utilizado desde entonces con carácter internacional, todo individuo pertenece a uno de estos cuatro grupos: A, B, AB o 0. No es, pues, un casualidad que tú y tu marido pertenezcais al mismo grupo, pues las posibilidades eran muchas, y, sobre todo, en Cataluña, donde, según manifiesta el doctor Joan Colomines, el porcentaje de quienes -hombres y mujeres- pertenecen al grupo "cero" es, nada más y nada menos, del 43,2 por 100, y según Manuel Miserachs, del 44,1 por 100.
Es muy conveniente que la gente sepa a qué grupo pertenece, en especial de cara a posibles necesarias transfusiones sanguíneas. Y también sería bueno que no se casaran los hombres de Rh positivo con mujeres de Rh negativo, en evitación de importantes peligros para el feto en caso de embarazo. Pero eso nada tiene que ver, como habrás comprendido, con la posibilidad de que llegueis a tener hijos.
Lo primero que debes hacer es someterte a una exploración ginecológica, por si existiera en tí alguna causa de esterilidad, y, en caso negativo, tu marido, por la misma razón, hacerse hacer un análisis de semen (espermiograma). Muchas esterilidades se pueden corregir, son reversibles, cuando media el tratamiento hormonal, quirúrgico, farmacológico o sexoterapéutico, según los casos. Y, por otra parte, muchas mujeres tardan más de un año en quedar preñadas.



NOTA: Salvo las dos primeras, las fotos provienen de los archivos PEGAMIN



AVISO IMPORTANTE


El doctor Cebollo atiende a las consultas exclusivamente a través de las páginas de este blog. Rogamos, por lo tanto, abstenerse de solicitar cualquier tipo de comunicación que se salga de este marco. Asimismo, rogamos no incluir dinero en la correspondencia, ya que el servicio ofrecido es totalmente gratuito. La correspondencia debe dirigirse a:
insignemédicocebolloscrottofürther@hotmail.com

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