25 mayo 2009

Women's Lib

Por Gilda Love




La Platero se perdió (como tantos ejemplos que hemos presentado en esta serie que afronta ya su recta final) en los sueños represivos del español de finales de la dictadura. Cuando formó parte obstinada de un subcine lleno de señores salidos (estomagos hinchados, braguetas pequeñas, paradójicamente muertas), de casanovas casposos a la persecución de hembrazas de probada factura. Fue chica de conjunto (en la línea Tovar, Josele, Valenty...), adorno de impactante morenez que desde el segundo plano buscaba resaltar como fuera frente a las acaparadoras Nadiuskas, Agatas, Amparos, Barbaras y Cantudos. En los títulos de su filmografía aparecen palabras clave como erotismo, deseo, placeres, amour, tocata, cabaret, nuit... Pero se especializó en el destape, no en lo que vino luego, que fue lo S.
Trabajó con directores de gran renombre que hacían películas muy malas, serviles al gusto populachero, al machista patrio, una manía realmente obsesiva de aquella que no condujo a nada (bueno, si: a desaparecer por agotamiento de todos. Ahora existen Escenas de matrimonio que, mezclando un treinteañero estilo de vida con antigualla y naftalina barata, insisten en la fórmula burda de aquel picante vodevil. Se intenta reenganchar a las nuevas generaciones, arrastrarlas hacia La Latina, pero dudo mucho que los jóvenes estén por esa labor de barato astracán, a no ser que los jóvenes alimenten un espíritu del Inserso completamente decadente. O sean, sin más, unos gays decadentes que gustan de rebozarse en lo infecto por esa enfermiza ironía suya que les viene de sentirse superiores al resto de los mortales -ya vén...).
Conoció a llamativas estrellas del cine español que estaban en esa época crítica, algunas al borde del retiro, otras en pleno etiquetaje. Etiquetajes que acabarían pronto por hundirlos a todos en la miseria (Cine de barrio) : Lina, Arturo, Landa... E hizo revista (porque fue chica lista) y series de televisión (por lo mismo, que la tele dispara popularidades). No cuajó, o ya había agotado sus posibilidades (tal vez las que le vieron los mandamases de la enclenque industria del espectáculo español).
Como tantas tuvo su momento. Este pasó y luego vinieron otras nuevas Plateros que la ensombrecieron definitivamente. Y asi, el ciclo se cumple para volver a repetirse sin remisión.
Josep María Castellví, que las retrató a todas, le dedicó tonalidades cálidas, brillos resplandecientes, perspectivas estaturias de zorrilda en tránsito. La situó en la cama de las sábanas blancas. Sin avalorios ni prendas innecesarias en tan fresca damita. Pudo titularse aquello " reposo de una moza de mesón". Gózenla, más de treinta años después. No hay manchas de semen casposo en las fotos que les impidan dejar el suyo encima de ellas ahora.


Revista Lib. Julio 1977

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