22 mayo 2009

QUE LE DEEEEN....

Por Maricón Martinez, un hombre hecho a si mismo, que ha llevado una vida muy dura pero que desde hace unos meses vive en una estabilidad envidiable gracias a haber encontrado un trabajo en una panadería

¿Será posible que los publicistas de este blog no puedan anunciarme de otra manera?. Si dentro de poco van a ocupar ellos más espacio que yo. Además, ¡qué sabe nadie!. Si, bueno. Ahora trabajo en una panadería. Acabo de llegar ahorita mismo de allí. Y no me va mal. Aunque creo que a mi edad hacer baguettes es una locura. No se crean, estoy intentando darle en el horno un nuevo diseño a las barras de pan que espero no moleste al jefe. Le he hecho un comentario al respecto y me dice que no me entiende. Que si acaso le pase unos dibujos. Pues eso haré. Este fin de semana, como el domingo comen pan duro, preparo los figurines. Una baguette abre muchas posibilidades a la innovación en cuanto a las formas y los fondillos. Ya les contaré en sucesivas. Que tampoco es mi cometido aqui, que luego Maciste me pone pingando. Y no diré yo que sin razón.
Este mes les traigo a un muy buen pasivo de los años noventa. Un rubio a lo California de lo más espectacular. Poseía magnetismo, belleza a raudales y un instinto para manejarse delante de los focos (y alguna que otra foca) que uno hasta piensa si no hubiera podido con el tiempo trascender a un tipo de cine más mayoritario (no me refiero al porno hetero, sino al rollo comercial sin más).


CORT STEVENS




Consulto en internet (cuatro cositas mal contadas del varón, todas copiadas las unas de las otras) y alucino con el dato en el que coinciden todas: nació en 1981. Esto es imposible. Yo tengo películas de él fechadas en 1994 y no me cabe en la cabeza que tuviese trece años entonces. Se le ve aún adolescente, desde luego. Pero no taaanto.
Verán, el único "pero" que le pondría a las películas del mozarrón son exactamente las películas. Todas muy aburridas. No basta con enamorarse de los actores. Una persona mínimamente exigente, aficionada al pornogay, debe pedir más. Pero ¿para qué peras al olmo?: el género en los años noventa estaba ya por los suelos. Encima lo acaparó todo la inenarrable Chi Chi LaRue, incansable en su labor de estampar su firma de analfabeta en títulos y más títulos, tan inanes como antipáticos.
De Cort se debió encoñar mucho, pues juntos hicieron más de media docena de zurullos, principalmente para la productora Mustang. Hablo de la segunda mitad de esa década. Cuando un cincuenta por ciento de su producción era hedonismo de piscinas y poco más.
Cort Stevens fue un chico de exteriores. El que más folló de monte. Podríamos definirle como un bosquimano del amor. Su postura ideal era agacharse (pues repito que fue bottom dorado) para que se lo trabajara por detrás algun maromo mientras él se apoyaba en un árbol. Stevens quedará etiquetado para la posteridad en los murales de Sodoma como semental agarrado a un alcornoque. Y todo por culpa de la Chi Chi de los demonios.


Pero ¿qué hubiera sido del actor si hubiese seguido el camino del S/M light de sus comienzos? (¿trece años?). Porque trabajó para Tom Ropes McGurk en unos cuantos títulos de la Grapik Art. Probablemente su culto hubiera sido más minoritario pero a la larga también más consistente y delicioso. No existe otro adjetivo para definir a Cort en Ropes and delivered que delicioso. De su rostro emanan mil matices, mil dolores (simulados, pero para eso es actor) que enternecen al más dominador. De su pene emanan otras cosas. Pero su sóla llegada al zulo de McGurk en un furgón marca Chevrolet, desnudito y atado de pies y manos, en posición fetal mientras repite su frase de oro (Yes, sir) es de antología. ¿No quedamos que las pelis que te enganchan desde el primer plano son las buenas?. Pues esta lo es.



Es importante Stevens como receptor de un dolor que se confunde continuamente con el placer (un inciso: desde mi punto de vista, hacerle una paja a un esclavo es una de las experiencias más turbadoramente patéticas del mundo del sexo raro), sus atrezzos y posiciones (más usado que abusado), su vello en piernas y glúteos que pronto desaparecerían (los pelos, no esas piezas divinas), no por que se le metiera la maquinilla aqui, sino porque la dichosita ChiChi estaba en la onda de la depilation garrafal; pero aún lo es más que a McGurk no le interese filmar el sexo anal desde primerísimos planos (en ningún momento vemos eso tan ordinario de un pene que entra y sale en procesión y sí frotaciones y la expresión de Cort que nos puede aclarar lo que está sucediendo dentro de su hermoso trasero). Esta táctica de "autor" da muchísimo morbo.




Hubo más filmes así, de corte underground, no carnavalitos lederones de musculocas imposibles. Lo de McGurk va por otros derroteros, ya digo que lights pero mejor llevados, más auténticos (sin loquitas jugando a ser más malas de lo habitual). Asi que Stevens no siguió en ese plan y se fundió con la rutinaria estética del California afterSun. Faltó un William Higgins que lo redimiera.
Hizo infinidad de mierda de la que apenas salvaríamos otra cosa que su belleza inmarchitable.
En Hot Cargo compartió reparto con Bo Summers (nefasto rubio de rarísimo físico). Siendo su pareja en la vida real (no sé si lo leí en el After Dark o fue en el Butt, pero al parecer el tal Bo lo dejó con el tiempo por una mujer o similar) aqui no compartieron sketch (a Summers se lo follaba Cutter West). Stevens fue relegado a la piscina, de muerdetoallas. Y disfrutó mucho de su rasurado culo el insípido Scott Davis. Era una peli de blonds, pero ganaron los castaños (como bien sabe Anita Loos). Estos fueron, Grant Larson y Todd Mitchell (con la compañía de una enorme butifarra o consolador doble que les vino de maravilla).
En Dirty Stories fue activo. La primera vez que lo veía asi, con ganas de otras cosas. Debió comer almejas. Hubo un sandwich además, pero el culo de Stevens estuvo siempre cerrado a cal y canto. Probó el pene del muchacho el omnipresente Adam Wilde, bastante famoso pero actor muy poco espiritual. Quien se lleva la peli es J.T.Sloan (por acaparapolvos, que por valores -en ésta- puntuaría de cinco raspado).



Backwoods tiene un arranque gracioso. Tom Chase (otro estafermo) persigue a un fulano por un bosque ¡armado de una pistola de agua!. Bien, es una tontería, lo sé. Pero es que hace poco vi otra en la que sucede lo mismo, pero en este caso el tipo que persigue llevaba máscara de psico killer. Y a mi estás cosas me satisfacen mucho. Lástima que el resto del conjunto sea más de lo mismo. Cort tenía un sketch de tienda de campaña. Aunque luego sale al exterior para buscar un arbolito donde apoyarse mientras se la mete algún inenarrable hunk de gym. Sudaba la gota gorda.
Daredevils es malísima, se lo aseguro. Le correspondía el sketch titulado Adrenaline, pero también podía haberse titulado Por el bosque ya no pasan Caperucitas (sólo lobas feroces). Porque otra vez vemos a dos maricones entretenidos entre ellos sin pensar en nada (ni en la guerra de Irak reflexionan, fíjense ustedes). Recuerdo que fue la única vez que Stevens me dio verdadera grima. Y no porque no se sacase ni un momento sus gafas de sol atrozmente queers, sino porque con su hermoso flequillo cayéndole por el rostro de pronto me vino un flash, y vi que era idéntico al fusilable peluquero gay de mi ciudad, el del Llongueras, y sus aventuras locas con su perro -como él- en la zona del Molino (cosas mías). Aquello no sólo me la bajó, es que tuve que apagar el Dvd e ir a tomar un caldo para recuperarme. Ya era suficiente que mi Cort se me pareciese al millonario flojín del Real Madrid, el llamado Guti, para que ahora también se me viniese a la testa esta otra inmunda....



Receiving end fue otra mamarrachada de la Chi Chi y Cort tuvo el sketch más "artístico". Un fondo en negro para crear una abstracción o algo parecido (en realidad parecía un velorio). Jugaba a mojarse el bañador con una manguerita frente a Cutter West, que también hacía lo mismo (es una repipia). Daba la impresión de que se iban a batir en catch. Pero no. Vino lo de siempre. Más de lo mismo. Stevens follado por un gay rubio imponente con carita de querer lo mismo (o sea, rabo en interiores).
Ahora que comenté lo del bañador, también hubo un momento gracioso en Los hombres de Hollywood que afectaría a esta prenda tan socorrida del pornogay californiano. Rob Cryston y Stevens llegan a la piscina. Dejan sus macutos en una tumbona y se quitan la ropa para tomar el sol. Stevens le quiere enseñar un tanga nautico (?, yo no sabría pedirlo en una tienda de deportes paraolímpicos de Chueca, se lo aseguro) que se acaba de comprar. Cryston se ilusiona, como es lógico. El color del bañador no viene en el arcoiris. Natalie Kalmus hubiese quedado ciega de la ONCE después de ver aquello. Pero lo mejor es que dicha prenda (que hubiera ruborizado a la propia Anita Obregón en temporada de posados estivales) se sujeta con un belcro que no cierra ni de coña. La culpa fue de ChiChi (as usual) que fijo que se fue a un chino (para abaratar costes de vestuario) y le vendieron una mierda. Stevens se merece lo mejor, por dioss. La situación es sexy y ridícula a partes iguales. Tenían que verlos a los dos. Rob: -Esto tiene que cerrar asin. Cort: -Pos no va. Esto no pega ni con cola, déjame el broche de tu madre... Y, mientras tanto, la otra gastando celuloide como una execrable. Por lógica, Cryston le aconseja al buen mozo que se lo quite del todo (total, para lo que le tapaba) y se tumbe boca abajo, que le va a aplicar... lo que se aplica en estos casos que se toma el sol de California (lubricantes también).



Podría seguir con su videografía, pero ¿para qué?. A este chico es mejor gozarlo en su máxima faceta (pasivísima), prescindir de detalles nimios como su piel eternamente enrojecida (lo que delatarían una rubiez genuina) e intentar reivindicar con urgencia su paso por el sadomaso de la Grapics, donde sí que estuvo maravilloso. Por ello, tal vez uno de los rostros y cuerpos más impresionantes del porno gay, a la altura de un Tim Kramer en los años ochenta o un Bill Nolan en los sesenta. Esto es, muchachos muy humanos, capaces de transmitir sentimientos de ternura y lascivia a partes iguales, bellezas a medio camino entre el cielo y el infierno. O, por ponernos prosáicos, atletas que parecen pedir culo pero que siempre terminan dando el suyo en obstinada contradicción.
Sufree, perra judía, sufreeee. Andarme a mi en el bolso...

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