26 mayo 2009

Los madrugones de Terlenca Maturamis

Hoy madrugamos con Richard "doctor Kildare" Chamberlain




Cómo nos gusta ver a Dick Chamberlain en televisión. Recientemente, ha salido favorito de las lectoras de Luxuria & Confettis en esa encuesta de popularidades que promovemos año tras año. Nuestra intención es la de evaluar mediante un baremo el grado de poderio mediático de nuestras jóvenes estrellas, como sabrán. En esta edición, la cosa iba muy reñida. Y nuestro apuesto rubito debió de vérselas en la confrontación con otros galanes de tremenda valía (James Drury y Vince Edwards). Pues nada. Dick arrasó, como se suele decir hoy en dia. Ganó a manos llenas. Asi que me he plantado en el estudio de grabación de la serie que le está haciendo de oro, Dr. Kildare. Estamos en su despacho de médico, nada menos, con intención de notificarle el premio: una jornada con la presidenta del club de fans Dick Chamberlain en USA, la señorita dieciseisañera Laurie Wynters.


Dick
: Laurie, dame un besito

Laurie: Oh, señor Chamberlain. Es toda una emoción que... no sé...

Dick: Relájate, por favor. Soy una persona normal. De carne y hueso. Toca, si quieres

Laurie: Oh, no. Yo no toco nada. Por si se rompe...

Terlenca: Toca, tontita. ¿No vés que deja el galán?

Laurie: Uy, bueno. Si tengo el consentimiento de una persona adulta...

Terlenca: Yo vigilo el contacto, no te preocupes

Laurie toca. Al principio muy mal, luego ya algo mejor. Comprueba de qué está hecho el galán

Terlenca: Explico: va a pasar todo el santo día con esta señorita enloquecida, aunque no lo parezca. Le hemos suministrado tres tilas y ha pasado por las manos del célebre hipnotista Khamur el Truhán para el acto de relajación. No debe temer un abuso deshonesto por su parte, estimado actor

Dick: Ah

Terlenca: Nuestra agenda incluye: visita al plató donde se rueda Dr. Kildare, paseo por las inmediaciones de la MGM con arrojo de carne al leoncito de la productora, posterior asistencia a la iglesia mormónica de las estrellas caídas, y aperitivo y almuerzo en el restaurante Froggie's.

Dick: Está bien



Terlenca: Luego, por la tarde la llevará al cine a ver la última producción de Disney e irán al parque de atracciones (que por supuesto, será cerrado en exclusiva para que ustedes puedan estar sólos). Cuando noten que la luz solar se va consumiendo es que llega el atardecer, entonces será cuando intenten hacer el amor, pero sólo atisbo. Nada de emocionarse. Les haremos unas fotos de este acontecimiento espiritual bien simpáticas y, finalmente, señor Chamberlain echarán a correr hacia el coche. La máquina la pondrá a doscientos kilómetros por hora por la nacional del acantilado y la devolverá a la casa de sus padres, que viven en Tallahassee, patria chica de Popeye el marino, a dos millones de millas de aqui.

Dick: Me parece fenomenal. ¿Tu qué dices, Laurie?

Laurie: Yo digo lo mismo que usted. Siempre lo hago cuando veo la serie Kildare. Usted dice esto y yo lo repito. Porque quiero conocerle bien, saber qué es en todo momento lo que le pasa por dentro. Porque todas sus palabras son sentencias; todos sus diagnósticos, actos de fe

Dick: Pues, ya está. Va a ser maravilloso. Y además narcotizada. No va a haber ningún peligro. De todas formas, para asegurarnos bien, voy a enchuflarle una inyección de suero apergaminado que la va a mantener algo más grogui de lo que está ahora, que la veo muy parlanchina. ¿Qué les parece?

Terlenca: ¿Qué te parece la idea, Laurie querida?

Laurie: Pero, no me gustaría tener que enseñarle mi bracito. ¿Es que acaso debo quitarme la rebeca?

Terlenca: Tambien tienes razón. Los brazos de las vírgenes son incorruptos. Y el pompis ya no digamos

Dick: ¿Qué hacemos?

Terlenca: Pero ¿y si se la pasa durmiendo?. La pobrecita no se va a enterar del paso de las horas...

Dick: Una dosis suave la mantendrá siempre con los ojos abiertos. Luego, que esté alelada ya es otro tema. Pero ahí ya me lavo las manos. No voy a oponerme a los hallazgos científicos




Terlenca: Nunca lo hizo, además. Sería indigno de usted. Aún recuerdo el memorable episodio en que la adorable Suzanne Pleshette se obstinó en el parto acuático. Usted, en junta de médicos cavilantes, se negó en rotundo

Laurie: La mujer debe parir con dolor. Si no ¿qué gracia tiene?

Terlenca: Amén Jesús

Dick: Bien. Saquemos las herramientas

Terlenca: Chula, tú... relax. Como cuando vés la tele apagada.

Dick: La niña va a volar con la imaginación

Terlenca: Y cuénteme, señor Chamberlain. ¿Qué hay en esos calderos?. ¿No serán sombrereras?

Dick: Son experimentos que ya están preparados para cuando volvamos con nuevos capítulos en septiembre. Tienen... bichos

Terlenca: Me gusta mucho cuando se cambia en el probador... Pero pocas veces le hemos visto vestido de calle. ¿Cómo viste normalmente Richard Chamberlain, actor?

Dick: Informal, deportivo. Camiseta, vaqueros y tennis shoes (zapatillas deportivas)

Terlenca: ¿Cómo se lleva con el Dr. Gillespie? (Raymond Massey)?. Sabrá que en mi casa, cada vez que lo vemos, nos dá un terror de órdago. Tantas veces hemos sufrido en las películas a este actor, haciendo el Mal por hacer

Dick: Raymond es fenomenal. No sabe usted lo simpático que es este señor. Cuenta chistes, hace el burro cada dos por tres, trae guitarra y canta el twist...

Terlenca: Ese líquido espeso, ¿es el suero?

Dick: Si, exactamente es el suero con unas alubias, para que la alimenten. Color negro.... Hay que agitar por la ventana hasta que se vuelva mejunje carmesí




Terlenca: Qué bien, qué adelantos hay ¿verdad, Laurie?

Laurie: Si, es muy guapo Dick. El que más me gusta

Terlenca: La medicina americana es la más moderna que hay. Fíjense que hasta vienen enfermos de cáncer famosísimos de Europa para ser tratados en nuestros hospitales. Ahí tienen los recientes ejemplos de Lilian de Celis o Tomasita Bocú...

Nadie dice nada

Terlenca: Está lanzadísimo. Una producción en Broadway, a punto de rodar su primer filme... ¿Se encuentra bien delante del público, actuar en directo no le asusta?

Dick: En absoluto. Si se refiere a lo de Broadway, estoy fascinado. Me encanta moverme por el escenario con la bata de cola, como en los mejores tiempos de Estrellita Castro. Mi compañera Mary Tyler Moore me dice que debemos grabar un Long Play con cosas más modernas

Terlenca: Es una adaptación a musical de Desayuno con diamantes...

Dick: Ok. Esto ya está... ¿Dónde se la clavamos?

Terlenca: En el coño

Dick: No. Optaría por el tobillito

Laurie: ¿Y si se me hincha?. Mañana tengo cheerleader

Dick: Claro... Esto a lo mejor se le inflama y no puede andar

Terlenca: Oh, qué problema... Y ya nos espera el león de la Metro. Clávasela en el coño, para que aprenda, es lo mejor

Dick: Pero ¿cómo voy a hacer eso, por dios?. Habría que escribir antes a la Casa Blanca. Y hacer una previa junta de médicos...

Terlenca: ¿Seguro?. ¿No me está engañando?

Dick: Se lo juro por Madame Curie

Terlenca: Bueno, si me lo jura por una mujer que me recuerda a Greer Garson no digo nada. Pero también yo invoco a Madame Pompadour y le exigo que le clave la aguja donde sea pero YA

Laurie: Yo decía en el ombligo

Terlenca: Tu ya no sabes lo que dices, estás acabada como presidenta. Tus costumbres no son las nuestras. Vienes de muy lejos... seguro que ni la antena receptora de televisión te deja ver bien Dr. Kildare en esos páramos



Dick: A ver, bonita. Cierra los ojos, pero como si miraras para la calle

Laurie: ¿Asi?

Dick: Asi miras para ella. Mira para el bolso de doña Terlenca

Laurie: ¿Si...?. Uy, qué mareo de bolso, me derrumbo

Terlenca: Ahora es el momento, señor Chamberlain. Inyéctele

Se procede

Terlenca: Cómo traga la cabrona

Dick: Si. Esperemos que no hayamos hecho una barbaridad. En serio se lo digo.

Terlenca: ¿Le va a temblar ahora el pulso?. Si algo falla, llamamos al doctor Gannon. También sabe sonreir, como usted.

Dick: Pues no se crea que no me cuesta lucir piños. Tengo estos dientes separados, fíjese

Terlenca: Si. Los dientes los tiene saltones. Es increible que esto no le haya impedido ser the most.

Dick: Me van a hacer una ondodoncia. Para la próxima temporada mi sonrisa será la que quiero yo de verdad




Terlenca: ¿Qué te gusta comer?

Dick: Hamburguesas con patatas fritas y bebidas lácteas de la nevera. El yogur...

Terlenca: ¿Vives solo, no tienes novia?

Dick: Vivo solo. No tengo novia

Terlenca: ¿Tu cama es de una plaza?

Dick: No, duermo en cama de matrimonio

Terlenca: Para el día de mañana. ¿Y usas pijama o duermes con chandals?

Dick: Pijamas. Pero sólo con el pantalón...

Terlenca: Esta ya está...

Dick: Pero repare en el tobillo... Está adquiriendo dimensiones monstruosas

Terlenca: Dele un antiinflamatorio

Dick: Hay aqui uno de vía oral

Terlenca: ¿No tiene uno intravenoso?

Dick: Usted lo que quiere es que asaete a la presidenta de mi club de fans, ¿no?

Terlenca: Tengo tirria a las presidentas, sean de lo que sean...

Dick: Uy, cómo se agita... Esto se pone feo...

Terlenca: A ver si va a ser epiléptica... Miraré en el bolsito, si es que guarda su curriculum clínico

Dick: No hace falta. Está claro que lo es. La boquita, ciérrele la boquita



Terlenca: Ayyy uyyyy, me ha mordido...

La muchacha se dirige a la ventana

Dick: Eh, ¿adónde vás, nena?. Cierre la ventana, señora periodista

Terlenca: ¿Peero qué ocurre?

Dick: Es una reacción extraña. La misma que sufrió Claire Trevor en el capítulo que abordamos las depresiones y las tendencias suicidas

Terlenca: Esto se nos ha ido de las manos. Pero lo soluciono yo a mi manera. ¡Toma! (le arrea un bolsazo y la adolescente pierde el poco sentido)

Dick: Vaya. Golpe certero. Si, señor.

Terlenca: Auscúltela y certifique que sigue respirando la inconsciente

Dick: Diga 33... no dice nada... ¿Estará muerta?

Terlenca: Es posible. Huele mal. Pero ¿entonces?

Suena el teléfono

Terlenca: Descuélguelo, conteste, maldita sea... No vayan a pensar que estamos haciendo el amor

Dick: ¿Y si es conferencia de Tallahassee?

Terlenca: Entonces estamos perdidas. Una emboscada




Dick (descuelga) : ¿Aló?. Aqui, doctor Kildare...

Se oye el rugido afónico de un león, que no asusta mucho, por el auricular

Dick: Es una fiera corrupia

Terlenca: El león de la Metro. No me extraña. Teníamos cita para hace media hora. Déjeme hablar con él. O sino hable usted, que a mi me da la risa. Dígale que ya vamos enseguida. Hágalo, por el amor de dios, en un tono suave, no lo encabrone

Dick: En seguida vamos, mister

Terlenca (con afectación, como interpretando) : Oh, por favor. ¡Qué panorama desolador!. Con lo que prometía la jornada. Las alubias, que no eran frescas. Escondamos su bolsito en estos cajones... ¿Y esto que es? (encuentra en un archivador unos sobres con fotos de niños desnudos, sometiéndose a una tortura de cosquillas con el doctor Kildare. Todos ríen, como es lógico, dada la delicada situación)

Dick: Información secreta. No mirar

Terlenca: Cogamos el cuerpo del delito. Tapémoslo antes con una sábana y carguémoslo hasta el maletero de mi coche



Dick: ¿Y luego?

Terlenca (gran pausa, toma aliento y sentencia): Me parece que sólo nos queda una solución. Y bien drástica. Ir a junto de León. Le daremos carne fresca...

Dick: Señora, es usted...

Terlenca: Ya lo sé. Soy genial. Pero hay que apurar, afuera la luz solar nos espera. Será nuestra peor enemiga

Abandonan la consulta a trompicones



* Terlenca Maturamis es trabajadora sindicada de la revista LUXURIA & CONFETTIS

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