13 mayo 2009

Estampas de santos. Por el reverendo Belcebú von Bleu

MAZEPPA según Eugène Delacroix (h. 1824)

Todo en su obra es desolación; todo da fe de la eterna e incorregible barbarie de la humanidad. Ciudades incendiadas y humeantes, víctimas con sus gargantas cortadas, mujeres violadas, los propios niños arrojados bajo los cascos de los caballos o a punto de ser apuñalados por madres enloquecidas; este oeuvre completa, digo yo, parece un terrible himno compuesto en honor del hado y el sufrimiento irremediable
Charles Baudelaire


Queridos hermanos: ¿habeis reparado en esos paneles de la parte inferior, al lado de la sacristía?. Son todas obras de Delacroix. Y todas están llenas de detalles sádicos. Qué cosa la de este romántico... Aunque, bien mirado, todos los románticos franceses (al menos los principales) sentían particular fascinación por mostrar en sus obras desmembramientos de cadáveres, por las escenas de tortura y ejecución. Como Goya, pero a su manera (tal vez no apoyándose tanto en temas realistas).
Donde Goya pinta misioneros devorados por los indios americanos, Gèricault pinta naturalezas muertas que se componen de miembros de cadáveres desmembrados. Y cuando éste mismo se aleja hacia bucólicos parajes mitológicos lo hace con una fuerza y una violencia que provoca el rechazo de los sensibleros que confunden el romanticismo con lo cursi. Pienso ahora en aquella Ninfa violada por un sátiro. Qué saña la del enano, qué tremenda violencia descarga sobre la jovenzuela.
Delacroix no le va a la zaga, ya dije. Mujeres arrastradas por jinetes turcos, hermosas esclavas apuñaladas en escalofriantes segundos planos... O ese tema favorito que fue Mazeppa, según Byron (lo publicó en 1819).
Benditos sean todos ellos, lúcidos y decadentes románticos. Febriles sus miradas, agonías sublimes, fantasías eróticas sin pretextos realistas ni documentales. Y los buitres merodeando, mientras el jóven guerrero da las boqueadas desde el horror más absoluto.

AMEN

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