21 mayo 2009

ESCALA EN HI FI. Por Cordelia Flyte

Let's talk dirty in Hawaiian de PETTY BOOKA

Shibuya se pone el sarong

Animada a terminar de poner banda sonora a mi primavera feliz, surgen las Petty Booka como eco chillón desde alguna parte de mi cuarto, exigiéndome ser rescatadas, aclarándome que soy una olvidadiza. Y una caótica. ¿Acaso ellas no estaban ya conmigo, languideciendo como los muñecos de Tom Thumb, acumulando polvo en vaya usted a saber qué rincón?. Es cierto. Hace años que bajé su música. Pero no me pregunten en qué pila de CD's se hallan estas ratonas de ojillos rasgados. ¿Tal vez al lado del cadáver de la cucaracha que fumigué con saña la semana pasada?.
Uhmm, ratonas... Asi prefiero imaginármelas, pues aunque sé cómo son fisicamente (unas preciosas japonesinas, modernas y vivaces, como casi todas las habitantes de ese barrio alegre y colorista de Tokio que es Shibuya), al escucharlas, con estas dulces naderías al estilo hawaiano, piensas en que Gus Gus y Jack, criaturitas que puso en la Tierra el dios Disney, o los más vulgares Pixie y Dixie o Speedy Gonzalez por duplicado y sin colita fecundadora se han vuelto loc@s por el aburrimiento que les inspiro y les ha dado por hacer discos exóticos, eclécticos y muy informales.
Frivolidad a la hora de la siesta. La primera fiesta de la tarde soleada. Asi es su música. Entras en calor con Elvis y su Fun in Acapulco, luego te pones unos calypsos de Belafonte y Mitchum, todas las versiones que puedas encontrar del Holiday for strings, aderezado con algo del sonido A& M para el hipotenso Chris Montez, te escoras hacia el Hawaii postizo de la Funnicello (Surfin'Luau) o de la más atractiva Lamour y, no te queda más remedio que adorar a Petty y a Booka. Que ni se llamarán asi, pues el dúo original, formado a finales del siglo pasado, se fue disolviendo conforme se hacían mayores (y se dedicaron a sus labores, para que el ripio quede bonito). Poco importa este detalle pues todavía no me ha asustado ninguna muchacha oriental cantando con voz de Pavarotti. Ni de chacha negrona del europop. Ni tampoco con una crisis de personalidad a lo New Baccara o Grecas '90. Ellas son benditas roedoras, cartoons sonoros que enamoran, masajean tus sentidos por esa virginidad vocal. Y, encima, si son raras (aunque no raras como lo puedan ser Buffalo Daughter, ojito al dato) y se obstinan en reciclar cualquier clásico del pop a la manera ukelele, pues genial.




Las descubrieron los americanos en una verbena vaquera en Austin (¿se harían pis de la risa sobre las ubres de la Parton?) y, entonces, se atrevieron con repertorios que en un principio parecerían impensables en tan lejanas señoritas (una Fujiyama Mama...). Luego se hicieron fotos retro con sombreros del west, a lo Wanda Jackson y les prometo que daban el pego country. En este recopilatorio fundamental, está todo el poderío de las nuevas Petty Booka del siglo XXI: monumentos spectorianos renovados en suave brisa (ralentizados, como unos Nouvelle vague sin bossa que valga), girl groups, pinceladas punk& new wave con los Ramones más standards o los Blondie más antillanos, divas clase media de la surf music (la Funnicello, of course) y sus tías abuelas, o sea, amas de casa en tecnicolor como Doris Day (el Teacher's Pet que, desde Mexico, Julissa cantó como La consentida del profesor) y, del pop en general, con las botas de la Sinatra quedándoles muy blues en sus piececitos de dulces geishas. Con esto último quiero decir que no es un trabajo de altas fidelidades. Es muy divertido, y creativo en su diversión (el Pineapple Princess, por ejemplo, se abre a la improvisación hacia la mitad con unos acordes del Caravan de Duke Ellington. Te hacen sonreir). Mis favoritas son esta tríada que va seguida: Chotto matte kudasai, Sophisticated Hula y Whippin' Piccadilly (muy elegantes las tres).
Un disco para respirar hondo en una hamaca a media tarde, rodeada de palmeras artificiales, fauna de Gauguin y cocos tirados a tu alrededor. Los pajaritos, guitarras ensoñadoras y otros trucos del estudio de grabación ya los ponen los magos del sonido.
Estoy muy contenta de seguir en esta línea de escucha tan coherente. Maciste hace poco me tentó con un disco de canciones de Helen Kane (años 30), y, ¡cómo no!, ahora con las redescubiertas Petty Booka nada ha cambiado. Siguen las gratas modorras a la sombra de un vintage tropical.


* Su página oficial

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