11 mayo 2009

DELIRIOS SERIADOS

THE PHANTOM (1943. B. Reeves Eason)

Que The Phantom está más cerca de Batman que de Superman es algo que saben todos sus fieles lectores del comic en cualquiera de sus etapas. Este enmascarado entrañable (al menos en su representación tebeística lo fue mucho) nunca se ajustó al prototipo titánico del "hombre de acero" o del Capitán Maravillas, por ejemplo. Sus proezas no se basaban en la irrealidad de una fuerza descomunal, de una capacidad de volar como un pájaro o un avión alcanzando velocidades ultrasónicas. Era un mito de la Depresión, con su altos ideales (superación de la raza blanca) y su belleza física ad hoc. Y aún asi, costó bastante sacarle una pizca de humanidad. Esto sucedió justo cuando sus dibujantes nos enseñaron su lado más trágico, rescatando un remoto pasado, tres generaciones ha, donde los enmascarados previos a aquel fueron asesinados vilmente por piratas, cuyas calaveras precisamente iban siendo reincorporadas a guisa de fetiche por los herederos de las víctimas. Pasado el tiempo, veíamos al niño protagonista en Estados Unidos, era un yanqui por parte materna (pues su padre pertenecía a un Tercer mundo de lo más alucinante). Su hogar era la sublimación del modo de vida americano. Conviviendo con un sirviente pigmeo, que le movía a ver a esa raza con la tolerancia del que se cree superior en todo momento (aún teniendo unas raices innegables, en lo más oculto de su ser). Pero no desde la explotación, sino desde una actitud misionera, del que hay que proteger, educar, occidentalizar urgentemente. Con la inexorable muerte del patriarca, el sano atleta universitario se transforma en superhéroe para cumplir con su deber: viajar hasta la selva para el juramento de rigor en el Trono de la Calavera.
Y, a partir de entonces, vivirá dentro de una cueva, vistiendo antifaz, traje ajustado, botas altas y un grueso cinturón con la enseña de la calavera y, a un lateral, una pistola. Acompañado de su inseparable lobo Devil y recordando de vez en cuando a la novia que dejó en Vassard, la simpar Diana Palmer.
Esta bonita leyenda, que acrecienta la ternura en el lector niño por el personaje, forjando unos lazos afectivos al verse reflejado y a la vez reflejar en aquél el concepto de amigo ideal, no fue en modo alguno traspasada al cine de los sábados. Ni siquiera se le aplicó una técnica visual que la llenase de magia y de misterio, una fotografía neoexpresionista conforme el primitivo comic de Ray Moore (1936), plagado de sombras, de juegos de luces deficientes pero efectivos. Por el contrario, aqui sólo se busca la standarización. Parece que lo único que motivó a la Organización Columbia a convertirlo en fotogramas era el hecho de poder alejar a los super héroes en boga de la ciudad de los rascacielos y confinarlos en una jungle serie (ambos exponentes muy rentabilizables en taquilla. Fundirlos en uno ya tenía que ser "la de dios").
Pasar por encima del pasado de The Phantom ya era ganas de pasar. Y se le llenó de tópicos. Ni uno faltó. Desde los puentes colgantes que se descuelgan, los ataques de las alimañas, las reinas de conjunto zarzuelero, los pérfidos orientales con caras de padecer de hemorroides, entronados en chaiselongues absurdas y, ¡cómo no! las piecitas de algo valioso (llámese el tesoro) que ir rescatando poco a poco. Sin prisa pero sin pausa. Durante quince episodios, realmente, pura rutina.

Que el serial del sonoro estaba dando signos de agotamiento es algo ya demasiado palpable viendo éste. No toda la culpa habrá que achacarles a los guionistas. También es verdad que Reeves Eason es un director demasiado mediocre para levantar un proyecto tan conocido a nivel popular. No le pedimos lirismo, sólo nervio en la acción. Pero no está de ser. Contó con un todoterreno en el papel del Enmascarado (Tom Tyler, nuestro Captain Marvel favorito), si, pero también es cierto que dicho mazas al enfrentarse a un super hombre que no puede volar, ni hacer gran cosa (todo sea dicho) pierde muchos puntos en el sentido de afianzar el carisma ganado con los años. Porque Tom Tyler aqui parece en múltiples ocasiones mucho más desvalido que la Diana de turno (que sale, pero es un cero al extremo izquierda). Por ejemplo, si cae en un foso de leones, será salvado por algún pigmeo benefactor o por un descuido de los que le tendieron la encerrona. Si se hunde en aguas pantanosas, se encargará pronto su lobo (que encima se ha transformado en un pastor alemán adorable -dan ganas de acostarse con él- para que no parezca que el héroe se rodea demasiado de africanismos) de lanzarle una rama de árbol para que se aferre a ella. El momento crucial del puente de maderas inseguras, sostenido por cuerdas aún mas inseguras, es un detalle casi definitivo, por ser el propio The Phantom quien había previamente cortado éstas con intención de que cayesen los malos al vacío. Y va a ser el primero en caer en su propia trampa, probando las delicias de los desequilibrios. A estas alturas de sus vértigos, el espectador aficionado al comic sentencia que este super héroe es un soberano idiota. Dicha afirmación se confirma cuando por un simple puñetazo El Fantasmón agita su mano dolorido (ha noqueado al rival, pero...).
Tyler mantenía un excelente aspecto físico. Pero los matices de entrepierna que tanto nos gustaron en Captain Marvel aqui nos pasaron completamente desapercibidos. Pese a su "vista y no vista" Dianita, el enmascarado se reveló como un ser asexuado en el más amplio sentido de la palabra.

Cuesta trabajo creer en El Espíritu que anda, hermosa manera de hablar de un mito (aunque sea pop). Su slogan en el serial, es El hombre que nunca muere. Esto es repetido tantas veces por sus enemigos que podemos asegurar, vistas sus proezas, que van llenas de recochineo y mala baba.
Nos agarramos los aficionados al queen style al capítulo noveno. Porque es justo cuando hace su aparición una de las dictadoras más cutres del subcine norteamericano de todos los tiempos (la pondría al lado de la gomia, o suma sacerdotisa, o lo que coño fuera la horrenda Zuni Dier en la inenarrable pero muy sexy The wild women of Wongo) :The fire princess (Early Cantrell), directamente rescatada de un club nocturno de Las Vegas, con su danza absurda alrededor de un círculo de fuego, que daba pie a una pantomima destinada a embaucar a sus fieles seguidores, para que creyesen en sus poderes de maga del Bataclán. La cosa llevaba truco, pero la princesa nunca representaría una competencia seria para el gran Houdini. Al menos The Phantom descubría los pasadizos secretos (no por astucia sino por casualidad) donde la bailarina se libraba de las infernales llamas, camuflándose y reapareciendo en otro lugar, para regocijo de su público, compuesto por indígenas con ganas de marcha. Sólo que al carecer de toda emoción el asunto, nos dio la sensación de que El hombre enmascarado (inane, vacío a esas alturas de una mínima épica) al pasar al escenario en llamas (invitado en calidad de guest star), también iba a salirnos con una rutina de ballet a los sones de Rimsky Korsakov (de mallas flexibles ya vimos que disponía).

Véan el próximo lunes...
JUNGLE QUEEN (1945. Lewis D. Collins y Ray Taylor)

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