24 abril 2009

SEMANA ESPECIAL Zona Roja

El cine republicano durante la guerra civil

0. Introducción

Atisbos de cine comercial
Al desencadenarse la guerra civil el panorama de la producción cinematográfica en España, desde el punto de vista de su concepción comercial, adquiere distintos y significativos matices, que van a jugar poderosamente en su futuro desarrollo, cuando la situación parezca en cierto modo estabilizada, dentro de la lógica inestabilidad de una lucha sangrienta. De una parte, los grandes nucleos de producción, Madrid y Barcelona, van a permanecer dentro de la zona republicana, y con ellos los laboratorios y estudios de rodaje, con los cuales se posibilita la realización de un proyecto cinematográfico; mientras que, de otro lado, los límites geográficos adscritos a la zona nacional se ven absolutamente carentes de cuantos medios son necesarios para abordar tareas de producción.
A pesar de esa aparente circunstancia favorable a la causa republicana, lo cierto es que la precariedad económica en la que ésta subsiste no permite poner en marcha una actividad productiva de cierta relevancia. No obstante a ello, en unas ocasiones el esfuerzo unitario y colectivo puesto al servicio de una gran voluntad cinematográfica, y, en otras, la tenaz insistencia de, entre otros, el Sindicato Unico de Espectáculos Públicos y, sobre todo, el Sindicato de C.N.T., logran llevar a buen término algunos largometrajes de ficción, destacados más por su valor circunstancial que por su entidad creativa.

Entre tales producciones puestas en marcha es posible reseñar: Aurora de esperanza (1936), realizada por Antonio Sau, con la participación artística de Félix de Pomés, Modesto Cid y Pilar Torres; ¡Nosotros somos asi! (1936), mediometraje que paraValentín González produce el Sindicato de la industria del Espectáculo de Barcelona; Barrios bajos (1937), película ésta producida por el Sindicato Unico de Espectáculos Públicos, siendo su director Pedro Puche, quien cuenta para ella, entre otros, con los actores José Telmo, Rosita de Cabo, Jose Baviera, Pilar Torres y Rafael Navarro; Asi venceremos, de Fernando Roldán, y Nuestro culpable, de Fernando Mignoni, ambas producidas en 1937, la primera por el S.U.I.C.E.P. y la segunda por la Federación Regional de la Industria Cinematográfica y de Espectáculos Públicos de la C.N.T.; y ¡No quiero...no quiero! (1937), protagonizada, entre otros, por Fred Galiana, Enriqueta Soler y Enrique Guitart, y realizada por Francisco Elías bajo el apoyo financiero del Sindicato de la Industria del Espectáculo de Barcelona, si bien su distribución correría posteriormente a cargo de CIFESA.
A esta breve relación de títulos producidos en el transcurso de la guerra civil pueden, además, añadirse: En busca de una canción (1937), de Eusebio Fernández Ardavín, con Ricardo Núñez y Luchy Soto; Bohemios (1937), dirigida por Francisco Elías, con Antonio Gatón, Emilia Aliaga, Amparo Bochs y Roma Taëni; Molinos de viento (1937), producida por Star Film para Rosario Pi, contando en sus principales papeles con Maria Mercader, Pedro Terol y Roberto Font: Las cinco advertencias de Satanás (1937), realizada por Isidro Socias, sobre la base argumental de un guión de Enrique Jardiel Poncela, con Pastora Peña, Julio Peña y Félix de Pomés; La Millona (1937), de Antonio Momplet, con Lina Yegros, Carmen Rodriguez y Ramón de Sentmenat; Amores de juventud (1938), de Julián Torremocha, con la intervención de Rafael Arcos, Paulina Vázquez y Luis Rivera; y Paquete, el fotógrafo público número uno (1938), mediometraje protagonizado por Paco Martinez Soria y Mary Santpere, que dirige Ignacio F. Iquino y produce el Comité de la FAI de Barcelona.

Zona Republicana
No cabe duda, de que la producción de cortometrajes llevada a cabo dentro de los límites republicanos es ciertamente extensísima. Ello es debido, entre otras circunstancias, a la privilegiada situación de contar con la infraestructura cienematográfica de Madrid y Barcelona y, al mismo tiempo, a la activísima tarea emprendida por las entidades políticamente unidas a la República, en especial la CNT-FAI, el partido Comunista y la Generalitat de Cataluña a través de su Comissariat de Propaganda.
De la extensa producción de la CNT-FAI, estrechamente ligada al Sindicato de la Industria del espectáculo de Barcelona, cabe referir, a modo de resumen orientativo, los siguientes cortometrajes: Barcelona trabaja para el frente, de Mateo Santos, Bajo el signo literario y Aragón trabaja y lucha, de Félix Marquet, Siétamo y La toma de Siétamo, de Adrián Porchet, Castilla se liberta, de Adolfo Aznar, La columna de hierro hacia Teruel, de Miguel Mutiño, Madrid sufrido y heróico, de Fernando Rodán, El frente y la retaguardia, de Joaquin Giner, Madrid, tumba del fascismo, de Martín Domingo, Marimba, de Valentín R. González (todos de 1936) ; asi como, El acero libertario, de Ramón de Baños, Teruel ha caído, de Manuel Mutiño, En la brecha, de Ramón Cuadreny, y Bombas sobre el Ebro e Imágenes de retaguardia, de Félix Marquet (todos de 1938).
El lo que al Partido Comunista respecta su inciativa cinematográfica se centraliza, fundamentalmente, a través de la productora Film Popular, que destaca, además, por su activa dedicación a la distribución de películas soviéticas; todo ello al márgen de buena parte de documentales promovidos por secciones específicas integradas dentro del propio Partido Comunista. Entre los trabajos de Film Popular pueden citarse: Bombardeo de la catedral de Barcelona, Entrega de banderas a las Compañías de asalto (ambos de 1936), Bombardeo de Alicante, 18 de julio en Madrid, Homenaje póstumo a los héroes, Prisioneros en Valencia, Ejército Popular, Y cuando Lister llegó... (todos de 1937), Con la 43 División y Caballería heróica (ambos de 1938).

Igualmente significativa resulta la tarea documental desarrollada por la Generalitat de Cataluña, donde se constituye una sección específica destinada a la producción cinematográfica bajo la denominación de Laia Films. De su prolífica labor son resultados como: Día de guerra en el Frente de Aragón, Refugiados de guerra (ambos de 1936), España en fuego, Bailes vascos, Escuelas nuevas (los tres de 1937), Conquista de Teruel, Ofensiva de Aragón, Bombardeo de Lérida y Cataluña mártir (todos de 1938). Asimismo, es resaltable la creación por parte de Laia Films de un noticiario de carácter semanal que atiende al nombre de España al día.
Como punto final a esta intensísima producción de filmes cortos en el contexto de la España republicana es obligado hacer referencia, en primer lugar, a aquellas organizaciones o grupos políticos igualmente empeñados en funciones cinematográficas. Entre ellos, el Estado mayor Central (Tren Hospital, Invasión, La no intervención; todos de 1937), Ediciones Antifascistas (A Federico García Lorca, Transporte de carabineros, Unificación; los tres de 1937), Cooperativa Obrera Cinematográfica (Pasaremos, Julio 1936, ambos de 1936), y el Ministerio de Propaganda (Madrid, Un año de guerra, Ejército Popular, Atentado a Madrid, todos de 1937; ¡Viva la República!, Toma de Teruel, Barcelona, Campesinos de ayer y de hoy (todos de 1938).
En segundo lugar, valga como conclusión asimismo, la referencia a algunos de aquellos cortometrajes cuya base temática no se nutre de la guerra civil propiamente dicha, sino que se limitan a captar acontecimientos o circunstancias que, al márgen de la contienda bélica, también forman parte importante de la vida española de los años treinta, sin desarrollar por tanto un argumento de tipo ideológico. En este sentido han de constatarse filmes cortos tales como: La Mancha y el azafrán, de Angel Villatoro y producido por la Cooperativa del Campo Manchego; Tesoro artístico nacional, también de Angel Villatoro para Film Popular; Valencia y sus naranjos, de Martín Domingo para S.U.I.C.E.P. (CNT) ; La Albufera y Sueño musical, de Justo Labal (todos de 1937); Zarzuela en el Liceo, de Manuel Ordóñez de Barriacúa; y La danza, de Francisco Ribera (ambos de 1938), éstos últimos, producidos por Producciones Antifascistas. De igual modo, ha de recordarse, dentro de la zona nacional, la producción de Enrique Jardiel Poncela y Luis Marquina, Celuloides cómicos.

Producción extranjera
Con independencia de la enorme trascendencia que para los propios españoles adquiere la guerra civil, un hecho significativo a destacar es el enorme interés que la misma despierta en el contexto internacional, lo que sin duda provoca que un buen número de cienastas, de países adictos a una u otra causa, sientan la casi ineludible obligación de viajar hasta España para impresionar con sus cámaras el sangriento transcurrir de la guerra. Asi, entre otros, documentalistas mexicanos, franceses, italianos, norteamericanos, ingleses y soviéticos, se aprestan a testificar en imágenes la lucha española, bajo el peso de sus conciencias ideológicas.
De cuantos documentales son en España realizados por cineastas extranjeros es posible, entre otros, citar: las producciones inglesas The defence of Madrid (1936), de Ives Montagu y Spanish ABC (1938), de Thorold Dickinson; las francesas Euzkadi (1937. René Le Henaff) y Espagne 39 (1938. Jean-Paul Le Chanois); las italianas Due volti dellas Spagna (1936), Verso Madrid (1937), Battaglia dell'Ebro (1938) y No pasarán (1939); las soviéticas La victoria es nuestra (1936) de V. Erofiev, e Ispanija (1939. Esther Chub); y las mexicanas Llegada de niños españoles a Veracruz (1937) y Niños españoles en Mexico (1938).
Mención aparte merece la producción norteamerciana Tierra española (Spanish Earth, 1937), que realiza el excelente documentalista belga Joris Ivens, en estrecha colaboración con el escritor Ernest Hemingway.
Finalmente, debe constatarse el largometraje de ficción que André Malraux lleva a cabo en España, adaptando su propia novela, Sierra de Teruel (L'Espoir, 1938-39). La cinta, financiada por el propio Gobierno de la República, constituye una elocuente y encarnizada visión de la guerra española, a través de la tenaz lucha de unos personajes por conquistar su propia supervivencia y la de sus compañeros. La película contaba con una nutrida colaboración patria: entre otros, Antonio del Amo en tareas de ayudantía, los operadores Manuel Berenguer y Jaime Piquer, el jefe de producción Fernando G. Mantilla, asi como los actores Julio Peña, Andres Mejuto, José Santpere y José María Ladó.
Entre las muchas vicisitudes de Sierra de Teruel, tal vez la más destacable fuera el hecho de que, una vez concluida la contienda, parte del equipo de la película hubo de exiliarse.

(Textos sacados de la Historia Universal del Cine. Ed. Planeta 1982)


continuará el próximo lunes

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