30 abril 2009

PUBLICOS VICIOS (homoerotismos en Youtube)

29. Meneito men (las delicias del booty dance)

Sólo unas líneas, que respiro ya air de féte y quiero salir de mi mazmorra. Me encuentro sandunguero y ardo en ganas de mover el esqueleto (y esa poca piel y carne, que tan atractiva encuentran en mi algunos hombrecitos) al son de algún twist desaforado.
Si es que estamos casi todos igual. Camino de un puente soleado, aunque ahora parezca todo luna. A por la full moon. Porque quien dice el esqueleto dice esa maravillosa parte masculina que es el culo. ¿Cómo?. ¿Que los hombres si son hombres de verdad eso no lo saben mover?. ¿Que si lo hacen es a costa de perder la virilidad?. Vamos, no me jodan. No me sean carcas. Claro que nunca podremos imaginarnos en esas tesituras a señores de una pieza como John Wayne o Charlton Heston. Pero es que en realidad los hombres de una pieza son bastante limitados, como bien indica su epíteto.

Ahora los chicos- chicos, los del siglo XXI, no se averguenzan de mostrarnos sus habilidades nalgatorias ante una cámara de video o un teléfono móvil. Pasan de sexismos bobos. Luego lo suben, como todas sus porquerías divinas, al Youtube de Internet y a reirse tocan (con las novias y los amigos).
¿Donde habrán aprendido tan agradable temblequeo?. ¿Horas de práctica agarrando torticolis frente a un espejo?. Umm. Sólo de pensarlo ya se me ha puesto dura la bandurria. A la caza va uno (yo, claro) de sus gracias.
Los que he encontrado, a bote pronto, son maravillosos. Coquetos, desgarbados, ricos pedorros, arrítmicos, expresivos del reverso, procaces (ese pibe -de trasero abrumador- que, mientras la amiga se va un momento a mear, se entretiene travistiéndose con sus sostenes), coreógrafos de raza (o de gen), negratas que todos los concursos domésticos ganan... Trempando en solitario o haciendo el gilipollas en pareja. Metidos en sus alcobas que huelen a pies. Y que me suben la temperatura cuando más lo necesito.

Mueve el culo, cabrón. Muévelo más, hasta que me corra sobre la pantalla de tu chandal... Apura más el meneito, no me hagas darle al play de nuevo en medio del puto orgasmo.
Y para el final, la guinda. Esa invitación a otro tipo de danza. La revelación de las últimas cuarenta y ocho horas. Con la cola en erupción pero tranquila. Intrigante y sibilina. Salvo el detalle del tanga, todo perfecto. Si se le ocurriese hacer al nalgón lo que los otros, no sé lo que hubiera sido de mi...
































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