23 abril 2009

PUBLICOS VICIOS (homoerotismos en Youtube)

28. Tele Zapping (machos viendo la tele)

Ando como gato (sobre el tejado de cinc caliente de mi edificio) en celo, últimamente. Desde que descubri que (¡al fin!) mis vecinos del tercero son unos veinteañeros y no nuevas putas que vienen del Brasil engañadas por un chulo y bla bla bla. Estos no. Ya creía que nunca podría suceder. No son pareja de hecho ni nada por el estilo. Eso ya me cerraría en banda, como esos dos que viven en mi calle que tienen la tienda de decoración y que los fines de semana pasean el perrito como si fuese el hijo que la naturaleza les negó. No. Los del tercero son aldeanos vulgares y corrientes que llegan a la ciudad: uno para trabajar, otro u otros (hay más de tres) porque preparan oposiciones y tal. Y comparten piso para que el alquiler les salga más barato. En fín, la vida (ordinaria) misma. Pero fantaseo.

Olisqueo a macho. Cuando mi madre ya se ha acostado y me quedo sólo con los DVD's en la sala de estar los siento de manera intermitente. Un bramido, un arrastrar muebles, una risotada... A veces, voces femeninas (las noches de los viernes que no regresan a su tierra). Me ponen. El capitán tiene un polvo... Me refiero al que trabaja. Debe ser un cachondo. Sale a la ventana al oir un claxon determinado y grita: Tio locoo... Lo dicho, no es refinado como esos de la decoración de interiores y el nuevo concepto para tu hogar. Mis vecinos son de los brutos con buen corazón. Pero a mi cómo tiene el corazón el que me gusta me importa un carajo. A mi lo que me estremece es imaginármelos en esos sofas-camas, tumbados viendo la tele. Llegado el calor con las ventanas abiertas, sin camiseta y con slips ligeramente amarillentos por la delantera o cómodos boxers que dejan entreabierta la ranura de la felicidad. La misma a la que recurren compulsivamente cuando pica. Eso presta. Es un poder. El máximo que tiene un ser de esas características.
Posando el mando a distancia en el muslo, utilizándolo para darse gusto ahi o un poco más abajo, donde su ranura fétida exige cosquilleos ya más personales. El hombre de la bragueta abierta puede ser tu vecino. El soltero. Y sus colegas, los tíos locos repartidos por la habitación. ¿Alquilamos una peli de putas?. Venga, que aqui hacen el squirting. ¿Y eso qué es?. Y el otro se lo aclara mientras se rasca los huevos por encima de los gayumbos (cada vez más inquietantes), para que se dé cuenta de que habla de cosas de abajo (¡pero abajo estoy YOOOO!). Este detalle de comunicación primitivista resulta más elocuente que el tener que explicarle que la tal modalidad es un nuevo paso para la consecución de la mujer como atracción de feria. Demasiado farragoso. Hay que ser directos, no comerse tanto el coco.

Su televisión la oigo poco. Ponen más agromáquina por el radio casette. Pero no son molestones. Las horas de la noche las respetan. Sobre todo porque al dia siguiente hay que madrugar. Me sienten más a mi. Bueno, a mis mozos de la Catalina o Falcon o Gero o Active Duty. Eses gemidos... ¿Despertarán su imaginación, también?. Puede que no la tengan, también es cierto.. Y yo me corro, pensando más en ese trabajador del tercero que en los que trabajan en las Californias de Hockney de manera rutinaria por un puñado de dólares. Y a las nueve de la mañana, cuando yo ya he amanecido y acabo de dar mi primer paseo del dia por el ordenador, percibo que cierra el machito la puerta de la casa. Se va al curro, una empresa de Aguas. Y salgo al balcón para verlo. Y detecto que hay pantalones vaqueros que le sientan mejor que otros. Y que aun asi el muchacho está bueno. Aunque ninguna prenda puede ser más impactante como las que usará para dormir, alli en el sofá que se abre y es una cama, luego de mandar a sus compañeros a sus aposentos porque quiere sobar, sobarse tranquilo antes la cebolleta pensando en alguna chacha oxigenada. Oh, nada como mi vecino mostrenco en el asueto del zapping.





























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