16 abril 2009

PUBLICOS VICIOS (homoerotismos en Youtube)


27. Explosión de espinillas


Extracto de sendos posts publicados en la semana de mis parafilias, allá por agosto de 2006:

"Esto es la prolongación de lo que habéis padecido en dias anteriores. Un rizar el rizo en torno a las secreciones corporales. El acné. Vaya, el acné juvenil que muchos padecimos en la adolescencia y qué cosas, que para una cabecita no muy bien amueblada sea ahora motivo de deleite visual, y si se presta...para algo más. Que en el fondo la anécdota erótica del acné no hace sino evidenciar un trastorno psíquico bien rico (y extendido) que en jurisprudencia responde al feo nombre de pedofilia. Y los pedos...No, vaya. Que es un tema espinoso lo sabe hasta el padre Silva y Gurruchaga. Todo es tan debatible, tan matizable que convendría en un futuro (sin rejas por medio) dedicarle una semana en este blog. Lo que ahora sigue es una derivación, un mero pasatiempo, un jueguecito sin malicia que en modo alguno obligaría a degenerar en el acto nefando con la criaturita inocente. Es un pasar el rato a cuenta de sus granitos.
Pero antes, dejad que los niños se acerquen a mi. Que yo tengo una especial debilidad por los querubines (entre trece y diecisiete) lo sabe todo quisque. Se me tiene visto continuamente mirándoles en sus cosas en absolutamente todos los salones de juegos de la ciudad ( como el de Pedralbes pero sin saña ) . Desde que yo tenía quince me gustan de esas edades, preferentemente. Sería jodido enmendarme a estas alturas, ¿no cree señor fiscal?. Con el paso del tiempo, habré ampliado las franjas pero eso no significa que renuncie a las delicias de siempre. Y las delicias son esos rostros y cuerpos aún a medio hacer (o ya recién hechos) , esos híbridos algunos en verdad aterradoramente guapos y sexys. Me meto en sus cerebrines y los noto tan dubitativos, tan deseosos de probarlo todo que me digo: así me gusta la gente, como yo, en el fondo. Conservo una inmadurez muy típica de esa edad y eso me hace también ser más vulnerable a los efebos. En psiquiatría se habla del complejo de peterpanismo que afecta a muchos homosexuales. Uno cosa no tiene por que llevar a la otra, claro está. Es más, sería igual de lógico pues que entonces buscáramos por siempre a un tutor maduro y experimentado para que nos enseñara, como eternos alumnos que somos. Sin embargo, leyendo a mis escritores gays favoritos me doy cuenta que en su mayoría todos se sintieron atraídos por los menores. Hasta tal punto me obsesioné con esa idea durante mi adolescencia que llegué a identificar el término maricón con el de pederasta. Claro que mis autores eran dignísimos, prestigiosos e impecables en conducta. Eran los antiguos griegos, cuando dicha práctica estaba no sólo bien vista sino que hasta era obligatoria para cualquier sabio que se preciara de serlo. Luego con Roma se empezó a vulgarizar todo, pero aún emociona ver en un filme titulado Espartaco cómo el patricio Olivier se derrite ante su criado Antonino (pese a que Curtis ya tenía treinta, todos nos dimos cuenta de lo que significaba aquello) .

El primer adolescente al que adoré en serio (en su conjunto, física y espiritualmente) fue al Tadzio de La muerte en Venecia. Desde luego que es un referente y un icono muy sobado. Tuve mi cuelgue con su representación fílmica (o sea, Björn Anderson) pero con el tiempo, mi percepción del erotismo adolescente fue cambiando de rumbo...y acabó concentrándose en el amiguito del rubiales. Si. Me parecía más apetecible, más muchacho (el otro era en el fondo una aspirante a loquita que estaba cantado acabaría sus años sifilítica en alguna sauna de relax departiendo con vejestorios asquerosos) . Su amigo jugaba al fútbol con él en la playa y era un poquito pasoliniano, fijate. Ay, Tadzio, no negaré que me sedujiste durante largo tiempo. Tadzio en mis libretas escolares...Su foto sobre mi pecho aún consigue emocionarme. Porque en el fondo yo era un poco Aschenbach, pese a tener la edad de pervertir varones. Tenía algo de belleza, algo de acné, algo de malignidad lolitesca...Y ya me sentía un viejo Bogarde. Es que era maricón. Yo no entiendo cómo se toleran tanto en nuestro país, en cuestión de leyes, las conductas homosexuales, cómo se las apoya incluso con vehemencia y en cambio se penaliza tan horriblemente la pederastia. Es algo contradictorio. Deberían los políticos y los jueces de ser más ecuánimes al respecto.

Un gay, si es honesto y legal, se tiene que condenar por un efebo en blue jeans. Es lo más maravilloso del mundo. Es que lo poseen todo. Con sus complementos: mochila, libros, monopatines, esas modas que solo les sientan bien a ellos, los piercings y calcamonías...Adoro los que lucen un trozo de ceja afeitada, o un pendiente o chincheta debajo del labio inferior ¿o es un clavo oxidado?, me muero por las guedejas rubias, los pantalones medio caídos que te dejan ver hasta la mitad de los gayumbos, los que van de sucios jevis y son muy pijos...Que huelan a tabaco, a droga, a vicio mezclado con desodorante chungo, los de barrio que andan con manchas de semen seco en el pantalón del chandal (y algunos lo ensucian de eso por la culera, que vete tú a saber)...Removería Roma con Santiago por que alguno me pidiera ser su amigo secreto. Que me llorara por las ganas que tuviera de conocer cosas de Monty Clifft, que sólo hay en mi casa guardadas.
Toda esta oda ilegal al quinceañero se aderezaría de puta madre con un fondo musical sublime: el Para Ti de Paraíso, por supuesto. Pero sabiendo cómo están las cosas, la opción que al pedófilo le queda es la de retener sus impulsos (no hay cosa más repugnante que un acosador sexual o un sobornador de voluntades, a pesar de que los crios puedan serlo tanto o más ) y disfrutar morbosamente del tenue suplicio que es verse seducido por un hermoso chavalín, de esos que se las saben todas. Y sus poderes son enormes. El básico es su belleza, pero luego está el pavo consciente de que te tiene amarrado por los gúevos si vas de adulto cauteloso, pues puede denunciarte, destrozando tu posición social y tu propia existencia. Lo de los efebos es un juego con fuego, aunque muchos de nosotros moriríamos quemados con la seguridad de que previamente habríamos tocado las puertas del cielo.

Tersuras, durezas, colinas y hendiduras...todo está en el cuerpo del adolescente. Quince años tiene mi amor cantaban en los años sesenta, con el aplauso general, el Duo Dinámico ( en los ochenta, Esplendor Geométrico irían algo más lejos y en tuno-industrial añadirían: es una puta, le gusta mamaaar) . Tambien fue la década de la Lolita de Nabokov. En cambio, los noventa (ayer mismo) contó con el Arny y Jacko bajo sospecha...Hemos involucionado, pero ¡qué más da!. Sabemos que la ambrosía siempre se encontrará en el mismo lugar: en el interior de unos granitos de acné (seguro que aparecidos porque el niño se mata a pajas todas las noches pensando en la J. Lo) ."

sigue aqui





























No hay comentarios: