14 abril 2009

Los madrugones de Terlenca Maturamis


Hoy madrugamos con SEAN FLYNN




Cómo es nuestro invitado de esta mañana salta a la vista. Arrebatadoramente jóven, guapo, grande y musculoso... Vestido de manera informal acentúa más si cabe el parecido con su padre Errol. No ha hecho muchas películas pero apunta maneras. Su perfecta nariz y su prominente barbilla vienen heredadas del perfil clásico del padre..
En nuestra cita tempranera en una cafeteria de Hollywood, se presenta vestido con cazadora roja y pantalones vaqueros, calza deportivas. Bajo la cazadora intuyo una camiseta de algodón blanco y de manga corta (cuando se quita la cazadora es imposible no reparar en su formidable pecho). Su pelo es muy rubio y va perfectamente peinado. Apostaría a que si en estos momentos lo descubrieran una cuadrilla de fans se volverían como locas y empezarían a despeinarlo entre gritos y soponcios. ¿El porqué?. Porque Sean cuenta con el mismo sex appeal del padre, la misma gracia... Y, yo añadiría, que la misma manía de tomarse la vida como una aventura viajera constante. Todo aquello que hicieron del gran Errol un inmortal.
Comparten la mesa de la cafetería su agente de prensa, que no le quita ojos. Sean sonríe. Sus dientes son blanquísimos, sus labios bien carnosos y perfilados. Su mirada es nerviosa. Como si yo le asustara. Pero a él pocas cosas le asustan. Simplemente se muere de hambre. De pronto pone sus pies sobre la mesa. Unos muslos perfectos, enfundados en jeans como los suyos, habría que colocarlos en un restaurante de otra forma. En trozos o en raciones de a dos, sobre bandejas de plata mimosamente aliñadas.
Su agente desaprueba la acción de Sean. Asi que el muchacho baja las piernas y se limita a chasquear los dedos sin apartar la mirada de la cocina. Ahora reparo en que sus cabellos rubios lanzan, por el efecto del sol que nos da desde la vidriera, múltiples destellos. En realidad su rubio es multicolor, plagadito de matices. Lanza una risita por lo bajo a su agente.

Sean Flynn: Te diré una cosa. No sé si te gustará. No tengo dinero. Vas a tener que pagarme el desayuno de esta mañana

El agente de prensa: Oh, eso va a ser terrible. Señorita Maturamis, este chico es un comedor voraz

Aparece una camarera, con su paño blanco envuelto en la muñeca y su libretita para apuntar

S.F.: Seis huevos. Buenas lonchas de jamón. Tostadas y un vaso de leche. Y, más tarde, un poco de café

Camarera: ¡Seis huevos!

Anoto mis impresiones constantemente. Tiene veinte años y todos los manierismos de un chico de esa edad. En cambio, algo me dice que los muchachos de por aqui poco tienen que ver con el actor. Al menos, biográficamente sus padres han tenido que marcarle. Superestrellas los dos, problemáticos y temperamentales... Dicen las estadísticas que los hijos de parejas cinematográficas suelen desarrollar una neurosis brutal. Pero él no parece tenerla. Este muchacho se crió en Palm Beach pero el contacto con la madre era más bien escaso. Esa mujer estaba loca y lo abandonó. Luego reaparecía y se permitía el lujo de querer seguir haciendo de madre. Lo matriculó entonces en la Duke University. Sean igual podía ser un alumno destacado como un destacado golfo nocturno. Pienso que la definición perfecta sería la de un embrión de hedonista, asi me gustaría titular este artículo.

TM: ¿Cuál fue tu debut en el cine?

S.F.: En un pequeño papel en Where the boys are que protagonizaba mi amigo del alma George Hamilton. No estaba muy interesado en ello, salvo en los diez dólares diarios que me pagaban y en el montón de chicas lindas que andaban por la playa.



TM: ¿Pero no hubo ningún talent scout que se fijase en ti de una manera más seria?

S.F.: Oh si. Claro que lo hubo. Yo quise decirle que no. Lo que en realidad anhelaba era pirarme a Key West o botar un barco hacia Sudamerica y desaparecer de aqui. Estaba harto de Palm Beach, de la escuela y de todo. Quería desaparecer en un lugar lleno de cosas sexys, excitantes... ¿Tu me comprendes?

Lo dice con un "touch of evil" que me azora. El agente de prensa mueve negativamente la cabeza, como recriminándole de que diga esas cosas. Pero Sean es incorregible.

S.F.: Se supone que no debo decir ciertas cosas. Pero soy sincero y las suelto. Odio el estilo de vida de Hollywood. Y todo lo que representa

El agente saca del bolsillo unos cuantos billetes y los deja caer encima de la mesa.

Agente: Que coma tu cabeza hasta reventar. Yo me voy a la oficina. No puedo escucharte.

Asi pues nos quedamos solos, no sin antes haberle sonreido con una expresión maravillosa de niño bueno y de agradecerle el desayuno.

TM: Si no te gusta Hollywood ¿cómo es que viniste aqui?

S.F.: Un viejo amigo de mi padre, Harry Joe Brown que hizo una película con él, el Capitán Blood, me telefoneó comentándome su intención de llevar a cabo una segunda parte conmigo. Al parecer, Olivia de Havilland sería mi madre en el cine. Me reí muchísimo con la idea, sinceramente



TM: ¿Ese fue el único motivo para que vinieses?

S.F.: Demonios, no. Estoy intentando ganar algo de dinero

TM: ¿Es dinero lo que quieres?

S.F.: Desde luego. Quiero el suficiente para poder tener una sala nocturna y muchas chicas. Necesito abrirme un camino lleno de confort. No busco acumular demasiado. Sino gastarlo todo.

TM: ¿Te ha dejado algún legado tu padre?

S.F.: Me ha dejado ratos de gran felicidad. Desde que yo era un retaco. Viajábamos de aqui allá. Sobre todo en verano. Era fantástico aquello. Recuerdo un verano en Mallorca... Estábamos en el yate. Papá hacía muchas fiestas. Con mucho ruido. Entonces un montón de lugareños de allí, hombres y mujeres muy morenos, tipo gitanos nos amenazaban con palos y piedras. Estaban hartos de los jolgorios en el yate y la playa. Entonces, recuerdo que en una de éstas, papá estaba muy borracho... los amenazó con una escopeta. Como entraron en el yate unos cuantos tuvimos que disparar al aire para ahuyentarlos. Fue tremendo. Era como presenciar en vivo una aventura de piratas de la Warner Brothers...

TM: ¿Tu madre no estaba allí?

S.F.: Oh no. Estaba Pat. Pero tenías que ver a las gitanas golpeando en la cabeza a papá. Pat estaba aterrorizada, medio desnuda. Finalmente todo acabó bien. No paramos de reir durante toda la noche. También recuerdo los 4 de julios. Eran formidables, si.


TM: ¿Compartíais algún interés común tu padre y tú?

S.F.: Siii. Las chicas. Ahora esa parcela la comparto con George Hamilton. Es un auténtico depredador. Cada noche tenenos un par de chicas en el apartamento a nuestra disposición.

TM: Desde luego, vuestras algaradas nocturnas ya están dando que hablar. ¿Deseas tener tu propia ficha policial?

S.F.: Estuvimos a punto una vez. Se nos incendió el piso. Menudo despiste. Ibamos borrachos y rompimos algo de mobiliario urbano antes... Un verdadero desastre...

TM: Pero tu tienes que tener ambiciones más serias

S.F.: Tal vez arqueólogo. Pero, te diré una cosa... Mis máximas expectativas son dos: una muñeca auténtica y un Jaguar para pilotar por Olympic Boulevard.

TM: ¿Es tu madre estricta?

S.F.: Mi madre es terrible. Nunca está, pero aquella noche del incendio en la que vino la policia sospeché que había sido ella la que había telefoneado para que me detuvieran




TM: ¿Qué piensas de las actrices juveniles?: ¿Te gustan?

S.F.: Mi favorita es Tuesday Weld.

Se arremanga e hicha un poco los biceps. Los mira con curiosidad, como para comprobar que siguen en su sitio, cumpliendo sus funciones de desasosegar al que le rodea. ¿Intenta seducirme?

TM: ¿Cómo has conseguido eso?

S.F.: Hago deporte. Soy muy activo. Lo que más me gusta es el tenis

Aparece el desayuno. Paramos la entrevista para que lo pueda devorar a su gusto. Antes habíamos hecho unas fotografías fantásticas, asi que no creo que quepa añadir más. Luego iremos a la agencia de prensa para supervisarlo todo con su agente. Pienso que perdonándole sus excentricidades juveniles nos hallaríamos ante un chiquillo bien interesante. No importa ahora su futuro, si acabará de aventurero por los mares del sur, de arqueólogo en el desierto de Egipto, en una comisaria de las cercanías o en un mundo beatnick de drogas y rubiecitas tontas. Lo que importa es su presente, sus arrogantes veinte años, esos que no le impiden vivir el día a día y, a la vez, considerarse un privilegiado (con poco dinero en el bolsillo) por ser quien es: el hijo del capitán Blood. Sus viajes del pasado permanecen vivos en su memoria y esa ya es una gran señal para que pueda afrontar con arrojo el futuro incierto que se le viene encima. De momento, son media docena de huevos fritos, entre otras cosas. Me resulta demasiado placentero verle zampar todo eso. Más que acostarme con él o algo similar. Ver comer así, es una filia como no hay dos. Se lo aseguro. Bon apetit, honey!.





* Terlenca Maturmais es trabajadora sindicada de la revista LUXURIA & CONFETTIS

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