22 abril 2009

Estampas de santos. Por el reverendo Belcebú von Bleu


La jóven mártir de Guido Cagnacci

Queridos hermanos. Me encuentro como vacío después de las celebraciones de Semana Santa 09. Comprendan mi sensación. Es la de casi todos los eclesiásticos tras tanta procesión y misa. Nos sobreponemos rápido, todo sea dicho, con la oración y los actos liturgicos siempre renovados. Hay tantos trabajos aún pendientes (o salzillos)... Del morado pasamos al celeste y del celeste al gris perla. Nosotros nos entendemos. Y ahora vienen mayo, con flores a porfía, que Madre nuestra es.
En fin, ya que hablamos de mujeres únicas.... hoy os traigo una nueva mártir. La creó hace mucho tiempo (siglo XVII) el artista boloñés Guido Cagnacci (1601-1681). Yo la vi en su momento en Montpellier, en el Museo Fabré durante una excursión con los niños del aula blandiblú y me quedé fascinado.
Veréis, ya os conté hace tiempo que hay una fantasía sexual pervertida muy frecuente que se refiere a la situación de la víctima atada y desvalida. ¿Recordáis, es posible que os hayais olvidado?. Pobres infelices... Son fantasías sádicas de mera contemplación del dolor con fines placenteros para el que las mira que sólo se entenderían con explicaciones psicológicas. Estas, no lo dudeis, estarían fuera de mi alcance. Yo eso no lo he estudiado, pero detecto a un tío loco cuando lo veo a los pocos minutos por la mirada. Y a un salido lo mismo, por el tamaño de sus protuberancias cuando le doy el vasito de agua bendita con un poquito de viagra. Y ya si me aparece por la capillita vestido de verdugo de la inquisición o de oficial nazi, ipso facto lo calo: torturador en potencia, me digo.
En el caso de esta bella mártir, la torturada no se insiere en un espectáculo de masas, como casi siempre se representaba la tortura en la iconografia pictórica (estos espectáculos tienden a resultar cómicos al espectador moderno, que tal vez se ríen de ellos para protegerse de sus implicaciones sádicas). En cambio, sin barroquismos ni florilegios, la extraordinaria estampa que os traigo nos permite entrever una intención excitante. Aqui la figura, mostrada sin atributo convencional alguno que nos permita identificarla; pero, no obstante, rodeada de elementos de tortura, parece desprovista de cualquier propósito piadoso, y simplemente se proponía excitar un apetito sexual de una clase particular (como tantas veces hemos visto en este rincón de recogimiento y contemplación de dolores ajenos).

AMEN

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