23 abril 2009

ESCALA EN HI FI. Por Cordelia Flyte

Toystore (2009) de Coralie Clément

Juguetes para todos

Se están metiendo un poquito los críticos con la hermana de Benjamin Biolay por este tercer disco. Ese toque Manu Chao (C'est la vie, Houlala, So long Babylone) no casa con su imágen de lolita de la chanson que tan bien le había ido en sus dos anteriores trabajos. Yo comparto la tirria de esa parte de la crítica en el tema Manu. Me molestan sus buenrrollismos antiglobalización, esa multiculturalidad y exaltación mestiza llena de retórica, demagogia y, lo que es peor y que siempre sucede (a él y a los "comprometidos"), contradictoria con el estilo de vida de los propios músicos-profetas. Manu Chao es un personaje desagradable, anti Mongo. Y la Clément si se aproxima no será por si misma, sino por los arreglos musicales y el corte de sus melodias.
Fíjense que todas son canciones de amor. Y casi todas compuestas por Biolay. A el deberían de ir las puyas, me parece a mi. Y, en cambio, si escuchamos con detenimiento Toystore vemos que es un pecado quedarnos con el buenrrollito que inspirarían a los rastas las ocarinas y las zampoñas. Porque hay mucho más. Y todo bien conocido para los que seguimos muy de cerca (sobre todo a principios de este siglo) el universo Biolay. Esto es, no sólo sus discos sino los que creó para sus musas.
Asi pues, Clément reincide en la neo chanson (lo qué diablos sea esto; en cualquier caso, algo que no le gustaría nada a las Patachous del ayer, más que nada porque un intérprete jamás debería ser devorado por la suntuosidad de una orquestación sublime como les pasa a los afónicos, por regla general, neonatos), en la bossa estilizada (L'effet Jokari) y en eses toques cinemáticos, que aqui se vuelven nouvelle vague para recrear un Paris perdido en cualquier filmo chic (Paris, dix heures du soir). Rinde homenaje a los ochenta, también. Con su versión del tangazo de Lio (La reine des pommes). Y se deja embracilar por el icono Daho en uno de los cortes más apasionados del disco (Je ne sens plus ton amour), además de hacérselo divinamente y en italiano con su cuñada Chiara (Sono Io).





Pero es que Toystore se compone de muchas más piezas: de juguete, para honrar su propio título. Es cuando nos damos cuenta de que los críticos obstinados no saben (o no quieren saber) que canciones como Le baiser permanent, L'effet Jokari y -la más bonita de todas- Shere the day parecen haber salido del laboratorio naif del mago Pascal Comelade. Y es entonces cuando gozamos de verdad con la vuelta de esta niña ya mujer, porque siempre se disfruta al evocar los objetos musicales de cartón y de plástico de Comelade amparados por una voz gatuna, como bien pasó con Cathy Claret (y Cathy Claret sí que estaría más cerca de Chao que Coralie). Porque Coralie sigue siendo producto preciosista y neorromántico de su hermano, el enamorado de Gainsbourg, de su decadance y de sus féminas evanescentes (aunque menos perverso, pues jamás Benjamin llegaría a ningún incesto sonoro con la bella. Antes prefiere verla al lado de su mujer haciendo migas: ¿más lesbiano que harénico?). Con lo cual, perdonamos que halla un corte tan sonrojantemente rasta como es So long Babylone porque creemos que Biolay utilizó la licencia poética desde otros derroteros, no se inspiró en las marihuanas de ningún faquir o tragafuegos de guardarropía y si en los galoises del viejo Sergio cuando le daba al reggae (¿acaso la Birkin no tenía una canción llamada Baby Alone in Babylone?).
Se cierra el disco de forma solemne y magnífica, como si Benjamin hubiese sido aguijoneado del dulce veneno amoroso de Delerue: Tu seras a moi debería servir para desmentir un etiquetaje concreto, porque la tienda de juguetes de Coralie a pleno rendimiento vale para muchos tipos de públicos. Un distraído descanso para grandes y pequeños.


* Página oficial de Coralie Clément

* Coralie en la wiki

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